En la ciudad de Parral, las “dobladas”
son elaboradas con tortillas de harina un poco más gruesas que las usadas para
los burritos. A estas tortillas se les pone algún guiso y se “doblan” como si
fueran un taco. De aquí viene el nombre de “dobladas”. Luego se envuelven en
papel encerado y se guardan en una hielera de la misma forma en que se hace con
los burritos en el norte de México. En Parral, las “dobladas” son una tradición
de la gastronomía popular que se puede buscar durante las mañanas en lugares estratégicos.
Pero, Paco Ignacio Taibo se refirió a
otro asunto cuando afirmó: “… se las metimos doblada, camarada”. La mención de
Taibo es fálica (habla del “falo” o “verga”) y tiene una poderosa connotación
sexual, donde un “nosotros” morenista se asume como ganador en las elecciones
de julio pasado y como ganador de un posible nombramiento en la dirección del
Fondo de Cultura Económica (FCE). La frase exalta la victoria haciendo uso de
un albur.
Aunque en el congreso no se apruebe la
reforma que le permita a Taibo ser director del FCE, al haber nacido en España
y no en México, el próximo lunes López Obrador estaría aprobando un decreto
para nombrarlo en ese puesto y de esta forma darle sustento jurídico a la
decisión.
La frase de Taibo se convertirá en una
joya histórica del lenguaje subversivo o abusivo de la política. Desde luego
que hay una similitud entre la mención del escritor y próximo funcionario, y la
roqueseñal emitida por el entonces diputado Roque Villanueva en 1995, cuando la
fracción parlamentaria del PRI aumentó el IVA del 10 al 15 %. Aunque los
contextos de la roqueseñal y del albur de Taibo son muy distintos. La similitud
más significativa entre ambos es la connotación sexual del “falo” que se
concibe como “penetrador” del adversario en una derrota política.
La mención de Taibo puede ser
interpretada desde distintos ángulos. Estas interpretaciones son ideológicas y
por lo tanto conflictivas. El territorio de la ideología es permanentemente
conflictivo, y lo es más cuando los discursos y las posturas rompen con los
moldes establecidos.
A partir de la lógica del “lenguaje
correcto” y la “diplomacia política”, la mención de Taibo es una desmesura
inaceptable, que tendría que ser censurada. Para los militantes del manual de
Carreño en la política mexicana, el posible director del FCE merecería la
hoguera, que también se construye a través de palabras. El lenguaje en forma de
reglas domina y somete al lenguaje, y a los sujetos. No hay que olvidar que el
lenguaje es una forma de control. Hay palabras permitidas y palabras prohibidas
que se convierten en camisas de fuerza para el lenguaje y la acción política.
Desde la lógica crítica del análisis del
discurso, la mención de Taibo es una ruptura con la convencionalidad. El
“lenguaje correcto” y el “proceder correcto” de la diplomacia política fueron
rotos de manera rotunda en el perfomance discursivo del escritor y próximo
funcionario. El lenguaje y los protocolos de la política son acartonados y
aburridos. El albur es un lenguaje gozoso que pone patas arriba a la normalidad
de las convenciones lingüísticas o políticas. El albur es también un acto de
resistencia política. Haciendo uso del doble sentido y la connotación sexual
del albur, los indígenas y mestizos de los siglos que le siguieron a la
conquista, resistieron ante la imposición lingüística, cultural y política de
los españoles.
A partir de la lógica feminista, Taibo
emitió una frase falocéntrica y machista que estaría siendo parte del perfil de
un macho progre, que desde luego milita en la izquierda. El “falo” es símbolo
del poder del macho y cuando es mencionado como objeto del acto sexual en una
penetración, es movilizado hacia la dominación o humillación del otro(a). Más
aún, al referir al “falo” como un objeto que se “mete doblado”, tal como lo hizo
Taibo II, se hace referencia a un poder falocéntrico exaltado, multiplicado por
dos en su posibilidades de dominación o humillación.
A partir de la lógica de los militantes
duros de la izquierda, la mención es un acto de congruencia de un escritor y
activista que no tiene pelos en la lengua y que resultará incómodo en todo
momento. Desde esta misma lógica, el performance discursivo de Taibo es un acto
triunfalista que enmarca lo que tal vez sean los últimos rastros del festejo
poselectoral morenista, antes que el ejercicio de gobierno complique las
posibilidades de cumplir las promesas de campaña.
Una de las cualidades más notorias de
Taibo es la franqueza, cuestión que resulta extraña en la política. Entre los
políticos, las habilidades discursivas son usadas para jugar con la ambigüedad,
la vaguedad o los vacíos que llevan al desfondamiento del discurso. Los
políticos se han encargado de llevar a las palabras al desbarrancadero ético y
político. Las palabras de los políticos están llenas de artimañas. Los
políticos no dicen todo lo que se requiere decir y solo dicen lo que resulta
útil ante la coyuntura del momento. Los discursos de los políticos se juegan de
manera pragmática, haciendo uso de trampas retóricas y de silencios convenidos.
La franqueza de Taibo es una incómoda
piedra en el zapato para los morenistas, es también una rotunda ruptura con la
“convencionalidad del lenguaje” y la “diplomacia política” de las derechas,
cuyo agujero existencial es el territorio de lo “políticamente correcto”. Taibo
es un militante incómodo para la izquierda y para la derecha, que ha prometido
hacer la tarea del FCE desde la calle y no desde un escritorio. La postura de
Taibo es una manera de colocarse por afuera de la convencionalidad y de las
oficinas donde se refugian los políticos.
La militancia intelectual y política de
Taibo rompe los moldes y los seguirá rompiendo. Si eso no se concibe como una
forma de darle frescura a la acción intelectual y política, al menos se
concebirá como una incomodidad permanente que dejará mucho por pensar y por
decir.
Esta debe ser una de las cualidades
elementales de la militancia de un intelectual de izquierda en la política del
siglo XXI, transformar al mundo a través de la incomodidad de lo pensado y lo
dicho. Cuando lo que se piensa y lo que se dice genera incomodidad, las piezas
del rompecabezas del “statu quo” del mundo se fisuran, se desestabilizan o se
mueven de lugar.