miércoles, 21 de diciembre de 2016

Apuntes y borronamientos sobre el rupturismo epistemológico


En la revista electrónica “Descierto” del COLEPI (Colectivo Epistémico) se publica un artículo de mi autoría que hace una revisión del concepto de “ruptura epistemológica”: http://colepi.org/revista/index.php/apuntes-y-borronamientos-sobre-el-rupturismo-epistemologico/

domingo, 18 de diciembre de 2016

Notas sobre el concepto de “agenda educativa”

En el fondo, la agenda educativa sobre la cual se trazó el llamado Plan de Once Años, entre 1960 y 1971 (sexenios de López Mateos y Díaz Ordaz), es la misma agenda que tendríamos que trazar hoy. ¿Cuáles fueron los problemas que hace 50 años se hicieron presentes? La multiplicación de las necesidades y servicios educativos, el problema de la pobreza correlacionado con la educación, el analfabetismo, la falta de un aprovechamiento satisfactorio y la reprobación, el acceso y la permanencia en la educación,  el aumento y mejoramiento de la infraestructura educativa, la formación de los maestros, la vinculación de la educación con los sectores productivos. Estamos hablando de un proceso histórico de larga duración en el que los problemas educativos persisten y las formas de atenderlos han resultado fallidas una y otra vez. Desde luego que pueden reconocerse ciertos avances en ciertos tópicos de la educación, pero en lo general los resultados siguen siendo insuficientes e insatisfactorios.   
Otra cuestión a considerar, son las variaciones que han tenido lugar en los problemas educativos a lo largo de las últimas décadas. Se identifican dos mecanismos a partir de los cuales los problemas de las agendas educativas han dado lugar a variaciones. El primero tiene que ver con su configuración en una realidad problemática, en el fondo los problemas son los mismos, solo que se han extendido, se han profundizado, se han complejizado, entrecruzándose dentro del mismo territorio educativo y hacia otros territorios. El segundo se explica a partir de las subjetivaciones que se hacen de estos problemas, en los últimos cincuenta años hay una serie de deslizamientos conceptuales (en las formas de teorizar estos problemas) y técnicos (en el diseño de las maquinarias propias de la política educativa para intentar resolverlos) en las maneras de pensar y actuar ante estos problemas.
Uno de los primeros conceptos de “agenda educativa” aparece inconscientemente en el primer tomo de las memorias de Jaime Torres Bodet. Que este concepto aparezca de manera  inconsciente, da mucho que pensar. Ya el  título del libro implica la definición de lo que es una “agenda educativa”:  “Años contra el tiempo” (1969). En la primera página de este libro la conceptualización se clarifica: “Aludo al tiempo. En efecto, durante las épocas venturosas, las horas se deslizan calladamente, como la arena dentro de un receptáculo de cristal. Pero ¡cuántos muros yerguen los días frente a la prisa de quien se afana por realizar un programa exacto y cumplir en verdad un servicio público!” Lo primero en subrayar es que el concepto de “agenda educativa” planteado por Torres Bodet se asume desde un plano negativizado. ¿Qué significa que uno de los primeros conceptos sobre la “agenda educativa”  sea planteado en términos negativizados? A partir de esta operación de conceptualización, Torres Bodet se convierte en el demiurgo de las agendas educativas, consciente o inconscientemente tecnificadas desde el siglo XX.
¿Cuáles son los problemas de mayor calado, que tienen que ver con esta conceptualización consciente o inconsciente de las “agendas educativas”? Los problemas de mayor peso de estas agendas tienen lugar a partir de tres líneas que se entrecruzan: lo ontológico, lo epistemológico y lo cultural. Se explica esto enseguida:
- Lo ontológico tiene que ver con nuestras maneras de pensar y de trazar “agendas educativas” respecto a: 1º) un tiempo en todo momento insuficiente para afrontar una realidad problemática en educación; 2º) unos recursos humanos, económicos y materiales, también insuficientes ante esta misma realidad problemática; 3º) la movilización de un tiempo y de unos recursos a través de una serie de  planificaciones y programaciones, que una y otra vez han resultado fallidos. Están los ejemplos del Plan de once años y de la reciente reforma peñanietista, que fallan en tiempos de ejecución, en insuficiencia de recursos humanos, económicos y materiales, y en cumplimiento de objetivos. Y están otras políticas que una y otra vez han resultado insuficientes o fallidas.
- Lo epistemológico tiene que ver con la configuración de verdades no plenas que están en juego en torno a las agendas educativas. Estaríamos hablando de los mecanismos de formación y administración de la verdad en las agendas educativas,  que resultan advenedizos, habitados por sombras y fantasmas epistemológicos. Aquí reside una parte de la mitología educativa,  a la cual la misma investigación educativa ha contribuido de manera consciente o inconsciente.
- Lo cultural tiene que ver con las maneras de creer en la modernidad, que han pasado del siglo XX al XXI. Esta es la ideología de la “modernización”, que tiene que ver directamente con el reformismo educativo. Se lleva a cabo una reforma, sobre la cual se aplica otra reforma que a su vez tiene que ser reformada. Es en este atolladero en el cual está empantanada la reforma educativa peñanietista, mostrándonos sus impotencias y sus carencias. Los recientes llamados de Nuño, de los integrantes del INEE y de otros actores educativos, para modificar las formas de la evaluación docente legisladas en 2012-2013 se inscriben en esta lógica de reiteraciones reformistas. Paradójicamente, la agenda educativa que sigue para México está trabada en este atolladero.
Se piensa en las agendas educativas de manera positivizada a toda costa, se les concibe como un espacio de conquista técnico-política sobre el cual no tendríamos que dudar. Pero una agenda educativa es una maquinaria, un artefacto que puede llegar a convertirse en artificio. Este es uno de los grandes problemas del pensamiento educativo en el siglo XXI. 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Las tesis y el futbol

La escritura de una tesis también tendría que reglamentarse por el silbatazo inicial y el medio tiempo, por las faltas y los fueras de lugar, por los goles y autogoles, por los aficionados que se meten a la cancha y se desnudan, por los tiempos extra y el pago de sobornos a los árbitros...

jueves, 8 de diciembre de 2016

Las fatigas del pensamiento educativo

Ya el pensamiento educativo ha sido capturado por una serie de tecnificaciones, es esto lo que aprenden los investigadores educativos, una serie de técnicas para pensar lo educativo. En un ensayo anterior he referido como este pensamiento termina siendo capturado por una serie de formalidades de la escritura (http://www.academia.edu/16149744/Los_diez_mandamientos_de_la_escritura_en_la_academia_universitaria ). Este ensayo aborda uno de los tentáculos de la maquinaria de pensamiento a través de la cual lo educativo es trazado y modelado con pre-determinación. Pero falta por desentrañar a detalle esta gran maquinaria del pensamiento educativo que ha caminado a través de los desarrollos de lo que suele llamarse “investigación educativa”. Dos rasgos que se detectan de esta maquinaria son la idea de la innovación (sobre lo técnico) y la idea del rupturismo (sobre el saber, el espacio epistemológico), que forman parte de un mismo núcleo ideológico moderno: el del cambio y la transformación infinitos, el de una lógica de traer y llevar lo nuevo hasta el final de los tiempos, el de las búsquedas indetenibles por inaugurar un saber que sustituya a otro(s). Pero en el fondo, lo que se enraíza aquí es la mismidad de lo nuevo, es la necesidad de una transformabilidad que en su infinitud se convierte en un ir y venir sobre sí misma. Y esto es un atolladero, esto es un contenido abisal del pensar y el hacer educativo, que de una u otra forma termina convirtiéndose en fatiga. En el fondo esta es una dolorosa forma de mitificar la vida educativa bajo la idea de la eternidad de lo nuevo, que se hunde cada vez en el mismo lugar…

martes, 6 de diciembre de 2016

La Cruz de clavos y las distancias del poder oficial

(Artículo en publicación en la revista Aserto del mes de diciembre)

I
Los camposantos son territorios que se extienden a lo largo de las ciudades, en cualquier lugar el acecho de la muerte se materializa. Hay terrenos baldíos, como el Campo Algodonero en Juárez, que se han convertido en cementerios, en símbolos de incumplimiento de la justicia y vacío de poder. Aquí mataron a uno, allá levantaron a otro… Y el lugar de los desaparecidos, ese lugar que no puede ser encontrado, que se convierte en una forma de escarbar sobre los deudos para desentrañarlos, para vaciarlos de la vida que les falta. ¿A dónde ir a rezarles? ¿Dónde buscar para encontrar la muerte de los desaparecidos, la mínima posibilidad de sanación?
Las veladoras sobre las banquetas, las cruces de cal, los pequeños altares para señalar los rastros de la muerte como ausencia. Y una tardanza, una ausencia de justicia que se alarga, que encuentra como su contraparte a los reclamos, a través de consignas y de gritos, de símbolos que pueblan de muerte a las ciudades.

II
Frente al palacio de gobierno en la ciudad de Chihuahua, la Cruz de clavos es el monumento más emblemático para significar a la muerte de los años recientes. La Cruz de clavos fue levantada como símbolo de reclamo de justicia ante los feminicidios,  que iniciaron con el gobierno de Francisco Barrio y que se han extendido a los sexenios siguientes. Es una creación ciudadana que se erigió a distancia del poder institucionalizado, un monumento autónomo que ha formado parte de una contrahistoria a la oficialidad. La ubicación de este monumento colectivo sobre uno de los corredores de la plaza Hidalgo, significa una exterioridad y una distancia ante el poder en turno.
A finales de noviembre, las integrantes de Justicia para nuestras hijas y otras organizaciones no gubernamentales, con Alma Gómez a la cabeza, arreglaron la Cruz de clavos para rememorar a las muertas de Chihuahua. En los últimos años en México y en Chihuahua, ha ido tomando forma un calendario contraoficial  para rememorar las fechas en las cuales se han cometido agravios contra la sociedad: Tlatelolco, Aguas Blancas, Acteal, Tlatlaya, Ayotzinapa… A diferencia de las fechas cívicas de los calendarios oficiales, no hay nada que celebrar, la rememoración es una afrenta no resuelta, es una protesta ante los abusos y las injusticias del poder, es una forma de resistencia.

III
“Aquí fue asesinada el 16 de diciembre de 2010 / MARISELA ESCOBEDO ORTIZ / POR EXIGIR JUSTICIA EN EL ASESINATO DE SU HIJA/ RUBÍ / Chihuahua, Chihuahua, junio de 2011.”  El texto de la placa en honor a la lucha mantenida por Marisela Escobedo trae consigo las fechas de una irresolución que se prolonga hasta nuestros días. El paso del siglo XX al siglo XXI en Chihuahua,  está marcado por una oleada de asesinatos que inician con los feminicidios, y que se extienden hasta los muertos y desaparecidos del narcotráfico. El transcurso temporal y la distancia entre la Cruz de clavos y la placa que rememora la lucha de Marisela Escobedo, es un puente de la muerte hacia la muerte. Para llegar de uno al otro de estos monumentos de la infamia, solo se tiene que cruzar la calle en la afueras del palacio de gobierno. La distancia entre ambos es el transcurso de una a otra lágrima, de una a otra de las muertes que no han terminado de ser reclamadas como afrentas.  
Hubo un momento en que el espacio de la Cruz de clavos fue insuficiente para significar el número de las mujeres asesinadas en Chihuahua . Pero los clavos se siguieron hundiendo en la memoria, en las muertes que nos golpean para que no las olvidemos. Es un martillar en forma de dolor y grito, es una forma de clavar a la muerte sobre la superficie de la historia. Y el ruido del metal que choca contra sí mismo, ese metal de los clavos que ha terminado siendo el mismo metal de la placa de Marisela Escobedo.

IV
Hincado frente a la placa de Marisela Escobedo, el gobernador Javier Corral mira de frente la Cruz de clavos. No hay distancias en la mirada de Corral. Es lo más cerca que un gobernador ha estado de los dos monumentos de vida y muerte que se levantan sobre el suelo de Chihuahua. La imagen muestra un acto de redención en el que la política queda investida por rastros de religiosidad. Frente a la Cruz de clavos que se enraíza simbólicamente en la religiosidad del cristianismo, Corral apoya las rodillas sobre el suelo y en el ambiente flota el aura de una redención. El poder del ejecutivo estatal que se había mantenido lejano, a la distancia de la lucha social por los feminicidios y los muertos del narcotráfico, queda expuesto, arrodillado ante una herida histórica de la que brota sangre todavía.
Al micrófono, Javier Corral abre el abanico de compromisos y promesas. Del otro lado, la voz de Rosa María Sáenz de parte de las víctimas, hace memoria de los feminicidios, señala la impunidad, recuerda la fabricación de culpables mediante la tortura en el caso del Campo Algodonero, y pone en claro que la Cruz de clavos es un monumento levantado por la sociedad civil, a la distancia del poder institucionalizado.
La redención no culmina con el acto de hincarse de Javier Corral ante la placa de Marisela Escobedo, ante la Cruz de clavos. La redención no se cierra con los protocolos de una ceremonia para rememorar los feminicidios. En sus márgenes de religiosidad y politicidad, la redención reclama una liberación del dolor y de la negatividad que han traído consigo las muertes de mujeres y las muertes del narcotráfico, reclama que la verdad y la justicia puedan hacerse presentes en los hechos.
Es la distancia lo que termina significando a la impartición de la verdad y la justicia que no llegan todavía, una distancia punzante, como el ruido de un clavo que no deja de martillar en las conciencias…