En el fondo, la agenda educativa sobre
la cual se trazó el llamado Plan de Once Años, entre 1960 y 1971 (sexenios de
López Mateos y Díaz Ordaz), es la misma agenda que tendríamos que trazar hoy.
¿Cuáles fueron los problemas que hace 50 años se hicieron presentes? La
multiplicación de las necesidades y servicios educativos, el problema de la
pobreza correlacionado con la educación, el analfabetismo, la falta de un
aprovechamiento satisfactorio y la reprobación, el acceso y la permanencia en
la educación, el aumento y mejoramiento
de la infraestructura educativa, la formación de los maestros, la vinculación
de la educación con los sectores productivos. Estamos hablando de un proceso
histórico de larga duración en el que los problemas educativos persisten y las
formas de atenderlos han resultado fallidas una y otra vez. Desde luego que
pueden reconocerse ciertos avances en ciertos tópicos de la educación, pero en
lo general los resultados siguen siendo insuficientes e insatisfactorios.
Otra cuestión a considerar, son las variaciones
que han tenido lugar en los problemas educativos a lo largo de las últimas
décadas. Se identifican dos mecanismos a partir de los cuales los problemas de
las agendas educativas han dado lugar a variaciones. El primero tiene que ver
con su configuración en una realidad problemática, en el fondo los problemas
son los mismos, solo que se han extendido, se han profundizado, se han complejizado, entrecruzándose dentro del mismo territorio educativo y hacia otros territorios. El segundo se explica a partir de las subjetivaciones que
se hacen de estos problemas, en los últimos cincuenta años hay una serie de
deslizamientos conceptuales (en las formas de teorizar estos problemas) y
técnicos (en el diseño de las maquinarias propias de la política educativa para
intentar resolverlos) en las maneras de pensar y actuar ante estos problemas.
Uno de los primeros conceptos de
“agenda educativa” aparece inconscientemente en el primer tomo de las memorias
de Jaime Torres Bodet. Que este concepto aparezca de manera inconsciente, da mucho que pensar. Ya el título del libro implica la definición de lo
que es una “agenda educativa”: “Años contra
el tiempo” (1969). En la primera página de este libro la conceptualización se
clarifica: “Aludo al tiempo. En efecto, durante las épocas venturosas, las
horas se deslizan calladamente, como la arena dentro de un receptáculo de
cristal. Pero ¡cuántos muros yerguen los días frente a la prisa de quien se
afana por realizar un programa exacto y cumplir en verdad un servicio público!”
Lo primero en subrayar es que el concepto de “agenda educativa” planteado por
Torres Bodet se asume desde un plano negativizado. ¿Qué significa que uno de los
primeros conceptos sobre la “agenda educativa”
sea planteado en términos negativizados? A partir de esta operación de
conceptualización, Torres Bodet se convierte en el demiurgo de las agendas
educativas, consciente o inconscientemente tecnificadas desde el siglo XX.
¿Cuáles son los problemas de mayor
calado, que tienen que ver con esta conceptualización consciente o inconsciente
de las “agendas educativas”? Los problemas de mayor peso de estas agendas
tienen lugar a partir de tres líneas que se entrecruzan: lo ontológico, lo
epistemológico y lo cultural. Se explica esto enseguida:
- Lo ontológico tiene que ver con
nuestras maneras de pensar y de trazar “agendas educativas” respecto a: 1º) un
tiempo en todo momento insuficiente para afrontar una realidad problemática en
educación; 2º) unos recursos humanos, económicos y materiales, también
insuficientes ante esta misma realidad problemática; 3º) la movilización de un
tiempo y de unos recursos a través de una serie de planificaciones y programaciones, que una y
otra vez han resultado fallidos. Están los ejemplos del Plan de once años y de
la reciente reforma peñanietista, que fallan en tiempos de ejecución, en
insuficiencia de recursos humanos, económicos y materiales, y en cumplimiento
de objetivos. Y están otras políticas que una y otra vez han resultado
insuficientes o fallidas.
- Lo epistemológico tiene que ver con
la configuración de verdades no plenas que están en juego en torno a las
agendas educativas. Estaríamos hablando de los mecanismos de formación y
administración de la verdad en las agendas educativas, que resultan advenedizos, habitados por
sombras y fantasmas epistemológicos. Aquí reside una parte de la mitología
educativa, a la cual la misma
investigación educativa ha contribuido de manera consciente o inconsciente.
- Lo cultural tiene que ver con las
maneras de creer en la modernidad, que han pasado del siglo XX al XXI. Esta es
la ideología de la “modernización”, que tiene que ver directamente con el
reformismo educativo. Se lleva a cabo una reforma, sobre la cual se aplica otra
reforma que a su vez tiene que ser reformada. Es en este atolladero en el cual
está empantanada la reforma educativa peñanietista, mostrándonos sus
impotencias y sus carencias. Los recientes llamados de Nuño, de los integrantes
del INEE y de otros actores educativos, para modificar las formas de la
evaluación docente legisladas en 2012-2013 se inscriben en esta lógica de
reiteraciones reformistas. Paradójicamente, la agenda educativa que sigue para
México está trabada en este atolladero.
Se piensa en las agendas educativas de
manera positivizada a toda costa, se les concibe como un espacio de conquista
técnico-política sobre el cual no tendríamos que dudar. Pero una agenda educativa
es una maquinaria, un artefacto que puede llegar a convertirse en artificio. Este
es uno de los grandes problemas del pensamiento educativo en el siglo XXI.