domingo, 18 de diciembre de 2016

Notas sobre el concepto de “agenda educativa”

En el fondo, la agenda educativa sobre la cual se trazó el llamado Plan de Once Años, entre 1960 y 1971 (sexenios de López Mateos y Díaz Ordaz), es la misma agenda que tendríamos que trazar hoy. ¿Cuáles fueron los problemas que hace 50 años se hicieron presentes? La multiplicación de las necesidades y servicios educativos, el problema de la pobreza correlacionado con la educación, el analfabetismo, la falta de un aprovechamiento satisfactorio y la reprobación, el acceso y la permanencia en la educación,  el aumento y mejoramiento de la infraestructura educativa, la formación de los maestros, la vinculación de la educación con los sectores productivos. Estamos hablando de un proceso histórico de larga duración en el que los problemas educativos persisten y las formas de atenderlos han resultado fallidas una y otra vez. Desde luego que pueden reconocerse ciertos avances en ciertos tópicos de la educación, pero en lo general los resultados siguen siendo insuficientes e insatisfactorios.   
Otra cuestión a considerar, son las variaciones que han tenido lugar en los problemas educativos a lo largo de las últimas décadas. Se identifican dos mecanismos a partir de los cuales los problemas de las agendas educativas han dado lugar a variaciones. El primero tiene que ver con su configuración en una realidad problemática, en el fondo los problemas son los mismos, solo que se han extendido, se han profundizado, se han complejizado, entrecruzándose dentro del mismo territorio educativo y hacia otros territorios. El segundo se explica a partir de las subjetivaciones que se hacen de estos problemas, en los últimos cincuenta años hay una serie de deslizamientos conceptuales (en las formas de teorizar estos problemas) y técnicos (en el diseño de las maquinarias propias de la política educativa para intentar resolverlos) en las maneras de pensar y actuar ante estos problemas.
Uno de los primeros conceptos de “agenda educativa” aparece inconscientemente en el primer tomo de las memorias de Jaime Torres Bodet. Que este concepto aparezca de manera  inconsciente, da mucho que pensar. Ya el  título del libro implica la definición de lo que es una “agenda educativa”:  “Años contra el tiempo” (1969). En la primera página de este libro la conceptualización se clarifica: “Aludo al tiempo. En efecto, durante las épocas venturosas, las horas se deslizan calladamente, como la arena dentro de un receptáculo de cristal. Pero ¡cuántos muros yerguen los días frente a la prisa de quien se afana por realizar un programa exacto y cumplir en verdad un servicio público!” Lo primero en subrayar es que el concepto de “agenda educativa” planteado por Torres Bodet se asume desde un plano negativizado. ¿Qué significa que uno de los primeros conceptos sobre la “agenda educativa”  sea planteado en términos negativizados? A partir de esta operación de conceptualización, Torres Bodet se convierte en el demiurgo de las agendas educativas, consciente o inconscientemente tecnificadas desde el siglo XX.
¿Cuáles son los problemas de mayor calado, que tienen que ver con esta conceptualización consciente o inconsciente de las “agendas educativas”? Los problemas de mayor peso de estas agendas tienen lugar a partir de tres líneas que se entrecruzan: lo ontológico, lo epistemológico y lo cultural. Se explica esto enseguida:
- Lo ontológico tiene que ver con nuestras maneras de pensar y de trazar “agendas educativas” respecto a: 1º) un tiempo en todo momento insuficiente para afrontar una realidad problemática en educación; 2º) unos recursos humanos, económicos y materiales, también insuficientes ante esta misma realidad problemática; 3º) la movilización de un tiempo y de unos recursos a través de una serie de  planificaciones y programaciones, que una y otra vez han resultado fallidos. Están los ejemplos del Plan de once años y de la reciente reforma peñanietista, que fallan en tiempos de ejecución, en insuficiencia de recursos humanos, económicos y materiales, y en cumplimiento de objetivos. Y están otras políticas que una y otra vez han resultado insuficientes o fallidas.
- Lo epistemológico tiene que ver con la configuración de verdades no plenas que están en juego en torno a las agendas educativas. Estaríamos hablando de los mecanismos de formación y administración de la verdad en las agendas educativas,  que resultan advenedizos, habitados por sombras y fantasmas epistemológicos. Aquí reside una parte de la mitología educativa,  a la cual la misma investigación educativa ha contribuido de manera consciente o inconsciente.
- Lo cultural tiene que ver con las maneras de creer en la modernidad, que han pasado del siglo XX al XXI. Esta es la ideología de la “modernización”, que tiene que ver directamente con el reformismo educativo. Se lleva a cabo una reforma, sobre la cual se aplica otra reforma que a su vez tiene que ser reformada. Es en este atolladero en el cual está empantanada la reforma educativa peñanietista, mostrándonos sus impotencias y sus carencias. Los recientes llamados de Nuño, de los integrantes del INEE y de otros actores educativos, para modificar las formas de la evaluación docente legisladas en 2012-2013 se inscriben en esta lógica de reiteraciones reformistas. Paradójicamente, la agenda educativa que sigue para México está trabada en este atolladero.
Se piensa en las agendas educativas de manera positivizada a toda costa, se les concibe como un espacio de conquista técnico-política sobre el cual no tendríamos que dudar. Pero una agenda educativa es una maquinaria, un artefacto que puede llegar a convertirse en artificio. Este es uno de los grandes problemas del pensamiento educativo en el siglo XXI.