I
En las
últimas décadas, son numerosos los mecanismos que los autores de novela
histórica han puesto en marcha, intentando renovar tanto la forma como el fondo
narrativo de este género literario. En la novela “No me dejen morir así.
Recuerdos póstumos de Pancho Villa” (2014), Pedro Ángel Palou narra la historia
de Francisco Villa en primera persona. Pero, ¿cuáles son las cualidades que
envuelven a la voz del personaje, quien se narra a sí mismo en la novela de
Palou? Desde las primeras páginas de la novela, estas cualidades se asumen en
términos simbólicos. Al inicio del texto, el general Villa se despierta de
madrugada, después de tener el sueño
premonitorio de su muerte. El general de la División del Norte se da cuenta de
su muerte a la media noche del 20 de julio, el mismo día en que lo asesinan.
Después del sueño premonitorio, Villa no puede volver a dormirse. La voz
narrativa de Villa en primera persona,
emerge desde la “media madrugada”,
desde la “medianoche” (P.13). Simbólicamente, el limbo desde el cual
emerge la voz del personaje, se configura entre la ensoñación y la vigilia,
entre la vida y la muerte. Es un estado entre lo dormido y lo despierto, entre
el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Este estado resulta muy próximo a la muerte.
La
estrategia narrativa de Palou no es novedosa. El autor ha escrito varias
novelas históricas: “Zapata” (2006), “Morelos. Morir es nada” (2007) y “Pobre
patria mía. La novela de Porfirio Díaz” (2010). En la novela sobre José María Morelos,
la narración se plantea a partir de la voz de Jerónima, una mujer que fue
pareja sentimental del líder del ejército independiente. La voz narrativa del
personaje femenino también emerge desde un territorio que se levanta entre el
día y la noche (P. 75, 104 y 162). En el texto sobre Morelos, publicado siete
años antes que la novela sobre Villa, el personaje de Jerónima narra la
historia mientras la está escribiendo. En varias ocasiones se refiere que la
narración y la escritura de este personaje tienen lugar durante la noche y
culminan con el día. El espacio narrativo desde el cual emerge la voz de Villa
en el texto analizado, es el mismo desde el cual se configura la voz narrativa
de Jerónima en la novela sobre Morelos. En ambas novelas, Palou repite al
simbolismo que le da forma las voces narrativas: un limbo entre la noche y el
día.
Este
mecanismo narrativo que simbólicamente queda depositado en un territorio
claroscuro, puede ser analizado a partir de una anotación teórica de Palou,
escrita al final de la novela sobre Francisco Villa, al margen de la historia
narrada: “¿Quién habla? ¿Quién escucha? ¿Qué se está diciendo? Estas tres
preguntas en medio del ruido, siguen siendo las únicas relevantes para la
novela. Pancho Villa es un significante vacío… (P. 183).” Un “significante
vacío” es un contenido que no posee una interpretación definitiva, que
continuamente requiere ser reinterpretado para lograr entenderlo de una manera
diferente. Como “significante vacío”, el personaje de Villa queda envuelto por
la relatividad, tiene que ser interpretado y reinterpretado una y otra vez. Desde
la perspectiva teórica que Palou anota al final de la novela, se invita a un
análisis de corte posestructuralista y posmoderno. Hay una tendencia
generalizante que suele clasificar como posmoderna a la nueva novela histórica,
que se ha escrito en las últimas décadas. Desde esta perspectiva, tanto los
textos históricos como la novela histórica, estarían sujetos de significados
flotantes e imprecisos. Esto daría lugar a un limbo interpretativo, determinado
por la relatividad, que estaría envolviendo de forma definitiva, tanto a la
labor del historiador como del escritor de novelas históricas.
Diversos
autores han teorizado sobre la escritura de la historia, concibiendo bajo un
mismo plano epistemológico al quehacer del historiador y a la tarea del escritor de novelas
históricas. Hayden White (“Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa
del siglo XIX”, 1992), Paul Ricoeur (“La memoria la historia, el olvido”, 2004)
y F. R. Ankersmit (“Historia y tropología. Ascenso y caída de la metáfora”,
2004) equiparan el trabajo del historiador y del escritor de novelas
históricas. No habría diferencias entre una y otra tarea, dado que el proceso
de interpretación y de escritura da lugar a una subjetivación y una
representación de la historia, que al quedar escrita, se aleja de una
objetividad dura. Esto da cabida a la posible validez de las más diversas
interpretaciones y escrituras de la historia.
Hay otros
componentes que configuran simbólicamente a la voz de Villa que se asume en
primera persona. A lo largo de la novela, la historia de Villa queda también
significada por un atrincherarse, que al mismo tiempo que resulta ser una forma
de resguardo, es un escaparse, una huida continua del personaje. La voz de
Villa que desde las primeras páginas del libro se “atrinchera” en un limbo,
entre la ensoñación y la vigilia, entre la vida y la muerte, se “atrinchera” en
La Cueva del Coscomate, donde el personaje se resguarda de la expedición
punitiva, y se “atrinchera” también en la Hacienda de Canutillo, después de 10
años de lucha revolucionaria (P. 21, 22 y 32). La huida y el resguardo de Villa
en diversas trincheras a lo largo de la novela, están cruzadas por territorios
espirituales y físicos a la vez. El limbo narrativo desde el cual emerge la voz
de Villa en la novela, levanta un puente entre el mundo espiritual y el mundo
físico. Este es quizá el mayor logro de la novela de Palou, en donde la forma y
el fondo de la novela se conjugan.
Pero,
¿estos “atrincheramientos”, estas formas de resguardarse del personaje en la
novela son suficientes para que su vorágine histórica se aquiete? Por supuesto
que no. Ni en la misma muerte el personaje queda resguardado en lugar alguno.
En el capítulo final, se relata cómo se le desprende la cabeza al cadáver de
Villa, mientras está sepultado en el panteón de Parral Chihuahua: “-Para qué
van a querer a un muerto sin cabeza… Uno sin cabeza es mejor que una tumba
vacía… ¿Será? ¿Será que alguna vez alguien podrá contar la verdad?... No lo
creo. La verdad, ya la menté hace rato, no existe y quizá no importa mucho” (P.
165 y 170).
Villa no
queda protegido en lugar alguno, sus maneras de huir y su atrincherarse en la
novela de Palou, reflejan la precariedad de su resguardo, que
historiográficamente parece desdoblarse como un “significante vacío”,
interpretado desde la multiplicidad y la dispersión, en un sentido posmoderno.
Cientos y miles de escrituras han intentado acorralar interpretativamente a la
figura del general Francisco Villa. La novela de Palou es una escritura más
sobre Villa, que construye su propia interpretación sobre el personaje
histórico. A fin de cuentas, Villa
termina siendo un tránsfuga, su “atrincherarse” es un moverse continuamente a
lo largo de las más diversas interpretaciones historiográficas, desde la novela
o desde la historia. En ello radica la riqueza narrativa del personaje.
II
Entre la
búsqueda de la verdad histórica, el mito y la leyenda, la figura de Villa ha
sido objeto de innumerables escrituras. Desde la historia o desde la novela,
sobre la figura del Centauro del Norte pesa una especie de sobre-escritura,
escritura que se acumula sobre escritura, que una y otra vez acomete en su
decir sobre el personaje histórico. Katz (“Pancho Villa”, 2000, p. 393) refiere
que hasta 1978 un índice de textos publicados en periódicos y revistas sobre
Villa, anota cerca de dos mil. A raíz del resurgimiento de la novela histórica
y de la celebración del centenario de la revolución mexicana, en los años
recientes, en Chihuahua y en México, se han multiplicado los textos sobre
Villa. ¿Qué no se ha dicho sobre Villa? ¿Qué no ha sido escrito a partir del
nombre de Francisco Villa? ¿Cómo decir al centauro del norte, de tal manera que la forma de narrar y lo
narrado puedan arrojar un territorio
inexplorado y novedoso?
En la
novela de Pedro Ángel Palou, la voz de Villa planteada desde la primera persona,
fluye con un acierto lingüístico, las palabras son certeras y parecieran
pertenecerle al mismo Villa. No se detectan componentes lingüísticos que nos
lleven a sospechar que es el mismo general Francisco Villa, quien narra su propia historia, entretejiendo
las vivencias que brotan de la subjetividad de un hombre del campo, que fraguó
su vida en el norte de México, entre el bandolerismo y la lucha revolucionaria.
Lingüísticamente, la voz narrativa es verosímil. Pero la credibilidad del Villa
que se narra a sí mismo en la novela de Palou,
se debilita en el momento en que el personaje es idealizado y moralizado
de forma persistente.
La
historiografía villista, por lado, asume al héroe justiciero que defiende las
causas populares, por otro lado, plantea
a un Villa bandolero y ruin. Katz (“Pancho Villa”, 2000, P. 17 y 20) se refiere
a “la leyenda blanca” y la “leyenda negra” del revolucionario. Palou se decide
por endulzar a la figura de Doroteo Arango, moralizándola e idealizándola en un
sentido positivo. A partir de esto, la voz narrativa de Villa asumida en
primera persona resulta debilitada. De forma insistente, Villa se afirma como
un hombre justo y bueno, que termina por defender su papel histórico como héroe
popular.
A lo
largo de la novela hay una insistencia por moralizar e idealizar a Villa, que
se hace manifiesta ante los diversos acontecimientos históricos en los cuáles
el papel del personaje puede percibirse dubitativo, claroscuro. Por ejemplo, en
la novela Villa defiende su condición de polígamo, admitiendo que en todo
momento estuvo al cuidado de sus numerosas esposas: “Insisto en que no
olvidé a ninguna de mis mujeres” (P. 79). En el mismo apartado en el que narra
su vida amorosa, el personaje asume que está realizando un “examen de
conciencia” (P. 80). Villa se justifica y defiende su actuar. En el mismo tono,
el personaje justifica su cambio de postura ante Venustiano Carranza, con quien
pacta el derrocamiento de Victoriano Huerta, y de quien posteriormente se
distancia a partir de los sucesos de la Convención de Aguascalientes: “Insisto,
lo obedecí hasta que la decencia me lo permitió y atacamos, pues, Zacatecas”
(P.66). En los fragmentos citados, está presente el verbo “insistir”. A lo
largo de la novela, este “insistir”, se
convierte en un mecanismo narrativo reiterado, que postula a un Villa
benevolente y justo. Se manifiesta en el personaje una “decencia” que lo mismo
puede entenderse como moral, política o histórica. En ningún momento en la
novela de Palou, Villa es puesto en duda en su actuar. Es un personaje que
intenta limpiar su nombre desde su propia voz narrativa, pero que al hacerlo, deja
entrever que la operación moralizante e idealizante, viene de la mano y de la
pluma del autor, no del personaje que se narra a sí mismo. En toda narrativa se
hace necesario que los personajes tomen cuerpo y voz por sí mismos, de tal
manera que la figura del escritor se desdibuje y permanezca en la sombra. El autor requiere construir su alejamiento de
los personajes y las voces que narran, para que de esta forma lo narrado
adquiera vida propia, al margen del escritor y del proceso de escritura. La
novela de Palou falla en este cometido. Quien moraliza e idealiza a Villa, no
es el personaje que se narra a sí mismo, intentando un “examen de conciencia”,
sino Palou mismo, que a lo largo de la novela “insiste” reiteradamente en la
dulcificación del personaje.
En una
nota al final de la novela, el mismo Paolu intenta justificar la operación
moralizante e idealizante: “…por eso elegí la primera persona… Quise además que
fuera el mismo –su voz- … la constante
rectificación de su figura.” (P. 188). Muchas veces las notas teóricas que los
autores escriben para poner en claro los contenidos de un texto literario resultan innecesarias y estorbosas. La nota final de
la novela de Palou deja en claro la intromisión del autor en la voz narrativa
de Villa. El personaje de Villa es sometido a un juego narrativo, en el que por momentos, el escritor se superpone a las acciones y la
voz del personaje mismo.
Los
mecanismos narrativos de la novela analizada configuran los hechos históricos
desde una perspectiva posmoderna: fijados en la voz de un yo que recuerda desde
una subjetividad que se pretende franca y alejada del historicismo
academicista, lejanos de una linealidad que se fija en la lógica causa-efecto y
trazados fragmentariamente a partir de una vida que se cuenta por retazos. Esto
se nota por ejemplo, en la manera dispersa en que se narra el asesinato de
Villa, que es abordado en diversos
apartados del texto: entre las páginas
13 y 16, de la página 98 a la 101, entre las páginas 115 y 124, de la
página 151 a la 155 y en la página 163. La novela busca asumir de manera
genuina que es Villa quien se narra, a partir de los mecanismos de un recordar
no historicista ni academicista, lejano de una lógica lineal y asumiendo un
manera de contar fragmentaria y dispersa.
Pero hay
dos momentos en la novela, en los que la
misma voz de Villa intenta justificar sus maneras de narrar. “Algunas cosas se
me quedaron más grabadas en la memoria que otras. Después de tanta cosa, tanto
acto, tanta proclamación, la memoria es selectiva y escoge lo que la ayudó a
formarse, nada más.” (P.47). “Quizá porque la música y los sueños se quedan, regresan
cuando uno los necesita, permanecen en la memoria. Todo lo demás se escapa, se
esfuma como las nubes…” (P.106)
En ambos
fragmentos citados, la voz del Villa que se narra a sí mismo, pretende
justificar la selectividad que opera en la historia contada. ¿Qué es lo que se
cuenta y qué es lo que no se cuenta? Es una pregunta que busca responder el
personaje mismo. Pero lo que se refleja en ambos fragmentos, es la selectividad narrativa del autor, que
también queda superpuesta al personaje central de la novela. ¿Tenía algún caso
que Villa justificara la selectividad narrativa que opera en la historia de la
novela? ¿Por qué un personaje tendría que explicar lo que se narra y lo que no
se narra? Estos fragmentos son indicios de la actividad técnica del escritor,
que investiga, ordena, selecciona, omite y escribe una historia a partir de
datos, en este caso, la historia
novelada de Francisco Villa. ¿Es Francisco Villa el que intenta justificar la
selectividad narrativa de su historia, o es Pedro Ángel Palou, quien pretende
esta justificación? Hay indicios de que el autor usurpa el lugar de la voz
narrativa de Villa, que resulta extraviada en la superposición.
Tanto en
el mecanismo narrativo de moralización e idealización de Villa, como en los
fragmentos que explican la selectividad de lo que se cuenta y de lo que se
omite, se hace notoria una intromisión
del autor en la voz narrativa de la novela. Esta condición debilita a la historia narrada.
III
En el primer apartado se analizó como el limbo narrativo desde el cual
se plantea la voz de Villa en primera persona, tiene como antecedente el
territorio desde el cual emerge la voz narrativa de Jerónima, en la novela que
Palou escribe sobre Morelos (“Morelos. Morir es nada”, 2007). Ambas voces
brotan simbólicamente de un territorio que se abre entre la noche y el día. En
el texto analizado hay elementos que
Palou retoma de otros autores e introduce en su propia novela.
Una de las imágenes mejor logradas en la novela de Palou, es el momento
en el que ocurre el fusilamiento de Pablo López (P. 34-37). Mientras el
personaje es fusilado tiene en su boca un puro. Aun habiendo sido derrumbado
por la descarga de las balas del pelotón, Pablo López sostiene el puro en su
boca, el cual “tenía mordido entre los dientes”. Al cigarro nunca se le cae
siquiera la ceniza, permanece encendido mientras el personaje muere. La del
puro que permanece encendido es una imagen fálica, que significa la hombría y
el arrojo del personaje al momento de ser fusilado. Esta imagen insertada en la
novela de Palou, es tomada de los relatos de Nellie Campobello, en particular dos
de ellos: “El ahorcado” y “El cigarro de Samuel” (“Cartucho”, 2000, P. 86-87 y
P. 127). En el primer relato, mientras un personaje es ahorcado, parece buscar
con su lengua un cigarro de macuchi, que traía sujeto de la oreja. En el
segundo relato, se cuenta una anécdota de Samuel Tamayo, un personaje ficticio
que acompaña a Villa en su automóvil al momento de ser asesinado en Parral.
Campobello relata que Villa, Trillo y Samuel Tamayo, “se quedaron dormidos
dentro de un automóvil”. Mientras el personaje de Samuel Tamayo es
cosido a balazos, está fumando y el cigarro que sostiene entre sus
dedos prosigue encendido.
Es obvio que en la novela de
Palou, la imagen del fusilamiento de Pablo López, mientras fuma y
sostiene encendido un puro entre los dientes, fue tomada de los cuentos citados
de Nellie Campobello. Los préstamos narrativos resultan válidos. Son jugadas de
intertextualidad que se trazan de un autor hacia otro, en este caso, entre
dos autores que escriben narrativa histórica de la revolución mexicana a partir
del personaje de Francisco Villa. Pero a fin de cuentas, el préstamo que Palou
toma de Campobello, le resta originalidad a la novela aquí analizada.