lunes, 1 de agosto de 2016

Los ramales de la obra de Gardea: de la riqueza a la conflictividad interpretativa

(Texto para la presentación del libro: “Los placeres de la escritura en Jesús Gardea”, Torres Torija, Moreno Rojas y Olvera, editores, 2016, Universidad Autónoma de Sinaloa e Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua, México).

I
En un primer acercamiento, la publicación del libro  “Los placeres de la escritura en Jesús Gardea”, compilado y editado por los investigadores Mónica Torres Torija, Ilda Elizabeth Moreno Rojas y Ramón Gerónimo Olvera, amerita un análisis de los acontecimientos a partir de los cuales la obra y el nombre de “Jesús Gardea” han comenzado a ser asimilados por los lectores,  los estudiosos de la literatura en Chihuahua y las políticas culturales de las instituciones locales. En uno de los ensayos de este libro, Barrera Enderle (2016, P. 123-126) analiza la condición de marginalidad de la obra de Gardea en el canon de la literatura mexicana y latinoamericana. En Chihuahua, estado natal del autor, la obra y el nombre de “Jesús Gardea” no han sido promovidos ni estudiados con suficiencia. 
En este año 2016, los integrantes de la sociedad de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, organizan el IV Encuentro de Escritores Jóvenes Jesús Gardea. No es casualidad que dos de los editores del libro que hoy se presenta sean catedráticos de esta Facultad. Tanto el encuentro que lleva el nombre de Gardea, como la publicación de este libro colectivo que estudia su obra,  proceden de proyectos que han surgido de los intereses personales e institucionales de gente de Filosofía y Letras de la UACH. Ante el abandono, por parte del ICHICULT, tanto de la promoción de la obra como del nombre de “Jesús Gardea”, integrantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH van convirtiendo esta tarea en proyectos concretos. Para la publicación del libro hay un acompañamiento del Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua.  Esta labor se merece respaldo y reconocimiento. En la literatura chihuahuense, mexicana y latinoamericana, la obra de Gardea es de peso completo.

II
Uno empieza a escarbar en los montones de palabras que Jesús Gardea acumuló libro tras libro, y aparece la idea  de que hemos encontrado algo, de que un hallazgo profundo se nos abalanza de forma intempestiva. Luego, nos damos cuenta de que la búsqueda está también del otro lado, es Gardea quien escarba sobre nuestras vidas, sobre el sentido profundo de nuestras vidas hechas de palabras y artificios. Es Gardea quien escarba en lo que somos, con la precisión quirúrgica de lo abierto, de lo impreciso y de lo oscuro.  
Siendo lectores profesionales o enfermizos, nos damos cuenta entonces que ese doble territorio del escarbar que se levanta a través de la obra de Gardea,  es enigmático y fascinante.   Los desérticos y luminosos laberintos de Gardea, están hechos de nosotros mismos, y quienes estudiamos su obra nos vamos dando cuenta de esa trampa verbal y literaria hecha de mundo.  

III
En el prólogo del libro, Torres Torija hace mención de la “heterogeneidad de los enfoques y las perspectivas desde las cuales se aborda la obra de Gardea…” (2016, P. 16). El concepto de “lo heterogéneo”,  de raigambres hermenéuticas, subraya la riqueza que se deriva de la pluralidad interpretativa de esta obra. Pero en una lectura detenida del libro, detrás del concepto de “heterogeneidad” pueden rastrearse las diferencias de fondo y los debates que se derivan de las interpretaciones de la obra del narrador y poeta chihuahuense. Esta es la tesitura a partir de la cual se comentan los contenidos del libro “Los placeres de la escritura en Jesús Gardea”. En el afán de profundizar y complejizar las lecturas de la obra de Gardea, resulta más fructífero subrayar, no los consensos que van dando lugar a categorías generalizantes de la crítica literaria, sino los desacuerdos que dan pauta a los debates teóricos y metodológicos. Entre los contenidos del libro en los cuales se hacen presentes debates de manera explícita o implícita,  se identifican cuatro líneas:
·     -- Las estrategias interpretativas que en términos epistemológicos recurren tanto al uso de categorías conceptuales como al uso de metáforas.
·       -- Las perspectivas teóricas y disciplinarias desde las cuáles se asume la interpretación de la obra de Gardea, que dan lugar a dos posturas:  una que pondera lo filosófico, lo estético y lo lingüístico, que se aleja de los componentes sociológicos e históricos;  otra de corte sociologizante que busca aproximar el análisis a los componentes contextuales que bordean la obra de este autor.
·    -- Los guiños discursivos que van trazando virajes de contenido epistemológico en las interpretaciones.
·       -- Las delimitaciones del objeto de estudio que llevan a seleccionar algunos de los textos del autor y no considerar otros.
En los apartados siguientes se analizan brevemente estas líneas.

IV
Entre los mecanismos epistemológicos que sostienen interpretativamente los ensayos del libro son notorias dos estrategias. Por un lado, está el uso de categorías conceptuales provenientes de la filosofía, las ciencias sociales y la teoría literaria producida desde América Latina. Por otro lado,  está el uso de metáforas interpretativas, que a su vez se hace presente de dos formas: como una interpretación fragmentaria de cualidades muy específicas de la obra de Gardea; y como una interpretación ampliada o macro-interpretación de la obra de este autor.
En los casos de Tornero (P. 77) y de Torres Torija (P. 217),  se hace notar una perspectiva que desde la teoría literaria acude a una línea filosófica fenomenológica, para analizar los componentes del espacio y el tiempo en la obra de Gardea. Aunque las posturas de ambas académicas tienen diferencias de fondo.
En los casos de Robles (P. 97) y de Romero (P. 137),  se hace uso del concepto de “visión de mundo”. En ambos autores esta cuestión resulta problemática a partir de las conexiones que puedan establecerse o no establecerse,  entre los contenidos de ficción y los componentes de realidad que atraviesan a la obra de Gardea.
Entre los demás autores hay variantes en el uso de categorías conceptuales. Por ejemplo, Avilés (P. 291) emplea el concepto de “rizoma” de Deleuze y Guattari para explicar las variaciones y omisiones discursivas que dan lugar a una estrategia narrativa arbórea y de desplazamientos en los significados de la narrativa del escritor chihuahuense. Domínguez hace un minucioso análisis de los recursos lingüísticos que atraviesan la cuentística de Gardea: comparaciones, metáforas, hipérbaton, prosopopeya, etc.,  para explicar sus contenidos poéticos y místicos.
Por otra parte,  Barrera Enderle (P. 123) e Ibáñez (P. 253), hacen uso de categorías conceptuales producidas por la teoría literaria elaborada desde América Latina. Barrera Enderle (Ibidem.) emplea el concepto de “transculturación” del uruguayo  Ángel Rama. Ibáñez (Ibidem.) hace uso de diversos conceptos del neobarroco del cubano Severino Sarduy y la brasileña Irlemar Chiampi.
En el ensayo de Llarena (P. 55) varias ocasiones se citan los textos que el escritor chihuahuense Alfredo Espinoza ha elaborado sobre la obra de Gardea. En estas citas de Llarena,  resalta una tendencia interpretativa que hace uso no de conceptos, sino de metáforas. Las interpretaciones de la obra de Gardea planteadas metafóricamente por Espinoza resultan luminosas y de un alto impacto estético en su composición. Al final del ensayo de Llarena, es notorio que la autora deja que las metáforas narrativas de Gardea sobre el deseo, la dureza del clima norteño o los estados de ánimo de los personajes, hablen por sí mismas. En este mismo tono pueden leerse algunas de las interpretaciones que hace Olvera (P. 205) de la poesía del escritor chihuahuense. No está por demás, poner en claro que Alfredo Espinoza y Ramón Gerónimo Olvera, son poetas con largo trayecto recorrido. Tanto Llarena-Espinoza como Olvera,  hacen uso de metáforas analizando fragmentariamente cualidades específicas de los textos de Gardea.
En el caso de Torres Torija (P. 217), resalta la puesta en marcha del recurso de la metáfora como macro-categoría interpretativa. En su lectura de la obra del escritor chihuahuense, esta autora plantea la metáfora de “cartografía narrativa” o “cartografía literaria” que retoma de Tally (Ibidem., P. 220). Esta estrategia busca una comprensión ampliada de la obra de Gardea. A partir de esta metáfora,  se desprende a su vez el concepto de “geopoética del norte de México”, asumido a partir de Aínsa (Ibidem., P. 227). En los análisis de la obra del escritor norteño, se pone en marcha una intertextualidad compleja, que en caso de Torres Torija se desplaza por un territorio transdisciplinario, que va de la filosofía a la geografía y a la sociología en sus revisiones teóricas.

V
En un balance global de las posturas teóricas e ideológicas que sustentan las interpretaciones de Gardea en el libro que se presenta, logran identificarse dos tendencias. Por un lado,  están las posturas que le dan mayor peso a los componentes filosóficos, estéticos y lingüísticos, dejando al margen lo sociológico y lo histórico. Por otro lado, están las posturas que ponderan lo social y lo histórico al analizar la obra de Gardea.
Entre los autores de la primera postura están los ensayistas que subrayan la presencia de componentes místicos y religiosos en la obra del narrador norteño. Son los casos de Torres (P. 51), Llarena (P. 61), Olvera (P. 215) y Domínguez (P. 193).
Hay ensayistas que explícitamente niegan la presencia del tiempo histórico en la obra del escritor chihuahuense. Tornero (P. 81) afirma: “Elena Félix ha observado que en la obra gardeana el tiempo histórico no existe, por lo que propone la lectura en términos del tiempo mítico.”
Por otra parte, en el estudio de Guerrero (P. 137) se traza un deslinde de lo histórico en la interpretación. Esto resulta problemático, dado que el concepto de “anábasis" (que significa embarcarse y volver) que Guerrero retoma de Badiou para analizar la obra de Gardea, posee un anclaje histórico en el siglo XX.
Los autores que imprimen una visión dialéctica y contextualizante a la lectura de la obra del poeta y narrador deliciense, son: Torres Torija (P. 217), Barrera Enderle (P. 123),  y en menor grado, Ibáñez (P. 253).
Barrera Enderle (Ibidem.) hace uso del concepto de “transculturación” de Rama, en un intento por re-contextualizar, territorial e históricamente, la obra del escritor chihuahuense desde América Latina. Este autor busca un “deslinde” con el “campo literario y los cortes históricos” que han encasillado a la obra de Gardea en las categorías de “literatura del norte” y “literatura del desierto”.
Varios de los ensayistas debaten sobre la viabilidad o inviabilidad de las categorías de “literatura del norte” y “literatura del desierto”. En un tono confesional y dubitativo, Llarena (P.58) plantea las dificultades que surgen sobre estas categorías al leer la obra de Gardea:

Quise saber lo que ocurría en las regiones interiores de América y me encontré con la frontera. Quise saber lo que ocurría con la frontera, y me encontré con el norte de México. Quise saber lo que pasaba con el norte de México y me encontré con el desierto. Quise saber cómo escribían los narradores del desierto y me encontré con Jesús Gardea.

En el artículo publicado por Torres Torija (Ibidem.), es donde se concentran los puntos de mayor peso en el debate. La metáfora interpretativa de “cartografía narrativa” y el concepto de “geopóetica”, que Torres Torija despliega en diálogo con otros autores, poseen una fuerte connotación dialéctica que llevan la interpretación hacia un plano sociologizante, historizante y desde luego geografizante. Entre las argumentaciones de la autora destacan los abordajes que realiza sobre los componentes de la ficción y de lo real, como presencias atravesadas en la obra del autor norteño. Desde luego que en este plano, hay un debate abierto desde la teoría literaria, sobre los cruzamientos epistemológicos y ontológicos entre los territorios de la ficción y de la realidad,  que se hacen presentes en la narrativa de Gardea.
En los planos epistemológico y ontológico, la postura asumida por Torres Torija (Ibidem.) resulta contrastante con los conceptos de “mundos posibles” y de “lo imposible”,  abordados por Padilla (P. 172). También hay un contraste con el concepto de “lo ficcional” asumido por Robles (P. 100). Esta es una cuestión que amerita ser analizada a profundidad en otro momento. 

VI
En una lectura a detalle del libro, llaman la atención los guiños discursivos que traen consigo virajes interpretativos entre los autores. Entre los guiños discursivos más notorios, está la preposición “sin embargo”, que implica un deslizamiento epistemológico. Hay otros mecanismos discursivos que traen consigo desplazamientos en la interpretación.
Un análisis de estos componentes coloca la mirada sobre lo extraño, sobre las rarezas que se hacen presentes, discursivamente o de otra forma, en los estudios de la crítica literaria. Ante lo anterior surgen preguntas como: ¿Qué tipo de virajes interpretativos tienen lugar en un mismo autor? ¿Cuáles son las razones de estos virajes? ¿De qué forma, estos virajes impactan en la consistencia interpretativa?
Estos guiños se identifican en Torres (P. 43), Llarena (P. 55), Robles (P. 105), Guerrero (P. 137),  Barrera Enderle (P. 123), Ibáñez (P. 256) y Torres Torija (P. 100). Entre los guiños de viraje interpretativo,  el caso  que más resalta es el de Torres (Ibidem.), dado que adquiere un tono confesional. Cabe hacer notar, que Torres es el autor más citado a lo largo del libro que se presenta, siendo el primer estudioso a profundidad de los textos de Jesús Gardea.
Citado por Llarena (P. 55) en el epígrafe de su ensayo, Torres asume: “Gracias a este homenaje me propuse un reto: volver a leer los cuentos iniciales de Gardea para saber si resistían la relectura. El resultado positivo es obvio, pero sucede que ahora he descubierto cosas que hace dos décadas no observé.” El viraje interpretativo es confesado directamente por Torres en el epígrafe, quien asume la misma postura en su ensayo publicado en el libro que se presenta: “Jesús Gardea: primeros libros” (P. 43-54). En sus relecturas de Gardea, Torres ha ido reelaborando sus interpretaciones, y en este último tramo  lanza una hipótesis que subraya la presencia de componentes místicos que resultan claves.
Caso por caso, habría que analizar a fondo los virajes interpretativos que surgen al analizar la obra de Gardea, enraizados en la profusidad (lo extenso), la profundidad (los fondos que se ahondan) y la complejidad (las conexiones internas y externas) de esta obra.

VII
En la delimitación del estudio de la obra de Gardea se identifican  varias tendencias. Están los autores que se centran en el estudio de sus cuentos. Barrera Enderle (P. 123) Guerrero (P. 137), Romero (P. 153) y Padilla (P. 169),  ubican su estudio  en un solo libro de cuentos. En el caso de Robles (P. 97) se abordan dos libros de cuentos. Por su parte, Domínguez analiza todos los cuentos de Gardea publicados por el Fondo de Cultura Económica.
En el libro hay tres ensayistas que enfocan su análisis en una sola novela: Samperio Jiménez (P. 273), Avilés (P. 291) y Rodríguez Lozano (P. 309). Es notorio que el estudio realizado por los autores que abordan una sola novela tiende a la búsqueda de los componentes simbólicos.
El único libro de poemas publicado por Gardea, “Canciones para una sola cuerda”,  es revisado por Olvera (P. 205) y su interpretación se conecta directamente con los contenidos de la obra narrativa.
La delimitación en el abordaje de la obra de Gardea, no es nada sencilla. En todo momento hay una tendencia al desbordamiento de los límites establecidos. En este sentido, Barrera Enderle (P. 123 y 124) plantea que la delimitación de su estudio a un solo libro de los cuentos de Gardea, es una cuestión imprecisa: “La maniobra sería más o menos esta: tomar una obra particular  y, a través de ella, reflexionar sobre un conjunto mayor”. Esta mención de Barrera Enderle denota que los mecanismos de delimitación en el estudio de una obra tienden al no-cierre, y que a fin de cuentas al poner límites se hace uso de artificios permisibles en la crítica literaria.
Los demás autores incluidos en el libro analizan lo mismo cuentos que novelas. En los casos de Torres (P. 43), Llarena (P. 55) y Tornero (P. 77), hay una marcada tendencia a analizar los primeros libros de cuentos y las primeras novelas publicadas del autor, que son los textos en los cuales los componentes lingüísticos y discursivos no llegan aún al hermetismo del último Gardea.
Entre los estudios del libro, destaca el caso de Ibáñez (P. 253)  en su ambición de abarcar en lo más posible a la obra de Gardea, tanto en la narrativa como en la poesía. La tesis que sustenta el estudio de Ibáñez, para explicar la evolución de la obra de Gardea de un discurso menos hermético y cerrado, hacia un discurso más hermético y cerrado, pone en claro las razones por las cuales se pone en marcha un estudio amplio en su delimitación.