(Artículo publicado en la revista "Aserto" del mes de octubre)
Los territorios se ocupan y se
conquistan, esta es una premisa que los seres humanos se plantearon desde los
primeros tiempos de la historia. En los siglos recientes, la ocupación y la
conquista de los espacios territoriales (parcelas que antes fueron ejidales,
extensiones de tierra que resultan claves por los recursos naturales que
contienen, predios que aumentan su plusvalía con el desarrollo de las ciudades,
etc.) es una forma de desarrollo que ha sido capturada milimétricamente por el
capitalismo. Las maneras de habitar los
territorios han acentuado lo privado por sobre lo público, los deslindes y las
limitaciones por sobre lo abierto, lo mercantil por sobre lo que no puede ser
convertido en mercancía.
En las últimas décadas en la ciudad de
Chihuahua, las formas de ocupación y conquista del territorio desde la lógica
capitalista se manifiestan de dos maneras distintas. Por un lado, mediante el desarrollo urbano que dio
lugar a la construcción de numerosos fraccionamientos al norte y al sur de la
ciudad, en la actualidad este desarrollo urbano busca ponderar el crecimiento vertical
por sobre el horizontal. Por otro lado, mediante la construcción sistemática de
plazas y centros comerciales que poco a poco se han ido apropiando del paisaje
urbano y de las formas de vida de los chihuahuenses.
Los hombres somos los más
territoriales de los animales que habitan en el planeta tierra. Esta tendencia
que tiene sus aristas patológicas, ha llegado a grados extremos en el desarrollo
de las formas de vida durante los siglos XX y XXI. Los espacios explotables (urbanos,
agrícolas, forestales, mineros, etc.) se han reducido a mínimos. En la lógica
capitalista de la ocupación y la conquista de territorios, las posibilidades de
explotación de lo terrestre disminuyen. ¿Desde esta lógica, qué espacios
terrestres van quedando por ocupar y conquistar?
El siglo XX es el tiempo histórico en
el que la ocupación y la conquista de los territorios pasa de lo horizontal a
lo vertical, de lo terrestre a lo aéreo. La historia de la aviación y de la
industria aeroespacial en el siglo XX, está íntimamente ligada con la historia
del desarrollo arquitectónico de los grandes edificios verticales que crecen en
número de pisos. La llegada del hombre a la luna al final de la década de 1960,
la expansión de la industria aeroespacial, la construcción de edificios que se
extienden hacia el cielo en las grandes ciudades, son algunos de los rastros
del extensionismo capitalista que pasa de los terrenal hacia lo aéreo. Tanto la
historia de la aviación y de las tecnologías aeroespaciales, como la historia
de la arquitectura contemporánea, están fijadas en el extensionismo capitalista
de lo aéreo. Si en el siglo XXI ya no es posible expandir la explotación de lo
terrestre, se han abierto las vías para la explotación de lo aéreo.
En la ciudad de Chihuahua, el plan de
desarrollo urbano que estimula el crecimiento vertical, la construcción de edificios de numerosos pisos en los
alrededores del Periférico de la Juventud, parte de esta lógica extensionista del
capitalismo que pasa de lo terrestre hacia lo aéreo. Se trata de concentrar el
desarrollo en un reducido espacio urbano que deje de apostarle a las
ocupaciones horizontales, y que le apueste a las ocupaciones verticales. El
argumento de mayor peso que defiende esta nueva manera del desarrollo urbano en la ciudad de Chihuahua, señala
las dificultades para extender los servicios públicos fuera de la mancha
urbana. Este argumento es válido, pero la historia del extensionismo que pasa
de lo horizontal a lo vertical en la ciudad de Chihuahua, está directamente
conectada con los desarrollos del capitalismo que impulsa la ocupación de lo
aéreo cuando las posibilidades de explotación de lo terrestre se reducen. No es
casual que la llegada de la industria aeroespacial a la ciudad de Chihuahua
mediante el modelo maquilador y la apertura de estudios universitarios en esta
área, sucedan en el mismo momento histórico en el que comienzan a construirse edificios de numerosos pisos. Habrá
que analizar con detenimiento los procesos económicos y sociales que han dado
lugar al plusvalor de lo aéreo (y de lo terrestre) en los grandes edificios que
se construyen en la zona del Periférico de la Juventud. Al tener lugar un
plusvalor de estos espacios urbanos,
se genera el enriquecimiento de unos
pocos. Los negocios de las compañías constructoras e inmobiliarias son una de
las áreas económicas que resultan más redituables a partir de las relaciones
que se entretejen entre los políticos y los empresarios.
Por otro lado, en los años recientes
las plazas y centros comerciales han pasado a ocupar grandes espacios del territorio
urbano en la ciudad de Chihuahua. Sería interesante un ejercicio que pueda
calcular los espacios que han venido ocupando los parques públicos en
comparación con los espacios que han llegado a ocupar las plazas y centros
comerciales en las últimas décadas. No se refiere aquí la sola ocupación del
territorio que se puede medir por metros cuadrados o por hectáreas, sino
también la ocupación psicosocial de los espacios como las plazas y centros
comerciales, que han cambiado las formas de vida de los chihuahuenses. Hace algunos
años, los paseos de fin de semana para las familias consistían en visitas a los
parques públicos, en los años recientes muchos de estos paseos se realizan a
las plazas y centros comerciales. Los lugares de recreación han sido mercantilizados.
A simple vista, en los años recientes
es notorio que el número de plazas y centros comerciales ha aumentado
exponencialmente en la ciudad de Chihuahua, lo mismo que el espacio urbano y
arquitectónico que ocupan. La lógica de construcción de más y más espacios
comerciales, en forma de plazas y tiendas departamentales, es una tendencia que se ha hecho presente en
las grandes ciudades de México y de América Latina. Esto encierra cambios
profundos en las maneras de pensar y vivir a la ciudad. Las plazas y centros
comerciales son arquitecturas diseñadas desde la lógica del expansionismo
capitalista. Cada centímetro cuadrado se construye para la comercialización de
los espacios, los productos y las vidas humanas. La estancia temporal de las
personas que visitan las plazas y centros comerciales se mide por la capacidad
de consumir y gastar. La aritmética es capitalista. El confort de estos
espacios, los grandes estacionamientos, el aire acondicionado, los diseños
vistosos, han sido creados para capturar la asistencia del mayor número de
personas concebidas como clientes potenciales, no como paseantes, no como
personas que buscan un espacio recreativo. En los años recientes, las formas de
vida individual y familiar de los paseantes recreativos de los parques y plazas
públicas, va siendo desplazada por las formas de vida de los clientes que
visitan las plazas y centros comerciales. Las políticas públicas del desarrollo
urbano han alentado el crecimiento territorial de los centros y plazas
comerciales de carácter privado y mercantilizado, en menoscabo de los espacios
públicos que den lugar a una apropiación no mercantilizada de las ciudades.
