(Artículo publicado en El Diario de Chihuahua en la sección de UPNECH, los días 21 y 28 de julio)
I
En la tradición académica
y de investigación en las universidades, suelen trazarse rutas interpretativas que modelan
las formas de entender a las teorías y las metodologías. En las maneras de
apropiación de una teoría o una metodología, terminan asumiéndose rutas de
interpretación dominantes, que se conciben
a la manera de moldes ideo-lógicos. La
teoría o la metodología son introducidos
a estos moldes, que trazan lo que puede
decirse y lo no puede decirse sobre un tema o un territorio que se investiga. Estos
moldes de interpretación son usados por los catedráticos e investigadores
universitarios para dar una clase, para escribir un artículo o sustentar una
investigación. Son también los moldes de pensamiento que sustentan teórica y
metodológicamente la generalidad de las tesis de licenciatura o de posgrado.
Esta es una de las facetas del canon en la tradición académica y de
investigación. La bibliografía y la metodología de las tesis universitarias se
sujetan a lo validado por el canon. Desde luego que el menú teórico y
metodológico es amplio y variado. Pero las preferencias son visibles. Por
ejemplo, en el manejo de los libros y
antologías que se llevan en los distintos cursos pueden notarse las
preferencias sobre determinados autores, teorías y líneas metodológicas. Alguna ocasión que me tocó dar un curso de
metodología de la investigación cualitativa, una catedrática me preguntó si
llevaba el libro de pastas blancas o el de pastas verdes. En este caso, las preferencias se reducían a dos textos que
no me fueron referidos por autores, por líneas teóricas o metodológicas, sino
por el simple color de las pastas de los libros. Resulta interesante hacer una
revisión a este respecto en el plano psicoanalítico. ¿Cómo es que lo autoral,
lo teórico y lo metodológico que encerraban los dos libros referidos quedaba
representado en los colores de las pastas de los libros? ¿Qué se escondía
detrás de esta representación pictórica?
II
Puede argumentarse que hay
diferencias de fondo entre lo teórico y lo metodológico. Lo primero refiere a
las teorías, conceptos y argumentaciones que desde las ciencias exactas, las
ciencias sociales y las humanidades se han generado para interpretar hechos o
problemas concretos. Por ejemplo, el constructivismo (Piaget y Vigotsky) es una
teoría constituida por diversos conceptos y argumentaciones que plantean cómo
es que los seres humanos aprenden y se desarrollan cognitivamente. Por su parte,
lo metodológico es una caja de herramientas que le posibilita al investigador
interpretar una determinada realidad problemática a partir de encuestas con
preguntas cerradas, cuestionarios con preguntas abiertas, la observación, el
análisis de conversaciones, los grupos de análisis, las asambleas
colaborativas, etc. Se supone que a partir de las posibilidades de la
metodología de investigación, los datos de la realidad investigada (desde donde
emerge y toma forma lo inductivo) tendrían una voz y una fortaleza propias, que
le permitirían inclusive debatir a las teorías aceptadas (los conceptos y
argumentaciones como los de Piaget, Vigotsky y otros autores). La teoría
fundamentada de Denzin y Lincoln establece una especie de utopía del reinado de
la inducción. Los datos que brotan de la realidad problemática en una
investigación (lo inductivo), podrían dar forma a una teorización que no tiene
por que derivarse ni sujetarse a las teorías, conceptos y argumentaciones
aceptadas y validadas por el canon de la academia universitaria (lo deductivo).
Pero lo deductivo sigue imponiéndose a las posibilidades de lo inductivo. Lo
metodológico que posibilitaría una vuelta de tuerca, al abrirle paso a lo real
problemático a partir de la inducción, queda sometido y encuadrado a las
teorías, los conceptos y las argumentaciones, desde los cuales se deduce.
¿Dónde quedan entonces las posibilidades de una originalidad teórica,
conceptual y argumentativa? ¿Dónde quedan las condiciones sui generis de cada realidad problemática? Asfixiadas por la
deducción, sujetas a los autores, las teorías, los conceptos y las
argumentaciones que el canon universitario ha consagrado. Hay algo mítico
funcionando aquí.
Es algo parecido al
problema del huevo y la gallina. El huevo podría representar a lo inductivo, en
tanto que la gallina representaría a lo deductivo. Genéticamente, la gallina
determina al huevo que no puede escaparse de la procreación que lo encierra. El
huevo (lo real problemático que deriva la inducción y que está envuelto por lo
metodológico) no puede realizarse sin la procreación de la gallina que lo
engendra (lo teórico, que da pie a la deducción). Lo deductivo es una fuerza
centrípeta que se abalanza sobre lo real problemático, capturándolo y
sobredeterminándolo.
III
Recientemente, a raíz del
desarrollo y reconocimiento que ha tenido la investigación educativa en el
estado de Chihuahua, se introducen algunos conceptos que van encuadrando las
formas de asumir a las teorías y metodologías en la investigación. Hasta el momento se han
visualizado estos términos como conceptos clave en la clarificación de la investigación
educativa, pero no se les ha visto como dispositivos de control. Dos de estos
conceptos son: “estado del conocimiento”
y “estado del arte”. El primero refiere los datos, hechos, líneas,
circunstancias, etc. que existen sobre un tema de investigación. El segundo, estrechamente
correlacionado con el primero, se refiere también a los conocimientos que se
han desarrollado en la investigación sobre el tema por abordar (el objeto de
estudio, el enfoque investigativo, la delimitación, los pormenores
metodológicos, etc.). No hay consenso que plantee diferencias de fondo entre
ambos conceptos, aunque recientemente en el plano de la investigación educativa
se debate a este respecto. Tanto el “estado del conocimiento” como el “estado
del arte” son términos que se plantean como marcos que sitúan al investigador
en diálogo con las teorías y metodologías que anteceden al tema y al objeto de
estudio que se investiga. En ambos conceptos lo teórico y lo metodológico no
están separados, sino que se entretejen. Habría que pensar con detenimiento
cómo es que se entretejen lo teórico y lo metodológico a partir del “estado del
conocimiento” y el “estado del arte”. Este es un territorio que no ha sido
analizado.
¿Cómo se construye un
“estado del conocimiento” o un “estado del arte” en una tesis para titularse de
licenciatura o de posgrado? Hay una tradición académica y de investigación que
remite a determinadas teorías y metodologías. ¿Qué teorías y qué metodologías
aparecen? Las que la tradición del canon de-limite, las que los asesores de
los tesistas hayan asumido y recomienden o impongan sobre los estudiantes, las que los tesistas encuentran en las bases
de datos en bibliotecas y sitios de internet. Es muy difícil que un tesista se
salga de los márgenes de este canon. Para hacerlo, tendría que haber una
formación intelectual autónoma y trabajarse al margen de lo aceptado por el
canon. La generalidad de los tesistas esperan una línea teórica recomendada por
los asesores, esto evita la posibilidad de la censura.
Tanto en el concepto de
“estado del conocimiento” como en el de “estado del arte”, aparece el término
de “estado”, que remite al latín “status”. El “estado” es una posición de algo
dentro de un marco determinado. En un estado hay una fijación, una estructuración en un lugar
y en un tiempo determinados. En nuestro
caso, hablamos de la fijación y estructuración, en un lugar y en un tiempo
determinados, del conocimiento teórico y metodológico sobre un problema o
temática que se investiga. Este condicionamiento toma forma en el canon
universitario. Si bien es cierto, que
hay posibilidades de apertura y originalidad, el canon opera estableciendo
pautas, calibrando movimientos y trazando límites. El aquietamiento del
“status” se hace presente aquí.
IV
Desde luego que el canon
universitario que sujeta la escritura de una tesis no es homogéneo ni cerrado. Resulta
ser una especie de biblioteca en movimiento, compleja y en apertura. La
hegemonía del canon puede explicarse en los términos de Angenot (El discurso social. Los límites históricos
de lo pensable y lo decible, 2010, editorial Siglo XXI, Argentina ): “La
hegemonía no es, entonces, ni yuxtaposición ni coexistencia. A pesar de muchos
puntos de fricción y conflicto, forma un conjunto que aporta a la estabilidad y
a la homeostasis, mientras que ella misma está constantemente en vías de
reparación y renovación.” La hegemonía
del canon universitario no se entiende a la manera de un dominio cerrado,
tampoco a partir del reduccionismo de la teoría de la reproducción y la
resistencia, donde un grupo dominante reproduce el dominio y otro grupo se
resiste a él, enfrascándose en una lucha de toma y daca. La hegemonía se entiende como si fuera un laberinto en cuyo
interior tienen lugar luchas, reacomodos y renovaciones. Las paredes del
laberinto se desplazan y transforman, pero en todo momento marcan un adentro y
un afuera. ¿Quién determina la ubicación de estas paredes? ¿Quién dice qué
caminos tomar en el laberinto y cómo caminarlos mientras se elabora una tesis? Hay
una especie de anonimato colectivo que opera a partir de unas reglas lo
suficientemente explícitas y consensadas como para no derribar las paredes del
laberinto y llevarlo a su destrucción. El laberinto es protegido por una serie
de dispositivos que controlan la escritura de una tesis para titularse de
licenciatura o de posgrado.