(Artículo publicado en “El Diario de Chihuahua”, en la sección de UPNECH)
Actualmente tiene lugar un
debate en torno a la posible pérdida del libro de papel, que sería sustituido
por el libro virtual o e-book. Algunos escritores e investigadores defienden
con fervor al libro de papel, que materialmente ha llegado a convertirse en un
símbolo de la sabiduría y de la cultura en occidente. Otros autores admiten que
el reinado del libro de papel ha llegado a su fin, y que el libro virtual poco
a poco irá desplazando al libro físico, hasta construir su propio reinado. Los
debates en este plano son engañosos. No hay argumentos suficientes para
demostrar que el libro de papel ha
llegado a su fin. En ninguna época histórica de la humanidad, se han publicado
tantos libros de papel como en la actualidad. Tampoco es demostrable que el
e-book llegará a sustituir al libro de papel de manera definitiva en los años o
décadas siguientes. Los cálculos futuros
que se hacen sobre el tema son inciertos.
Chartier (“Algunas
preguntas fundamentales”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del
Mundo del Libro”, 2009)
refiere que las concepciones conflictivas en torno a la “materialidad” y la
“inmaterialidad” del libro a finales siglo XX y principios del XXI, tienen antecedentes históricos y culturales que puede rastrearse
hasta los inicios de la era cristiana. El historiador francés precisa tres
innovaciones que estarían redefiniendo las relaciones entre los tipos de
objetos que portan el texto, las maneras
de leer y los usos de lo escrito. La primera innovación se da entre los siglos
II y IV, cuando en la era romana se
pasa del rollo o pergamino al libro
códex. El segundo cambio sucede en los siglos XIV y XV, antes de Gutenberg.
Aparece entonces el libro unitario, un texto escrito por un mismo autor en
lengua vulgar, que rompe con las obras canónicas impulsadas por la religión católica durante la edad media. La
tercera novedad surge con la imprenta de Gutenberg y sus desarrollos en los
siglos XVI y XVII.
En este momento histórico
estaríamos viviendo una cuarta innovación al pasar del libro impreso sobre
papel, al e-book. Es necesario poner en claro, que a partir del surgimiento del
libro en formato de códex, no ha sido modificada de fondo la materialidad del
libro. Tanto el códex, como el libro unitario y el libro que conocemos actualmente, materialmente son un cubo de
papel encuadernado con pastas. Desde luego que pueden establecerse diferencias
entre el códex y el libro actual, al tomar en cuenta las cualidades del papel,
el tamaño, el diseño y los contenidos. Pero una cuestión que los equipara es la existencia concreta de sus pastas y sus
hojas, como portadoras de un discurso y generadoras de formas de lectura
fundadas en la materialidad.
Con el surgimiento del e-book,
se está dando lugar a una ruptura con la materialidad del libro que
viene desde el pergamino en Grecia y oriente, y desde el libro códex en Roma,
hasta nuestros días. Desde entonces hasta la fecha, han transcurrido muchos
siglos de convivencia humana con el libro material. Decir de manera simplista
que el libro material es un fetiche, minimizarlo ante la prominencia idealizada
del texto virtual, es una operación riesgosa.
Entre los alegatos que toman postura por la
materialidad del libro, está la defensa
de las bibliotecas como espacios arquitectónicos de resguardo del saber. Vargas
Llosa (“La ciudadela de los libros”, 2012) refiere que hacia 1990, la “matriarca de escritores” Carmen Balcells
habló en diversas ocasiones de un proyecto bibliotecario en Barcelona, que estaría reuniendo los acervos de
escritores como García Márquez, Cortázar, Fuentes, etc. El proyecto pretendía
transformar los antiguos cuarteles de Barcelona en un sitio para albergar los
archivos y bibliotecas de varios escritores de peso completo. La encomienda no tuvo lugar en Barcelona,
sino en la ciudad de México, durante la gestión de Consuelo Sáizar en el CONACULTA.
En el año 2012 se inauguró en el Distrito Federal “La Ciudad de los Libros”,
que reúne las bibliotecas particulares de los escritores: José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime
García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis. El total aproximado de libros
reunidos en este lugar es de 350 mil. Esta es una de las bibliotecas físicas
más cuantiosas en el mundo
La construcción de la “Ciudad
de los Libros”, un espacio
arquitectónico de dimensiones considerables,
tiene lugar en el mismo momento histórico en el que se ha vaticinado el
posible fin del libro material. Esta audacia cultural y arquitectónica es una
defensa sólida y ostentosa de la materialidad de los libros y el saber que
residen en los recintos bibliotecarios.
En 2006 el gobierno
panista de Vicente Fox inauguró la Megabiblioteca José Vasconcelos. Un edificio
colosal de arquitectura moderna construido en la ciudad de México. La
Megabiblioteca tuvo que cerrar a los
pocos meses de inaugurada debido a fallas en la construcción. Los señalamientos
por el manejo indebido del presupuesto y de la obra, dieron lugar a un
escándalo mediático. En una conferencia en el marco de la Feria del Libro en 2013,
en la ciudad de Chihuahua, el analista Javier Aranda admitió que la biblioteca
construida durante el gobierno de Vicente Fox “se ha convertido en el cibercafé
más grande del mundo”. La arquitectura colosal de la biblioteca foxista se
refleja en lo desmesurado de su misma denominación: “Megabiblioteca”. Pero en
los hechos, según Aranda, esta arquitectura ha venido a menos al convertirse en
un sitio de mero entretenimiento para navegar en el internet. La paradoja es
evidente.
En los años recientes se
ha generado un debate a partir del proyecto Google, que pretende digitalizar millones de libros
de acervos bibliotecarios y de editoriales, para enseguida subirlos a internet.
Hay quienes reprueban el proyecto y quienes lo defienden.
Entre los primeros se
argumentan razones de acceso y control del saber. Según Darnton, el proyecto
Google tiene tendencias monopólicas (“Las bibliotecas y el futuro digital”,
ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009). La
compañía que dio origen al buscador más reconocido de internet, pretende
convertirse en un dominio único y absoluto del saber depositado en el e-book.
Entre los segundos están
los mismos impulsores del proyecto. Marinucci, quien trabaja para Google, admite
que después de años de litigio, se llegó a un acuerdo entre los editores, los
autores y la compañía para digitalizar los libros: “… el enfoque de este
acuerdo es el siguiente: no solo podemos mostrar algunas líneas de estos libros
descatalogados, sino que podemos mostrar el 20 por ciento de las páginas, tal
como hacemos hoy en día con los libros que nos pasan los afiliados. Pero vamos
a agregar la posibilidad de comprar el acceso en línea…” (“Google Libros:
millones de libros a un clic de distancia”, ponencia presentada en: “Congreso
Internacional del Mundo del Libro”, 2009).
La visión de Marinucci que
refleja la postura del consorcio Google, se centra en el enfoque del mercado
capitalista de productos culturales, que lo mismo tiene por objetivo vender un
libro de papel que un libro virtual. No importa la diferencia entre ambos, el
propósito de la industria cultural capitalista del libro, es producir,
comercializar y vender libros.
Lo que es innegable es un
proceso acelerado de digitalización de
libros materiales. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, que
cuenta con el mayor acervo bibliográfico
de documentos y libros, ha iniciado la digitalización de millones de libros que
hasta el momento existen solo en papel. Muchas otras bibliotecas en el mundo
están en proceso de digitalización de sus libros.
En 2010 se fundó en México
La Biblioteca Digital Mexicana, con el apoyo del Archivo General de la Nación,
el INAH, el centro de Estudios de Historia de México Carso y el CONACULTA.
Recientemente se fundó también en México, la Biblioteca Digital CONACULTA, que
cuenta ya con un acervo considerable.
En el actual contexto histórico, surgen una serie de
paradojas que por el momento no es posible poner en claro en los debates sobre
el material y el e-book:
- El internet es un
fabuloso almacén que puede facilitar el acceso a la información y al
conocimiento a un mayor número de personas. Pero los manejos libertarios de la
red, pueden echar abajo la conformación de un saber legítimo para la comunidad académica
e intelectual. La democratización informativa y del conocimiento es un arma de
dos filos.
- Los supuestos beneficios
de accesibilidad a la información y al conocimiento en internet, han venido a estancarse
en una visión capitalista y monopólica, tal como ha sucedido con la digitalización de libros de Google. Aunque hay
proyectos libertarios, que de manera gratuita facilitan al lector, documentos y
libros que pueden resultar muy costosos.
- La lectura internauta de
un texto permite abrir múltiples puertas de conocimiento y de conectividad a
partir del hiperlink. Pero esto ha dado lugar a una lectura fragmentaria y
dispersa que se compara con la práctica del zapping. Los lectores internautas pueden
perder las capacidades de comprensión lectora en el manejo de textos que
ameritan ser analizados con detenimiento y profundidad.
- El diseño de libros y de
productos culturales novedosos que porten el saber, puede tener extraordinarios
desarrollos haciendo uso de las nuevas tecnologías. Pero el contenido de
imágenes y de efectos seductores y espectaculares en el diseño, puede ir en
detrimento del saber depositado en el texto.
- La biblioteca total de
Borges ha pasado de ser una utopía a una posibilidad concreta. Pero esta idea
se levanta a partir de la probable pérdida del libro material, que ha sido
depositario del significado del saber en occidente. Simple nostalgia por el declive
del libro material, o amor profundo por el saber depositado en el libro papel,
que se resiste a ser modificado en su significación material.
- Al paso de los años y
los siglos, los libros materiales se encaminan a la desaparición. Al haber sido
fabricados con material orgánico, los viejos libros de papel habrán de extinguirse
deteriorados por el clima y por las bacterias. Esta condición podría
preservarse al escanear los libros
físicos, para convertirlos en virtuales.
Podrían seguirse
enumerando paradojas que nos llevarían a concebir en estos términos la mutación
cultural que se vive hacia finales del siglo XX y principios del XXI. El libro
como signo cultural y como portador del saber está atravesado por transformaciones que no concluyen todavía. Hay
quienes imaginan una cordial síntesis que en los años venideros tendrá lugar
entre el libro material y el e-book. Resulta difícil imaginar un escenario en
el que los choques culturales sean menores y
limitados. Los efectos de la transformación del libro y de la lectura en
los años venideros, serán pensados de una u otra manera, como una afectación
cultural, que a la vez tiene la forma de
un desarrollo.