domingo, 15 de marzo de 2015

Del libro de papel al e-book


(Artículo publicado en “El Diario de Chihuahua”,  en la sección de UPNECH)

Actualmente tiene lugar un debate en torno a la posible pérdida del libro de papel, que sería sustituido por el libro virtual o e-book. Algunos escritores e investigadores defienden con fervor al libro de papel, que materialmente ha llegado a convertirse en un símbolo de la sabiduría y de la cultura en occidente. Otros autores admiten que el reinado del libro de papel ha llegado a su fin, y que el libro virtual poco a poco irá desplazando al libro físico, hasta construir su propio reinado. Los debates en este plano son engañosos. No hay argumentos suficientes para demostrar que el libro de papel  ha llegado a su fin. En ninguna época histórica de la humanidad, se han publicado tantos libros de papel como en la actualidad. Tampoco es demostrable que el e-book llegará a sustituir al libro de papel de manera definitiva en los años o décadas siguientes.  Los cálculos futuros que se hacen sobre el tema son inciertos.
Chartier (“Algunas preguntas fundamentales”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009) refiere que las concepciones conflictivas en torno a la “materialidad” y la “inmaterialidad” del libro a finales siglo XX y principios del XXI,  tienen antecedentes  históricos y culturales que puede rastrearse hasta los inicios de la era cristiana. El historiador francés precisa tres innovaciones que estarían redefiniendo las relaciones entre los tipos de objetos que portan el texto,  las maneras de leer y los usos de lo escrito. La primera innovación se da entre los siglos II y IV,  cuando en la era romana se pasa  del rollo o pergamino al libro códex. El segundo cambio sucede en los siglos XIV y XV, antes de Gutenberg. Aparece entonces el libro unitario, un texto escrito por un mismo autor en lengua vulgar, que rompe con las obras canónicas impulsadas por la  religión católica durante la edad media. La tercera novedad surge con la imprenta de Gutenberg y sus desarrollos en los siglos XVI y XVII.
En este momento histórico estaríamos viviendo una cuarta innovación al pasar del libro impreso sobre papel, al e-book. Es necesario poner en claro, que a partir del surgimiento del libro en formato de códex, no ha sido modificada de fondo la materialidad del libro. Tanto el códex, como el libro unitario y el libro que conocemos  actualmente, materialmente son un cubo de papel encuadernado con pastas. Desde luego que pueden establecerse diferencias entre el códex y el libro actual, al tomar en cuenta las cualidades del papel, el tamaño, el diseño y los contenidos. Pero una cuestión que los equipara es la  existencia concreta de sus pastas y sus hojas, como portadoras de un discurso y generadoras de formas de lectura fundadas en la materialidad.
Con el surgimiento del  e-book,   se está dando lugar a una ruptura con la materialidad del libro que viene desde el pergamino en Grecia y oriente, y desde el libro códex en Roma, hasta nuestros días. Desde entonces hasta la fecha, han transcurrido muchos siglos de convivencia humana con el libro material. Decir de manera simplista que el libro material es un fetiche, minimizarlo ante la prominencia idealizada del texto virtual, es una operación riesgosa.
Entre  los alegatos que toman postura por la materialidad del libro,  está la defensa de las bibliotecas como espacios arquitectónicos de resguardo del saber. Vargas Llosa (“La ciudadela de los libros”, 2012) refiere que hacia 1990,  la “matriarca de escritores” Carmen Balcells habló en diversas ocasiones de un proyecto bibliotecario en Barcelona,  que estaría reuniendo los acervos de escritores como García Márquez, Cortázar, Fuentes, etc. El proyecto pretendía transformar los antiguos cuarteles de Barcelona en un sitio para albergar los archivos y bibliotecas de varios escritores de peso completo.  La encomienda no tuvo lugar en Barcelona, sino en la ciudad de México, durante la gestión de Consuelo Sáizar en el CONACULTA. En el año 2012 se inauguró en el Distrito Federal “La Ciudad de los Libros”, que reúne las bibliotecas particulares de los escritores:  José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis. El total aproximado de libros reunidos en este lugar es de 350 mil. Esta es una de las bibliotecas físicas más cuantiosas en el mundo
La construcción de la “Ciudad de los Libros”,  un espacio arquitectónico de dimensiones considerables,  tiene lugar en el mismo momento histórico en el que se ha vaticinado el posible fin del libro material. Esta audacia cultural y arquitectónica es una defensa sólida y ostentosa de la materialidad de los libros y el saber que residen en los recintos bibliotecarios.
En 2006 el gobierno panista de Vicente Fox inauguró la Megabiblioteca José Vasconcelos. Un edificio colosal de arquitectura moderna construido en la ciudad de México. La Megabiblioteca  tuvo que cerrar a los pocos meses de inaugurada debido a fallas en la construcción. Los señalamientos por el manejo indebido del presupuesto y de la obra, dieron lugar a un escándalo mediático. En una conferencia en el marco de la Feria del Libro en 2013, en la ciudad de Chihuahua, el analista Javier Aranda admitió que la biblioteca construida durante el gobierno de Vicente Fox “se ha convertido en el cibercafé más grande del mundo”. La arquitectura colosal de la biblioteca foxista se refleja en lo desmesurado de su misma denominación: “Megabiblioteca”. Pero en los hechos, según Aranda, esta arquitectura ha venido a menos al convertirse en un sitio de mero entretenimiento para navegar en el internet. La paradoja es evidente.
En los años recientes se ha generado un debate a partir del proyecto Google,  que pretende digitalizar millones de libros de acervos bibliotecarios y de editoriales, para enseguida subirlos a internet. Hay quienes reprueban el proyecto y quienes lo defienden.
Entre los primeros se argumentan razones de acceso y control del saber. Según Darnton, el proyecto Google tiene tendencias monopólicas (“Las bibliotecas y el futuro digital”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009). La compañía que dio origen al buscador más reconocido de internet, pretende convertirse en un dominio único y absoluto del saber depositado en el e-book.
Entre los segundos están los mismos impulsores del proyecto.  Marinucci, quien trabaja para Google, admite que después de años de litigio, se llegó a un acuerdo entre los editores, los autores y la compañía para digitalizar los libros: “… el enfoque de este acuerdo es el siguiente: no solo podemos mostrar algunas líneas de estos libros descatalogados, sino que podemos mostrar el 20 por ciento de las páginas, tal como hacemos hoy en día con los libros que nos pasan los afiliados. Pero vamos a agregar la posibilidad de comprar el acceso en línea…” (“Google Libros: millones de libros a un clic de distancia”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009).
La visión de Marinucci que refleja la postura del consorcio Google, se centra en el enfoque del mercado capitalista de productos culturales, que lo mismo tiene por objetivo vender un libro de papel que un libro virtual. No importa la diferencia entre ambos, el propósito de la industria cultural capitalista del libro, es producir, comercializar y vender libros.
Lo que es innegable es un proceso acelerado de digitalización de  libros materiales. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, que cuenta  con el mayor acervo bibliográfico de documentos y libros, ha iniciado la digitalización de millones de libros que hasta el momento existen solo en papel. Muchas otras bibliotecas en el mundo están en proceso de digitalización de sus libros.
En 2010 se fundó en México La Biblioteca Digital Mexicana, con el apoyo del Archivo General de la Nación, el INAH, el centro de Estudios de Historia de México Carso y el CONACULTA. Recientemente se fundó también en México, la Biblioteca Digital CONACULTA, que cuenta ya con un acervo considerable.
En el actual  contexto histórico, surgen una serie de paradojas que por el momento no es posible poner en claro en los debates sobre el material y el e-book:
- El internet es un fabuloso almacén que puede facilitar el acceso a la información y al conocimiento a un mayor número de personas. Pero los manejos libertarios de la red, pueden echar abajo la conformación de un saber legítimo para la comunidad académica e intelectual. La democratización informativa y del conocimiento es un arma de dos filos.
- Los supuestos beneficios de accesibilidad a la información y al conocimiento en internet, han venido a estancarse en una visión capitalista y monopólica, tal como ha sucedido con la  digitalización de libros de Google. Aunque hay proyectos libertarios, que de manera gratuita facilitan al lector, documentos y libros que pueden resultar muy costosos.
- La lectura internauta de un texto permite abrir múltiples puertas de conocimiento y de conectividad a partir del hiperlink. Pero esto ha dado lugar a una lectura fragmentaria y dispersa que se compara con la práctica del zapping. Los lectores internautas pueden perder las capacidades de comprensión lectora en el manejo de textos que ameritan ser analizados con detenimiento y profundidad.  
- El diseño de libros y de productos culturales novedosos que porten el saber, puede tener extraordinarios desarrollos haciendo uso de las nuevas tecnologías. Pero el contenido de imágenes y de efectos seductores y espectaculares en el diseño, puede ir en detrimento del saber depositado en el texto.
- La biblioteca total de Borges ha pasado de ser una utopía a una posibilidad concreta. Pero esta idea se levanta a partir de la probable pérdida del libro material, que ha sido depositario del significado del saber en occidente. Simple nostalgia por el declive del libro material, o amor profundo por el saber depositado en el libro papel, que se resiste a ser modificado en su significación material.  
- Al paso de los años y los siglos, los libros materiales se encaminan a la desaparición. Al haber sido fabricados con material orgánico, los viejos libros de papel habrán de extinguirse deteriorados por el clima y por las bacterias. Esta condición podría preservarse al escanear  los libros físicos, para convertirlos en virtuales.
Podrían seguirse enumerando paradojas que nos llevarían a concebir en estos términos la mutación cultural que se vive hacia finales del siglo XX y principios del XXI. El libro como signo cultural y como portador del saber está atravesado por  transformaciones que no concluyen todavía. Hay quienes imaginan una cordial síntesis que en los años venideros tendrá lugar entre el libro material y el e-book. Resulta difícil imaginar un escenario en el que los choques culturales sean menores y  limitados. Los efectos de la transformación del libro y de la lectura en los años venideros, serán pensados de una u otra manera, como una afectación cultural,  que a la vez tiene la forma de un desarrollo.