lunes, 20 de junio de 2016

Otra vez la confrontación entre las posturas divergentes de la crítica literaria en México: Yépez versus Domínguez Michael (anti-pazentrismo y pazentrismo, contra-canon y canon, izquierda y derecha cultural)... Al debate se anexa la postura de Sánchez Prado...

Esta otra ronda de debates sobre la metacrítica, o crítica de la crítica literaria en México merece ponerle la mira encima:

Primero, en el número de junio de la revista "Letras Libres" Domínguez Michael minimiza y/o descalifica a la obra de Ulises Carrión y de Mario Santiago Papasquiaro, autores que han sido postulados y defendidos por Heriberto Yépez, dando lugar a un canon paralelo al de la revista “Letras Libres", un contra-canon:

Yépez le debate a Domínguez Michael y es frontal en sus juicios y argumentaciones que entrecruzan lo teórico, lo político y lo ideológico: 

La contrarréplica de Domínguez Michael a Yépez, también es confrontacional y por momentos el debate toma un tono personal: 

Desde Facebook, en varios post que ha ido subiendo en los días recientes, Ignacio Sánchez Prado toca el tema un tanto tangencialmente al debate abierto entre Domínguez Michael y Yépez. De la misma forma en que Yépez ha dado líneas de lectura en la fundamentación teórica e ideológica de la labor del crítico literario (a partir de Ángel Rama y Julio Ramos), Sánchez Prado desliza en sus notas y recomendaciones una serie de nombres y de obras. Desde su labor como profesor en la academia norteamericana, Sánchez Prado desdobla la crítica literaria hacia los estudios culturales y los debates poscoloniales. Posteo enseguida las seis anotaciones que este académico y crítico literario ha planteado hasta el momento. Entre paréntesis se anotan los links de algunos de los textos (o reseñas de los mismos) que este autor recomienda:  

"DIAS DE CRÍTICA LITERARIA (I)
La crítica es mi oficio y es mi pasión. Es mi trabajo y mi forma de vida. Como parte de mi pasión y de la ética que busco ejercer como crítico soy un lector dedicado de toda la crítica de mis colegas colegas, en México y fuera, académica y no académica. Por supuesto tengo opiniones y posicionamientos, pero ninguno de ellos neutraliza la estima como lector y el respeto como colega que siento hacia otros críticos a pesar de que pueda tener desacuerdos con sus posturas. Quienes me conocen pueden deducir exactamente lo que pienso en torno a la reciente polémica planteada por Heriberto Yépez sobre Christopher Domínguez Michael. Incluso, hace tiempo publiqué varios ensayos sobre la crítica. Pero decidí también hace tiempo, siguiendo el consejo de un amigo crítico, no intervenir más en esos debates y no escribir más metacrítica. Y sin embargo, lo malo de esa decisión es que vivo muerto de la frustración ante las nociones de la crítica que se barajan mucho en los debates, desde el desprecio ciego a todo lo teórico y lo académico hasta la conflación entre crítica y reseña. En respuesta a esto decidí no romper mi voto de silencio sobre el problema de la crítica por ahora escribiendo un ensayo. Pero desde ese silencio, en los próximos días responderé a esa frustración con el puro poder del ejemplo. Cada día compartiré un trabajo de crítica literaria reciente, de algún crítico literario mexicano (con algunos extranjeros mexicanistas por ahí), que me parecen ejemplares. Habrá libros y ensayos, textos académicos y no académicos. Habrá amigos cercanos, rivales y personas que no conozco en lo absoluto. Habrá trabajos con los que coincido y con los que me peleo, pero siempre son textos que creo admirables y dignos de ser leídos. Seguramente a los que me acompañen en este ejercicio no les gustará todas las entradas, pero mi punto es mostrar que hay crítica literaria buenísima que pasa por debajo del radar de las polémicas y el chismerío en redes sociales.
Inicio el ejercicio cerca de casa, con Gabriel Wolfson, con quien (disclaimer) tuve el privilegio de coincidir en la UDLA de Puebla. Su ensayo "La sintaxis de Plural", que posteo abajo, muestra sus virtudes como crítico: riguroso en la investigación, conocedor de la teoría sin dejarse apantallar por ella, y de una pluma admirable. Wolfson no rehuye la polémica y su estilo siempre está en modo de debate. Aunque esto no es una reseña es, de hecho, uno de los poquísimo reseñistas que pueden llevar el rigor de su crítica investigativa incluso al texto más de ocasión. Lo pueden leer con regularidad en la revista Crítica de Puebla. (http://revistacritica.com/contenidos-impresos/ensayo-literario/la-sintaxis-de-plural-por-gabriel-wolfson)"

"DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (II)
Mucha de la mejor crítica literaria mexicana la están escribiendo críticos brillantes nacidos en los años ochenta. Son autores que todavía no emergen en los medios: muchos de ellos pasan sus días en programas de posgrado o en algún esquema de beca de ensayista. Pero ya hay entre ellos críticos brillantes. Para limpiar el paladar de las polémicas del día, hoy sugiero leer a una de estas voces emergentes: Ana Sabau. Ana, quien es profesora en la Universidad de Michigan, comienza a destacar por la enorme inteligencia de sus trabajos. Yo tuve hace tiempo la oportunidad de editarle un ensayo magnífico sobre Alfonso Reyes y tiene por ahí un texto sobre Trotsky y Cabrera Infante que no tiene desperdicio. Pero donde Ana brilla verdaderamente es en su estudio de la literatura mexicana del siglo XIX. Está por el momento adaptando su magnífica tesis doctoral (que por ahí se podrá descargar) en un libro tentativamente titulado "Revolutions and Revelations: An Archaeology of Political Imagination in 19th Century Mexico". Por lo que conozco del material será un libro absolutamente señero. Mientras tanto, comparto un extraordinario texto que escribió Ana para la serie Utopías del portal Horizontal, que muestra la calidad y rigor de su trabajo como crítica de la cultura del siglo XIX. Ana es una estrella naciente. Si fuera editor de un medio en México haría lo que fuera por ficharla como colaboradora regular. Realmente, se hablará mucho de su trabajo en los años venideros. (http://horizontal.mx/la-casa-de-maternidad-de-puebla-la-huella-de-la-utopia/)”

"DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (III)
Cuando comenzaba a trabajar como crítico, desde fuera y buscando espacios en México, tres colegas adquirían una presencia muy fuerte en medios y comenzaban a despuntar: Geney Beltrán, Rafael Lemus, Heriberto Yépez. Los tres tienen seguidores y detractores, los tres son leídos y debatidos intensamente cada vez que publican algo. Y quizá sea uno de los pocos con esta opinión, pero a los tres los admiro y respeto enormemente, por su inteligencia y la fuerza de su voz, tanto en los momentos en que encuentro su trabajo iluminador como en los que estoy en absoluto desacuerdo con ellos. Sin embargo, teniendo estas tres enormes figuras en la camada de uno tiene como consecuencia que otro tipo de voces, que florecen en espacios menos públicos y visibles no se escuchen con la atención debida. Y en honor a eso, hoy comparto un texto de un crítico de mi generación, Jezreel Salazar, cuya obra es un ejemplo de brillantez y rigor, aunque no haya tenido la proyección de mis tres contemporáneos más famosos. Jezreel es el gran heredero de Monsiváis, de quien es uno de sus mejores críticos, además de ser él mismo uno de los grandes cronistas de la literatura mexicana contemporánea. Es un crítico de trayectoria y todo lo que ha escrito vale la pena: su magnífico libro sobre Monsi, el ensayo sobre la "prosa volátil" Reyes que escribió para mi antología sobre don Alfonso, su texto en Letras Libres sobre el ensayo. Comparto aquí, precisamente, su maravilloso libro sobre Monsiváis, "La ciudad como texto", que se puede descargar de su página de Academia. Realmente un libro hermoso y brillante, de esos que uno quisiera haber escrito. (https://www.academia.edu/604535/La_ciudad_como_texto_la_cr%C3%B3nica_urbana_de_Carlos_Monsiv%C3%A1is)”

"DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (IV):
La crítica literaria en México padece desde siempre de un enorme problema de machismo estructural. En consecuencia, el oficio tiene deudas de género enormes, en muchos sentidos. Es, por ejemplo, mucho más difícil para una mujer adquirir espacios en medios literarios que para los hombres, algo patentemente obvio si se hace un simple censo de la proporción entre hombres y mujeres en cualquier publicación cultural. Asimismo, se estudian mucho más escritores hombres que escritoras, y se traducen mucho menos escritoras que escritores. Esto además suele enmascararse con una falaz narrativa de la meritocracia estética e intelectual y con esos golpes de pecho facilones que denuncian muñecos de paja como la "corrección política" o las "cuotas de género". Como lector y crítico siento mucha admiración por aquellas colegas que han remado a contracorriente de todas estas tendencias y vienen a la mente muchas figuras, como las estudiosas reunidas alrededor del grupo "Diana Morán" o aquellas colegas que, como Lucía Melgar, Patricia Rosas y Gabriela Mora, mantienen viva la llama de escritoras como Elena Garro. En honor a esta tradición, hoy recomiendo la lectura del libro "La nueva ciudad de las damas" de Eve Gil, que contiene apenas una selección de los muchísimos textos sobre escritoras de la literatura mundial que ha publicado desde hace más de una década en diversos blogs. Combativa y controversial, Eve Gil es una voz valiente en la denuncia de las políticas de género en la cultura mexicana y en dar voz desde el periodismo y la crítica a escritoras. "La nueva ciudad de las damas" (cuyo título es un guiño a "La ciudad de las damas" de Cristine de Pizan) está mayoritariamente dedicado a escritoras no mexicanas, muchas de ellas verdaderos descubrimientos que no tienen la atención debida. El libro, editado por la UNAM en 2010, merece muchísima más atención y lecturas de lo que ha recibido. No he encontrado, desafortunadamente, una copia digital del libro, pero está disponible en las librerías de la UNAM. (http://www.literatura.unam.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=294%3Ala-nueva-ciudad-de-las-damas&catid=76%3A2012)”

“DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (V):
Hacer crítica literaria en 2016 no significa solamente hacer crítica de la literatura. Significa también hacer una interpretación de las dimensiones sociales, políticas y culturales del mundo con los instrumentos de la crítica literaria. Esto es el legado de lo que hoy llamamos "Teoría", nombre que recibe el grupo heterogéneo de pensamientos sobre la modernidad, el capitalismo y la cultura iniciados en los alrededores del 68 francés y desarrollados posteriormente en escenarios como los estudios culturales británicos, la academia norteamericana y la post-autonomía italiana. Esta línea de pensamiento tiene poca resonancia en la crítica mexicana por varias razones entre las que hay que destacar el peso del liberalismo en la República de las letras (y por ende de una forma de política cultural más cercana a la anti-teoría de los nouveaux philosophes que de la teoría propiamente dicha), el fetichismo de la literatura como objeto autónomo que no puede contaminarse con lo que Reyes llamaba funciones ancilares y, hay que decirlo, una noción de la teoría como cajita de herramientas que se "aplica" esquemáticamente a los textos y que sigue teniendo una existencia a nivel de metástasis en la academia mexicana. Sin embargo, en vista del peso que el neoliberalismo tiene en México, este tipo de teoría provee un lazo esencial entre la producción escritural y la crítica al poder, tarea en la que, a mi parecer, la línea liberal no logra llevar a cabo por su timidez en la crítica ante la explotación económica y simbólica. Ante esto, hoy recomiendo la lectura de Sayak Valencia, cuyo libro "Capitalismo Gore", desafortunadamente publicado en 2010 por una editorial española de escasa circulación en México, es un libro señero en la posibilidad de hacer teoría en México. No es el único, por supuesto: vale la pena leerlo junto a libros como "Los muertos indóciles" de Cristina Rivera Garza y el reciente y brillante "La tiranía del sentido común" de Irmgard Emmelhainz. Dejo aquí un ensayo donde Valencia desarrolla su idea central: (http://hemisphericinstitute.org/hemi/es/e-misferica-82/triana)”

“DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (VI)
Todos los críticos tenemos maestros, algunos de ellos de manera formal en las universidades, otros más en conversaciones y tertulias y algunos más desde la lectura. De mis maestros formales, fueron tres los que han tenido mayor impacto: Pedro Angel Palou, Mabel Moraña y Adela Pineda Franco. Para los lectores asiduos de crítica, los dos primeros nombres son muy conocidos. Aunque Pedro Ángel es más bien un novelista, tiene al menos tres libros indispensables de crítica literaria: La ciudad crítica, uno de los poquísimos libros mexicanos en conversación con la crítica sudamericana, "La casa del silencio", libro indispensable sobre COntemporáneos que ganó en su momento el Premio Nacional de Historia y su reciente "El fracaso del mestizo" su genial historia revisionista de la relación entre representación racial, cine y literatura. Mabel es una fuerza de la naturaleza y específicamente sobre México tiene un libro indispensable, "Viaje al silencio", un libro importantísimo sobre nuestra literatura colonial. Hoy decidí compartir el trabajo de Adela Pineda Franco, quien quizá tiene menos reconocimiento, pero cuya obra crítica es de una gran inteligencia y rigor, y merece mayor difusión. Adela no tiene una obra tan copiosa, porque es una persona que valora la pausa y el tiempo, y que para mí ha sido un importante contrapunto al ejemplo prolífico de mis otros dos maestros. Adela tiene un libro, "Geopolíticas de la cultura finisecular en Buenos Aires, París y México", uno de los mejores estudios de las revistas del modernismo latinoamericano y ahora escribe lo que será el libro definitivo sobre el cine de la Revolución Mexicana. Tiene muchos otros textos (sobre Guzmán, sobre viajeros, sobre Ángel Rama y otros temas) y ninguno tiene desperdicio. Comparto hoy su maravilloso ensayo sobre el Pancho Villa de Hollywood, incluido en un libro, coeditado por ella para el Smithsonian, sobre el imaginario de binacional de la Revolución Mexicana: (en inglés: https://www.academia.edu/10956717/Hollywood_Villa_and_the_Vicissitudes_of_Cross-Cultural_Encounters)”.


jueves, 16 de junio de 2016

Portada del libro "No sé si aún te llames Carlos Marx"...



Este libro no es ensayo, ni novela, ni poema. Es "el ensayo de la novela del poema.." y no es precisamente un "movimiento perpetuo"...






jueves, 2 de junio de 2016

Las elecciones y la resignificación de la esperanza



(Artículo en publicación  en la revista “Aserto” del mes de junio)

Cuando las elecciones dejen de significar a la esperanza, cuando de manera abrumadora se conviertan en simulacro y en vacío, en aspaviento de lo peor de lo humano, y se llegue entonces a la plena desesperanza y el sinsentido, las sociedades estarán iniciando la escritura de su propio epitafio. Hay quienes afirman que esto ya sucedió de manera inminente en México en las últimas décadas. Hay quienes dicen que esta situación se ha acentuado en los recientes procesos electorales y que el país se desbarranca lentamente hacia uno de sus momentos históricos más negros y aciagos. En 2016 se celebran elecciones en 12 estados del país y la desesperanza es una sombra de la que no logramos desprendernos. Por momentos, la desesperanza resulta abrumadora.  
A contracorriente, las elecciones por la gubernatura del estado de Chihuahua se juegan en un capítulo a distancia de la desesperanza. La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado trae consigo un resurgimiento de la esperanza. Las elecciones recién concluidas, bajo la derrota o el triunfo de Corral, son un cuerpo político y social que nos permite asomarnos a los latidos y la respiración de la esperanza. Si algo va quedando manifiesto en 2016 en Chihuahua, es la esperanza que persiste y sacude.
La esperanza depositada  en Javier Corral, se desprende de motivos distintos a los que tuvieron lugar en los procesos electorales de las décadas de 1980 y 1990 en Chihuahua y en México. En las décadas finales del siglo XX, la esperanza estaba aún fijada en los partidos políticos como instituciones que garantizaban la transformación política y social del país. En 2016, la esperanza se deposita sobre todo en la figura de Javier Corral, cuya trayectoria se caracteriza por una congruencia política desde la oposición al sistema priista (y panista). En las décadas de 1980 y 1990 la esperanza mantenía una carga de ingenuidad, había una fe plena y quizá desbocada en los actores políticos opositores al priismo y en las instituciones electorales. En 2016, la esperanza es comedida, no hay ingenuidad ni entrega total en las creencias políticas depositadas en la figura de Javier Corral. A fin de cuentas, la compleja correlación esperanza-desesperanza  tiene una larga historia recorrida por los pasillos y los sótanos de la política nacional. La sociedad ya no es la misma esperanzada de hace 30 años.  
Hacia las décadas de 1980 y 1990, las elecciones tuvieron una gran relevancia política para amplios sectores de la sociedad mexicana. Las expectativas de transformación se fijaron de manera rotunda en los partidos opositores al PRI-sistema y en las instituciones electorales. Los triunfos del PAN en las presidencias municipales de mayor peso en el estado de Chihuahua en la década de 1980  y la llegada de Francisco Barrio a la gubernatura del estado en 1992, trajeron consigo los bríos de un optimismo que desbordaba en esperanza.
Las elecciones de 1997 en las cuales el PAN y el PRD le quitaron al PRI la mayoría en el congreso federal, y en las que el PRD ganó con Cuauhtémoc Cárdenas la jefatura del Distrito Federal,  jugaron el mismo papel de activación de la esperanza. Algo similar ocurrió con las elecciones de los años 2006 y 2012, cuando López Obrador estuvo a punto de ganar la presidencia de la república desde la izquierda. Aunque la activación de la esperanza en los procesos electorales de 2006 y 2012 tuvo lugar en un contexto diferente al de las décadas finales del siglo XX. La esperanza y el optimismo han sido erosionados desde varios flancos. El ejercicio de gobierno del PAN desde la oposición durante los sexenios de Fox y de Calderón que culminó en insatisfacciones y fracasos, el empoderamiento desmesurado de los gobiernos estatales convertidos en feudos y la continuidad de la corrupción, la injusticia y el cinismo de la clase política, son factores que han retroalimentado a la desesperanza.
De 30 años a la fecha, hemos vivido los vaivenes y la transformación de la esperanza. El proceso electoral de 2016 es un territorio de sinergia que reactivó a la esperanza en algunos sectores de la sociedad chihuahuense. Los factores que contribuyeron a la reactivación de la esperanza en Chihuahua son diversos: el cinismo de César Duarte y su grupo de poder, la profunda crisis de gobernabilidad que se vive a partir de problemas no resueltos (como el Vivebús y los efectos de la violencia derivados de la actuación del crimen organizado y la permisividad gubernamental), el desconocimiento y el maltrato político permanentes a los grupos de oposición locales, la formación de Alianza Ciudadana como catalizador del descontento social y el nombramiento de Javier Corral como candidato a la gubernatura por el PAN. Sumados y entrecruzados estos factores, dieron lugar a una sinergia que derivó en la reactivación de la esperanza.
Pero el componente de mayor peso en la reactivación de la esperanza, tiene que ver con una cualidad que forma parte del espíritu histórico de la sociedad chihuahuense. En amplios sectores de la sociedad chihuahuense, hay una dignidad que se sobrepone y que ha brotado en diversos momentos históricos. Es una dignidad que una y otra vez señala los actos de corrupción, que cuestiona la injusticia, que reclama mejores condiciones de vida para las mayorías, que no deja de hacerse presente. Es una dignidad que se traduce en indignación, en descontento y en reclamos que brotan desde distintos frentes y que a veces se convierten en un grito de miles y miles, tal como ha sucedido en las elecciones locales del 2016.  
La indignación persiste y se reconfigura. La indignación es la pedagogía del no-cansancio, de la persistencia en las trincheras sociales y políticas en la búsqueda por la transformación (Freire, “Pedagogía de la indignación, 2015). La indignación, como soporte ideológico y político de los movimientos altermundistas en los últimos años, tiene su propia versión histórica en Chihuahua.
Desde luego que hay una correlación directa entre la indignación y la reactivación de la esperanza en las elecciones del 2016 en Chihuahua. Mientras la condición humana, social y política de la indignación persista, las dosis de esperanza, grandes o pequeñas, manifiestas o latentes, tendrán un resguardo histórico a futuro. Quede quien quede al frente del gobierno del estado, este no es un asunto menor. De una o de otra forma, la indignación se traduce en facturas políticas e históricas que han de ser cobradas.
Los votos emitidos en favor de Javier Corral, no significan solamente su derrota o su triunfo. Son el peso no cuantificable de la indignación, son una muestra de la capacidad de resistencia política de la sociedad chihuahuense, que hasta el momento ha sabido resignificar a la esperanza…

Sobre la impura esencia de la izquierda


(Artículo publicado en la revista “Aserto” del mes de mayo”)

I
La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado de Chihuahua dibuja una odisea ideológica y política, de la cual la izquierda chihuahuense no ha logrado retornar desde la década de 1980. Tal parece que la única forma que le va quedando a la izquierda de este estado norteño para acceder al Poder (con mayúscula),  es caminar  a través de los andaderos de la derecha. La izquierda chihuahuense ha necesitado pactar variadas ocasiones con la derecha para aspirar a posicionarse con mayor contundencia en los espacios de poder local.
Aunque el caso de las alianzas de la izquierda chihuahuense centradas en la figura de Javier Corral son sui generis. Corral es un político de centro-izquierda que milita protagónicamente en un partido de derecha como el PAN. Como legislador, numerosas ocasiones Corral ha asumido posturas de centro-izquierda,  aún a contracorriente de las líneas ideológicas y políticas definidas por la dirigencia de Acción Nacional. El caso más emblemático es su posicionamiento en los distintos momentos legislativos en los que tuvo lugar la reforma de telecomunicaciones.

II
Son diversas las coyunturas históricas en las cuales la izquierda chihuahuense se ha aliado con la derecha. Después del fraude electoral de 1986, en el que el candidato panista Francisco Barrio fue desplazado por el priista Fernando Baeza en la lucha por la gubernatura del estado, se formó una alianza por la defensa del voto entre la derecha (el PAN) y la izquierda (el PSUM).
Otro momento clave fueron las elecciones locales del año 2004, cuando el PRD se alió con el PAN, también con Javier Corral como candidato al gobierno del estado. En aquél entonces, la derrota electoral del PAN y el PRD, ante el candidato priista José Reyes Baeza, trajo consigo lecciones que están en juego en el proceso electoral que se vive en 2016. Aunque la coyuntura electoral actual es muy diferente a la que se vivió dos sexenios atrás.

III
El hecho que más resalta en los comportamientos de la izquierda chihuahuense en la elecciones locales de 2016, son sus variados desdoblamientos ideológicos y políticos. La presunta izquierda del PT encabezada por el clan de los Aguilar se sostiene a partir de una alianza electoral con el PRI y con el duartismo. Esta estrategia de sobrevivencia y empoderamiento del PT se ha repetido en varias elecciones. Lo que queda de la izquierda perredista, encabezada por la familia Aragón, postula también una candidatura que parece servir a los intereses del PRI y del grupo de César Duarte. El  PT y el PRD juegan a ser alfiles del priismo, a todas luces o tras las sombras. Si algo queda de “izquierda” en los partidos de los Aguilar y los Aragón, son paradojas que caminan al lado de reminiscencias discursivas.

IV
En las elecciones de 2016, una parte de la izquierda social chihuahuense, junto al desprendimiento de votos de MORENA y el PRD, se desdoblan hacia una alianza no-partidista con la candidatura de Javier Corral. Quienes desde la izquierda justifican y defienden la candidatura de Corral al gobierno del estado, acuden a argumentos del orden pragmático y coyuntural. Se pretende conformar un bloque opositor al priismo y al duartismo en Chihuahua, para generar una alternancia y  posicionar como gobernador a un personaje que tiene una trayectoria de centro-izquierda, aún desde el panismo. La voz de mayor resonancia que desde la izquierda se ha sumado a la campaña de Corral, es la de Víctor Quintana. Los argumentos de Quintana a favor de la candidatura de Corral, subrayan la corrupción y la podredumbre que ha traído consigo el duartismo y la necesidad de llevar al gobierno a un actor político que pueda garantizar una transformación de fondo en las maneras de hacer política en Chihuahua.

V
La otra parte de la izquierda chihuahuense, los no-aliancistas que desde MORENA rechazan a Javier Corral y postulan la candidatura de Javier Félix Muñoz, han elaborado su defensa a partir de argumentos desviacionistas. Para una parte de la izquierda lópezobradorista en Chihuahua, ir por la candidatura de Corral al gobierno del estado, es un pecado de desviación ideológica y política. Para los no-aliancistas de MORENA, pactar con la candidatura panista de Corral es claudicar. Quienes defienden una candidatura genuina de la izquierda desde MORENA, acusan a Corral de apropiarse de sus propuestas de campaña, a la vez de señalar que ideológica y políticamente es imposible una alianza de fondo entre la izquierda y la derecha. Los argumentos de los desviacionistas se entretejen a partir de una búsqueda purificante de la legitimidad y la autenticidad ideológica y política. ¿Pero, en la historia reciente de la izquierda chihuahuense y la mexicana, puede afirmarse que existe la posibilidad de una pureza ideológica y política que pueda ser puesta a prueba a toda costa? La supervivencia política y electoral de la izquierda está cruzada por extrañas genealogías que lo mismo la unen con el priismo (de centro izquierda o centro-derecha) que con el panismo (de derecha).
De 1980 hasta la fecha, uno de los rasgos ideológicos y políticos que definen a la izquierda en Chihuahua y en México es la impureza. El caso más emblemático en MORENA es Andrés Manuel López Obrador, cuya mayor conexión con el PRI no es su antigua militancia, sino las raigambres ideológicas y políticas que lo conectan con el estado benefactor y con el nacionalismo revolucionario del priismo de mediados del siglo XX. Lo que vivimos, son los efectos de una transformación ideológica y política de la izquierda, que no concluye todavía.
En una entrevista para “El Diario de Chihuahua” (28 de febrero de 2016), el candidato de MORENA  al gobierno del estado, Javier Félix Muñoz, defiende su condición de luchador social y descendiente de la familia Terrazas en Chihuahua. La figura de su tatarabuelo, Luis Terrazas, forma parte de una genealogía que resulta contradictoria y paradójica para los fundamentos ideológicos y políticos de la izquierda lópezobradorista. En la entrevista que Félix Muñoz otorgó a este periódico,  se traza una extraña conexión que va de Luis Terrazas a Benito Juárez, y de ahí, a Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La entrevista fue llevada a cabo en uno de los espacios en los que opera el “Centro de Estudios de la Revolución Bolivariana General Luis Terrazas”. Este centro tiene como objetivo:  “Investigar, difundir y hacer crítica constructiva del proceso revolucionario que se desarrolla en la República Bolivariana de Venezuela.” La forma de nombrar este centro de investigación resulta contradictoria. A pesar de la defensa que pueda hacerse de la figura de Luis Terrazas como liberal juarista, sobre este personaje pesa una densa oscuridad histórica a partir de su condición de cacique político y terrateniente en el estado de Chihuahua. Ligar el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, no es una estrategia atinada desde el punto de vista discursivo. Las connotaciones ideológicas y políticas del nombre de Luis Terrazas, van a contracorriente de las aspiraciones de la revolución Bolivariana. Desde luego que esta cuestión no es un argumento válido para descalificar la candidatura de Félix Muñoz al gobierno del estado por parte MORENA. Lo que queda manifiesto aquí, son las contradicciones y las paradojas que ideológica y políticamente se abalanzan sobre la izquierda.
La misma contradicción y paradoja que liga el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, que indirectamente se conecta con la candidatura morenista de Félix Muñoz, se hizo presente en la denominación que se dio a la alianza poselectoral entre el PSUM y el PAN en el verano caliente de 1986. Esta alianza fue nombrada como “PANSUM”. Estos rastros nominales ponen en evidencia a la impureza ideológica y política de la izquierda. Si el agua y el aceite no se mezclan, pueden al menos emulsionar.