jueves, 19 de enero de 2017

Las mochilas como depósitos de lo abismal en occidente



¿Más allá de la edad, de la invención de la niñez o la juventud sujetas de la edad, de qué formas las mochilas llegaron a convertirse en depósitos de la tragedia y la muerte en occidente?
Habría que revisar las estructuras ideológicas, políticas, económicas, culturales, etc., que hacen que las mochilas de los niños y jóvenes, lleven algo o dejen de llevarlo. Lo que una mochila puede o no contener en sus adentros, quizá sea el síntoma de algo mucho más profundo y más complejo que la educación y la crianza de los padres hacia los hijos. La oscuridad de los adentros de una mochila, eso que no alcanzamos a ver a simple vista, es el abismo de una civilización que no termina aún su decadencia…

Video de la presentación de los libros: “El sistema es antinosotros. Culturas, movimientos y resistencias juveniles” (2015) y “Juvenicidio. Ayotzinapa y las vidas precarias en América Latina” (2015), coordinados por Valenzuela Arce, del Colegio de la Frontera Norte


Valenzuela Arce comenta en líneas gruesas dos libros que coordina, en los cuales la escritura se desdobla en dos planos: los mecanismos de desprecio y exclusión sobre amplios sectores de la juventud latinoamericana, y las formas de resistencia que los mismos jóvenes han ido creando y recreando en diversos espacios sociales y políticos:


lunes, 16 de enero de 2017

El fascismo de la teoría curricular de las competencias


La teoría curricular de las competencias (entramada con los procesos de competencia social, económica, etc.), aunque tiene que ver con los mecanismos de la selección natural, es más bien una serie de refinados mecanismos de una selección artificial (artificiosa): de los que sirven y los que no, de los que pasan los filtros y evaluaciones y los que no, de los deseables y los no deseables. Esto puede leerse en los términos de la teoría de la evolución en Darwin, entre la biología y la sociología. Lo que se está construyendo son una serie de discursos que operan en un territorio eugenésico, para ir descartando y procreando guetos y gulags dirigidos a los no sirvientes, los no funcionales, los no deseables. En el fondo, en este territorio se traba la reciente reforma educativa y otros discursos que tienen como eje a la ideología de las competencias, cuyo escenario más catastrófico es la lucha por posicionarse "competentemente", "autorizadamente" (desde una lógica neoliberal, desde luego) en un mundo cuyos recursos y cuya vida comienzan a agotarse. Lo que se están formando en las aulas, son hordas de hombres que lucharán en un futuro próximo por los recursos materiales (e inmateriales) que restan de este planeta tierra. Esto, no es más que una  torsión y una dulcificación del fascismo que no deja de ser fascismo...

domingo, 15 de enero de 2017

Los saqueadores son los profetas del neoliberalismo



I
Las piedras se estrellaron contra los cristales, las puertas y los grandes aparadores de los supermercados y tiendas de autoservicio fueron lapidadas. Las manos y los cuerpos que lanzaron esas piedras siguen siendo una muchedumbre, una colectividad imprecisa,  que se extendió a lo largo de varios estados del centro del país: Veracruz, Puebla, Estado de México, Hidalgo… El saqueo vino enseguida y llegó a televisarse en vivo, por las redes sociales o por la prensa. Personas vaciando los estantes de los productos básicos, cargando aparatos electrodomésticos, tratando de escabullirse ante los policías que intentaban detenerlos. Aquello era una orgía cuyas raíces más próximas pueden rastrearse hasta los pasadizos del neoliberalismo. El saqueo como forma de pillaje ha tomado un rostro al que hay que desentrañar.  
Las grandes compañías trasnacionales saquean los recursos mineros de nuestro país y de otras naciones en América Latina. Las compañías petroleras y de explotación del gas, recién tienen abiertas las puertas en México para apoderarse indiscriminadamente de los hidrocarburos. Las grandes cadenas comerciales se apropian de los territorios urbanos y se aprestan a saquear los bolsillos de los consumidores. Y aunque la legalidad de los saqueos de las empresas y consorcios, tiene un soporte en diversas leyes primarias y secundarias (tal como lo refieren las reformas neoliberales emprendidas durante los gobiernos priistas y panistas de 1980 hasta la fecha), son éticamente cuestionables y políticamente debatibles. El fondo ideológico de los saqueos, es la apropiación y explotación de bienes materiales e inmateriales para producir y acumular riqueza de manera incesante, hasta el último televisor que pueda ser saqueado, hasta el último yacimiento petrolero que pueda ser explotado, hasta el último tramo de las finanzas públicas que puedan ser robadas con la intención de acrecentar una fortuna personal o familiar. La lógica es la misma: saquear para tener más o para enriquecerse. Uno de los rastros neoliberales más nítidos que surge con las recientes movilizaciones en contra del gasolinazo en México: es la figura del “saqueador”, que requiere ser pensada a profundidad.

II
Hay una serie de figuras que han irrumpido en la historia reciente, son actores cuya composición se enreda entre diversos hilos que deben ser analizados en un tejido complejísimo: entre lo histórico, lo político, lo ideológico, lo social, lo económico, lo psicológico, etc. Algunas de estas figuras son la del político, el empresario, el ciudadano, el consumidor, el protestante, el migrante, etc. Estas figuras resultan confusas y es complicado, pero no imposible, establecer sus cualidades específicas. Por ejemplo, la figura del ciudadano se cruza de manera trágica con la del consumidor. ¿En las primeras décadas del siglo XXI, alguien es más ciudadano que consumidor o más consumidor que ciudadano? ¿Cuándo se deja de ser ciudadano para ser consumidor o a la inversa? Con las figuras del político y el empresario sucede lo mismo. El caso de Carlos Slim resulta emblemático en estos momentos en México, es un empresario que parece comenzar a tejer hacia una posible candidatura a la presidencia del país en 2018. Los empresarios desean ser políticos, tal como lo hace Donald Trump y como lo hizo el Chacho Barraza en Chihuahua en el proceso electoral local de 2016. Y los políticos desean ser empresarios, tal como César Duarte lo hizo al convertirse mediante artimañas y actos de corrupción en uno de los mayores impulsores y socios de Unión Progresa en Chihuahua. Estamos hablando de figuras que como actores y sujetos, se ubican en encrucijadas de traslapes e  imprecisión, pero no en pantanos de indefinición. Desde luego que en estas figuras cabe la presencia de la ambigüedad y de la vaguedad, pero eso no debe llevarnos a pensar en ellas mediante conceptos o metáforas interpretativas que pretendan alzarse de manera cerrada y totalizante. Tal es el caso de Zigmunt Bauman, que ha intentado teorizar a nuestra era a partir de la metáfora de “lo líquido”. Aludiendo a Bauman, con toda facilidad pudiéramos decir que, teniendo estas figuras un comportamiento “líquido” y “no sólido”, “maleable” y “circulante”, pasan de un lado a otro y se ubican en un plano de indefinición. No es así, no tiene por qué serlo. La figura del “saqueador” no tendría por qué ser conceptualizada de manera totalizante a partir de la metáfora de “lo líquido”, que trae consigo una postura relativista.
Lo que aquí se atisba es que, los procesos a través de los cuales los sujetos pasan de ser ciudadanos a ser consumidores, o de ser empresarios a ser políticos, etc., no se definen de manera determinante a través de la metáfora de “lo líquido” de Bauman, que implica mutación y disolución. Más bien, lo que está detrás de los trocamientos (cambios) de estos procesos de dobles o múltiples actores, dobles o múltiples jugadas, dobles o múltiples territorialidades, son maneras de esconderse y escabullirse. Lo que define a la figura del “saqueador” es esta condición de esconder y escabullir, de procurar darle continuidad al saqueo, sin dejarse ver y sin dejar que se vean sus estragos. Esa cuestión queda delatada con las movilizaciones que tuvieron lugar en los primeros días de enero de 2017 en algunos estados del centro del país. Los saqueadores fueron filmados y sus actuaciones quedaron registradas en imágenes con una desnudez que amerita ser desentrañada a profundidad. La pregunta no es, ¿quiénes fueron estos saqueadores?, sino: ¿qué son estos saqueadores?, ¿cuál es su espacio de acción social, política y económica?, ¿qué los define en estos tiempos en que comienzan a desantrañarse los adentros del neoliberalismo?

III
Los saqueadores que fueron filmados suplantaron a la figura del ciudadano que buscaba una protesta social legítima ante el gasolinazo, y terminaron desvirtuando a la lucha por un México mejor. Los saqueadores se infiltraron a través de las redes sociales y de la movilización que terminó siendo manipulada, descalificada y criminalizada. Su manera de operar fue subrepticia y jugaron un papel confuso: como causantes y como efectos del caos y la incertidumbre, como saboteadores del espacio de lo social, lo político y lo económico.
Los saqueadores operaron tras cortinas de humo, entre la confusión y el caos. ¿Qué es lo que está detrás de una masificación negativizada en el saqueo que fue filmado en los días recientes, en medio de la incertidumbre y el caos inducidos, que terminaron desvirtuando y criminalizando a la protesta social? ¿Quién es el que saquea a quién? ¿Quién era el afectante y quién el afectado? ¿Dónde se localizan las fronteras entre el derecho (lo jurídico) y lo justo (lo social, político y ético)? El mandamiento neoliberal va quedando desnudo en su rapacidad desbocada: saqueaos los unos a los otros, porque el botín no es infinito, aunque lo parezca.
Lo que hay que desentrañar entonces, son los mecanismo a través de los cuales se esconden y escabullen la figura del saqueador y el acto del saqueo, que como signo histórico dan a notar el fondo de un abismo que se manifiesta como crisis de nuestra civilización. Los saqueadores son los profetas del neoliberalismo. Los estantes vacíos, las tiendas  y centros comerciales desordenados y saqueados, son el mundo que sigue, cuando los recursos naturales comienzan a agotarse y la lucha por un pedazo de lo que sea, se convierte en el pan de cada día… 

viernes, 6 de enero de 2017

La escalera inversa...

Las coordenadas geométricas de la política, eso de "izquierda" y "derecha", es un laberinto de palabras que no están separadas por un abismo, sino por una escalera que apunta hacia el cielo, cuyos peldaños están impregnados de un pensamiento mítico... Hay que trepar esa escalera hacia abajo, siempre hacia el sur del pensamiento...

Las imágenes más allá del gasolinazo


I
La pistola asoma la orilla de su cañón de manera amenazante, detrás la sujeta una mano que se torna borrosa. La silueta de un hombre se alcanza a mirar apenas, con un traje verde que asemeja en su color la vestimenta de los militares. Más atrás, la imagen aloja una bomba de gasolina que se mira también borrosa. El disparo es una metáfora del “gasolinazo”. Como varias veces ha sucedido, la portada de la revista Proceso del 1 de enero de 2017 atisbó el estallido social que sacude al país en los primeros días del año. Más allá de los bordes de la imagen, del sur al centro y al norte del país, las protestas sociales estremecen a las estructuras económicas y políticas. Carreteras tomadas, oficinas gubernamentales sitiadas, gasolineras clausuradas simbólicamente o de facto, calles abarrotadas por gente que de la noche a la mañana tomó un papel político que rebasa por mucho la emisión de un voto electoral, pintas en edificios públicos y automóviles, cláxones que se repitieron en forma de simpatías acumuladas, saqueos que abonaron a la criminalización de la protesta social y la invención de un lenguaje que resulta novedoso en sus palabras y consignas. El “gasolinazo” es una palabra cuyo estruendo se extiende hacia futuro y trae consigo una serie de rastros para desmontar los engranajes de la maquinaria neoliberal.

II
En el posicionamiento del 4 de enero por la mañana, Enrique Peña Nieto da continuidad a un  largo monólogo que pretende justificar el aumento a la gasolina. Mientras habla, la guillotina que se había alzado al tope con el reportaje de la Casa Blanca y los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, desliza su caída y la cabeza del aún presidente de México rueda cuesta abajo en la coyuntura electoral que va del 2017 al 2018. Allá va el priismo también, en su nuevo fracaso después de retornar a la presidencia de la república en el 2012. Mientras ruedan las cabezas de Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge, mientras la cabeza de Peña Nieto es colocada en la picota de la protesta social, el priismo se mira en un espejo lleno de fisuras y resquebrajamientos. Es el horror del fracaso lo que se mira ahí, después de las llamadas reformas estructurales (la energética, educativa y laboral). Es una figura cuyos bordes trazan la forma de una monstruosidad que aún se expande de lo verdadero hacia lo falso, de lo prometido hacia lo fracasado, de lo legalmente aprobado a lo socialmente reclamado. Es el neoliberalismo alojado lo mismo entre priistas que panistas, perredistas, verde ecologistas y panalistas. Es un país que se quiebra y asoma a un impreciso periodo de desestabilidad social, política y económica. Esas son las entrañas del neoliberalismo, al que hay que explicar a través de sus imágenes: en la pistola de una bomba de gasolina, en la clase política cuyas cabezas ruedan, en un espejo que dibuja el fracaso bajo la forma de un monstruo una y otra vez fallido, en el descontento y la protesta social que brotan más allá de lo decible. Ese es el neoliberalismo, una y otra vez fabulado, una y otra vez convertido en tecnicismos y fórmulas económicas, una y otra vez tratando de convertir a la economía en política. Es un estallido, un estruendo acumulado a lo largo de los años que no puede contenerse, que no puede ser administrado porque lo político y lo social resultan advenedizos a los formulismos de la macroeconomía… “Y retiemble en sus centros la tierra / al sonoro rugir del cañón…”

III
Los argumentos y las fórmulas que intentan justificar el aumento a la gasolina en la voz de José Antonio Meade, Peña Nieto y los columnistas que se deslizan por los laberintos neoliberales, no son de carne y hueso. Su frialdad se aproxima a la muerte de lo político que aún respira y grita desde los barrios y las avenidas de las grandes ciudades, desde las comunidades rurales donde habita la gente común. En esos territorios físicos y humanos, hay una vida social y política que se agitó con fuerza en la movilización social. Hay un corazón de lo político que continúa latiendo desde esos lugares que resultan lejanos a la clase política que habita una burbuja, rodeados de escoltas y camionetas blindadas. Hay unos pulmones y una garganta de lo social que formaron un grito de repudio al gasolinazo y a las medidas neoliberales que van resultando asfixiantes. Hay una vida de carne y hueso, social y política (sociopolítica), que se agitó mostrando su violencia. Frente a frente quedaron, por un lado,  las formularias explicaciones del gasolinazo con sus números y sus tecnicismos, por otro lado, los cuerpos expuestos de los protestantes en forma de grito y de vida humana que se extiende a través de la resistencia.

IV
En Chihuahua, las movilizaciones se extendieron por todo el estado en la toma de carreteras, las instalaciones de PEMEX y oficinas de distintos niveles de gobierno. Poco menos de cinco días los manifestantes permanecieron en la resistencia. De forma repentina las protestas fueron retiradas, por la fuerza pública y por sí mismas.
Por un lado, fue racional terminar con la toma de carreteras y la planta de PEMEX en Chihuahua, se había llegado a un límite de afectación en el que los ciudadanos inconformes contra el gasolinazo, pudieron haber sido enfrentados por los ciudadanos que se vieron afectados por la falta de gasolina y las repercusiones negativas en la vida laboral y familiar.
Por otro lado, los líderes e integrantes de las organizaciones que encabezaron las protestas se hicieron señalamientos de ida y vuelta. Los del Barzón fueron acusados por su cercanía y alianza con el gobierno panista de Corral. Los de las organizaciones de transportistas vieron los dedos señalando en su contra por su pertenencia a las organizaciones gremiales del PRI, lo que pretendían, según se dijo, era desestabilizar al gobierno de Corral. Haciendo uso de una argumentación conspiracionista que no ofreció evidencias para ser comprobada, la columna GPS de El Diario de Chihuahua (6 de enero de 2017), afirmó que las movilizaciones fueron orquestadas por una extraña alianza entre Corral y las organizaciones sociales (a las que se les refiere en un tono de descalificación como “profesionales de la protesta”) con intenciones corporativistas o electorales. Lo que se mira de fondo en estos acontecimientos es el encuentro de diversas formaciones de la verdad que se construyen desde adentro y desde afuera de la lucha social y de la izquierda. Son verdades que terminan convirtiéndose en arma contra los otros y contra uno mismo. Son mecanismos epistemológicos y políticos que lastiman los caminos de la lucha social y de la izquierda. Son las verdades que en un  tiempo herido por la posmodernidad, lo mismo llevan al relativismo, que a la imposibilidad de alianzas sólidas, los juicios sumarios y la inacción. Mientras tanto, las derechas y los partícipes del statu quo siguen orando y operando para que el relativismo y el divisionismo de la izquierda y de la lucha social prosigan, ese es su credo posmoderno, que extrañamente se arraiga en creencias religiosas o posreligiosas.
Tal vez, el camino de la lucha social y de la izquierda sea una herida cuya forma no entendemos todavía, una herida en el cuerpo de lo ideológico, lo político y lo histórico. Es una herida que nunca puede ser cerrada por completo. Una herida que en determinadas coyunturas queda abierta, mostrando sus orillas separadas y sus adentros que no alcanzamos a mirar con precisión, hay alguna oscuridad y alguna luz que se entrecruzan ahí, hay formas que a pesar de ser siempre las mismas se invisten de otredad.  Es una herida que en otros momentos resulta suturada, pero que no logra cicatrizar de forma alguna. En esto hay un dolor que no ha sido dicho todavía, es un dolor hecho de discursos y de luchas, de algo genuino que no logra ser transparente por completo, pero que hierve, que continúa hirviendo cuando pasa de las palabras a los hechos…