Es interesante la extensión de la discusión sobre la literatura del norte de México, que entre los escritores de la década de los setentas del siglo XX, toma un matiz muy especial a partir de los muy debatibles conceptos de lo “postnorteño”, los “diferentes nortes” y las implicaciones que en el fenómeno ha tenido los componentes mercadotécnicos de la industria editorial. Heriberto Yépez debate los conceptos que a este respecto asume Julián Herbert:
sábado, 23 de agosto de 2014
Prosiguen los debates sobre la literatura del norte de México: Yépez contra Herbert…
Es interesante la extensión de la discusión sobre la literatura del norte de México, que entre los escritores de la década de los setentas del siglo XX, toma un matiz muy especial a partir de los muy debatibles conceptos de lo “postnorteño”, los “diferentes nortes” y las implicaciones que en el fenómeno ha tenido los componentes mercadotécnicos de la industria editorial. Heriberto Yépez debate los conceptos que a este respecto asume Julián Herbert:
miércoles, 6 de agosto de 2014
Filosofía y educación: los trazos de la insuficiencia
En memoria del Doctor Silverio Tlapapal
(Doy a conocer completo un artículo en publicación en “El Diario de Chihuahua”, en la sección de UPNECH, los días 3 y 10 de agosto)
I
¿Puede la educación
prescindir de los aportes que a partir de ella realiza la filosofía? Si nos
remitimos a una revisión de la historia de occidente, la respuesta es no. Desde
la Grecia antigua, la educación y la
filosofía han mantenido una estrecha pero extraña correlación que puede valorarse
tanto positiva como negativamente.
Es posible analizar los
ensamblajes teórico-prácticos entre filosofía y educación, como la elaboración de propuestas en pos de
una vida buena y justa para los hombres, a la que supuestamente aspiran ambas.
En los dos últimos siglos, las finalidades educativas y las búsquedas de la
filosofía, están atadas de la supuesta
postulación y defensa de la vida democrática.
Aquí se duda de la
existencia de una relación netamente positiva entre la filosofía y la
educación. En los ensamblajes entre ambas no tiene lugar la búsqueda de una
bondad y una justicia purificadas, ausente de dominios y de sujeciones
políticas e ideológicas. Toda bondad y toda justicia inscritas en los caminos
que se forman entre la filosofía y la educación, están sujetas a una dominación.
Puede leerse a la historia de las ideas
filosóficas en su maridaje con la historia de la educación, como la historia de
los vaivenes de un dominio mediado y administrado teóricamente.
En el libro “Filosofía de
la educación" (2004), Peters establece que esta disciplina, nace
tardíamente entre las décadas de 1940 y 1970 en Inglaterra. Pero aquí no
hablamos estrictamente de la filosofía educativa, que al lado de la teoría
educativa y de la pedagogía, dan lugar a una tríada disciplinaria que se forma
en el terreno teórico de la educación a lo largo del siglo XX. Lo que aquí se
refiere es la añeja correlación entre la filosofía y la educación en occidente,
desde los filósofos griegos hasta la fecha. Siglos antes de que surgiera la
filosofía educativa como disciplina, existe ya un engranaje teórico-práctico
entre la filosofía y la educación.
Un ejemplo de lo anterior,
es el positivismo que Gabino Barreda introduce a la educación mexicana durante
la segunda mitad del siglo XIX. El positivismo educativo termina convalidando
al régimen dictatorial de Porfirio Díaz. El deceso del régimen de Díaz es
paralelo al declive del positivismo educativo en México, que está marcado por
la creación del llamado Ateneo de la Juventud, el grupo de intelectuales del
cual surge la generación que se asentará en el poder en el México
posrevolucionario (José Vasconcelos que fue el fundador de la SEP y Antonio
Caso que fue rector de la UNAM, ambos filósofos).
Si en el marco de la
historia de las ideas han de analizarse las formas de correlacionarse entre la
filosofía y la educación, se hace necesario abandonar lo puramente teórico y
abarcar entonces a la historia concreta en la que ambas han caminado de la
mano. No se trata de preguntarse, por ejemplo, cómo es que la filosofía ha
elaborado teóricamente un concepto de “hombre” del cual se sirva la educación
en el modelo por competencias, que en México está basado en los cuatro pilares
de la educación propuestos por Delors y por la UNESCO (aprender a conocer,
aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser). Se trata de
cuestionarse por el contexto histórico, social y económico en el que este
planteamiento se elabora, por las instituciones y los intelectuales que lo
convalidan, por la manera en la cual las políticas públicas asumen esta idea y
la echan andar a partir de la organización curricular y del control
institucional. En síntesis, se trata de historizar a la maquinaria de
engranajes teórico-prácticos a través de los cuáles la filosofía y la educación
coexisten, haciéndose necesarias entre sí, subsistiendo la una a través de la
otra. Estamos hablando en los términos de una simbiosis histórica y
existencial, en la que la educación se hace necesaria para la filosofía y
viceversa. La pregunta planteada al inicio de este artículo queda respondida aquí,
al menos en términos hipotéticos. Se abre el camino para rastrear la
historicidad de más de dos milenios, en los que filosofía y educación resultan
entrañables entre sí. ¿Cómo es que la filosofía se entraña en la educación y
viceversa? ¿Cómo es que esta forma de entrañarse entre ambas disciplinas, resulta vital tanto para una como para la
otra? ¿Cómo y por qué se ha sostenido históricamente esta forma de
codependencia vital?
Si en el marco de la
historia de las ideas han de analizarse las formas de correlacionarse entre la
filosofía y la educación, se requiere partir de una mirada crítica, que logre
salir de lo meramente teórico y analice como en la historia concreta, ambas disciplinas
han mantenido un contrato que más allá de lo teórico posee componentes ideológicos,
políticos, económicos, etc.
Al leer los manuales y los
libros de historia de la pedagogía, lo primero que sorprende es que su
organización histórica lineal, que va desde Grecia hasta el siglo XX, está
estructurada de tal manera que parece ser una historia de la filosofía. Estos
libros inician con los grandes filósofos griegos, siguen con algunos de los
filósofos romanos, pasan por los pensadores medievales que sustentaron al
cristianismo, llegan a los teóricos del renacimiento y de la ilustración, y
terminan su recorrido con los intelectuales que en el siglo XX, han
desarrollado su labor entre los territorios de la filosofía y la educación,
como es el caso en México de Francisco Larroyo, un filósofo neokantiano que
construyó lo mejor de su obra desde el
terreno de la educación.
¿Qué inercias dan lugar a
que la generalidad de las filosofías occidentales, desde Grecia hasta la fecha,
terminen convirtiéndose en una propuesta educativa? ¿Por qué toda filosofía
lleva como telón de fondo una astucia pedagógica? ¿Por qué las filosofías
producidas en occidente, están habitadas por una intencionalidad educativa, que
a veces queda en lo pedagógico, pero que en ocasiones llega a tomar la forma
instructiva de una didáctica?
Toda filosofía lleva
consigo la pretensión de una enseñanza, hay en ellas una educatividad que
resulta imperativa. La trascendencia histórica de cualquier filosofía depende
de su conversión en artificio educativo,
con sus postulados morales, políticos e ideológicos convenientes. Si una
filosofía no puede en sí misma ser enseñada, como parte de un acto educativo
entre el maestro y el discípulo, ¿cuál es el caso de su planteamiento? ¿Existe
alguna filosofía que al ser producida aspire a su muerte a partir de su no
desdoblamiento educativo?
Los filósofos han
elaborado sus teorías con la pretensión de abarcar todos y cada uno de los
aspectos de la vida humana. Los grandes sistemas filosóficos abarcan desde las preguntas
por el universo (cosmología) hasta los cuestionamientos por el hombre
(antropología filosófica), lo mismo plantean una teoría del ser
(ontología) y de la verdad
(epistemología), que ideas para regir la moral (ética) y la política (filosofía
política). En su pretensión totalizante, estos sistemas llegan a convertirse en
piedras de toque educativas, sobre las que lo total del mundo y del hombre es
objeto de enseñanza y aprendizaje. El pensar y el hacer del hombre deben ser
llenados con algo, colmados y delimitados desde lo teórico hacia lo práctico.
Los grandes sistemas filosóficos se pretendieron como el gran currículo
educativo desde el cual todas las preguntas quedarían respondidas y todos los
problemas serían resueltos. Es el sueño platónico del filósofo como rey el
mundo.
Se dice que Hegel fue el
último filósofo que le dio forma a un sistema de pensamiento totalizante. Es
debatible si el marxismo es o no un gran sistema filosófico, creación no de un
solo hombre, sino de una estela de discípulos de Marx, que extienden al
marxismo a lo largo de los siglos XIX y XX.
Se afirma que el marxismo no es un sistema filosófico, sino una
ideología. Habría que precisar las diferencias y las similitudes sobre lo que
es un sistema filosófico y lo que es una ideología. La cuestión no se trata en
este artículo.
Quienes sostienen que los
grandes sistemas filosóficos han muerto después de Hegel, están equivocados. El pensamiento complejo de Edgar Morín, quien no es estrictamente un
filósofo, es el último de los grandes sistemas filosóficos occidentales que
desembocan en una propuesta educativa. Los seis tomos de “El método”, la obra
cumbre de Morín escrita al final del siglo XX, va desde las ciencias exactas
(la biología y la cibernética), pasando por las ciencias sociales (la
sociología, la política y la antropología) y llegando al territorio de las
humanidades (la filosofía y la educación). La gran hazaña de Edgar Morín es
haber escrito una obra que propone un gran sistema filosófico elaborado desde
un territorio no estrictamente filosófico. ¿Qué significado profundo tiene, que
el último gran sistema filosófico que culmina con una propuesta educativa, no
haya sido elaborado por un filósofo, sino por un pensador transdisciplinario?
Este rastro teórico de
revivificación de los grandes sistemas filosóficos, cuya finalidad culmina en
una pedagogía, no puede pasar desapercibido. En el mismo momento histórico, en
el que la filosofía, la educación y las humanidades en general, han entrado en
crisis, un inédito e inesperado nuevo sistema filosófico elaborado por un
intelectual que no es filósofo, aparece, planteándose de manera sorpresiva y
seductora, como un totalitarismo que requiere ser enseñado y aprendido.
La propuesta moriniana del
pensamiento complejo desperdiga miles de discípulos en el mundo (alumnos de
Morín) en el mismo momento histórico en que la correlación entre filosofía y
educación se había enfriado a lo largo del siglo XX. El erótico abrazo en el
que se fundieron la filosofía y la educación a lo largo de la historia
occidental, se convirtió en frialdad y distanciamiento en el siglo XX, cuando
la investigación educativa comienza a tomar el lugar de la filosofía. El
estrecho correlato entre filosofía y educación, ha sido desplazado por un correlato
entre educación e investigación educativa. Pero lo extraño del caso, es que a
la educación le es imposible prescindir de la filosofía.
¿Si la forma de conjugarse
entre la filosofía y la educación, no es ya la de una abrazo cálido y fundante,
si esta correlación ha sido desplazada por otra en la cual el lugar que antes
tuvo la filosofía, ha sido tomado por la investigación educativa, qué clase de
abrazo es este otro, en el que a partir del siglo XX parece haber una frialdad
y un distanciamiento entre la filosofía y la educación? Esta pregunta da para
mucho. Es un cuestionamiento que requiere ser tratado por afuera de los bordes
de la filosofía de la educación…
II
En este texto el correlato
entre filosofía y educación se analiza a partir de consideraciones hipotéticas y de manera generalizante.
Si ha de realizarse un estudio a
profundidad en este sentido, se requiere hacerlo en los términos arqueológicos
y genealógicos, propuestos por Foucault en su muy especial forma de hacer
historia y filosofía a la vez. Se hace necesario entonces, hacer un rastreo de los
documentos históricos, que contienen los indicios discursivos que hacen notar
las formas de correlacionarse entre la filosofía y la educación. Por ejemplo, puede
analizarse el discurso del artículo tercero constitucional a lo largo de su
historia. Puede analizarse también el enfoque filosófico que sustenta a los
contenidos del currículo, desde una perspectiva histórica sincrónica y a la vez
diacrónica. En fin, el análisis de la correlación entre filosofía y educación,
tendría que partir de una investigación que considere los archivos de la
historia educativa, revisando su contenido discursivo, en tanto la portación de
un saber al que Foucault se refiere como “episteme” y de una serie de
dispositivos e instituciones que atraviesan a estos discursos (la arqueología y
la genealogía foucaultianas).
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