viernes, 25 de diciembre de 2015

Apuntes y borronamientos sobre el rupturismo epistemológico



I
¿Qué es la “ruptura epistemológica”? ¿Cuál es la génesis de esta idea que aún lanza destellos de luz en el pensamiento de la izquierda, entre quienes se han alojado en la academia universitaria y la investigación en los campos de las ciencias sociales y las humanidades? ¿Cuáles son los componentes teóricos e ideológicos de esta forma de pensamiento que re-mueve las conciencias de los lectores y re-intérpretes de Marx y de la teoría crítica? ¿Cuáles son los alcances de la “ruptura epistemológica”, que lo mismo puede desbocarse teórica e ideológicamente hacia la utopización del pensamiento o instalarse en una concepción mucho más comedida, que ponga los pies en la tierra al analizar sus posibilidades de concreción histórica en pos de la transformación del mundo?
El presente texto aborda estas preguntas sin sumergirse a profundidad en la historia de la idea de la “ruptura epistemológica”. Desde cualquier punto de vista estamos hablando de una historia reciente e inconclusa. La idea de la “ruptura epistemológica” toma forma durante la segunda mitad del siglo XX y es una cuestión que se debate todavía.
Se detectan tres cualidades que se hacen presentes en el surgimiento de esta idea a lo largo del siglo XX:
A) De manera germinal la “ruptura epistemológica” toma forma en el solo terreno de la epistemología de la ciencia, a partir de los aportes de Bachelard, principalmente en el libro “La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo” (2000).
B) Durante la segunda mitad del siglo XX, el posicionamiento teórico de mayor peso de esta idea, tiene lugar desde de los aportes de la teoría crítica (Athusser y Balibar, fundamentalmente). Hay entonces un andamiaje teórico-político-ideológico, a través del cual la “ruptura epistemológica” se traslada del solo campo de la epistemología de la ciencia, a un territorio de convergencia con la teoría marxista.
C) El planteamiento althusseriano de la “ruptura epistemológica” se asume en el núcleo de un marxismo duro, de un marxismo estructuralista en el cual la categoría de la “lucha de clases” se pondera sobre otras categorías que han emergido en las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del siglo XXI. A partir del surgimiento de diversas categorías analíticas y fácticas alternas a la “lucha de clases” en los debates marxistas, se hace necesario trasladar la discusión sobre la “ruptura epistemológica” del marxismo estructuralista del orden althusseriano al marxismo posestructuralista planteado por Laclau, Žižek y Butler (“Contingencia, hegemonía y universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda”, 2003).
En los apartados siguientes se abordan estos planteamientos, procurando poner en claro sus componentes.

II
La idea de la “ruptura epistemológica” posee un origen intrincado a lo largo del siglo XX.  Este concepto no fue planteado estrictamente por Bachelard, aunque suele atribuírsele a este filósofo de la ciencia  y  la literatura, una especie de paternidad conceptual. Gassmann (2013, P. 37) afirma que Bachelard no cita de manera puntual el término, sino que refiere conceptos como: “romper”, “ruptura”, “revolución”, “novedad total”, “brusca mutación espiritual”, “división en el campo del espíritu científico”, etc.  Puede afirmarse, que de manera germinal el concepto de “ruptura epistemológica” está ya presente en Bachelard, aunque aún carente de la inclinación ideológica que tomaría posteriormente en los caminos de la teoría crítica de herencia marxista.
Para Bachelard, la idea de la  “ruptura” en el campo de la epistemología científica, está íntimamente conectada con el concepto de “obstáculo epistemológico”. El obstáculo epistemológico llama a una intervención que lo rebase, que lo ponga en jaque, para que la ciencia pueda proseguir su camino a cualquier precio y de cualquier forma. El obstáculo epistemológico es en el fondo una llave maestra de consecución histórica de la ciencia. Uno de los mecanismos a través de los cuales la ciencia puede luchar en contra de los obstáculos epistemológicos es el rupturismo.
El primer obstáculo epistemológico que la ciencia debe tomar en cuenta es el conocimiento de sentido común, las experiencias de la vida diaria que son una forma de saber no racionalizado ni sistematizado científicamente. Lecourt (2013, P. 26) afirma que aunque el obstáculo epistemológico es “polimorfo”,  funciona en un solo sentido, en un «sentido contrario al “No”», rellenando los espacios rotos que se abren entre conocimiento común y conocimiento científico,  y revitalizando a “la continuidad amenazada por el progreso del conocimiento científico”.

En la formación del espíritu científico, el primer obstáculo es la experiencia básica, es la experiencia colocada por delante y por encima de la crítica, que, esta sí, es necesariamente un elemento integrante del espíritu científico… He aquí entonces la tesis filosófica que sostendremos: el espíritu científico debe formarse en contra de la Naturaleza, en contra de lo que es, dentro y fuera de nosotros, impulso y enseñanza de la Naturaleza, en contra del entusiasmo natural, en contra del hecho coloreado y vario. El espíritu científico debe formarse reformándose (Bachelard, 2000, P. 27).    

Para Bachelard, la ruptura epistemológica es parte de la formación del espíritu científico, como un mecanismo de renovación inagotable. Aunque el concepto de “espíritu científico” resulta difuso en Bachelard, queda claro que esta forma de espiritualidad se ancla en un llamamiento continuo a la renovación: “El espíritu científico debe formarse reformándose”, en lucha con los obstáculos epistemológicos, que lo mismo pueden tener lugar en el conocimiento de sentido común,  que en una racionalidad científica agotada y reformulada por una nueva racionalidad, como es el caso de la teoría de la relatividad de Einstein, que replantea al pensamiento de la física y de la astronomía dominado durante décadas por la herencia fijada en Newton.
La idea de la ruptura epistemológica forma parte del espíritu histórico-cultural que hemos heredado de la modernidad, aunque su genealogía puede rastrearse hasta los orígenes de la civilización occidental. Una de las mayores cargas ideológicas  que hemos heredado de la modernidad consiste en renovarse o morir. Romper con lo ya establecido para instaurar una nueva forma, que a su vez, será reemplazada por otra más. No es coincidencia que el momento histórico en el que emerge el rupturismo epistemológico, sea el mismo en el que tiene lugar la crisis del modernismo artístico, que desemboca en el posmodernismo. Lypovetsky (2008, P. 81) analiza el correlato que existe entre el capitalismo y el modernismo en el arte. Entre 1880 y 1930, la tendencia de un vanguardismo inagotable se establece como ideología de la producción artística. El modernismo deja de preocuparse por la sola variación estilística y temática, pretende romper con la continuidad que se ancla en lo ya creado y acontecido,  dándole forma a la creación de obras totalmente nuevas. Crear a toda costa para renovar y renovar a toda costa para crear. El devenir de las vanguardias que se sustituyen a otras,  es el camino trazado para el arte, que fijado en la posibilidad de la renovación infinita, lleva consigo los signos de la decadencia.
El espíritu científico del cual nos habla Bachelard, como una forma de renovación infinita del quehacer científico, es parte del mismo núcleo ideológico de renovación vanguardista en el arte, que pasa del modernismo al posmodernismo. Aunque habría que subrayar las diferencias entre ambos. Mientras el espíritu científico pretende una renovación que se inscribe en un tiempo histórico de larga duración (como es el caso del paradigma de Newton o de Einstein, que permanecen o pueden permanecer durante décadas y/o siglos, antes de ser refutados), el espíritu de renovación artística, se asfixia en lo acontecimental, en lo no duradero que incita a lo efímero. Hablamos de formas de producción de la cultura, que en la ciencia,  en el arte y en otros territorios del saber, tienen que ver con los debates entre la modernidad y la posmodernidad, en este caso, a partir  de la idea de la ruptura epistemológica, como una forma de renovación permanente. 
En este sentido, cuando Balibar (1994, P. 72) lanza la pregunta “¿Qué es una ruptura?”, pone en claro que hay dos maneras de responder la interrogante. La primera tiene que ver con la idealidad de una ruptura única, sujeta de una “descripción inmanente” y una epistemología interiorizada en sí misma. La segunda remite a rupturas múltiples, sobre las que habrá que fijar la mirada más en las diferencias que en las estructuras epistemológicas que comparten. En el fondo,  Balibar se pregunta si el rupturismo científico ha de ser moderno, anclado en una estructura de dominación tan perdurable que nos lleve a pensarlo como inmanente, o si ha de ser posmoderno, sujeto de la multiplicidad y la diferencia. ¿Una forma de ruptura que daría lugar a un dominio epistemológico de larga duración, que en el desarrollo de la ciencia nos lleve a imaginar su inmanencia, y que de esta manera lleve a una contracción de la ruptura? ¿O una serie de dominios epistemológicos en constante pugna, que sin estar fijados en absoluto alguno, configuran una diversidad epistemológica en constante conflicto, dando pie a la expansión de la tendencia rupturista?
Balibar asume que los dos mecanismos de desarrollo de la ciencia resultan necesarios, de tal forma que el segundo lleve a la corrección del primero. Esto pone en claro a la dialéctica del desarrollo del pensamiento científico, que se fortalece a lo largo del siglo XX. Por un lado, está la tendencia a una dureza epistemológica que se sostenga en la perdurabilidad de la verdad, por otro lado, está la posibilidad de trastocar a esta verdad no plenamente perdurable, para instaurar una nueva formación de la verdad.
Esta dialéctica del desarrollo científico, en tanto forma de pensamiento que se enraíza más allá de los linderos de la epistemología de la ciencia, es un territorio en el que confluyen de maneras diferentes Bachelard, Popper y Balibar. No se está admitiendo la presencia de una armonía o de una conexión directa entre los autores mencionados, en los términos teóricos y/o ideológicos de la epistemología científica. Desde luego que hay diferencias insalvables entre ellos. Bachelard rechaza al positivismo al hacer una crítica enfática del “espíritu científico”, a la vez, este autor resulta lejano del marxismo. Popper choca de manera determinante con la postura bachelardiana y con la teoría crítica. Por su parte, los autores de la teoría crítica,  abrevan de Bachelard, dando una vuelta de tuerca y llevando su teoría al núcleo ideológico del marxismo, a la vez que lanzan diatribas contra los positivistas.
El triángulo teórico que se analiza en esta parte para poner en claro a la dialéctica del desarrollo del pensamiento científico (Bachelard, Popper y los integrantes de la teoría crítica), parece tomar la forma de una intriga propia de una novela habitada por héroes que a la vez pueden ser concebidos como antihéroes, todo depende del lugar teórico y/o ideológico desde el cual se considere el asunto.
La crítica que Bachelard lanza sobre el “espíritu científico” en tanto su renovación infinita; el doble movimiento señalado por Balibar, sobre un desarrollo epistemológico sustentable y de larga duración, que a su vez,  queda sujeto en cualquier momento de la posibilidad de un relevo en sus formas de admitir la verdad; y el falsacionismo de Popper que plantea una renovación constante de la ciencia en el ir y venir de la verdad y el error, son parte de una forma de pensamiento que surge en el tiempo histórico de la modernidad, son las huellas de un núcleo ideológico que se sostiene en la postulación de una renovación constante, no solo en el campo de la epistemología científica, sino en el territorio mucho más amplio de la producción de la cultura. Renovarse o morir, trastocar lo viejo para dar lugar a lo nuevo que viene signado como un mensaje de redención y salvación. El pensamiento utópico y el pensamiento mítico se hacen presentes aquí. Esta tendencia renovadora, que busca una reinstauración del mundo a través del saber, no pertenece estrictamente al pensamiento moderno. Analizando los aportes de Tonybee  sobre la desintegración y el surgimiento de las civilizaciones, Campbell (1972, P. 17) revisa el concepto de “palignesia”:

Sólo el nacimiento puede conquistar la muerte, el nacimiento, no de algo viejo, sino de algo nuevo…  Porque por medio de nuestras victorias, si no sufrimos una regeneración, el trabajo de Némesis se lleva a cabo: la perdición nace del mismo huevo que nuestra virtud. Así resulta que la paz es una trampa, la guerra es una trampa, el cambio es una trampa, la permanencia es una trampa. Cuando llegue nuestro día por la victoria de la muerte, la muerte cerrará el círculo; nada podemos hacer, con excepción de ser crucificados y resucitar; ser totalmente desmembrados y luego vueltos a nacer.

La persecución incesante del nacimiento de lo nuevo como una forma de transformación material, psicológica o espiritual del mundo, es una tendencia que puede rastrearse tanto en las filosofías orientales como occidentales. Los rituales antiguos de la palignesia, como una constante recurrencia del nacimiento que pueda nulificar los amenazantes vaivenes de la muerte,  se han transformado a lo largo de los siglos y se configuran de manera sui generis en los tiempos modernos.
Dentro de la ciencia, hay componentes que no son estrictamente científicos, que no son parte del núcleo duro de la epistemología científica. El minucioso análisis teórico que hace Bachelard en “La formación del espíritu científico” (2004, P. 12), da cuenta de cómo lo  científico se entremezcla con lo no científico. Bachelard nos habla de un sustento no científico de la ciencia, de un territorio de sombras y claroscuros, poblado de figuras piscológicas, estéticas y metafísicas. A esto se refiere con el término de “espíritu científico”. Desde la perspectiva dura de la epistemología de la ciencia, los conceptos de “ciencia” y “espíritu” están separados por un abismo imposible de ser superado. Desde la revisión que realiza Bachelard, ambos conceptos convergen en un territorio científico-no-científico,  que ha intentado ser depurado y que es negado a toda costa.

III
Mediante el concepto de “ruptura epistemológica”, Bachelard hace una crítica enfática al quehacer científico del orden positivista, pero no desde el marxismo. Bachelard no es marxista. Cuando Lecourt  analiza los aportes de Bachelard para inscribirlos en una crítica marxista de la epistemología, reconoce la presencia de un forzamiento teórico, aunque a fin de cuentas justifica el procedimiento (2013, P. 19).
El traslado de la idea de la “ruptura epistemológica”,   desde Bachelard hasta la teoría crítica marxista, tiene lugar en un territorio de claroscuros.  Althusser toma la idea de Bachelard,  llevándola a su propio debate marxista. En su lectura de Marx, Althusser pretende una reinterpretación del marxismo que hacia las décadas de 1960 y 1970, resulta innovadora. La pregunta que asedia a la obra de Althusser es un entrecruce entre el marxismo y la ciencia: ¿Cómo el marxismo puede constituirse en una maquinaria teórica que pueda ser sustentable bajo una cientificidad propia, que pueda debatir, contrarrestar y sustituir a las formas de pensamiento y de vida que confluyen entre el positivismo y el capitalismo?
La “ruptura epistemológica” de Bachelard es extraterritorial al marxismo, muy lejana de las pretensiones teóricas e ideológicas de esta forma de pensamiento. La “ruptura epistemológica” de Althusser, es intraterritorial al marxismo, pretende una revitalización del marxismo que se había estancado en los debates revisionistas durante la segunda mitad del siglo XX. A partir de las posturas distintas de Bachelard y de Althusser, no es posible admitir que el segundo lleva cabo una desviación del concepto originalmente planteado. Los conceptos no son estables ni permanentes. La elaboración de conceptos, tanto en la filosofía como en la ciencia, es parte de una plasticidad que forma parte de las transformaciones infinitas del saber. La postura de Althusser resulta válida,  y puede entenderse como un procedimiento conceptual que desde el marxismo,  teoriza e ideologiza a la “ruptura epistemológica”.
El corte que Althusser identifica en Marx, forma parte de una hermenéutica sui generis en la interpretación de la obra del filósofo alemán del siglo XIX. La ruptura epistemológica habita las profundidades de la obra de Althusser en tres planos diferentes:
1)  La “ruptura epistemológica” de Althusser, pretende explicar a partir de le evolución interna de la propia obra de Marx, cómo tiene lugar un quiebre entre el primer Marx, el autor joven aún influenciado por Hegel, el aún instalado en la filosofía como primera crítica de la ideología, el filósofo que todavía no proporciona la materia teórica para darle forma a una estricta cientificidad marxista; y el segundo Marx, el que logra desprenderse de Hegel, el autor de “El capital”, una obra que posibilita concebir al marxismo como una forma de pensamiento que abre las puertas hacia una nueva cientificidad, alterna al positivismo y al capitalismo.
2) El primer rompimiento –artificioso o no- que Althusser teoriza desde los adentros de la propia obra de Marx, conduce a un segundo quiebre, que se manifiesta entre las diversas interpretaciones de la obra de Marx a lo largo del siglo XX. En la filosofía marxista, la obra de Althusser parte de una crítica a las hermenéuticas de Marx ancladas en la tradición del marxismo soviético, que decaen con la muerte de Stalin. Althusser teoriza  en pos de la cientificidad del marxismo. Esto implica una ruptura tanto filosófica como ideológica en los debates marxistas. Esta jugada teórica robustece la manera de pensar al marxismo desde la multiplicidad. No hay un marxismo unitario, tal como lo planteó la ortodoxia soviética, sino marxismos diversos o facetas teóricas distintas del marxismo, que a su vez, dan lugar a variadas hermenéuticas y reconstrucciones del marxismo.
3) El tercer rompimiento va de la reinterpretación althusseriana del marxismo,  hacia la alianza entre la ciencia positivista y el capitalismo. Una forma de hacer ciencia teorizada desde el marxismo,  tendría que sustituir a la ciencia positiva que camina de la mano del capitalismo.
Entre las revisiones críticas del concepto de “ruptura epistemológica” planteado por Althusser, destaca la lectura que hace Adolfo Sánchez Vázquez. Desde la perspectiva de este autor, no hay un cemento que haya logrado conjugar a esta idea en un territorio teórico-práctico que resulte convincente a plenitud en términos transformacionales y utópicos. En su revisión crítica de la obra de Althusser, Sánchez Vázquez (1975, P. 82-99) admite  que el filósofo francés no logra escapar del teoricismo. La “ruptura epistemológica” de Althusser se hunde en un teoricismo que no plantea salidas prácticas en lo político y en lo ideológico. Hay una pregunta planteada por Sánchez Vázquez que no se contesta de manera satisfactoria a lo largo de la obra de Althusser: “¿cómo puede darse una ciencia instalada en la verdad y, sin embargo, vinculada a la lucha de clases?”
Este quiebre, este distanciamiento que no permite trasladar a la ruptura epistemológica como una forma de pensamiento que construya bisagrajes de lo teórico hacia lo práctico a partir de la categoría de “lucha de clases”, da lugar a una improductividad fáctica. Este es una de las mayores fallas de Althusser. Cuando la teoría no logra ser una herramienta de lucha política, una herramienta que trace senderos de transformación en los términos planteados por Deleuze y Foucault, se convierte entonces en algo improductivo. Esta condición es el mayor estanco en el que se ha instalado la idea de la ruptura epistemológica.

IV
Con los aportes teóricos que han planteado los marxistas posestructuralistas (Laclau, Žižek y Butler, 2003) se abre la posibilidad de superar el estanco que Sánchez Vázquez identifica en Althusser. Este es un debate que no ha sido abierto en la historia inconclusa de la idea del rupturismo epistemológico. Se trata de desvincular esta idea de la categoría totalizante de la lucha de clases e instalarla en un plano alterno, al lado de categorías como el género, el reconocimiento de las preferencias sexuales alternas, el reconocimiento de los pueblos indígenas, etc. La pregunta que Sánchez Vázquez le lanza a Althusser sería entonces replanteada: ¿cómo puede darse una ciencia instalada en la verdad y vinculada a las luchas sociales (de género, de preferencia sexual, de los pueblos indígenas, etc.)?
El lugar de la pregunta en este viraje ya no se condensa en la categoría marxista de lucha de clases, como una especie de piedra de toque totalizante,  sino que se traslada a un territorio teórico-práctico en el que la ruptura epistemológica requiere ser reinterpretada.  Si no es la lucha de clases como categoría totalizante (marxismo estructuralista) la que estaría dando pié a la instauración de la pregunta por la ruptura epistemológica, si son otras categorías, como la lucha de género, la lucha por reconocimiento de una sexualidad alterna, la lucha por el reconocimiento de los pueblos indígenas (marxismo posestructuralista),  las que tendrían que vincularse a la idea de la ruptura epistemológica, estaríamos hablando de un territorio teórico en el que las preguntas y la vigencia de la idea de la ruptura epistemológica requieren inscribirse en un debate que continúa abierto a partir de los aportes de la teoría marxista elaborada a finales del siglo XX y principios del XXI.
A partir de la publicación del libro “Hegemonía y estrategia socialista” en 1985, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe abrieron una discusión que dio lugar a una corriente de pensamiento a la que estos mismos autores reconocen como “marxismo posestructuralista”. Esta corriente se consolida con la publicación del libro “Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda” en el año 2000 (Laclau, Žižek y Butler). En la introducción de este libro, se asume:

Los tres sostenemos, sin embargo, que la universalidad no es un presupuesto estático, ni un a priori dado, y que debería en cambio ser sostenida como un proceso o una condición irreductible a cualquier de sus modos determinados de aparición. Si bien a veces diferimos respecto a la manera en que debe ponerse el énfasis, cada uno de nosotros ofrece exposiciones de universalidad que suponen que la condición negativa de toda articulación política es “universal” (Žižek), que el proceso contestatario determina formas de universalidad que son llevadas a entrar en un conflicto productivo, y en definitiva, insoluble entre sí (Laclau), o que existe un proceso de traducción por el cual lo repudiado dentro de la universalidad es admitido nuevamente en el término en el proceso de su nueva formación (Butler).

No nos detendremos en esta parte en los pormenores teóricos que hacen la diferencia entre los planteamientos de Laclau, Žižek y Butler. Se han lanzado diversas críticas a estos tres autores a quienes se les ha señalado como antimarxistas. De manera sintética,  lo que plantean estos tres autores es el fin del marxismo estructuralista, del marxismo que colocó como piedra de toque y como eje de desarrollo a la categoría de lucha de clases, del marxismo duro que dominó teórica y prácticamente el pensamiento de la izquierda a lo largo del siglo XX. Para Laclau, Žižek y Butler ninguna categoría teórico-práctica tendría que pensarse como un absoluto en términos universalizantes de la teorización y la lucha política, sino que diversas categorías en calidad de formas de comprensión de la realidad sociohistórica y en calidad de formas de configuración de la lucha política, tendrían que tomarse en cuenta en las miradas y las acciones que puedan trazarse en pos de la transformación del mundo.
Es en esta urdimbre teórica en la que tal vez habría que instalar el debate sobre la ruptura epistemológica. En la superación del estanco teórico-práctico que se ha identificado en Althusser, los aportes de los marxistas posestructuralistas ofrecen una posible salida a este debate. De ninguna manera se está afirmando que la categoría de ruptura epistemológica llegará a fortalecerse y encumbrarse con los aportes del marxismo posestructuralista. Ningún concepto, ninguna forma de pensamiento puede tener la cualidad de convertirse en una llave maestra para interpretar o transformar al mundo. Este es uno de los aportes más significativos de Laclau, Žižek y Butler. No existen los conceptos maestros, ni en el marxismo ni en otra forma que procure la comprensión y la transformación del mundo. A fin de cuentas, retomando los conceptos que estos tres autores plantean en el título del libro citado, podemos concluir que la universalidad está hegemónicamente herida de contingencia, su lugar es el mundo que no puede caber de manera plena en las palabras ni en los hechos mismos…

Bibliografía
Althusser L., La revolución teórica de Marx, 1967, Siglo Veintiuno Editores, México.
Althusser L. y Balibar E., Para leer El capital, 1979, Siglo Veintiuno Editores, México.
Bachelard G., La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo, 2000, Siglo Veintiuno Editores, México.
Balibar E., Nombres y lugares de la verdad, 1995, Ediciones Nueva Visión, Argentina.
Butler J.,  Žižek S. y Laclau E., 2004, Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, Fondo de Cultura Económica, Argentina.
Campbell J., El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito, 1972, Fondo de Cultura Económica, México.
Gassmann C., La ruptura epistemológica según Bachelard, Althusser y Badiou, en: Estudios de epistemología X, Karczmarczyk P. compilador, 2013, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, P. 9-33.
Lecourt D., Para una crítica de la epistemología, 2013, Siglo Veintiuno Editores, México.
Lipovetsky G., La era del vacío, 2008, editorial Anagrama, España.
Sánchez Vázquez A., El teoricismo de Althusser (notas críticas sobre una autocrítica), en: revista Cuadernos Políticos, 1975, Ediciones Era, México, P. 82-99.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Los desplazamientos del narco en la sierra de Chihuahua



(Artículo publicado en la revista “Aserto” en noviembre de 2015).

En abril del 2015 fue subido al internet el video de un convoy de sicarios en las cercanías de Creel. Decenas de hombres fuertemente armados a bordo de 15 camionetas,   fueron  filmados con la cámara de un celular. Los diálogos son escasos, la persona que grava el video dice algunas frases aisladas.  El significado más notorio de la grabación recae en el poder de las imágenes,  que filman a un pequeño ejército del narco que se prepara para una incursión armada en la sierra de Chihuahua.  El mensaje de ese poderío se manifiesta en la primera frase del video, con un tono sierreño se escucha una voz: “Verás que machín se va a ver”.
En este artículo, la idea del “desplazamiento” va más allá del significado del concepto que se usa entre los investigadores para explicar el fenómeno de los desplazamientos forzados por la violencia. Recientemente,  la investigadora Laura Díaz Leal publicó un libro sobre el tema: “Desplazamiento interno inducido por la violencia: una experiencia global, una realidad mexicana” (2014). El análisis aquí realizado se concibe y se contextualiza de una forma diferente.  El  ”desplazamiento”  no se entiende  considerando a las víctimas de la violencia que tienen que huir de sus lugares de origen debido a los estragos del crimen organizado, sino que se plantea para analizar un video, cuyo contenido nos lleva a explicar la presencia y el poderío de los grupos del narcotráfico en la sierra de Chihuahua.
En el video analizado hay tres contenidos que pueden interpretarse en los términos de un “desplazamiento”. El primero tiene que ver con el desplazamiento temporal de las guerras del crimen organizado y de la violencia en el estado, que se han extendido a lo largo de varios años. El segundo se relaciona con la imagen de la carretera que aparece en la grabación. La carretera es una representación del desplazamiento geográfico, de  las rutas de movilización y de control  del crimen organizado en la sierra de Chihuahua.  El tercero tiene que ver con el empoderamiento cada vez más ostentoso del narco en esa región del estado, que ha dado lugar al desplazamiento de las instituciones de seguridad pública y al ejercicio del gobierno formal.
Los poco más de dos minutos que dura la filmación, son el relato de una serie de historias que se han extendido durante varios años. El video  se subió al internet en abril de 2015, pero la fiscalía del estado afirmó que fue grabado en noviembre de 2014, antes de un enfrentamiento  entre los integrantes de dos grupos rivales. Los enfrentamientos y la violencia en la sierra de Chihuahua se desplazan desde 2014 al 2015, y más antes aún. Entre el temor y la desesperación, las voces de los habitantes de la región que relatan estas historias brotan entrecortadas, los datos que pueden recabarse son escasos. Periodísticamente, estas historias no han sido documentadas con solidez por el riesgo de hacerlo. Apenas se conocen retazos, notas de prensa que son escuetas en la información y relatos que van de voz en voz. Al final del video algo queda inconcluso, la historia filmada y los estragos de la violencia no tienen punto final. Poco se sabe del enfrentamiento que sucedió después. Lo más grave del caso es que estas historias se desplazan hacia los años por venir, sin ningún indicio cercano de solución. Las batallas continúan, es una guerra de guerrillas peleada bajo los intereses y la lógica del crimen organizado, que afecta a miles de seres humanos en la sierra chihuahuense.
A lo largo del video la trama está definida por el desplazamiento. La grabación es una sola toma que recorre al convoy de camionetas y al grupo de sicarios. La persona que grava el video se desplaza mientras filma. Se detiene un momento y le dice a uno de los sicarios que pose para la cámara, el hombre se levanta del borde de la caja de una camioneta y alza en su mano derecha un fusil calibre 50. La toma sigue en el desplazamiento, más camionetas y más hombres armados. Un letrero a la orilla de la carretera anuncia dos rumbos diferentes: Creel a la izquierda, Guachochi a la derecha. Adelante el entronque y más adelante, donde la carretera ya no se alcanza a ver, la sierra de Chihuahua se pierde en la bruma de la zozobra.  
Después de que el video fue subido a internet, las declaraciones de la fiscalía del estado de Chihuahua admiten que el grupo armado siguió su camino desde Creel hasta la comunidad de Samachique, municipio de Guachochi, donde tuvo lugar un enfrentamiento entre integrantes de La Línea y el Cartel de Sinaloa. Las luchas por el control de los territorios de la Sierra, van del municipio de Bocoyna hacia Guachochi, se desplazan a Guadalupe y Calvo, y desde ahí, hasta los otros municipios que colindan con el estado de Sinaloa. Aún no se ha trazado con nitidez el mapa de estos enfrentamientos.
En el video puede leerse también como el narco ha desplazado a los poderes del Estado en la sierra de Chihuahua. En la filmación, la única representación del Estado recae en la carretera y en el  letrero que señala hacia dos poblaciones que han sido afectadas continuamente  por el crimen organizado.  La carretera y el letrero que anuncian los poblados de Creel y de Guachochi, son parte de la obra pública que ha sido construida por los gobiernos federal y estatal. Pero es el crimen organizado el que se ha apoderado de estos bienes públicos, que tendrían que ser controlados por el Estado. A sus anchas, el narcotráfico se empodera visual y simbólicamente, a partir de una grabación subida al internet, y fácticamente, en los hechos, a partir de las luchas por el control territorial, social y político de la sierra chihuahuense.  A todas luces el video es una afrenta. En la sierra de Chihuahua, el crimen organizado ha tomado el lugar de las instituciones de seguridad pública y el ejercicio del gobierno.

domingo, 6 de diciembre de 2015

José Vicente Anaya en la lectura de un fragmento de "Híkuri"...


Sin lugar a dudas, "Híkuri" es un de los poemas fundamentales de Chihuahua, de México y de América Latina. Recientemente la editorial Mal País publicó la colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana, que reúne obras que no son parte del canon que han establecido los paceanos en México. La colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana plantea un canon alterno. En esta colección aparece "Híkuri", una obra de Anaya que ha resultado emblemática en varios sentidos. Desde 1987 hasta la fecha, este poemario ha tenido una trayectoria de varias publicaciones, es uno de los libros de poesía que más veces se ha publicado en distintas ediciones y reediciones. En breve, el ICHICULT publicará un libro en el que varios autores ensayan sobre "Híkuri"...