domingo, 29 de septiembre de 2013

Homero, Platón y Aristóteles. Confrontaciones a partir de la “trama”…



I
El nombre de Homero es mencionado literalmente 12 veces por Platón en el Libro X de La República. Es sabido ampliamente que en este texto el filósofo de la Academia emite su diatriba contra los poetas a través de la voz de Sócrates, protagonista de los Diálogos. ¿Pero, qué significa la reiterada presencia del nombre de Homero en este fragmento de los Diálogos de Platón? ¿Por qué anotar una y otra vez el nombre del poeta de La Ilíada y La Odisea? El nombre de otro poeta griego con reconocimiento en ese entonces, Hesíodo, apenas es anotado dos veces por Platón.
Desde la primera mención, con sentimientos y pensamientos que parecen encontrados, entre la consideración humanizada y sentimental de Homero y su obra y, el desprecio por el poeta y por la poesía, Platón advierte:

… siento sin embargo, que detiene mi lengua cierta ternura y cierto respeto que desde niño guardo a Homero; porque Homero es el maestro y el jefe de todos esos hermosos poetas trágicos; mas como quiera que los miramientos debidos a un hombre son menores que los que a la verdad se deben, preciso es que hable.” (P.221)

El filósofo de la Academia habla. Aunque admite que podría detener su lengua por una “cierta ternura” y un “cierto respeto” que siente hacia el poeta trágico. La lengua del ateniense se desdobla y el nombre de Homero parece multiplicarse y habitar de manera nebulosa el texto, como un martilleo, como un puñetazo que golpea las paredes de palabras que le dan forma al Libro X de La República.
Ni la escritura de los poetas, ni los cuadros de los pintores, ningún trabajo artístico, estaría representando  a lo verdadero y/o lo concreto, que tendrían que ser racionalizados –aunque también “idealmente”-. Desde la visión platónica, el arte estaría punzado por un vacío epistemológico y ontológico que torna fantasmales a sus posibilidades miméticas.

… por una parte, la pintura y en general todo arte que consiste en la imitación, está muy alejado de la verdad en todo lo que ejecuta, y que, por otro lado, esa parte de nosotros mismos con que está en relación se halla también muy alejada de la verdad, y nada inspira que sea verdadero ni sólido (P. 228).

Más aún, el arte estaría desbocándose hacia lo dionisiaco irremisiblemente. Lo irracional,  lo pasional y el placer que Platón identifica en el arte,  llevarían a los hombres a una caída en lo moral y lo políticamente reprobable.
En el “Estado” ideal de Platón (estado político, moral, epistemológico y ontológico a la vez) que se relata utópicamente en La República, no caben los poetas, aunque Homero quepa 12 veces –y más-  mencionado en este apartado del texto.
De la misma forma que Platón, siente remordimientos por el trato que le da Homero, también le remuerde la conciencia expulsar a los poetas de su topos idealizado.

Puesto que por segunda vez se ha presentado la ocasión de hablar de la poesía, he aquí lo que yo tenía que decir para justificarnos de haberla desterrado de nuestro Estado: la razón nos obligaba a ello. Por lo demás, por temor a que la propia poesía nos acuse de dureza y rusticidad en esto, bueno es que le digamos que no es cosa de hoy el estar reñida ella con la filosofía… no obstante, declaramos muy alto que si la poesía imitativa, que tiene por objeto el placer, puede probarnos con buenas razones que no debe excluírsele de un Estado bien ordenado, con los brazos abiertos la recibiremos, porque no podemos ocultarnos a nosotros mismos la fuerza y la dulzura de sus encantos (P. 232).

Que los poetas se vayan, pero quizá no deban irse si justifican su presencia. La añeja pugna entre filosofía y literatura, entre filósofos y poetas,  se resolvería platónicamente con un sometimiento de los segundos a los primeros.
La escritura del filósofo ateniense se envuelve en una forma de razonar contradictoria. Si los poetas y la poesía, en este caso Homero y las tragedias de La Ilíada y La Odisea, tendrían que ser expurgados del Estado, no hay motivos para que la escritura poética tenga cabida de forma alguna en el raciocinio filosófico. Sin embargo, la poesía trágica griega proveniente de Homero –y de otros autores- se hace presente en las formas de reflexión y de argumentación a las que Platón acude al escribir sus Diálogos. Al cierre del Libro X de La República  se narra el mito de Her.
En la décimo tercera ocasión en la que Platón cita a Homero, de forma implícita y sin mencionar su nombre, el filósofo admite que no argumenta a partir de las narraciones trágicas del poeta mayor de Grecia, sino que fundamenta su alegato considerando un “relato” distinto a La Odisea.

No es el relato de Alcinoo (personaje de La odisea) el que voy a comunicaros, sino el de un hombre esforzado. Her el Armenio, originario de Panfilia (P. 238).

Platón parece creer que logra desprenderse de Homero y de su obra, parece creer que a partir de elementos de la tradición órfica y pitagórica logra desarrollar un “relato” no-homérico,  que estaría siendo sobredeterminado por la racionalidad filosófica. El mito platónico que se narra al final del Libro X de La República, investido de racionalidad filosófica, incluye al cosmos y a la vida humana. Her muere en batalla al lado de otros guerreros. A los diez días de su muerte su cuerpo no se ha descompuesto. A punto de ser cremado, Her revive y comienza a narrar su viaje cósmico y moralizante ante las figuras de Láquesis, Cloto y Antropos. De inicio, en el relato está presente una narración cósmica de la conformación del universo. En un segundo plano la narración se torna moralizante, los justos y los buenos habrán de ser premiados por los dioses, los injustos y los malos serán castigados.
Entre lo cósmico, lo celestial y lo moral que transcurre al mito de Her, Platón no logra deshacerse de Homero ni de su obra. En la narración quedan escritas: el “alma de Agamenón”, el “alma de Epeo” –constructor del caballo de Troya- y el “alma de Ulises”, personajes que son parte de La Ilíada y La Odisea. Junto a las menciones del nombre de Homero, están las referencias nominales de los personajes homéricos. Este “nombrar” platónico del Libro X de La República,  es una paradoja que correlaciona a la reflexión y la argumentación filosófica con la poesía homérica –y con la poesía en general-. Junto a lo anterior está la estrategia de argumentación platónica en los Diálogos, que constantemente hace uso de narraciones y de figuras poéticas. El relato de Her es concebido por Platón como una “fábula” (P.245), sustancia narrativa, no propiamente filosófica, sino poética.  ¿Cómo es que Platón se juega en la escritura de sus Diálogos, este “en-tramar” que teje hilos reflexivos y argumentativos entre lo filosófico y lo poético?
En el Libro X de La República se hacen presentes indicios de lo que aquí se refiere como un “en-tramar filosófico-poético en la escritura de Platón”:

¿Puede llamarse grande a lo que ocurre en un pequeño espacio de tiempo? En efecto, el intervalo que separa nuestra infancia de la vejez es muy poca cosa comparado con la eternidad. –Ni siquiera es nada… ¿No sabes, pues, que nuestra alma es inmortal, que no muere nunca…?

Para Platón, el en-tramar sucede no en la narración poética que se anuda con lo terrenal, donde se hacen manifiestas las acciones concretas del hombre que miméticamente quedan escritas y representadas en la poesía, sino en el eidos de la eternidad y la utopía. La República es terrenal y celestial a la vez. Es el trayecto de la tierra hacia el cielo que queda significado en el mito de Her narrado por Platón.

Por tanto, si quieres creerme, convencidos de que nuestra alma es inmortal y de que, por su naturaleza, es capaz así de todos los bienes como de todos los males, seguiremos siempre por el camino que lleva a lo alto, y nos dedicaremos con todas nuestras fuerzas a la práctica de la justicia y la sabiduría. Con esto estaremos en paz con nosotros mismos y con los dioses, y después de haber alcanzado en la tierra el premio destinado a la virtud, semejante a atletas victoriosos que son llevados en triunfo, seremos felices aquí abajo y durante el viaje de mil años, cuyo relato acabamos de hacer (P.245 y 246).

El intervalo temporal entre el nacimiento y la vejez que envuelve a la vida humana, es “poca cosa” ante la eternidad platónica. La esencia del “en-tramar” tendría que estar entonces en otra dimensión más allá de lo terrenal. Un caminar de “mil años” de la tierra hacia el cielo que denota una angustia sujeta de lo filosófico y lo poético a la vez.


II
Para Aristóteles, a diferencia de Platón,  la poesía tiene un valor significativo en la vida del hombre. En este plano la trama juega un papel fundamental. La poética está escrita no como un texto que aborda  la mera composición de la trama poética, sino como una reflexión en torno a las cualidades literarias y filosóficas profundas que tienen lugar a partir de la trama. Ya en La poética podemos encontrar indicios de una reflexión de segundo grado a partir de la trama.
Aristóteles identifica seis componentes de la tragedia: el argumento o trama, los caracteres éticos, el recitado o dicción, las ideas, el espectáculo y el canto. Enseguida subraya la mayor importancia de la trama.

La más importante de todas es, sin embargo, la trama de los actos, puesto que la tragedia es reproducción imitativa no precisamente de hombres sino de sus acciones: vida, buenaventura y malaventura; y tanto malaventura como bienandanza son cosas de acción, y aun el fin es una cierta manera de acción, no de cualidad. Que según los caracteres es tal o cual, empero según las acciones se es feliz o lo contrario. Así es que, según esto, obran los actores para reproducir imitativamente las acciones, pero sólo mediante las acciones adquieren carácter. Luego actos y su trama son el fin de la tragedia. Además: sin acción no hay tragedia, más la puede haber sin caracteres… Además: si se enhebran sentencias morales, por más bien trabajadas que estén la dicción y pensamiento no se obtendrá una obra propiamente trágica, y se conseguirá por el contrario, con una tragedia deficiente en tales puntos, mas con trama o peculiar arreglo de los actos. Añádase que lo que más habla al alma en la tragedia se halla en ciertas partes de la trama, como peripecias y reconocimiento… Es, pues, la trama o argumento el principio mismo y como el alma de la tragedia, viniendo en segundo lugar los caracteres (P. 134 -135).

A diferencia de Platón, en cuyo “en-tramar filosófico-poético” lo moral está por encima de la forma de la escritura, la concepción específica de la “trama” en Aristóteles,  pondera la forma de la escritura sobre lo moral.
Se pone en claro que el concepto de “en-tramar” que se desprende del Libro X de La República, no es estrictamente planteado por Platón, sino que se deduce de la forma de escribir, reflexionar y argumentar del filósofo ateniense. Se afirmó que las cualidades del en-tramar filosófico-poético en Platón, están configuradas por un eidos utópico y eterno, que se narra en el mito de Her y en el Libro X de La República en su conjunto.
En cambio, el concepto Aristotélico de “trama” es específicamente planteado y clarificado por Aristóteles en La poética. Hablamos entonces de cualidades distintas de ambos conceptos. El concepto derivado de Platón, se deduce de su escritura filosófico-poética. El concepto aristotélico está contenido literal y explícitamente en La poética. La naturaleza de ambos conceptos es entonces distinta, pero esta cuestión no impide que puedan analizarse comparativamente.

Bibliografía
Aristóteles, La poética, 2007, Editorial de la Universidad Juárez del Estado de Durango, México.
Platón, Diálogos, Colección SEPAN CUANTOS, Num. 13B,  La República o de lo justo, P. 1 – 246, 2007, editorial Porrúa, México.

domingo, 22 de septiembre de 2013

De la desnudez de los cuerpos en el "Génesis" bíblico y en "La Odisea"



I
En el libro del Génesis Adán se descubre poseedor de un cuerpo desnudo. Hasta antes de ese momento su cuerpo no se podía sentir ni saber desnudo. Era solo cuerpo descendido de Dios, sin desnudez alguna. Ante Dios, Adán trata de esconder no su desnudez, sino su estado de conciencia ante ello, el pudor de advertirse desnudo. Pero el Dios que transcurre al antiguo y al nuevo testamento, y que desde ahí parece hacerse presente en cada lugar del mundo, se da cuenta de la vergüenza de Adán y lo reprende:

“¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo, has comido acaso del árbol que te prohibí?” El hombre respondió: “La mujer que pusiste a mi lado me dio del árbol y comí”. Yave dijo a la mujer: “¿Qué has hecho?” la mujer respondió: “La serpiente me engañó y he comido.” (Génesis: 3:9-13)

Antes de comer del árbol prohibido, al crear Dios a Eva de una costilla de Adán, ambos estaban desnudos “pero no sentían vergüenza” (Génesis 3:25). Es el pudor lo que devela la autoconciencia de la desnudez en Adán –y en Eva-. El pudor que moraliza y que como signo que aparece de manera repentina en el Génesis, nos lleva a imaginar la posibilidad de que entre un hombre y una mujer que están desnudos,  no exista la pulsión sexual. Podemos detectar en este pasaje bíblico algunos de los indicios morales que configuran el celibato sacerdotal, el mancillado celibato sacerdotal. ¿Es posible imaginar a un hombre y una mujer desnudos sin la presencia de la pulsión sexual? ¿No será esto un imperativo bíblico que en su desmesurada vocación moral se torna inhumano?
Son notorios tres componentes de este pasaje bíblico:   

·       -- La presencia de una autocoenciencia de Adán sobre su propia desnudez, en tanto antes de ello parece haber una no-desnudez, una inexistencia de la desnudez o una desnudez no autoconsciente. ¿Puede esto último pensarse como en estado pre-moral del hombre que habita la tierra? ¿En qué consistiría esta condición pre-moral que el Dios bíblico le dicta al hombre?
·       -- La presencia de una moralidad humana ante el acto de estar desnudo, que puede detectarse al manifestar Adán vergüenza por esta situación y, al reprenderlo Dios.
·        -- La presencia de un Dios omnisciente, que se percata de la autoconciencia de Adán ante su desnudez y que lo reprende ante ello. La omnisciencia y la omnipotencia de Dios son temas teológicos que a partir de La Biblia y de los catecismos religiosos resultan paradójicos.

La actuación de Dios deriva la expulsión de Adán y Eva del paraíso y da lugar también al primer indicio bíblico de un cuerpo humano que se viste. No es que Adán y Eva escogieran ellos mismos cubrir sus cuerpos con ropa, aunque la vergüenza de Adán al descubrirse desnudo asoma ya una necesidad humana de vestirse. Tampoco escogen ellos la ropa que habrá de cubrir sus cuerpos. En el antiguo testamento, es Dios quien por primera vez viste al hombre y a la mujer:

En seguida Yavé Dios hizo para el hombre y su mujer unos vestidos de piel y con ellos los vistió (Génesis 3:21).

¿Qué significa la manera en que Dios viste a los cuerpos desnudos de Adán y Eva? ¿Cómo podemos interpretar este pasaje bíblico?...

II
En La Odisea,  la diosa Atenea interviene numerosas ocasiones para apoyar o enderezar la causa de Ulises. Un procedimiento interesante para analizar la obra, sería contar el número de veces que interviene Atenea, las formas de su intervención y los efectos de ello. Lo mismo habría que hacer con Poseidón, dios antagonista de Atenea en La Odisea.
Una de las maneras de intervención de Atenea en la obra épica, es trastocando los cuerpos de los protagonistas, ya sea modificándolos física o anímicamente o, vistiéndolos.
Cuando Ulises abandona la isla de Calipso y llega a la isla de los feacios, se encuentra desnudo, lleno de suciedad y de sal marina. Ante las esclavas de Nausícaa, hija de Alcinó y Areté, reyes de los feacios, Ulises argumenta tener vergüenza y le pide a las sirvientas que lo dejen sólo para acicalarse y vestirse. Mientras Ulises atiende su maltrecho cuerpo, Atenea le favorece físicamente para que Nausícaa quede prendada de él. (La Odisea, Canto VI: 25-246).
Ya habiendo regresado a Ítaca, para pasar inadvertido ante los pretendientes de Penélope que podrían asesinarlo, Atenea vuelve a intervenir sobre el cuerpo de Ulises, modificándolo y vistiéndolo para hacerlo irreconocible:

Dicho esto, tocóle Atenea con una varita. La diosa le arrugó el hermoso cutis en los ágiles miembros, le rayó de la cabeza los blondos cabellos, púsole la piel de todo el cuerpo de tal forma que parecía la de un anciano; hízole sarnosos los ojos, antes tan bellos; vistióle unos andrajos y una túnica, que estaban rotos, sucios y manchados feamente por el humo; le echó encima el cuero grande, sin pelambre ya, de una veloz cierva; y le entregó un palo y un astroso zurrón lleno de agujeros, con su correa retorcida (Ibidem., Canto XIII: 429-438).

De la misma forma que Atenea interviene para mejorar la presencia y el cuerpo de Ulises ante Nausícaa, la diosa hace presencia ante Penélope y la torna más hermosa (Ibidem., Canto XVIII: 170-197).
Un pasaje de la historia en el que Atenea no interviene ante el cuerpo desnudo de los protagonistas, es cuando Euriclea,  nana del hijo de Laertes, lava el cuerpo de Ulises y le descubre,  al detectar la cicatriz de una herida que el personaje se hizo cuando niño (Ibidem., Canto XVII: 335-508).
La intervención de los dioses griegos en La Ilíada y La Odisea, a diferencia de las presencias de Dios en los textos bíblicos, puede interpretarse considerando motivos divinos que se entremezclan con motivos humanos. A lo largo de La Odisea, Ulises es favorecido por la diosa Atenea, mientras Poseidón trata de afectarlo.
Atenea, diosa de la guerra, la civilización, la  estrategia, y la justicia, ayuda a Ulises en su retorno a Ítaca. Lo mismo interviene ante Ulises, que ante Telemaco -hijo del protagonista-,  Penelope u otros personajes.
Atenea interviene los cuerpos de Ulises y de Penélope, modificándolos o vistiéndolos, con el afán de que Ulises cumpla la travesía de regreso a su tierra natal y se reencuentre con su amada y demás seres queridos.
¿Pero, no es la trama de la historia, la que convirtiéndose en una fuerza centrípeta que jalona a los personajes humanos y divinos hacia su conformación, juega un papel de acogimiento de los personajes? ¿Son los personajes los que se inscriben en la trama y la enrumban? ¿O es la trama la que se inscribe en ellos y los arraiga en su transcurso?
¿Es Atenea quien modifica y viste a los cuerpos de Ulises y Penélope? ¿O es el desenvolvimiento de la trama el que deriva que Atenea, Ulises y Penélope,  queden envueltos en las maneras de transformar y cubrir de ropas a los cuerpos de los protagonistas en la historia?...


Bibliografía
Auerbach E., Mimesis. La representación de la realidad en la literatura occidental, 1996, Fondo de Cultura Económica, México.
Homero, La Odisea, 2012, Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuantos, México.
La Biblia, edición Latinoamericana, 2005, Editorial Verbo Divino, España.



domingo, 15 de septiembre de 2013

La reforma educativa analizada por Manuel Gil Antón, profesor-investigador especialista en educación de El Colegio de México

Mediante una lúcida y claridosa analogía, el sociólogo e investigador educativo, Manuel Gil Antón, desnuda y cuestiona a la reduccionista "reforma educativa". Para Gil Antón esta no es una "reforma educativa", sino una "serie de modificaciones para ver quien controla al magisterio".  Anteriormente el SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) controlaba a los maestros con la anuencia de la SEP (Secretaría de Educación Pública) y el gobierno federal. Con los cambios a la legislación educativa, la SEP pretende retomar el control de los maestros, pero los cotos de poder desde los estados (los gobiernos estatales y las secciones sindicales)  podrían  echar abajo esa posibilidad. Gil Antón desaprueba las actitudes radicales de la CNTE (Coordinadora Nacional  de Trabajadores de la Educación) que afectan a terceros, también está en desacuerdo con la línea violenta y racista de los medios de comunicación ante las protestas magisteriales. En concordancia con Silvia Schmelkes, presidenta del INEE (Instituto Nacional de Evaluación Educativa), Gil Antón concluye que apenas se va generando un escenario para debatir y acordar lo que podría ser una verdadera reforma educativa, ya sin las prisas y las presiones políticas que han venido teniendo lugar de diciembre de 2012 a la fecha... 



lunes, 2 de septiembre de 2013

La artificiosa democracia representativa



Además de imperfecta, la democracia representativa importada de Europa y de los Estados Unidos, se ha convertido en refugio de una parte de la clase política que desboca al país hacia el neoliberalismo. Si los panistas no lograron las reformas que hasta este momento ha alcanzado el peñanietismo, es porque les faltó astucia y les sobró estupidez, amén del fraude electoral de 2006. Hoy el peñanietismo retoma el aura reformista del salinato. Primero la reforma laboral que legisla y normaliza  la precarización que existe en el mundo del trabajo en México desde la década de los ochentas del siglo XX. Luego la reforma educativa,  que sesga el debate hacia la figura del maestro, mientras las condiciones complejas y profundas de los problemas educativos en México –que están presentes desde la década de 1960, y que se han intentado corregir inútilmente desde el Plan de los Once Años a la fecha- no han sido debatidas ni consideradas en las políticas públicas.
Vendrían enseguida la reforma fiscal y la energética, que después del albazo para aprobar la Ley del Servicio Profesional Docente, se asoman dictadas desde los pinos y cobijadas bajo el mayoriteo priista y panista, junto con el PANAL y el PVEM. El lugar del PRD en el poder legislativo, hoy trastocado por el Pacto por México, es un limbo maldito entre la socialdemocracia de una izquierda moderada y los reclamos por el entreguismo y la abdicación ideológica.Todas las re-definiciones y re-acomodos de las izquierdas, a fines del siglo XX y principios del XXI, cargan con los fantasmas verídicos de la no-muerte del marxismo.
La resquebrajada democracia representativa que lleva a los políticos de profesión al poder, subsiste: entre los fraudes y las trampas electorales –que en 1988, 2006 y 2012 se mostraron de forma grotesca-; entre el abstencionismo y la representatividad que se diluye en la partidocracia, la pactocracia y los grupos de poder que entremezclan la macroeconomía y la macropolítica (no la microeconomía ni la micropolítica de los ciudadanos de a pie); entre la democracia normativa que ordena y somete y, el vaciamiento de la política como un ejercicio de seres humanos de carne hueso que no tendrían porque dejar de mirarse frente a frente y a los ojos.
La democracia representativa, artificiosa y mítica, delirante desde su propio discurso de autoinstauración,  que se repite una y otra vez y que en los hechos falla, también de manera reiterada. Un modelo que en-cubre los cinismos de la clase política en contubernio consigo misma, con los sectores empresariales y con los organismos financieros del gran capital. La democracia representativa que se esconde en los bunkers legislativos y en los corrillos del poder cupular. La aristócrata democracia representativa.
Esta forma de seguir engañándonos, como si la política en México pudiera ser lo que no ha sido…