lunes, 1 de julio de 2019

Las penurias de los intelectuales orgánicos en el siglo XXI


1.- En la era de los veganos y los alimentos producidos con fertilizantes naturales (o artificiales), los intelectuales orgánicos pueden ser producidos en macetas, en invernaderos o en terreno abierto.

2.- Los intelectuales orgánicos son resistentes al cambio climático que lo mismo puede generar sequías prolongadas que tormentas intempestivas, su sobrevivencia es un fervor o un pragmatismo desnudo.

3.- Los intelectuales orgánicos pueden ser de derecha o de izquierda. La política del siglo XXI deja en claro que la ideología puede ser flexible, como la banda elástica de la ropa interior que de un solo movimiento deja de cubrir las partes íntimas para caer hasta el suelo.

4.- Según las listas publicadas de quienes cobran en la ventanilla de Palacio, algunos intelectuales orgánicos llevan al límite la premisa invertida de López Portillo: “No te pago para que me pegues.”

5.- Otros intelectuales orgánicos prestan sus servicios de manera gratuita y voluntaria. Y aunque aparentemente su labor no trae consigo costos monetarios, termina siendo un trabajo costoso por su carga de negatividad ideológica y política.

6.- A los intelectuales orgánicos que prestan servicios gratuitos y voluntarios al régimen en turno, les calza a la perfección el concepto de “fantasía ideológica” planteado por Žižek: «Hemos dado ahora un paso decisivo hacia adelante: hemos establecido una nueva manera de leer la fórmula marxiana “ellos no saben lo que hacen pero lo hacen”: la ilusión no está del lado del saber, está ya del lado de la realidad, de lo que la gente hace. Lo que ellos no saben, es que su realidad social, su actividad, esta guiada por una ilusión, por una inversión fetichista. Lo que ellos dejan de lado, lo que reconocen falsamente, no es la realidad, sino la ilusión que estructura su realidad, su actividad social real. Saben muy bien cómo son en realidad las cosas, pero aún así, hacen como si no lo supieran.» (“El sublime objeto de la ideología”, 2003).

7.- La labor de los intelectuales orgánicos no es entonces un engaño o auto-engaño, sino una fórmula de “superación colectiva”. Los autores de los besteller más vendidos de principios del siglo XXI son los creadores de la “filosofía de superación personal”, los intelectuales más orgánicos del régimen en turno son los creadores de una “filosofía de superación colectiva”. Ambos son primos-hermanos de la mitología.

8.- Los intelectuales orgánicos no dicen verdades ni mentiras, tan solo inventan veredas para ir de un lado a otro entre los andaderos del poder.

9.- En la era de las redes sociales, la figura del intelectual orgánico se ha democratizado a tal extremo, que puede ser sustituida por un bot.

10.- De cualquier forma, todo intelectual orgánico espera ser beatificado en algún momento de su-bida o de bajada.