(Artículo publicado en la revista "Aserto" del mes de febrero).
Si el voto aún sirve para algo que por
favor alguien me lo diga, que alguien pueda sostenerlo con solvencia por un
tiempo suficiente antes de su nueva caída. El sistema electoral que se cayó en
1988 cuando Manuel Barlett era secretario de gobernación, ese sistema que se
había caído desde muchos años atrás, se sigue cayendo todavía. En medio del
vendaval de esta caída, el voto queda envuelto por las corrientes de aire de la
historia que no le pertenece a la gente del pueblo, a los ciudadanos comunes y
corrientes.
Por más que busco algún indicio sólido
que pueda evidenciar la utilidad del voto, al poco tiempo ese indicio se
derrumba. Después del triunfo del PAN y de Vicente Fox, en una marcha
multitudinaria los electores cargaron un ataúd envuelto con la bandera del PRI,
simbolizando la muerte del partido que institucionalizó y anuló a la revolución
mexicana. Pero paradójicamente, como mecanismo político y electoral, el voto
que trazó la derrota del PRI-sistema en el año 2000, restauró y magnificó el
poder de este partido doce años después. Nos hemos dado cuenta que lo que
estaba adentro del ataúd cargado por los electores convulsionados por el
supuesto triunfo de la sucesión democrática, era el voto significado como
inútil. A los pocos meses de ejercer el poder, Fox demostró que el voto para
des-empoderar al PRI y empoderar al PAN,
no había servido para nada. La inutilidad del voto es una afrenta histórica de
la cual los mexicanos no hemos logrado desprendernos. Al igual que sucedió con
el caso de Vicente Fox en el año 2000, comienza a suceder con el caso del
“Bronco” en Nuevo León, del fervor depositado en el voto en pos del cambio, se
pasa al desencantamiento.
En su inscripción en una boleta
electoral, el voto es un pequeño papel que en sus vaivenes se va borrando poco
a poco, hasta casi perderse. Una boleta electoral, sin inscripción alguna (el
voto en blanco), lo mismo tachada por un partido que por otro, por un candidato
que por otro, no anulada o anulada, rayada de lado a lado, con mensajes obscenos
que recuerdan a la madre de alguien: “Aprovechando que los agarro a todos
juntitos: chinguen a su madre los partidos políticos”. Esta declaratoria
escrita en una boleta electoral, que ha circulado como un meme en las redes
sociales, va dedicada a los partidos, a los candidatos y a la clase política
toda. Este uso alterno de la boleta electoral, del voto pues, es una jugada de
ironías cruzadas, que lo mismo puede interpretarse como el derrumbamiento
institucional del voto, que como un acto contestatario para desviar sus usos
normalizados, reglamentados y sobre-reglamentados.
Lo anterior es un pequeño indicio de
que tal vez el voto pueda servir para algo. Pero su uso en este caso, muy
similar a la pared de un baño que va siendo llenada con albures y con grafiti,
tiene también limitantes que resultan desconcertantes. ¿Qué significa que el
uso de la boleta electoral, del mecanismo del voto, se convierta en una
superficie de inscripciones para rayarle la madre a los políticos y a la
política toda, sin que más allá de ello exista una respuesta al acto
contestatario? Porque a fin de cuentas, después del insulto parece no haber
respuestas ni adversarios, no hay una clase política que se sienta aludida ante
la memoria mancillada de la madre de alguien. El anonimato del sujeto político
que escribió la frase insultante en la boleta electoral, y el anonimato de la
dedicatoria del mensaje ominoso hacia todos los políticos y hacia ninguno en
particular, evidencian lo vacío de este uso de la boleta electoral y del voto. Convertido
en un meme, el voto queda virtualizado y arrinconado en los usos
des-politizados de las redes sociales. Porque en las redes sociales, la
política tecnificada por los usos del internet también se vacía de contenido y
de sentido. El vaciamiento político y social que se hace presente en el
mecanismo del “Like” en la plataforma del Facebook, es muy parecido al vaciamiento
del voto como mecanismo de sostén político de la democracia. Tanto el mecanismo
de “Like” de Facebook, como el mecanismo del voto que sigue intentando
estructurar a la política, se han convertido en formas de deconstrucción y
vaciamiento del sentido político. Si la política existe en ellos, a través de
ellos, es para vaciarse de sentido, para esconder sus claroscuros en estos
mecanismos de preferencias y repugnancias que se contabilizan una y otra vez,
para ser olvidados enseguida. ¿Dónde están las boletas que se quemaron después
de la elección de 1988 en los sótanos del edificio de la cámara de
diputados? ¿Dónde están los restos de la
consigna del “voto por voto”, que fue el
cántico poselectoral del 2006?
En la rayada de madre que se lanza al
anonimato en una boleta electoral, se hace presente un trance político que va
de la desesperación a la desesperanza. Lo que pueda hacerse con el voto en los
intentos por restaurar su utilidad política, tal vez no tenga un más allá. Tal
vez termine hundiéndose en la risa y la ironía que se enfrascan en sí mismas. Después
de generar risa, una boleta electoral convertida en meme pasa a la historia sin
hacer historia más allá de la risa. Este uso alterno del voto electoral se
vacía en el instante de la risa, lo mismo que el voto en blanco que se pierde
en la contabilidad del voto nulo, lo mismo que la contabilidad de las boletas
no votadas que son catalogadas como “abstencionismo”. La sintomatología es posmoderna, son los
andaderos del derrumbamiento de la política, que aún existe más allá del voto y
de la boleta electoral.
He aquí el hallazgo y la paradoja. La
política del siglo XXI, aún fundada en la maquinaria de la boleta electoral y
del voto, se define en lo sustantivo más allá del voto. Sus demarcaciones
fundamentales no descansan en el voto. Aunque el voto tiene que seguir siendo
una falacia sostenible. Es esto lo que acaba de suceder con el nombramiento del
candidato del PRI al gobierno del estado en Chihuahua: Enrique Serrano. En la
misma situación están los nombramientos de los candidatos de otros partidos, para la candidatura al gobierno estatal y para
otras candidaturas. El voto no se hace presente aquí, y sin embargo los
enrumbamientos electorales ya están
dados. Desde el 23 de diciembre del 2015, los priistas actúan como si Serrano
ya hubiese sido electo gobernador de Chihuahua, sin necesidad de votos de por
medio. Antes y después del voto, por sobre el voto, hay una sustancia que
define los caminos de la política local y nacional , y que sin embargo se
aproxima de manera torcida al voto. De esta sustancia vienen conceptos como:
“gran elector”, “dedazo” “ungido” y “candidato por consenso”. En los
procedimientos del “gran elector”, del “dedazo”, del “ungido” y del “candidato
por consenso”, no existe el voto multitudinario, no existen el pueblo ni la
ciudadanía como sujetos colectivos de la política que ejercen el voto. Existe
un nombramiento que anula el voto meses antes de que pueda ser posible, existe
el vaciamiento del voto legal y políticamente establecido…