lunes, 22 de febrero de 2016

De lo vacío del voto como una forma de hundimiento de la política



(Artículo publicado en la revista "Aserto" del mes de febrero).

Si el voto aún sirve para algo que por favor alguien me lo diga, que alguien pueda sostenerlo con solvencia por un tiempo suficiente antes de su nueva caída. El sistema electoral que se cayó en 1988 cuando Manuel Barlett era secretario de gobernación, ese sistema que se había caído desde muchos años atrás, se sigue cayendo todavía. En medio del vendaval de esta caída, el voto queda envuelto por las corrientes de aire de la historia que no le pertenece a la gente del pueblo, a los ciudadanos comunes y corrientes.
Por más que busco algún indicio sólido que pueda evidenciar la utilidad del voto, al poco tiempo ese indicio se derrumba. Después del triunfo del PAN y de Vicente Fox, en una marcha multitudinaria los electores cargaron un ataúd envuelto con la bandera del PRI, simbolizando la muerte del partido que institucionalizó y anuló a la revolución mexicana. Pero paradójicamente, como mecanismo político y electoral, el voto que trazó la derrota del PRI-sistema en el año 2000, restauró y magnificó el poder de este partido doce años después. Nos hemos dado cuenta que lo que estaba adentro del ataúd cargado por los electores convulsionados por el supuesto triunfo de la sucesión democrática, era el voto significado como inútil. A los pocos meses de ejercer el poder, Fox demostró que el voto para des-empoderar  al PRI y empoderar al PAN, no había servido para nada. La inutilidad del voto es una afrenta histórica de la cual los mexicanos no hemos logrado desprendernos. Al igual que sucedió con el caso de Vicente Fox en el año 2000, comienza a suceder con el caso del “Bronco” en Nuevo León, del fervor depositado en el voto en pos del cambio, se pasa al desencantamiento.
En su inscripción en una boleta electoral, el voto es un pequeño papel que en sus vaivenes se va borrando poco a poco, hasta casi perderse. Una boleta electoral, sin inscripción alguna (el voto en blanco), lo mismo tachada por un partido que por otro, por un candidato que por otro, no anulada o anulada, rayada de lado a lado, con mensajes obscenos que recuerdan a la madre de alguien: “Aprovechando que los agarro a todos juntitos: chinguen a su madre los partidos políticos”. Esta declaratoria escrita en una boleta electoral, que ha circulado como un meme en las redes sociales, va dedicada a los partidos, a los candidatos y a la clase política toda. Este uso alterno de la boleta electoral, del voto pues, es una jugada de ironías cruzadas, que lo mismo puede interpretarse como el derrumbamiento institucional del voto, que como un acto contestatario para desviar sus usos normalizados, reglamentados y sobre-reglamentados.
Lo anterior es un pequeño indicio de que tal vez el voto pueda servir para algo. Pero su uso en este caso, muy similar a la pared de un baño que va siendo llenada con albures y con grafiti, tiene también limitantes que resultan desconcertantes. ¿Qué significa que el uso de la boleta electoral, del mecanismo del voto, se convierta en una superficie de inscripciones para rayarle la madre a los políticos y a la política toda, sin que más allá de ello exista una respuesta al acto contestatario? Porque a fin de cuentas, después del insulto parece no haber respuestas ni adversarios, no hay una clase política que se sienta aludida ante la memoria mancillada de la madre de alguien. El anonimato del sujeto político que escribió la frase insultante en la boleta electoral, y el anonimato de la dedicatoria del mensaje ominoso hacia todos los políticos y hacia ninguno en particular, evidencian lo vacío de este uso de la boleta electoral y del voto. Convertido en un meme, el voto queda virtualizado y arrinconado en los usos des-politizados de las redes sociales. Porque en las redes sociales, la política tecnificada por los usos del internet también se vacía de contenido y de sentido. El vaciamiento político y social que se hace presente en el mecanismo del “Like” en la plataforma del Facebook, es muy parecido al vaciamiento del voto como mecanismo de sostén político de la democracia. Tanto el mecanismo de “Like” de Facebook, como el mecanismo del voto que sigue intentando estructurar a la política, se han convertido en formas de deconstrucción y vaciamiento del sentido político. Si la política existe en ellos, a través de ellos, es para vaciarse de sentido, para esconder sus claroscuros en estos mecanismos de preferencias y repugnancias que se contabilizan una y otra vez, para ser olvidados enseguida. ¿Dónde están las boletas que se quemaron después de la elección de 1988 en los sótanos del edificio de la cámara de diputados?  ¿Dónde están los restos de la consigna del “voto por voto”,  que fue el cántico poselectoral del 2006?
En la rayada de madre que se lanza al anonimato en una boleta electoral, se hace presente un trance político que va de la desesperación a la desesperanza. Lo que pueda hacerse con el voto en los intentos por restaurar su utilidad política, tal vez no tenga un más allá. Tal vez termine hundiéndose en la risa y la ironía que se enfrascan en sí mismas. Después de generar risa, una boleta electoral convertida en meme pasa a la historia sin hacer historia más allá de la risa. Este uso alterno del voto electoral se vacía en el instante de la risa, lo mismo que el voto en blanco que se pierde en la contabilidad del voto nulo, lo mismo que la contabilidad de las boletas no votadas que son catalogadas como “abstencionismo”.  La sintomatología es posmoderna, son los andaderos del derrumbamiento de la política, que aún existe más allá del voto y de la boleta electoral.
He aquí el hallazgo y la paradoja. La política del siglo XXI, aún fundada en la maquinaria de la boleta electoral y del voto, se define en lo sustantivo más allá del voto. Sus demarcaciones fundamentales no descansan en el voto. Aunque el voto tiene que seguir siendo una falacia sostenible. Es esto lo que acaba de suceder con el nombramiento del candidato del PRI al gobierno del estado en Chihuahua: Enrique Serrano. En la misma situación están los nombramientos de los candidatos de otros partidos,  para la candidatura al gobierno estatal y para otras candidaturas. El voto no se hace presente aquí, y sin embargo los enrumbamientos  electorales ya están dados. Desde el 23 de diciembre del 2015, los priistas actúan como si Serrano ya hubiese sido electo gobernador de Chihuahua, sin necesidad de votos de por medio. Antes y después del voto, por sobre el voto, hay una sustancia que define los caminos de la política local y nacional , y que sin embargo se aproxima de manera torcida al voto. De esta sustancia vienen conceptos como: “gran elector”, “dedazo” “ungido” y “candidato por consenso”. En los procedimientos del “gran elector”, del “dedazo”, del “ungido” y del “candidato por consenso”, no existe el voto multitudinario, no existen el pueblo ni la ciudadanía como sujetos colectivos de la política que ejercen el voto. Existe un nombramiento que anula el voto meses antes de que pueda ser posible, existe el vaciamiento del voto legal y políticamente establecido…

jueves, 18 de febrero de 2016

Carlos Montemayor, por un no-amansamiento del hombre y de la obra



En un texto anterior hablé de las “formas de capitular la ausencia de Carlos Montemayor”. En su momento no clarifiqué suficientemente este concepto, que fue planteado en un evento de las Jornadas Culturales Carlos Montemayor,  en junio de 2012, en Parral, Chihuahua.
En términos militares, “capitular” significa “rendirse o entregar una plaza al enemigo”. Quiere decir también “abandonar una discusión o pugna por cansancio o por la fuerza de los argumentos contrarios”. Un tercer significado tiene que ver con un “pacto o acuerdo entre dos o más personas”. 
El concepto referido en torno a la figura de Montemayor,  critica las formas  mediante las cuales nos hemos ido apropiando del nombre y de la obra de Carlos Montemayor en Chihuahua. Posterior a la muerte del parralense, hay un amansamiento del intelectual de izquierda y de su obra, una apropiación dulcificada de la voz áspera y aguijoneante del pensador y activista político que a lo largo de muchos años criticó e hizo reclamos a las instituciones políticas y sociales de nuestro país.
El primer indicio que puede percibirse es la captura del nombre a través de las instituciones gubernamentales y educativas.  En junio de 2010, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) asignó el nombre de “Carlos Montemayor” a su biblioteca central. En junio de 2012,  habitaciones del segundo piso de la Quinta Gameros, administrada por la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), fueron nombradas “Sala Carlos Montemayor”. En agosto de 2012, el gobierno del estado de Chihuahua, inauguró el Centro Cultural Bicentenario “Carlos Montemayor”. En Parral, las jornadas culturales a nombre de Carlos Montemayor se han convertido en un evento de pose social. La criticidad de Montemayor ha sido arrinconada en el des-uso del usufructo posmoderno, donde la historia y las posibilidades contestatarias se convierten en objetos de museo, meras arquitecturas que lo mismo funcionan para el establishment cultural que social. Lo que cuenta es la pose y el usufructo que de ello pueda generarse
El nombre de “Carlos Montemayor” colocado en edificios culturales o bibliotecarios, se fija y aquieta entre las paredes y el techo, entre el metal y el vidrio, entre los muebles y los pasadizos arquitectónicos  de un proyecto  gubernamental o educativo. El develamiento de las placas de bronce  que inauguran a estos edificios con el nombre de “Carlos Montemayor”,   es el oscurecimiento del perfil crítico y contestatario del escritor y activista político. Las placas de bronce colocadas en estos edificios “en nombre de Carlos Montemayor”,  llevan a su figura a la historia de bronce, la historia que dulcifica y mitifica a los intelectuales y a otros más.
El nombre y el ser de “Carlos Montemayor”, su intelectualidad crítica, su activismo político de izquierda,  no radican en el cemento que constituye a  la arquitectura de un centro cultural o de una biblioteca, no está en esas paredes y techos que encuadran y delimitan al saber depositado en la cultura y los libros, no está en el bronce de una placa que nombra un edificio. Su nombre posee otra condición pétrea que puede leerse en el cierre del poema “Elegía de Tlatelolco (1968)”:

Todo quedó en esta plaza
tantas piedras lastimando el aire
tanta piedra que oyó el múltiple estertor
de muchachos y quedó en su raíz
la amargura y la dulzura de este silencio
(la luz precipitada en el cielo me descubre
y el afecto del día llega al dolor a través de la mirada
imposible olvidar
imposible quedarse muerto)…