(Artículo en publicación en la revista “Aserto” del mes de junio)
Cuando las elecciones dejen de
significar a la esperanza, cuando de manera abrumadora se conviertan en simulacro
y en vacío, en aspaviento de lo peor de lo humano, y se llegue entonces a la
plena desesperanza y el sinsentido, las sociedades estarán iniciando la
escritura de su propio epitafio. Hay quienes afirman que esto ya sucedió de
manera inminente en México en las últimas décadas. Hay quienes dicen que esta
situación se ha acentuado en los recientes procesos electorales y que el país se
desbarranca lentamente hacia uno de sus momentos históricos más negros y
aciagos. En 2016 se celebran elecciones en 12 estados del país y la
desesperanza es una sombra de la que no logramos desprendernos. Por momentos,
la desesperanza resulta abrumadora.
A contracorriente, las elecciones por
la gubernatura del estado de Chihuahua se juegan en un capítulo a distancia de
la desesperanza. La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado trae
consigo un resurgimiento de la esperanza. Las elecciones recién concluidas,
bajo la derrota o el triunfo de Corral, son un cuerpo político y social que nos
permite asomarnos a los latidos y la respiración de la esperanza. Si algo va
quedando manifiesto en 2016 en Chihuahua, es la esperanza que persiste y
sacude.
La esperanza depositada en Javier Corral, se desprende de motivos
distintos a los que tuvieron lugar en los procesos electorales de las décadas
de 1980 y 1990 en Chihuahua y en México. En las décadas finales del siglo XX,
la esperanza estaba aún fijada en los partidos políticos como instituciones que
garantizaban la transformación política y social del país. En 2016, la
esperanza se deposita sobre todo en la figura de Javier Corral, cuya
trayectoria se caracteriza por una congruencia política desde la oposición al
sistema priista (y panista). En las décadas de 1980 y 1990 la esperanza
mantenía una carga de ingenuidad, había una fe plena y quizá desbocada en los
actores políticos opositores al priismo y en las instituciones electorales. En
2016, la esperanza es comedida, no hay ingenuidad ni entrega total en las
creencias políticas depositadas en la figura de Javier Corral. A fin de
cuentas, la compleja correlación esperanza-desesperanza tiene una larga historia recorrida por los
pasillos y los sótanos de la política nacional. La sociedad ya no es la misma
esperanzada de hace 30 años.
Hacia las décadas de 1980 y 1990, las
elecciones tuvieron una gran relevancia política para amplios sectores de la
sociedad mexicana. Las expectativas de transformación se fijaron de manera
rotunda en los partidos opositores al PRI-sistema y en las instituciones
electorales. Los triunfos del PAN en las presidencias municipales de mayor peso
en el estado de Chihuahua en la década de 1980
y la llegada de Francisco Barrio a la gubernatura del estado en 1992,
trajeron consigo los bríos de un optimismo que desbordaba en esperanza.
Las elecciones de 1997 en las cuales
el PAN y el PRD le quitaron al PRI la mayoría en el congreso federal, y en las
que el PRD ganó con Cuauhtémoc Cárdenas la jefatura del Distrito Federal, jugaron el mismo papel de activación de la
esperanza. Algo similar ocurrió con las elecciones de los años 2006 y 2012,
cuando López Obrador estuvo a punto de ganar la presidencia de la república
desde la izquierda. Aunque la activación de la esperanza en los procesos
electorales de 2006 y 2012 tuvo lugar en un contexto diferente al de las
décadas finales del siglo XX. La esperanza y el optimismo han sido erosionados
desde varios flancos. El ejercicio de gobierno del PAN desde la oposición
durante los sexenios de Fox y de Calderón que culminó en insatisfacciones y
fracasos, el empoderamiento desmesurado de los gobiernos estatales convertidos
en feudos y la continuidad de la corrupción, la injusticia y el cinismo de la
clase política, son factores que han retroalimentado a la desesperanza.
De 30 años a la fecha, hemos vivido
los vaivenes y la transformación de la esperanza. El proceso electoral de 2016 es
un territorio de sinergia que reactivó a la esperanza en algunos sectores de la
sociedad chihuahuense. Los factores que contribuyeron a la reactivación de la
esperanza en Chihuahua son diversos: el cinismo de César Duarte y su grupo de
poder, la profunda crisis de gobernabilidad que se vive a partir de problemas
no resueltos (como el Vivebús y los efectos de la violencia derivados de la
actuación del crimen organizado y la permisividad gubernamental), el
desconocimiento y el maltrato político permanentes a los grupos de oposición
locales, la formación de Alianza Ciudadana como catalizador del descontento
social y el nombramiento de Javier Corral como candidato a la gubernatura por
el PAN. Sumados y entrecruzados estos factores, dieron lugar a una sinergia que
derivó en la reactivación de la esperanza.
Pero el componente de mayor peso en la
reactivación de la esperanza, tiene que ver con una cualidad que forma parte
del espíritu histórico de la sociedad chihuahuense. En amplios sectores de la
sociedad chihuahuense, hay una dignidad que se sobrepone y que ha brotado en
diversos momentos históricos. Es una dignidad que una y otra vez señala los
actos de corrupción, que cuestiona la injusticia, que reclama mejores
condiciones de vida para las mayorías, que no deja de hacerse presente. Es una
dignidad que se traduce en indignación, en descontento y en reclamos que brotan
desde distintos frentes y que a veces se convierten en un grito de miles y
miles, tal como ha sucedido en las elecciones locales del 2016.
La indignación persiste y se
reconfigura. La indignación es la pedagogía del no-cansancio, de la
persistencia en las trincheras sociales y políticas en la búsqueda por la
transformación (Freire, “Pedagogía de la indignación, 2015). La indignación,
como soporte ideológico y político de los movimientos altermundistas en los
últimos años, tiene su propia versión histórica en Chihuahua.
Desde luego que hay una correlación
directa entre la indignación y la reactivación de la esperanza en las
elecciones del 2016 en Chihuahua. Mientras la condición humana, social y
política de la indignación persista, las dosis de esperanza, grandes o
pequeñas, manifiestas o latentes, tendrán un resguardo histórico a futuro. Quede
quien quede al frente del gobierno del estado, este no es un asunto menor. De una
o de otra forma, la indignación se traduce en facturas políticas e históricas
que han de ser cobradas.
Los votos emitidos en favor de Javier
Corral, no significan solamente su derrota o su triunfo. Son el peso no
cuantificable de la indignación, son una muestra de la capacidad de resistencia
política de la sociedad chihuahuense, que hasta el momento ha sabido
resignificar a la esperanza…