jueves, 2 de junio de 2016

Las elecciones y la resignificación de la esperanza



(Artículo en publicación  en la revista “Aserto” del mes de junio)

Cuando las elecciones dejen de significar a la esperanza, cuando de manera abrumadora se conviertan en simulacro y en vacío, en aspaviento de lo peor de lo humano, y se llegue entonces a la plena desesperanza y el sinsentido, las sociedades estarán iniciando la escritura de su propio epitafio. Hay quienes afirman que esto ya sucedió de manera inminente en México en las últimas décadas. Hay quienes dicen que esta situación se ha acentuado en los recientes procesos electorales y que el país se desbarranca lentamente hacia uno de sus momentos históricos más negros y aciagos. En 2016 se celebran elecciones en 12 estados del país y la desesperanza es una sombra de la que no logramos desprendernos. Por momentos, la desesperanza resulta abrumadora.  
A contracorriente, las elecciones por la gubernatura del estado de Chihuahua se juegan en un capítulo a distancia de la desesperanza. La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado trae consigo un resurgimiento de la esperanza. Las elecciones recién concluidas, bajo la derrota o el triunfo de Corral, son un cuerpo político y social que nos permite asomarnos a los latidos y la respiración de la esperanza. Si algo va quedando manifiesto en 2016 en Chihuahua, es la esperanza que persiste y sacude.
La esperanza depositada  en Javier Corral, se desprende de motivos distintos a los que tuvieron lugar en los procesos electorales de las décadas de 1980 y 1990 en Chihuahua y en México. En las décadas finales del siglo XX, la esperanza estaba aún fijada en los partidos políticos como instituciones que garantizaban la transformación política y social del país. En 2016, la esperanza se deposita sobre todo en la figura de Javier Corral, cuya trayectoria se caracteriza por una congruencia política desde la oposición al sistema priista (y panista). En las décadas de 1980 y 1990 la esperanza mantenía una carga de ingenuidad, había una fe plena y quizá desbocada en los actores políticos opositores al priismo y en las instituciones electorales. En 2016, la esperanza es comedida, no hay ingenuidad ni entrega total en las creencias políticas depositadas en la figura de Javier Corral. A fin de cuentas, la compleja correlación esperanza-desesperanza  tiene una larga historia recorrida por los pasillos y los sótanos de la política nacional. La sociedad ya no es la misma esperanzada de hace 30 años.  
Hacia las décadas de 1980 y 1990, las elecciones tuvieron una gran relevancia política para amplios sectores de la sociedad mexicana. Las expectativas de transformación se fijaron de manera rotunda en los partidos opositores al PRI-sistema y en las instituciones electorales. Los triunfos del PAN en las presidencias municipales de mayor peso en el estado de Chihuahua en la década de 1980  y la llegada de Francisco Barrio a la gubernatura del estado en 1992, trajeron consigo los bríos de un optimismo que desbordaba en esperanza.
Las elecciones de 1997 en las cuales el PAN y el PRD le quitaron al PRI la mayoría en el congreso federal, y en las que el PRD ganó con Cuauhtémoc Cárdenas la jefatura del Distrito Federal,  jugaron el mismo papel de activación de la esperanza. Algo similar ocurrió con las elecciones de los años 2006 y 2012, cuando López Obrador estuvo a punto de ganar la presidencia de la república desde la izquierda. Aunque la activación de la esperanza en los procesos electorales de 2006 y 2012 tuvo lugar en un contexto diferente al de las décadas finales del siglo XX. La esperanza y el optimismo han sido erosionados desde varios flancos. El ejercicio de gobierno del PAN desde la oposición durante los sexenios de Fox y de Calderón que culminó en insatisfacciones y fracasos, el empoderamiento desmesurado de los gobiernos estatales convertidos en feudos y la continuidad de la corrupción, la injusticia y el cinismo de la clase política, son factores que han retroalimentado a la desesperanza.
De 30 años a la fecha, hemos vivido los vaivenes y la transformación de la esperanza. El proceso electoral de 2016 es un territorio de sinergia que reactivó a la esperanza en algunos sectores de la sociedad chihuahuense. Los factores que contribuyeron a la reactivación de la esperanza en Chihuahua son diversos: el cinismo de César Duarte y su grupo de poder, la profunda crisis de gobernabilidad que se vive a partir de problemas no resueltos (como el Vivebús y los efectos de la violencia derivados de la actuación del crimen organizado y la permisividad gubernamental), el desconocimiento y el maltrato político permanentes a los grupos de oposición locales, la formación de Alianza Ciudadana como catalizador del descontento social y el nombramiento de Javier Corral como candidato a la gubernatura por el PAN. Sumados y entrecruzados estos factores, dieron lugar a una sinergia que derivó en la reactivación de la esperanza.
Pero el componente de mayor peso en la reactivación de la esperanza, tiene que ver con una cualidad que forma parte del espíritu histórico de la sociedad chihuahuense. En amplios sectores de la sociedad chihuahuense, hay una dignidad que se sobrepone y que ha brotado en diversos momentos históricos. Es una dignidad que una y otra vez señala los actos de corrupción, que cuestiona la injusticia, que reclama mejores condiciones de vida para las mayorías, que no deja de hacerse presente. Es una dignidad que se traduce en indignación, en descontento y en reclamos que brotan desde distintos frentes y que a veces se convierten en un grito de miles y miles, tal como ha sucedido en las elecciones locales del 2016.  
La indignación persiste y se reconfigura. La indignación es la pedagogía del no-cansancio, de la persistencia en las trincheras sociales y políticas en la búsqueda por la transformación (Freire, “Pedagogía de la indignación, 2015). La indignación, como soporte ideológico y político de los movimientos altermundistas en los últimos años, tiene su propia versión histórica en Chihuahua.
Desde luego que hay una correlación directa entre la indignación y la reactivación de la esperanza en las elecciones del 2016 en Chihuahua. Mientras la condición humana, social y política de la indignación persista, las dosis de esperanza, grandes o pequeñas, manifiestas o latentes, tendrán un resguardo histórico a futuro. Quede quien quede al frente del gobierno del estado, este no es un asunto menor. De una o de otra forma, la indignación se traduce en facturas políticas e históricas que han de ser cobradas.
Los votos emitidos en favor de Javier Corral, no significan solamente su derrota o su triunfo. Son el peso no cuantificable de la indignación, son una muestra de la capacidad de resistencia política de la sociedad chihuahuense, que hasta el momento ha sabido resignificar a la esperanza…