jueves, 2 de junio de 2016

Sobre la impura esencia de la izquierda


(Artículo publicado en la revista “Aserto” del mes de mayo”)

I
La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado de Chihuahua dibuja una odisea ideológica y política, de la cual la izquierda chihuahuense no ha logrado retornar desde la década de 1980. Tal parece que la única forma que le va quedando a la izquierda de este estado norteño para acceder al Poder (con mayúscula),  es caminar  a través de los andaderos de la derecha. La izquierda chihuahuense ha necesitado pactar variadas ocasiones con la derecha para aspirar a posicionarse con mayor contundencia en los espacios de poder local.
Aunque el caso de las alianzas de la izquierda chihuahuense centradas en la figura de Javier Corral son sui generis. Corral es un político de centro-izquierda que milita protagónicamente en un partido de derecha como el PAN. Como legislador, numerosas ocasiones Corral ha asumido posturas de centro-izquierda,  aún a contracorriente de las líneas ideológicas y políticas definidas por la dirigencia de Acción Nacional. El caso más emblemático es su posicionamiento en los distintos momentos legislativos en los que tuvo lugar la reforma de telecomunicaciones.

II
Son diversas las coyunturas históricas en las cuales la izquierda chihuahuense se ha aliado con la derecha. Después del fraude electoral de 1986, en el que el candidato panista Francisco Barrio fue desplazado por el priista Fernando Baeza en la lucha por la gubernatura del estado, se formó una alianza por la defensa del voto entre la derecha (el PAN) y la izquierda (el PSUM).
Otro momento clave fueron las elecciones locales del año 2004, cuando el PRD se alió con el PAN, también con Javier Corral como candidato al gobierno del estado. En aquél entonces, la derrota electoral del PAN y el PRD, ante el candidato priista José Reyes Baeza, trajo consigo lecciones que están en juego en el proceso electoral que se vive en 2016. Aunque la coyuntura electoral actual es muy diferente a la que se vivió dos sexenios atrás.

III
El hecho que más resalta en los comportamientos de la izquierda chihuahuense en la elecciones locales de 2016, son sus variados desdoblamientos ideológicos y políticos. La presunta izquierda del PT encabezada por el clan de los Aguilar se sostiene a partir de una alianza electoral con el PRI y con el duartismo. Esta estrategia de sobrevivencia y empoderamiento del PT se ha repetido en varias elecciones. Lo que queda de la izquierda perredista, encabezada por la familia Aragón, postula también una candidatura que parece servir a los intereses del PRI y del grupo de César Duarte. El  PT y el PRD juegan a ser alfiles del priismo, a todas luces o tras las sombras. Si algo queda de “izquierda” en los partidos de los Aguilar y los Aragón, son paradojas que caminan al lado de reminiscencias discursivas.

IV
En las elecciones de 2016, una parte de la izquierda social chihuahuense, junto al desprendimiento de votos de MORENA y el PRD, se desdoblan hacia una alianza no-partidista con la candidatura de Javier Corral. Quienes desde la izquierda justifican y defienden la candidatura de Corral al gobierno del estado, acuden a argumentos del orden pragmático y coyuntural. Se pretende conformar un bloque opositor al priismo y al duartismo en Chihuahua, para generar una alternancia y  posicionar como gobernador a un personaje que tiene una trayectoria de centro-izquierda, aún desde el panismo. La voz de mayor resonancia que desde la izquierda se ha sumado a la campaña de Corral, es la de Víctor Quintana. Los argumentos de Quintana a favor de la candidatura de Corral, subrayan la corrupción y la podredumbre que ha traído consigo el duartismo y la necesidad de llevar al gobierno a un actor político que pueda garantizar una transformación de fondo en las maneras de hacer política en Chihuahua.

V
La otra parte de la izquierda chihuahuense, los no-aliancistas que desde MORENA rechazan a Javier Corral y postulan la candidatura de Javier Félix Muñoz, han elaborado su defensa a partir de argumentos desviacionistas. Para una parte de la izquierda lópezobradorista en Chihuahua, ir por la candidatura de Corral al gobierno del estado, es un pecado de desviación ideológica y política. Para los no-aliancistas de MORENA, pactar con la candidatura panista de Corral es claudicar. Quienes defienden una candidatura genuina de la izquierda desde MORENA, acusan a Corral de apropiarse de sus propuestas de campaña, a la vez de señalar que ideológica y políticamente es imposible una alianza de fondo entre la izquierda y la derecha. Los argumentos de los desviacionistas se entretejen a partir de una búsqueda purificante de la legitimidad y la autenticidad ideológica y política. ¿Pero, en la historia reciente de la izquierda chihuahuense y la mexicana, puede afirmarse que existe la posibilidad de una pureza ideológica y política que pueda ser puesta a prueba a toda costa? La supervivencia política y electoral de la izquierda está cruzada por extrañas genealogías que lo mismo la unen con el priismo (de centro izquierda o centro-derecha) que con el panismo (de derecha).
De 1980 hasta la fecha, uno de los rasgos ideológicos y políticos que definen a la izquierda en Chihuahua y en México es la impureza. El caso más emblemático en MORENA es Andrés Manuel López Obrador, cuya mayor conexión con el PRI no es su antigua militancia, sino las raigambres ideológicas y políticas que lo conectan con el estado benefactor y con el nacionalismo revolucionario del priismo de mediados del siglo XX. Lo que vivimos, son los efectos de una transformación ideológica y política de la izquierda, que no concluye todavía.
En una entrevista para “El Diario de Chihuahua” (28 de febrero de 2016), el candidato de MORENA  al gobierno del estado, Javier Félix Muñoz, defiende su condición de luchador social y descendiente de la familia Terrazas en Chihuahua. La figura de su tatarabuelo, Luis Terrazas, forma parte de una genealogía que resulta contradictoria y paradójica para los fundamentos ideológicos y políticos de la izquierda lópezobradorista. En la entrevista que Félix Muñoz otorgó a este periódico,  se traza una extraña conexión que va de Luis Terrazas a Benito Juárez, y de ahí, a Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La entrevista fue llevada a cabo en uno de los espacios en los que opera el “Centro de Estudios de la Revolución Bolivariana General Luis Terrazas”. Este centro tiene como objetivo:  “Investigar, difundir y hacer crítica constructiva del proceso revolucionario que se desarrolla en la República Bolivariana de Venezuela.” La forma de nombrar este centro de investigación resulta contradictoria. A pesar de la defensa que pueda hacerse de la figura de Luis Terrazas como liberal juarista, sobre este personaje pesa una densa oscuridad histórica a partir de su condición de cacique político y terrateniente en el estado de Chihuahua. Ligar el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, no es una estrategia atinada desde el punto de vista discursivo. Las connotaciones ideológicas y políticas del nombre de Luis Terrazas, van a contracorriente de las aspiraciones de la revolución Bolivariana. Desde luego que esta cuestión no es un argumento válido para descalificar la candidatura de Félix Muñoz al gobierno del estado por parte MORENA. Lo que queda manifiesto aquí, son las contradicciones y las paradojas que ideológica y políticamente se abalanzan sobre la izquierda.
La misma contradicción y paradoja que liga el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, que indirectamente se conecta con la candidatura morenista de Félix Muñoz, se hizo presente en la denominación que se dio a la alianza poselectoral entre el PSUM y el PAN en el verano caliente de 1986. Esta alianza fue nombrada como “PANSUM”. Estos rastros nominales ponen en evidencia a la impureza ideológica y política de la izquierda. Si el agua y el aceite no se mezclan, pueden al menos emulsionar.