(Artículo publicado en la revista “Aserto”
del mes de mayo”)
I
La candidatura de Javier Corral al
gobierno del estado de Chihuahua dibuja una odisea ideológica y política, de la
cual la izquierda chihuahuense no ha logrado retornar desde la década de 1980. Tal
parece que la única forma que le va quedando a la izquierda de este estado
norteño para acceder al Poder (con mayúscula), es caminar a través de los andaderos de la derecha. La
izquierda chihuahuense ha necesitado pactar variadas ocasiones con la derecha para
aspirar a posicionarse con mayor contundencia en los espacios de poder local.
Aunque el caso de las alianzas de la
izquierda chihuahuense centradas en la figura de Javier Corral son sui generis. Corral es un político de
centro-izquierda que milita protagónicamente en un partido de derecha como el
PAN. Como legislador, numerosas ocasiones Corral ha asumido posturas de
centro-izquierda, aún a contracorriente
de las líneas ideológicas y políticas definidas por la dirigencia de Acción
Nacional. El caso más emblemático es su posicionamiento en los distintos
momentos legislativos en los que tuvo lugar la reforma de telecomunicaciones.
II
Son diversas las coyunturas históricas
en las cuales la izquierda chihuahuense se ha aliado con la derecha. Después del
fraude electoral de 1986, en el que el candidato panista Francisco Barrio fue
desplazado por el priista Fernando Baeza en la lucha por la gubernatura del
estado, se formó una alianza por la defensa del voto entre la derecha (el PAN)
y la izquierda (el PSUM).
Otro momento clave fueron las
elecciones locales del año 2004, cuando el PRD se alió con el PAN, también con
Javier Corral como candidato al gobierno del estado. En aquél entonces, la
derrota electoral del PAN y el PRD, ante el candidato priista José Reyes Baeza,
trajo consigo lecciones que están en juego en el proceso electoral que se vive
en 2016. Aunque la coyuntura electoral actual es muy diferente a la que se
vivió dos sexenios atrás.
III
El hecho que más resalta en los
comportamientos de la izquierda chihuahuense en la elecciones locales de 2016,
son sus variados desdoblamientos ideológicos y políticos. La presunta izquierda
del PT encabezada por el clan de los Aguilar se sostiene a partir de una
alianza electoral con el PRI y con el duartismo. Esta estrategia de
sobrevivencia y empoderamiento del PT se ha repetido en varias elecciones. Lo
que queda de la izquierda perredista, encabezada por la familia Aragón, postula
también una candidatura que parece servir a los intereses del PRI y del grupo
de César Duarte. El PT y el PRD juegan a
ser alfiles del priismo, a todas luces o tras las sombras. Si algo queda de “izquierda”
en los partidos de los Aguilar y los Aragón, son paradojas que caminan al lado
de reminiscencias discursivas.
IV
En las elecciones de 2016, una parte
de la izquierda social chihuahuense, junto al desprendimiento de votos de
MORENA y el PRD, se desdoblan hacia una alianza no-partidista con la
candidatura de Javier Corral. Quienes desde la izquierda justifican y defienden
la candidatura de Corral al gobierno del estado, acuden a argumentos del orden pragmático
y coyuntural. Se pretende conformar un bloque opositor al priismo y al
duartismo en Chihuahua, para generar una alternancia y posicionar como gobernador a un personaje que
tiene una trayectoria de centro-izquierda, aún desde el panismo. La voz de
mayor resonancia que desde la izquierda se ha sumado a la campaña de Corral, es
la de Víctor Quintana. Los argumentos de Quintana a favor de la candidatura de
Corral, subrayan la corrupción y la podredumbre que ha traído consigo el duartismo
y la necesidad de llevar al gobierno a un actor político que pueda garantizar
una transformación de fondo en las maneras de hacer política en Chihuahua.
V
La otra parte de la izquierda
chihuahuense, los no-aliancistas que desde MORENA rechazan a Javier Corral y postulan
la candidatura de Javier Félix Muñoz, han elaborado su defensa a partir de
argumentos desviacionistas. Para una parte de la izquierda lópezobradorista en
Chihuahua, ir por la candidatura de Corral al gobierno del estado, es un pecado
de desviación ideológica y política. Para los no-aliancistas de MORENA, pactar
con la candidatura panista de Corral es claudicar. Quienes defienden una
candidatura genuina de la izquierda desde MORENA, acusan a Corral de apropiarse
de sus propuestas de campaña, a la vez de señalar que ideológica y
políticamente es imposible una alianza de fondo entre la izquierda y la derecha.
Los argumentos de los desviacionistas se entretejen a partir de una búsqueda purificante
de la legitimidad y la autenticidad ideológica y política. ¿Pero, en la
historia reciente de la izquierda chihuahuense y la mexicana, puede afirmarse
que existe la posibilidad de una pureza ideológica y política que pueda ser
puesta a prueba a toda costa? La supervivencia política y electoral de la
izquierda está cruzada por extrañas genealogías que lo mismo la unen con el
priismo (de centro izquierda o centro-derecha) que con el panismo (de derecha).
De 1980 hasta la fecha, uno de los rasgos
ideológicos y políticos que definen a la izquierda en Chihuahua y en México es
la impureza. El caso más emblemático en MORENA es Andrés Manuel López Obrador,
cuya mayor conexión con el PRI no es su antigua militancia, sino las raigambres
ideológicas y políticas que lo conectan con el estado benefactor y con el
nacionalismo revolucionario del priismo de mediados del siglo XX. Lo que
vivimos, son los efectos de una transformación ideológica y política de la
izquierda, que no concluye todavía.
En una entrevista para “El Diario de
Chihuahua” (28 de febrero de 2016), el candidato de MORENA al gobierno del estado, Javier Félix Muñoz,
defiende su condición de luchador social y descendiente de la familia Terrazas en
Chihuahua. La figura de su tatarabuelo, Luis Terrazas, forma parte de una
genealogía que resulta contradictoria y paradójica para los fundamentos
ideológicos y políticos de la izquierda lópezobradorista. En la entrevista que
Félix Muñoz otorgó a este periódico, se
traza una extraña conexión que va de Luis Terrazas a Benito Juárez, y de ahí, a
Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La entrevista fue llevada a cabo en uno de los espacios
en los que opera el “Centro de Estudios de la Revolución Bolivariana General
Luis Terrazas”. Este centro tiene como objetivo: “Investigar, difundir y hacer crítica
constructiva del proceso revolucionario que se desarrolla en la República
Bolivariana de Venezuela.” La forma de nombrar este centro de investigación
resulta contradictoria. A pesar de la defensa que pueda hacerse de la figura de
Luis Terrazas como liberal juarista, sobre este personaje pesa una densa
oscuridad histórica a partir de su condición de cacique político y
terrateniente en el estado de Chihuahua. Ligar el nombre de Luis Terrazas a la
revolución Bolivariana, no es una estrategia atinada desde el punto de vista
discursivo. Las connotaciones ideológicas y políticas del nombre de Luis
Terrazas, van a contracorriente de las aspiraciones de la revolución
Bolivariana. Desde luego que esta cuestión no es un argumento válido para
descalificar la candidatura de Félix Muñoz al gobierno del estado por parte
MORENA. Lo que queda manifiesto aquí, son las contradicciones y las paradojas
que ideológica y políticamente se abalanzan sobre la izquierda.
La misma contradicción y paradoja que
liga el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, que indirectamente
se conecta con la candidatura morenista de Félix Muñoz, se hizo presente en la
denominación que se dio a la alianza poselectoral entre el PSUM y el PAN en el
verano caliente de 1986. Esta alianza fue nombrada como “PANSUM”. Estos rastros
nominales ponen en evidencia a la impureza ideológica y política de la
izquierda. Si el agua y el aceite no se mezclan, pueden al menos emulsionar.