jueves, 12 de febrero de 2015

Pedro Ángel Palou y las formas de narrar a Villa



I
En las últimas décadas, son numerosos los mecanismos que los autores de novela histórica han puesto en marcha, intentando renovar tanto la forma como el fondo narrativo de este género literario. En la novela “No me dejen morir así. Recuerdos póstumos de Pancho Villa” (2014), Pedro Ángel Palou narra la historia de Francisco Villa en primera persona. Pero, ¿cuáles son las cualidades que envuelven a la voz del personaje, quien se narra a sí mismo en la novela de Palou? Desde las primeras páginas de la novela, estas cualidades se asumen en términos simbólicos. Al inicio del texto, el general Villa se despierta de madrugada,  después de tener el sueño premonitorio de su muerte. El general de la División del Norte se da cuenta de su muerte a la media noche del 20 de julio, el mismo día en que lo asesinan. Después del sueño premonitorio, Villa no puede volver a dormirse. La voz narrativa de Villa en primera persona,  emerge desde la “media madrugada”,  desde la “medianoche” (P.13). Simbólicamente, el limbo desde el cual emerge la voz del personaje, se configura entre la ensoñación y la vigilia, entre la vida y la muerte. Es un estado entre lo dormido y lo despierto, entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Este estado  resulta muy próximo a la muerte.
La estrategia narrativa de Palou no es novedosa. El autor ha escrito varias novelas históricas: “Zapata” (2006), “Morelos. Morir es nada” (2007) y “Pobre patria mía. La novela de Porfirio Díaz” (2010). En la novela sobre José María Morelos, la narración se plantea a partir de la voz de Jerónima, una mujer que fue pareja sentimental del líder del ejército independiente. La voz narrativa del personaje femenino también emerge desde un territorio que se levanta entre el día y la noche (P. 75, 104 y 162). En el texto sobre Morelos, publicado siete años antes que la novela sobre Villa, el personaje de Jerónima narra la historia mientras la está escribiendo. En varias ocasiones se refiere que la narración y la escritura de este personaje tienen lugar durante la noche y culminan con el día. El espacio narrativo desde el cual emerge la voz de Villa en el texto analizado, es el mismo desde el cual se configura la voz narrativa de Jerónima en la novela sobre Morelos. En ambas novelas, Palou repite al simbolismo que le da forma las voces narrativas: un limbo entre la noche y el día.
Este mecanismo narrativo que simbólicamente queda depositado en un territorio claroscuro, puede ser analizado a partir de una anotación teórica de Palou, escrita al final de la novela sobre Francisco Villa, al margen de la historia narrada: “¿Quién habla? ¿Quién escucha? ¿Qué se está diciendo? Estas tres preguntas en medio del ruido, siguen siendo las únicas relevantes para la novela. Pancho Villa es un significante vacío… (P. 183).” Un “significante vacío” es un contenido que no posee una interpretación definitiva, que continuamente requiere ser reinterpretado para lograr entenderlo de una manera diferente. Como “significante vacío”, el personaje de Villa queda envuelto por la relatividad, tiene que ser interpretado y reinterpretado una y otra vez. Desde la perspectiva teórica que Palou anota al final de la novela, se invita a un análisis de corte posestructuralista y posmoderno. Hay una tendencia generalizante que suele clasificar como posmoderna a la nueva novela histórica, que se ha escrito en las últimas décadas. Desde esta perspectiva, tanto los textos históricos como la novela histórica, estarían sujetos de significados flotantes e imprecisos. Esto daría lugar a un limbo interpretativo, determinado por la relatividad, que estaría envolviendo de forma definitiva, tanto a la labor del historiador como del escritor de novelas históricas.
Diversos autores han teorizado sobre la escritura de la historia, concibiendo bajo un mismo plano epistemológico al quehacer del historiador  y a la tarea del escritor de novelas históricas. Hayden White (“Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX”, 1992), Paul Ricoeur (“La memoria la historia, el olvido”, 2004) y F. R. Ankersmit (“Historia y tropología. Ascenso y caída de la metáfora”, 2004) equiparan el trabajo del historiador y del escritor de novelas históricas. No habría diferencias entre una y otra tarea, dado que el proceso de interpretación y de escritura da lugar a una subjetivación y una representación de la historia, que al quedar escrita, se aleja de una objetividad dura. Esto da cabida a la posible validez de las más diversas interpretaciones y escrituras de la historia.
Hay otros componentes que configuran simbólicamente a la voz de Villa que se asume en primera persona. A lo largo de la novela, la historia de Villa queda también significada por un atrincherarse, que al mismo tiempo que resulta ser una forma de resguardo, es un escaparse, una huida continua del personaje. La voz de Villa que desde las primeras páginas del libro se “atrinchera” en un limbo, entre la ensoñación y la vigilia, entre la vida y la muerte, se “atrinchera” en La Cueva del Coscomate, donde el personaje se resguarda de la expedición punitiva, y se “atrinchera” también en la Hacienda de Canutillo, después de 10 años de lucha revolucionaria (P. 21, 22 y 32). La huida y el resguardo de Villa en diversas trincheras a lo largo de la novela, están cruzadas por territorios espirituales y físicos a la vez. El limbo narrativo desde el cual emerge la voz de Villa en la novela, levanta un puente entre el mundo espiritual y el mundo físico. Este es quizá el mayor logro de la novela de Palou, en donde la forma y el fondo de la novela se conjugan.
Pero, ¿estos “atrincheramientos”, estas formas de resguardarse del personaje en la novela son suficientes para que su vorágine histórica se aquiete? Por supuesto que no. Ni en la misma muerte el personaje queda resguardado en lugar alguno. En el capítulo final, se relata cómo se le desprende la cabeza al cadáver de Villa, mientras está sepultado en el panteón de Parral Chihuahua: “-Para qué van a querer a un muerto sin cabeza… Uno sin cabeza es mejor que una tumba vacía… ¿Será? ¿Será que alguna vez alguien podrá contar la verdad?... No lo creo. La verdad, ya la menté hace rato, no existe y quizá no importa mucho” (P. 165 y 170).
Villa no queda protegido en lugar alguno, sus maneras de huir y su atrincherarse en la novela de Palou, reflejan la precariedad de su resguardo, que historiográficamente parece desdoblarse como un “significante vacío”, interpretado desde la multiplicidad y la dispersión, en un sentido posmoderno. Cientos y miles de escrituras han intentado acorralar interpretativamente a la figura del general Francisco Villa. La novela de Palou es una escritura más sobre Villa, que construye su propia interpretación sobre el personaje histórico. A fin de cuentas,  Villa termina siendo un tránsfuga, su “atrincherarse” es un moverse continuamente a lo largo de las más diversas interpretaciones historiográficas, desde la novela o desde la historia. En ello radica la riqueza narrativa del personaje.

II
Entre la búsqueda de la verdad histórica, el mito y la leyenda, la figura de Villa ha sido objeto de innumerables escrituras. Desde la historia o desde la novela, sobre la figura del Centauro del Norte pesa una especie de sobre-escritura, escritura que se acumula sobre escritura, que una y otra vez acomete en su decir sobre el personaje histórico. Katz (“Pancho Villa”, 2000, p. 393) refiere que hasta 1978 un índice de textos publicados en periódicos y revistas sobre Villa, anota cerca de dos mil. A raíz del resurgimiento de la novela histórica y de la celebración del centenario de la revolución mexicana, en los años recientes, en Chihuahua y en México, se han multiplicado los textos sobre Villa. ¿Qué no se ha dicho sobre Villa? ¿Qué no ha sido escrito a partir del nombre de Francisco Villa? ¿Cómo decir al centauro del norte,  de tal manera que la forma de narrar y lo narrado puedan arrojar un territorio  inexplorado y novedoso?
En la novela de Pedro Ángel Palou, la voz de Villa planteada desde la primera persona, fluye con un acierto lingüístico, las palabras son certeras y parecieran pertenecerle al mismo Villa. No se detectan componentes lingüísticos que nos lleven a sospechar que es el mismo general Francisco Villa,  quien narra su propia historia, entretejiendo las vivencias que brotan de la subjetividad de un hombre del campo, que fraguó su vida en el norte de México, entre el bandolerismo y la lucha revolucionaria. Lingüísticamente, la voz narrativa es verosímil. Pero la credibilidad del Villa que se narra a sí mismo en la novela de Palou,  se debilita en el momento en que el personaje es idealizado y moralizado de forma persistente.
La historiografía villista,  por lado,  asume al héroe justiciero que defiende las causas populares, por otro lado,  plantea a un Villa bandolero y ruin. Katz (“Pancho Villa”, 2000, P. 17 y 20) se refiere a “la leyenda blanca” y la “leyenda negra” del revolucionario. Palou se decide por endulzar a la figura de Doroteo Arango, moralizándola e idealizándola en un sentido positivo. A partir de esto, la voz narrativa de Villa asumida en primera persona resulta debilitada. De forma insistente, Villa se afirma como un hombre justo y bueno, que termina por defender su papel histórico como héroe popular.
A lo largo de la novela hay una insistencia por moralizar e idealizar a Villa, que se hace manifiesta ante los diversos acontecimientos históricos en los cuáles el papel del personaje puede percibirse dubitativo, claroscuro. Por ejemplo, en la novela Villa defiende su condición de polígamo, admitiendo que en todo momento estuvo al cuidado de sus numerosas esposas: “Insisto en que no olvidé a ninguna de mis mujeres” (P. 79). En el mismo apartado en el que narra su vida amorosa, el personaje asume que está realizando un “examen de conciencia” (P. 80). Villa se justifica y defiende su actuar. En el mismo tono, el personaje justifica su cambio de postura ante Venustiano Carranza, con quien pacta el derrocamiento de Victoriano Huerta, y de quien posteriormente se distancia a partir de los sucesos de la Convención de Aguascalientes: “Insisto, lo obedecí hasta que la decencia me lo permitió y atacamos, pues, Zacatecas” (P.66). En los fragmentos citados, está presente el verbo “insistir”. A lo largo de la novela,  este “insistir”, se convierte en un mecanismo narrativo reiterado, que postula a un Villa benevolente y justo. Se manifiesta en el personaje una “decencia” que lo mismo puede entenderse como moral, política o histórica. En ningún momento en la novela de Palou, Villa es puesto en duda en su actuar. Es un personaje que intenta limpiar su nombre desde su propia voz narrativa, pero que al hacerlo, deja entrever que la operación moralizante e idealizante, viene de la mano y de la pluma del autor, no del personaje que se narra a sí mismo. En toda narrativa se hace necesario que los personajes tomen cuerpo y voz por sí mismos, de tal manera que la figura del escritor se desdibuje y permanezca en la sombra.  El autor requiere construir su alejamiento de los personajes y las voces que narran, para que de esta forma lo narrado adquiera vida propia, al margen del escritor y del proceso de escritura. La novela de Palou falla en este cometido. Quien moraliza e idealiza a Villa, no es el personaje que se narra a sí mismo, intentando un “examen de conciencia”, sino Palou mismo, que a lo largo de la novela “insiste” reiteradamente en la dulcificación del personaje.
En una nota al final de la novela, el mismo Paolu intenta justificar la operación moralizante e idealizante: “…por eso elegí la primera persona… Quise además que fuera el mismo –su voz- …  la constante rectificación de su figura.” (P. 188). Muchas veces las notas teóricas que los autores escriben para poner en claro los contenidos de un texto literario resultan  innecesarias y estorbosas. La nota final de la novela de Palou deja en claro la intromisión del autor en la voz narrativa de Villa. El personaje de Villa es sometido a un juego narrativo,  en el que por momentos,  el escritor se superpone a las acciones y la voz del personaje mismo.
Los mecanismos narrativos de la novela analizada configuran los hechos históricos desde una perspectiva posmoderna: fijados en la voz de un yo que recuerda desde una subjetividad que se pretende franca y alejada del historicismo academicista, lejanos de una linealidad que se fija en la lógica causa-efecto y trazados fragmentariamente a partir de una vida que se cuenta por retazos. Esto se nota por ejemplo, en la manera dispersa en que se narra el asesinato de Villa,  que es abordado en diversos apartados del texto: entre las páginas  13 y 16, de la página 98 a la 101, entre las páginas 115 y 124, de la página 151 a la 155 y en la página 163. La novela busca asumir de manera genuina que es Villa quien se narra, a partir de los mecanismos de un recordar no historicista ni academicista, lejano de una lógica lineal y asumiendo un manera de contar fragmentaria y dispersa.
Pero hay dos momentos en la novela,  en los que la misma voz de Villa intenta justificar sus maneras de narrar. “Algunas cosas se me quedaron más grabadas en la memoria que otras. Después de tanta cosa, tanto acto, tanta proclamación, la memoria es selectiva y escoge lo que la ayudó a formarse, nada más.” (P.47). “Quizá porque la música y los sueños se quedan, regresan cuando uno los necesita, permanecen en la memoria. Todo lo demás se escapa, se esfuma como las nubes…” (P.106)
En ambos fragmentos citados, la voz del Villa que se narra a sí mismo, pretende justificar la selectividad que opera en la historia contada. ¿Qué es lo que se cuenta y qué es lo que no se cuenta? Es una pregunta que busca responder el personaje mismo. Pero lo que se refleja en ambos fragmentos,  es la selectividad narrativa del autor, que también queda superpuesta al personaje central de la novela. ¿Tenía algún caso que Villa justificara la selectividad narrativa que opera en la historia de la novela? ¿Por qué un personaje tendría que explicar lo que se narra y lo que no se narra? Estos fragmentos son indicios de la actividad técnica del escritor, que investiga, ordena, selecciona, omite y escribe una historia a partir de datos, en este caso,  la historia novelada de Francisco Villa. ¿Es Francisco Villa el que intenta justificar la selectividad narrativa de su historia, o es Pedro Ángel Palou, quien pretende esta justificación? Hay indicios de que el autor usurpa el lugar de la voz narrativa de Villa, que resulta extraviada en la superposición.
Tanto en el mecanismo narrativo de moralización e idealización de Villa, como en los fragmentos que explican la selectividad de lo que se cuenta y de lo que se omite, se  hace notoria una intromisión del autor en la voz narrativa de la novela. Esta condición debilita a la historia narrada.

III
En el primer apartado se analizó como el limbo narrativo desde el cual se plantea la voz de Villa en primera persona, tiene como antecedente el territorio desde el cual emerge la voz narrativa de Jerónima, en la novela que Palou escribe sobre Morelos (“Morelos. Morir es nada”, 2007). Ambas voces brotan simbólicamente de un territorio que se abre entre la noche y el día. En el texto analizado hay  elementos que Palou retoma de otros autores  e introduce en su propia novela.
Una de las imágenes mejor logradas en la novela de Palou, es el momento en el que ocurre el fusilamiento de Pablo López (P. 34-37). Mientras el personaje es fusilado tiene en su boca un puro. Aun habiendo sido derrumbado por la descarga de las balas del pelotón, Pablo López sostiene el puro en su boca, el cual “tenía mordido entre los dientes”. Al cigarro nunca se le cae siquiera la ceniza, permanece encendido mientras el personaje muere. La del puro que permanece encendido es una imagen fálica, que significa la hombría y el arrojo del personaje al momento de ser fusilado. Esta imagen insertada en la novela de Palou, es tomada de los relatos de Nellie Campobello, en particular dos de ellos: “El ahorcado” y “El cigarro de Samuel” (“Cartucho”, 2000, P. 86-87 y P. 127). En el primer relato, mientras un personaje es ahorcado, parece buscar con su lengua un cigarro de macuchi, que traía sujeto de la oreja. En el segundo relato, se cuenta una anécdota de Samuel Tamayo, un personaje ficticio que acompaña a Villa en su automóvil al momento de ser asesinado en Parral. Campobello relata que Villa, Trillo y Samuel Tamayo, “se quedaron dormidos dentro de un automóvil”.  Mientras el personaje de Samuel Tamayo es cosido a balazos,  está fumando y el cigarro que sostiene entre sus dedos prosigue encendido.
Es obvio que en la novela de Palou,  la imagen del fusilamiento de Pablo López, mientras fuma y sostiene encendido un puro entre los dientes, fue tomada de los cuentos citados de Nellie Campobello. Los préstamos narrativos resultan válidos. Son jugadas de intertextualidad que se trazan de un autor hacia otro, en este caso, entre dos autores que escriben narrativa histórica de la revolución mexicana a partir del personaje de Francisco Villa. Pero a fin de cuentas, el préstamo que Palou toma de Campobello, le resta originalidad a la novela aquí analizada.