sábado, 7 de febrero de 2015

Blue Demon y la promoción de la lectura en México



(Artículo en publicación en "El Diario de Chihuahua", en la sección de UPNECH, los días 1 y 8 de febrero)

Quien hubiera pensado que aun estando muerto, Blue Demon libraría otra gran batalla en los escenarios de la cultura mexicana, portando su esplendorosa máscara azul  y cubierto a la espalda con su brillante capa que hace alegoría del estilo aristócrata en el vestir. Quien hubiera pensado que la lucha por la promoción de la lectura en México,  tomaría como uno de sus embajadores simbólicos, al enmascarado que junto a El Santo, se convirtió  en un ícono de la cultura popular mexicana en el siglo XX.
En el cartel que anuncia la XXXV Feria Internacional del Palacio de Minería (organizada en 2014), aparece la imagen de Blue Demon portando y leyendo un libro. Después de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la del Palacio de Minería es la segunda en importancia a nivel nacional. Las ferias del libro que año con año se organizan en Chihuahua, son diminutas y tienen una forma caricaturesca cuando se les compara con la FIL y el evento del Palacio de Minería. Físicamente, no virtualmente, ambos eventos estarían siendo la imagen más cercana de la biblioteca total de Borges, un espacio geométrico concebido a través de los libros que llega a tomar la forma de un laberinto físico, intelectual y espiritual.  Caminar por los pasillos de la FIL o por los pasillos de la feria del libro del Palacio de Minería,  es una forma de perderse entre los  libros.
En la imagen del cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, Blue Demon aparece sosteniendo un libro con su mano izquierda. De perfil, la mirada y la concentración del luchador  están atrapadas en el contenido del texto. De la máscara del héroe del ring se desprende una estela de luz,  que a la manera de los rayos del sol ilumina la escena. El acto de la lectura está rodeado por un cúmulo de luz que se desborda a través del lector y del libro. La triada libro-lector-lectura, queda iluminada por completo en una sola escena que representa las verdades y las ficciones del saber en occidente.
La imagen del cartel fue tomada de una de las muchas películas que tuvieron como protagonistas a los luchadores que durante años se sostuvieron como ídolos de la cultura popular mexicana, entre la lucha libre y el cine nacional. El personaje que se nos presenta como lector idealizado,  forma parte de una de las varias secuencias de la película “Blue Demon contra el poder satánico”, filmada en 1966. Es un instante, un segundo tal vez, que en la fotografía del cartel que promueve a la feria del libro del Palacio de Minería, se pasa de la idolatría de la lucha libre y el cine, a la idolatría del libro, del lector y la lectura. No hay indicios históricos que señalen que Blue Demon fue un gran lector, ni siquiera llega a mostrarse como un lector mediano. ¿Cuántos libros habrá leído Blue Demon a lo largo de su vida? Habrá que hurgar en la historia de vida del luchador preguntándose por sus inclinaciones lectoras.
Al inicio del filme hay un extraño mensaje que se advierte  al espectador: “Todos los personajes de esta película son ficticios, cualquier semejanza con personas vivas o muertas, será mera coincidencia.”  Tal vez resulte innecesario advertir la ficción en una película de lucha libre, en la que los héroes pelean contra seres monstruosos e infernales. Pero lo que resalta de esta frase, es que la ficción es posible de parecerse a la realidad. Esto no es nada nuevo. La novedad en esta parte,  radica en los mecanismos de representación a través de los cuales se idealiza al libro, al lector y la lectura. En este caso el mecanismo de representación reside en el soporte de una película de ficción bajo la temática de la lucha libre, en la que los buenos (los héroes) pelean contra los malos (los antihéroes). En la película,  Blue Demon busca en una vieja biblioteca un libro que le servirá de apoyo para derrotar a las fuerzas malignas. Las imágenes del lector y de la lectura quedan representadas por la heroicidad de Blue Demon, quien se convierte  simbólicamente en un héroe letrado, un héroe representado como un gran lector, que lucha contra la ausencia de la lectura, contra los bajísimos promedios del número de libros leídos por los mexicanos. Pero, ¿la de Blue Demon como un gran lector es una heroicidad real?
En el proceso de representación simbólica de Blue Demon como un héroe lector, que tiene lugar en el cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, se hace presente una contradicción.  Por un lado hay una imagen tomada de una narrativa cinematográfica que obviamente es ficticia, por otro lado hay una idealización del libro, del lector y de la lectura que se pretende real. Aunque la heroicidad de Blue Demon no radique en haber sido un gran lector, queda representada de esta forma en el usufructo publicitario y cultural de la imagen. La operación que representa a Blue Demon como un héroe de la lectura, como gran lector, esconde los mecanismos a través de los cuales se ha idealizado al libro, a la lectura y al lector.  No existe, no puede existir la imagen real de un gran lector, sino que está imagen ha sido elaborada a partir de artificios teóricos y estéticos que se han encargado de santificar al libro, al lector y a la lectura. El cartel de la feria del libro del Palacio de Minería es uno de estos artificios.
Las imágenes que asumen la existencia de un gran lector son parte de una idealización que se pretende realizable. Es aquí que radica la utopía lectora en occidente, en los procesos de idealización de un gran lector que toman forma entre lo imaginario y lo real. Este es un limbo ideológico que no ha sido suficientemente analizado. En la historia moderna de occidente se han formado dos imágenes que tienen que ver con la idea de un gran lector.
Por un lado,  se piensa en un sujeto específico que dedica un considerable tiempo de su vida a leer, alguien que sea capaz de leer muchos libros en el menor tiempo posible y, que a partir de ello tenga una capacidad reflexiva y comprensiva de grandes proporciones. Pero en lo individual, los grandes lectores han sido escasos a lo largo de nuestra historia. Solo un puñado de hombres y mujeres llegan a convertirse en personas que se dedican de manera sistemática a la lectura a lo largo de sus vidas. Por lo general, estas personas pertenecen al ámbito académico de las universidades, al mundo intelectual o de la literatura. Junto a lo anterior,  está la problematicidad que tiene lugar entre las personas que leen de manera permanente. De la misma manera en que la lectura constante puede convertirse en una maquinaria para resolver los problemas de la vida común, puede convertirse en una maquinaria para crearlos. El deseo por acumular  conocimientos incesantemente, que está presente en los lectores asiduos, tal vez traiga consigo más problemas que soluciones. Este rasgo queda reflejado en los cuentos de Borges, que de manera persistente abordan el tema de la angustia por la lectura, que toma la forma de una angustia por el saber total.
Por otro lado, se piensa en el incremento social de la lectura que pueda dar lugar a una masificación de esta actividad educativa y cultural, que el mayor número de los integrantes de la sociedad se conviertan en lectores permanentes.   Pero en ningún momento de la historia de la humanidad, en ninguna sociedad específica, ha existido una gran mayoría que se dedique a la actividad lectora.  Los lectores permanentes son una minoría que termina agrupándose en torno a grupos de poder académico o intelectual.
La cualidad más notoria que se hace presente en el cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, es el mecanismo a través del cual la ficción y la realidad se pierden en el limbo de representación que idealiza el mundo de los libros. Entre lo imaginario y lo real, el libro, el lector y la lectura son llevados a la ponderación  ideal  de la utopía lectora. De ahí la estela de luz que brota de la máscara de Blue Demon en la imagen, convertido en una especie de arcángel de la lectura, una figura que lee a toda costa,  que lee aunque no sea un lector probado, que eterniza su figura leyendo en la imagen del cartel. Y aunque no sea verdad,  lo que importa es el simbolismo y la estatización de la imagen. Es aquí que la representación ideal de la lectura se consagra. No importa que Blue Demon  jamás haya sido un lector destacado, no importa que el acto de lectura del luchador haya sido tomado de una narrativa cinematográfica, obviamente ficticia. Lo importante son los mecanismos de representación que nos resultan válidos: un cartel, un personaje idolatrado, una feria del libro con amplio reconocimiento, una imagen que se nos vuelve dulce y amena a pesar de sus contradicciones.