(Artículo en publicación en "El Diario de Chihuahua", en la sección de UPNECH, los días 1 y 8 de febrero)
Quien hubiera pensado que aun estando
muerto, Blue Demon libraría otra gran batalla en los escenarios de la cultura
mexicana, portando su esplendorosa máscara azul y cubierto a la espalda con su brillante capa
que hace alegoría del estilo aristócrata en el vestir. Quien hubiera pensado
que la lucha por la promoción de la lectura en México, tomaría como uno de sus embajadores
simbólicos, al enmascarado que junto a El Santo, se convirtió en un ícono de la cultura popular mexicana en
el siglo XX.
En el cartel que anuncia la XXXV Feria
Internacional del Palacio de Minería (organizada en 2014), aparece la imagen de
Blue Demon portando y leyendo un libro. Después de la Feria Internacional del
Libro de Guadalajara (FIL), la del Palacio de Minería es la segunda en
importancia a nivel nacional. Las ferias del libro que año con año se organizan
en Chihuahua, son diminutas y tienen una forma caricaturesca cuando se les
compara con la FIL y el evento del Palacio de Minería. Físicamente, no
virtualmente, ambos eventos estarían siendo la imagen más cercana de la
biblioteca total de Borges, un espacio geométrico concebido a través de los
libros que llega a tomar la forma de un laberinto físico, intelectual y espiritual.
Caminar por los pasillos de la FIL o por
los pasillos de la feria del libro del Palacio de Minería, es una forma de perderse entre los libros.
En la imagen del cartel de la feria
del libro del Palacio de Minería, Blue Demon aparece sosteniendo un libro con
su mano izquierda. De perfil, la mirada y la concentración del luchador están atrapadas en el contenido del texto. De
la máscara del héroe del ring se desprende una estela de luz, que a la manera de los rayos del sol ilumina
la escena. El acto de la lectura está rodeado por un cúmulo de luz que se
desborda a través del lector y del libro. La triada libro-lector-lectura, queda
iluminada por completo en una sola escena que representa las verdades y las
ficciones del saber en occidente.
La imagen del cartel fue tomada de una
de las muchas películas que tuvieron como protagonistas a los luchadores que
durante años se sostuvieron como ídolos de la cultura popular mexicana, entre
la lucha libre y el cine nacional. El personaje que se nos presenta como lector
idealizado, forma parte de una de las varias
secuencias de la película “Blue Demon contra el poder satánico”, filmada en
1966. Es un instante, un segundo tal vez, que en la fotografía del cartel que
promueve a la feria del libro del Palacio de Minería, se pasa de la idolatría
de la lucha libre y el cine, a la idolatría del libro, del lector y la lectura.
No hay indicios históricos que señalen que Blue Demon fue un gran lector, ni
siquiera llega a mostrarse como un lector mediano. ¿Cuántos libros habrá leído
Blue Demon a lo largo de su vida? Habrá que hurgar en la historia de vida del
luchador preguntándose por sus inclinaciones lectoras.
Al inicio del filme hay un extraño
mensaje que se advierte al espectador:
“Todos los personajes de esta película son ficticios, cualquier semejanza con
personas vivas o muertas, será mera coincidencia.” Tal vez resulte innecesario advertir la
ficción en una película de lucha libre, en la que los héroes pelean contra
seres monstruosos e infernales. Pero lo que resalta de esta frase, es que la
ficción es posible de parecerse a la realidad. Esto no es nada nuevo. La
novedad en esta parte, radica en los
mecanismos de representación a través de los cuales se idealiza al libro, al
lector y la lectura. En este caso el mecanismo de representación reside en el
soporte de una película de ficción bajo la temática de la lucha libre, en la
que los buenos (los héroes) pelean contra los malos (los antihéroes). En la
película, Blue Demon busca en una vieja
biblioteca un libro que le servirá de apoyo para derrotar a las fuerzas malignas.
Las imágenes del lector y de la lectura quedan representadas por la heroicidad
de Blue Demon, quien se convierte
simbólicamente en un héroe letrado, un héroe representado como un gran
lector, que lucha contra la ausencia de la lectura, contra los bajísimos
promedios del número de libros leídos por los mexicanos. Pero, ¿la de Blue
Demon como un gran lector es una heroicidad real?
En el proceso de representación
simbólica de Blue Demon como un héroe lector, que tiene lugar en el cartel de
la feria del libro del Palacio de Minería, se hace presente una contradicción. Por un lado hay una imagen tomada de una
narrativa cinematográfica que obviamente es ficticia, por otro lado hay una
idealización del libro, del lector y de la lectura que se pretende real. Aunque
la heroicidad de Blue Demon no radique en haber sido un gran lector, queda
representada de esta forma en el usufructo publicitario y cultural de la
imagen. La operación que representa a Blue Demon como un héroe de la lectura,
como gran lector, esconde los mecanismos a través de los cuales se ha
idealizado al libro, a la lectura y al lector. No existe, no puede existir la imagen real de
un gran lector, sino que está imagen ha sido elaborada a partir de artificios
teóricos y estéticos que se han encargado de santificar al libro, al lector y a
la lectura. El cartel de la feria del libro del Palacio de Minería es uno de
estos artificios.
Las imágenes que asumen la existencia
de un gran lector son parte de una idealización que se pretende realizable. Es
aquí que radica la utopía lectora en occidente, en los procesos de idealización
de un gran lector que toman forma entre lo imaginario y lo real. Este es un
limbo ideológico que no ha sido suficientemente analizado. En la historia
moderna de occidente se han formado dos imágenes que tienen que ver con la idea
de un gran lector.
Por un lado, se piensa en un sujeto específico que dedica
un considerable tiempo de su vida a leer, alguien que sea capaz de leer muchos
libros en el menor tiempo posible y, que a partir de ello tenga una capacidad
reflexiva y comprensiva de grandes proporciones. Pero en lo individual, los
grandes lectores han sido escasos a lo largo de nuestra historia. Solo un puñado
de hombres y mujeres llegan a convertirse en personas que se dedican de manera
sistemática a la lectura a lo largo de sus vidas. Por lo general, estas
personas pertenecen al ámbito académico de las universidades, al mundo
intelectual o de la literatura. Junto a lo anterior, está la problematicidad que tiene lugar entre
las personas que leen de manera permanente. De la misma manera en que la
lectura constante puede convertirse en una maquinaria para resolver los problemas
de la vida común, puede convertirse en una maquinaria para crearlos. El deseo
por acumular conocimientos incesantemente,
que está presente en los lectores asiduos, tal vez traiga consigo más problemas
que soluciones. Este rasgo queda reflejado en los cuentos de Borges, que de
manera persistente abordan el tema de la angustia por la lectura, que toma la
forma de una angustia por el saber total.
Por otro lado, se piensa en el
incremento social de la lectura que pueda dar lugar a una masificación de esta
actividad educativa y cultural, que el mayor número de los integrantes de la
sociedad se conviertan en lectores permanentes. Pero en ningún momento de la historia de la
humanidad, en ninguna sociedad específica, ha existido una gran mayoría que se
dedique a la actividad lectora. Los lectores
permanentes son una minoría que termina agrupándose en torno a grupos de poder
académico o intelectual.
La cualidad más notoria que se hace
presente en el cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, es el
mecanismo a través del cual la ficción y la realidad se pierden en el limbo de
representación que idealiza el mundo de los libros. Entre lo imaginario y lo
real, el libro, el lector y la lectura son llevados a la ponderación ideal de la utopía lectora. De ahí la estela de luz
que brota de la máscara de Blue Demon en la imagen, convertido en una especie
de arcángel de la lectura, una figura que lee a toda costa, que lee aunque no sea un lector probado, que
eterniza su figura leyendo en la imagen del cartel. Y aunque no sea
verdad, lo que importa es el simbolismo
y la estatización de la imagen. Es aquí que la representación ideal de la
lectura se consagra. No importa que Blue Demon jamás haya sido un lector destacado, no
importa que el acto de lectura del luchador haya sido tomado de una narrativa
cinematográfica, obviamente ficticia. Lo importante son los mecanismos de
representación que nos resultan válidos: un cartel, un personaje idolatrado,
una feria del libro con amplio reconocimiento, una imagen que se nos vuelve
dulce y amena a pesar de sus contradicciones.