I
Las
preguntas por el lenguaje han perdido su radicalidad ontológica. Tal vez no
tenga caso plantearse cuestionamientos del tipo: ¿En qué consiste la
originación primera del lenguaje en el ser humano? ¿Qué es la lengua?(1)
Estas interrogantes parecen irresolubles y sin embargo serían inevitables. La
radicalidad ontológica de estas dudas pretende develar los orígenes
antropológicos e históricos del lenguaje, en tanto habría de existir una
territorialidad primigenia de su nacimiento. Esta radicalidad remite como telón
de fondo al mito bíblico de la Torre de Babel, a la búsqueda de alguna lengua
adánica. Llamamos a lo anterior: Preguntas de tipo X sobre el lenguaje.
Junto a
las búsquedas que asumen una radicalidad ontológica del lenguaje, se han hecho
a lo largo del siglo XX otro tipo de indagaciones en torno al mismo objeto.
Diversos enfoques teóricos investigan desde el plano estrictamente lingüístico
o desde planos que conjugan a la lingüística con otras disciplinas humanas,
interrogantes que han abandonado esta radicalidad ontológica. Sin embargo,
estas otras dudas poseen radicalidades alternas, sobre las que no se
profundizará en este texto. Tan solo se admite que las preguntas sobre el
lenguaje han tenido un cierto giro que va de una radicalidad ontológica a otra
(u otras) radicalidad (radicalidades) sobre las cuales habría que investigar. Nombramos
a esto como: Preguntas de tipo Y sobre el lenguaje.
Se
identifica la que quizá sea la más significativa de las segundas radicalidades
que preguntan sobre el lenguaje. Esta radicalidad no ontológica se ubica
en una territorialidad que cuestiona sobre el desarrollo del
lenguaje, dentro de la cual resulta inevitable indagar a su vez sobre el
desarrollo del pensamiento -concebido de manera pragmática como “conocimiento”(2)-.
Preguntar por el desarrollo del lenguaje implica preguntar por el desarrollo
del pensamiento.
Ya en las
preguntas de tipo X sobre el lenguaje aparecía el correlato con el pensamiento.
¿Es el lenguaje el que funda al pensamiento? ¿Es el pensamiento el que funda al
lenguaje?. Son dudas que establecen nexos ontológicos entre ambos elementos.
Interrogantes
del tipo: ¿qué relaciones existen entre el lenguaje y el pensamiento?
¿cómo adquieren los niños el lenguaje?, ¿qué teorías conocemos que expliquen
este proceso?, ¿cómo se construyen el conocimiento y el concepto, en
correlación con el lenguaje?, que se plantean en un contexto de estudio
sobre el desarrollo del lenguaje, se ubican como preguntas de tipo Y
sobre el lenguaje. Aunque al hacer un análisis más minucioso, se advierte que
estas dudas tendrían elementos conceptuales que llevarían a
ubicarlas entre las preguntas del tipo X sobre el lenguaje.
Lo que
salva la posible confusión al respecto es la contextualización en la que son
lanzadas las preguntas. Pero aún así, pueden surgir dudas…
II
Se
intenta el siguiente abordaje, considerando las últimas preguntas
planteadas en el apartado anterior como de tipo Y, aunque identificamos
reminiscencias conceptuales que hacen aparecer los cuestionamientos
del tipo X.
Desde la
perspectiva innatista de Chomsky clarificada por María del Carmen
Perot (Innativismo: el vínculo entre la psicolingüística chomskiana y
la biología del desarrollo, en: revista Perspectivas psicológicas,
Universidad de Buenos Aires, Nov. de 2010, P. 31 – 39) el conocimiento se
construye a partir de la “mente/cerebro”, en la que radicarían tanto la
potenciación lingüística como la potenciación del pensamiento. La lengua se
consideraría entonces como un “órgano mental” similar a otros órganos del
cuerpo humano. Sin embargo, la analogía
empleada por la autora, que equipara al “órgano del lenguaje” con el “sistema
visual” (que no es precisamente un órgano) y con otros “órganos corporales”, es
debatible. El “cerebro” a partir de su existencia concreta y fisiológica puede
tal vez concebirse como un “órgano”, pero uno de cualidades muy distintas a los
otros órganos. Puede también admitirse que el cerebro sería mucho más que un
órgano de existencia concreta y fisiológica en el cuerpo humano. Es aquí que el
cerebro tendría una dimensión de existencia mental, en la que adquiriría un
cierto corpus de completud.
La
concepción de Perot va de lo corporal orgánico al cerebro como órgano concreto
y fisiológico del cuerpo humano y, de ahí se distiende a una zona no corporal
como la mente, la cual quedaría absorbida conceptualmente por esta corporalidad
orgánica. La analogía de Perot es de inicio fallida, tal vez toda concepción de
lo mental lo sea, empezando por Freud. La mente es una entidad abstracta que
posee inclusive cualidades metafísicas.
A partir
de la anterior argumentación los planteamientos de Perot resultarían dudosos.
Los conceptos de “mente/cerebro” y de “lenguaje” como “órgano mental” en
la autora, son de tipo esencialista-materialista. A su vez, esta idea remite a
las preguntas de tipo X sobre el lenguaje. ¿Qué es la mente?, es una pregunta
que hasta este momento no se ha logrado responder satisfactoriamente. La mente
es una zona de penumbra humana en los planos antropológico y ontológico.
La autora
busca sustentar una postura que clarifique el planteamiento chomskyano
criticado por las posturas de la ciencia cognitiva. En síntesis se pretende
sustentar que:
… el enfoque innatista del lenguaje no predica el
innatismo respecto de ciertas conductas sino mas bien de ciertos mecanismos y
representaciones de componentes de la facultad encargada de adquirir el
lenguaje… como se verá tampoco es usual encontrar en Chomsky una defensa de lo
innato entendido como aquello que es inevitable, o mas aún, que es resultado
directo de los genes. En ningún momento se niega que el entorno (ya sea
bioquímico o social) juegue un papel importante en el desarrollo del lenguaje,
más bien se intenta enfatizar el aspecto biológico como precondición necesaria
para que, ante el estímulo, sea posible el desarrollo del lenguaje.
La autora
asume que Chomsky deja a lado el estudio de las lenguas como “constructos
arbitrarios”, en tanto que “las gramáticas que los identifican no tienen
relación con ellas”. Este concepto es derivado de Saussure, quien afirma que la
lengua es un sistema de sonidos que se asocian de manera arbitraria a un
sistema de conceptos. No hay relación alguna entre lo que nombra y el
significado de lo nombrado.
Perot
refiere a su vez, que la jugada teórica de Chomsky es conducida hacia entidades
reales y la gramática que las describe, que tiene la cualidad de ser verdadera
o falsa de acuerdo con las propiedades específicas de la funcionalidad
gramatical que las sustenta. Estas entidades reales y la gramática que las
describe, residen de manera concreta en los idiomas y su gramaticalidad. La
existencia mental/cerebral de la lengua asumida por Perot en diálogo con
Chomsky, no puede tener una condición de arbitrariedad como la asumida por
Saussure, sino que tiene que fundamentarse en una gramática que le da sentido y
funcionalidad como lengua. La autora habla no en términos de una gramática
universal chomskyana, sino considerando la existencia de gramáticas específicas
que funcionan en las distintas lenguas que se tornan reales en idiomas como el
español.
La autora
afirma entonces una doble condición de la lengua al evitar la arbitrariedad
saussuriana.
A) Por un
lado dice que la lengua es “mental/cerebral”, es un “órgano mental” al que
concibe analógicamente a partir de otros órganos corporales del ser humano.
B) Por
otro lado refiere que esta condición de la lengua toma forma a partir de “un
realismo”, una gramática específica que le da sentido y funcionalidad, esto
sería por ejemplo, la gramática propia del español o de cualquier otro idioma.
La gramática
de la lengua (B) posee una existencia concreta, que permite hablar de
corrección o incorrección. Pero a partir de lo alegado líneas atrás, no es
posible admitir sin cuestionamientos que lo mental/cerebral (A) tiene una
existencia concreta.
Según las
concepciones de Perot, el desarrollo del lenguaje y del pensamiento resultan
concomitantes. El pensamiento se desarrolla a través del lenguaje y viceversa.
Aunque a fin de cuentas, en la teoría de Chomsky retomada por Perot, el
predominio temático del lenguaje nos lleva a pensar que éste tendría mayor
importancia que el pensamiento. Quedan dudas al respecto.
El
correlato entre A y B es la territorialidad donde acontecen los desarrollos del
lenguaje y el pensamiento. Es aquí que se construye entonces el conocimiento,
donde desde luego toman forma los conceptos.
Perot
asume enseguida la existencia de la “canalización”, un término biológico
que permitiría al enfoque nativista de Chomsky ser compatible con la biología
del desarrollo. La autora retoma el término de Waddington, quien:
… propuso la noción de canalización para explicar
la tendencia de los distintos individuos de cada especie para producir
características físicas semejantes a pesar de las variaciones genéticas y
ambientales.
La autora
plantea el término de “canalización”, ubicado como un puente entre A y B. El
lenguaje y el pensamiento se disparan cognitivamente a través de A-B, de
tal forma que lo mental/cerebral resulta predominante.
Lo
especificado en A, lo mental/cerebral del lenguaje humano que Chomsky asume a
partir del un DAL (Dispositivo de Adquisición del Lenguaje), posee según la
autora, una mayor importancia que los factores ambientales y biológicos
externos en el desarrollo del lenguaje y, por ende, es mas importante también
en el desarrollo del pensamiento.
La
gramática específica que le otorga sentido y funcionalidad a la lengua (la
gramática de español por ejemplo), la condición realista de B, posee
desde luego una existencia concreta, una existencia educativa, social y
cultural, en la que el componente A de la lengua queda expuesta a un
afuera de lo mental/cerebral. En este afuera tienen lugar los factores
ambientales y biológicos en la potenciación del lenguaje y el
pensamiento.
El
componente A se vehiculiza a través de B, al suceder esto A quedaría expuesto a
un afuera. El concepto de “exponerse” A mediante B a un afuera, implica la
posibilidad de una vulnerabilidad ante el afuera. Perot no admite esto. La
autora asume un blindaje de A en el proceso, lo mental/cerebral es dominante.
Aquí se
asume que la vehiculización de A mediante B, implica que el primer componente
quede expuesto a un afuera en el que la vulnerabilidad se hace presente. ¿En
qué consiste esta vulnerabilidad? No se responderá esta pregunta en este
ensayo, queda abierta…
El afuera
donde el correlato A-B tiene lugar, tendría una influencia en el
desarrollo tanto del pensamiento como del lenguaje. Esto último es defendido
por otros planteamientos sobre el lenguaje. Las perspectivas interaccionista
por un lado y la del aprendizaje (o empirista) por otro, sostienen que el
afuera en el que acontece la vehiculazación A-B, es mas importante que el
adentro mental/cerebral defendido por Perot.
III
Para
cerrar el ensayo, se sustituye la analogía de Perot, que torna débil la
defensa de Chomsky, por otra analogía que conecta la originación del lenguaje
con la lógica del ADN:
Primero fue la palabra. El principio de la vida, el
ADN, puede verse como un código formado de palabras, frases y puntuación (Chimal C., Futurama. Literatura y ciencia a
través del tiempo, 2012, México, P. 9).
Aparecen
de nuevo las preguntas de tipo X…
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Notas
(1) No es lo mismo cuestionar
sobre la “lengua” que hacerlo sobre el “lenguaje”. El primer concepto es
fundamentalmente sustancialista y lleva a un plano ontológico. En tanto que el
segundo refiere la existencia concreta de la capacidad humana del lenguaje.
Aunque a fin de cuentas ambos conceptos resultan problemáticos, ya que se
remiten uno a otro.
(2) Aquí surge un problema conceptual, usualmente en
textos de corte educativo suelen concebirse como sinónimos el concepto de
“pensamiento” y el de “conocimiento”. Sin embargo desde una perspectiva
filosófica ambos términos poseen significados diferentes. Este es un debate que
no será abordado.