Ya el pensamiento educativo ha sido
capturado por una serie de tecnificaciones, es esto lo que aprenden los
investigadores educativos, una serie de técnicas para pensar lo educativo. En
un ensayo anterior he referido como este pensamiento termina siendo capturado
por una serie de formalidades de la escritura (http://www.academia.edu/16149744/Los_diez_mandamientos_de_la_escritura_en_la_academia_universitaria
). Este ensayo aborda uno de los tentáculos de la maquinaria de pensamiento a
través de la cual lo educativo es trazado y modelado con pre-determinación.
Pero falta por desentrañar a detalle esta gran maquinaria del pensamiento
educativo que ha caminado a través de los desarrollos de lo que suele llamarse
“investigación educativa”. Dos rasgos que se detectan de esta
maquinaria son la idea de la innovación (sobre lo técnico) y la idea del
rupturismo (sobre el saber, el espacio epistemológico), que forman parte de un
mismo núcleo ideológico moderno: el del cambio y la transformación infinitos,
el de una lógica de traer y llevar lo nuevo hasta el final de los tiempos, el
de las búsquedas indetenibles por inaugurar un saber que sustituya a otro(s).
Pero en el fondo, lo que se enraíza aquí es la mismidad de lo nuevo, es la
necesidad de una transformabilidad que en su infinitud se convierte en un ir y
venir sobre sí misma. Y esto es un atolladero, esto es un contenido abisal del
pensar y el hacer educativo, que de una u otra forma termina convirtiéndose en
fatiga. En el fondo esta es una dolorosa forma de mitificar la vida educativa
bajo la idea de la eternidad de lo nuevo, que se hunde cada vez en el mismo
lugar…