Esta es la cuarta entrega
de artículos que merodean en torno a “El libro negro de la nueva izquierda”. Con
este artículo cierro los análisis y críticas sobre este libro que resulta clave
para entender a la ultraderecha del siglo XXI. Durante la escritura de los
artículos sobre este libro, tuvo lugar la aprobación en lo general de la Ley de
Seguridad Interior en la Cámara de Diputados en México. A simple vista, parece
no existir una conexión evidente entre lo desatado por la publicación de “El
libro negro de la nueva izquierda” y la aprobación de la Ley de Seguridad
Interior. En este artículo se demuestra que existe una conexión (directa o
indirecta) entre ambos asuntos.
El 30 de noviembre de 2017,
los diputados federales aprobaron la Ley de Seguridad Interior, con 248 votos a
favor, 115 en contra y 48 abstenciones. Entre los diputados que votaron a favor
están 183 integrantes de la bancada del PRI, 35 del PVEM, 14 panistas, 2
perredistas, 9 integrantes del PANAL y 9 del PES.
En Chihuahua, la
presentación de “El libro negro de la nueva izquierda” fue promovida por el
diputado Israel Fierro, quien es integrante del Partido Encuentro Social (PES),
una organización que representa los intereses de grupos religiosos en México y
Chihuahua.
No es casual que converjan
el activismo del diputado Israel Fierro en la promoción de “El libro negro de
la nueva izquierda” y el voto de 9 legisladores del Partido Encuentro Social en
el Congreso Federal, para aprobar la Ley de Seguridad Interior. ¿Cuál es el
territorio ideológico y político en común entre la acción del diputado local
del PES, Israel Fierro, al promover “El libro negro de la nueva izquierda”, y
los 9 diputados del mismo partido que a nivel federal aprobaron la Ley de
Seguridad Interior? El territorio en
común entre ambas posturas de los diputados del PES son los asomos del
fascismo, bajo la forma amenazante de la violencia y la represión que se
ejercen en contra de los militantes de las izquierdas.
Los contenidos ideológicos
y políticos de “El libro negro de la nueva izquierda” traen consigo una
demonización de las izquierdas. El discurso de la ultraderecha que descalifica
y demoniza a las izquierdas ha surgido en algunos momentos clave de la historia.
Hace algunas semanas, la filósofa y teórica del feminismo, Judith
Butler, fue presa del acoso y la violencia por parte de cristianos brasileños,
quienes estuvieron a punto de agredirla en el aeropuerto de Congonhas, en Sao
Paulo.
El episodio de violencia
en contra de Butler es comparable con el caso de los cinco empleados de la
Benemérita Universidad de Puebla que fueron linchados y asesinados en la
población de San Miguel Canoa, en 1968. La paranoia religiosa incitada por el
párroco del pueblo condujo a los habitantes de esa localidad a un fanatismo que
terminó en tragedia. En la película de “Canoa” (Felipe Casalz, 1975) se hace
presente el discurso que el párroco de este pueblo pronunció con la intención
de demonizar a los militantes del comunismo:
“Por eso el señor quiere prevenir a los más
humildes y queridos de sus hijos, quiere guiarlos. El demonio anda suelto… los
podemos ver todos los días, lo podemos leer en los periódicos. Está en todas
partes, hasta en los servidores del señor, los sacerdotes que han escrito un
documento dictado por la mano del demonio. Aún en Roma. Son los nuevos Judas,
los que traicionan a Dios, nuestro señor y que ven con agrado como ya se
levantaron los comunistas que incendian camiones, destruyen comercios, ultrajan
a la gente. Ya pusieron una bandera, roja como el infierno, negra como el
pecado. Se la pusieron a las autoridades, eso es una burla, es una grosería. La
pusieron en la catedral. Pero no solo están en México, están en Puebla y pronto
estarán aquí…”
Los discursos incendiarios
del párroco de San Miguel Canoa que demonizaron a los integrantes de la
izquierda, fueron pronunciados en el contexto de efervescencia política de las movilizaciones estudiantiles de 1968. Los
cinco empleados de la Benemérita Universidad de Puebla fueron asesinados el 14
de septiembre de 1968, dos semanas antes de la matanza de estudiantes en la plaza
de la Tres Culturas, ejecutada por integrantes del ejército.
En las semanas que
transcurrieron entre septiembre y octubre de 1968, cuando se dio el
linchamiento y asesinato de los empleados de la Benemérita Universidad de
Puebla, alrededor de estos hechos se hicieron presentes la ultraderecha en la
voz del párroco del pueblo de San Miguel Canoa y el ejército que posteriormente
reprimió y asesinó a los estudiantes movilizados en la plaza de las Tres
Culturas. En las semanas que transcurren entre octubre y noviembre de 2017, en
la actuación de los diputados del Partido Encuentro Social que promovieron “El
libro negro de la nueva izquierda” y que aprobaron la Ley de Seguridad
Interior, se hace manifiesta una violencia discursiva y política en contra de
los integrantes de la izquierda y la amenaza latente del ejército que estaría
ocupando las calles para cumplir funciones policiales. Estos son indicios de la
presencia de un fascismo, que aparece en distintos momentos de la historia, de
formas diferentes y a partir de contenidos ideológicos y políticos también
diferentes.
Los discursos incendiarios
en torno a “El libro negro de la nueva izquierda” se elaboran durante la
segunda década del siglo XXI, un momento que resulta clave para el resurgimiento
de las izquierdas latinoamericanas. En este libro, la demonización de las
izquierdas es depositada en intelectuales como Judith Butler o Michael
Foucault. En uno de los apartados de es este libro se demoniza a Foucault:
«Homosexual promiscuo,
sadomasoquista enfermizo, comunista “bon vivant”, alcohólico perdido, suicida
frustrado, fumador empedernido y drogadicto irrefrenable —el consumo de LSD fue
su pasatiempo favorito—, Michel Foucault fue el arquetipo humano perfectísimo
para terminar siendo la idolatrada referencia de viciosos, delincuentes y
depravados que la nueva estrategia izquierdista ha cooptado para sí, bajo las
supuestas pretensiones nobles que aquí intentamos transparentar, siendo que para
su envenenada herencia de intelectuales que hoy lo emulan —en sus textos y en
sus hábitos—, Foucault es el punto de referencia obligatorio para promover la
revolución cultural, tan simpáticamente igualitaria en el mundo aparente como
perversa y autodestructiva en el mundo real.»
La demonización sobre
Foucault subraya una serie de cualidades que los integrantes de la ultraderecha
conciben como moralmente reprobables. La estrategia discursiva consiste en
enumerar una serie de descalificaciones que se van planteando de tal forma que
terminan condensándose. Las descalificaciones se conjugan en una sola
significación. Para los escritores de “El libro negro de la nueva izquierda”,
ser «homosexual promiscuo» equivale a ser «sadomasoquista enfermizo», a su vez
esto, equivale a ser «comunista “bon vivant”», «alcohólico perdido», «suicida
frustrado», «fumador empedernido» y «drogadicto irrefrenable». Las descalificaciones
sobre Foucault se convierten en un solo alegato moralizante que busca una
descalificación generalizada lo mismo del marxismo, que del feminismo o de los
integrantes de la comunidad lésbico-gay. Esta estrategia discursiva es empleada
por los escritores de “El libro negro de la nueva izquierda” a lo largo de todo
el texto.
Cuando un sujeto o un
conjunto de sujetos han sido demonizados de la forma en que se hizo por parte del
párroco de San Miguel Canoa en 1968, o como lo hacen los escritores de “El
libro negro de la nueva izquierda” en 2017, lo que va quedando sedimentado en
términos ideológicos y políticos es la construcción discursiva de una
descalificación tajante que se convierte en odio. Lo que se sigue de esto, es
la posibilidad de desatar acciones violentas que lo mismo pueden ser verbales,
simbólicas o fácticas.
En la historia del
cristianismo en occidente hay una pedagogía del odio que se hace manifiesta
mediante una polarización ideológica y política, evidentemente maniquea. Ante
lo presuntamente “negro” de la nueva izquierda, los militantes de la
ultraderecha postulan lo blanco de la moral cristiana. Este procedimiento trae
consigo una declaración de guerra.
Los discursos de este
libro de la ultraderecha generan primero una descalificación de las izquierdas
que operan a partir de un procedimiento de demonización. Junto a la
descalificación que demoniza a las izquierdas, tiene lugar un odio que se
elabora discursivamente sobre los militantes del marxismo, del feminismo y de
la comunidad lésbico-gay. Después del odio, el paso a la violencia es latente,
amenazante en todo momento. Lo sucedido en Canoa en 1968 y lo que le sucedió a
Butler recientemente en un aeropuerto de Brasil, dibujan con claridad un
transcurso ideológico que va de la descalificación al odio, y de ahí, a la posibilidad
de la violencia.
En el caso de la Ley de
Seguridad Interior, el mecanismo que desemboca en la posibilidad de la
violencia funciona de manera distinta. Aquí no opera una descalificación que
transita hacia un odio, y de ahí, hacia una amenaza de la violencia, sino que
tiene lugar una proceso de institucionalización de la violencia en el ejercicio
de la fuerza pública depositada en figuras policiales o militares. A través de
la Ley de Seguridad Interior se pone en marcha una institucionalización de la
violencia que le permite al ejército el desempeño de funciones policiales. Esto
trae consigo la amenaza de la represión y del uso excesivo de la fuerza
pública. Desde el punto de vista de Althusser, el ejército es un aparato
represivo del estado que muestra la amenaza de la violencia institucionalizada.
La Ley de Seguridad Interior es un entramado legal, cuya advertencia en forma de amenaza es el
ejercicio de una violencia inmediata.
Lo que se deriva de los
discursos construidos en torno a “El libro negro de la nueva izquierda” y de la
Ley de Seguridad Interior que permite al ejército desempeñar acciones policiales,
es la posibilidad de desencadenar acciones de violencia en contra de los
militantes de la izquierda que lo mismo pueden ser marxistas, feministas,
integrantes de la comunidad lésbico-gay, etc.
“El libro negro de la
nueva izquierda” y la Ley de Seguridad Interior, abren una serie de puertas hacia la violencia y hacia la
represión de las izquierdas. Estos son los indicios de un fascismo que está a
la vuelta de la esquina…