Hasta el momento, la lucha de López
Obrador en contra de la corrupción en Pemex es el mayor acierto en el ejercicio
de gobierno. La promesa de campaña de luchar en contra de la corrupción, se va
cumpliendo. La bandera está alzada y se agita con fervor. Las encuestas sobre
las medidas del gobierno federal en la lucha contra el huachicol (incluso las
que se han hecho a quienes están formados en las filas de las gasolineras en
los estados donde hay desabasto) reposicionan la aceptación y la popularidad de
AMLO.
La estrategia política y mediática ha
sido convertir al tema del huachicol en preponderante, por sobre otros temas.
Esta medida le ha permitido al lópezobradorismo:
1) Identificar un enemigo concreto (los
huachicoleros de abajo y de arriba, de afuera y adentro de PEMEX). No hay que
olvidar que en las estrategias de guerra, a la figura del enemigo se le
construye discursivamente entre lo real y lo imaginario.
2) Dar lugar a que este enemigo se
convierta en colectivo, es decir, que sea un enemigo de la sociedad en su
conjunto. Sobre el enemigo se construye un consenso político de animadversión.
El rechazo y el odio ante el enemigo, procura alimentar una filiación política
e ideológica traducible en simpatizantes, militantes, y desde luego en votos.
3) Ir desnudando a este enemigo poco a
poco para despojarlo de sus prendas (identidades, modus operandi, grados de
afectación, etc.), y mostrar entonces la vileza que reside en su propia condición
corrupta, huachicolera.
4) Y trazar agenda política y mediática
de manera determinante a partir de ello.
El problema es que el asunto del
huachicol se ha convertido en un tema sobredeterminante en la agenda política y
de medios. Esto significa que es el tema al que se le ha dado más peso e
importancia, por sobre otros temas.
Ayer se aprobó en la cámara de diputados
la Ley de la Guardia Nacional, que militariza la seguridad pública en México.
Esta organización estará comandada por un falso mando mixto. Los asuntos
administrativos tendrán un mando civil y los asuntos operativos tendrán un
mando militar. El compromiso del lópezobradorismo de limitar el predominio de
los militares en la Guardia Nacional, para darle mayor peso a las autoridades
civiles, no se cumplió.
En la Guardia Nacional, lo civil es una
cáscara, una mascarada, que envuelve a las semillas y al zumo militar de un
fruto que ya ha demostrado su pudrición en la historia reciente. Los derechos
humanos están en riesgo y no hay que dejar de decirlo hasta el cansancio.
En la coyuntura política y mediática, el
asunto de la lucha contra el huachicol, desplaza y al asunto de la aprobación
de la Ley de la Guardia Nacional. Esto se detecta al analizar cuantitativa y
cualitativamente los discursos de la coyuntura política: tiene un mayor peso el
tema del huachicol que el tema de la Guardia Nacional.
Desde luego que hay una mano que mece la
cuna en las jugadas políticas y mediáticas para posicionar y darle mayor
importancia a unos temas por sobre otros. Esto indica que los morenistas van
aprendiendo a hacer política a nivel nacional.
En la coyuntura actual es necesario un
análisis de mayor profundidad sobre el fenómeno de la huachicolización de la
política.
Como narrativa, como imagen cuya
composición tiene un contenido simbólico, como idea que es explotable
políticamente, el “huachicol” se convierte en el primer gran acierto que le
permite a los lópezobradoristas plantear con claridad una tesis y antítesis de
contenido dialéctico: la lucha entre los corruptos y los no corruptos. Esta
jugada le proporciona a la 4T una energía ideológica y un motor político e histórico
para seguir adelante.
La dialéctica huachicolizante de la
política (la lucha entre los no corruptos y los corruptos) es un horizonte, que
por el momento resulta promisorio para el lópezobradorismo.
A diferencia de Corral que inició
postulando el discurso de un amanecer (la luz de la justicia) ante una noche
(la oscuridad de la corrupción duartista), López Obrador postula en los hechos
la lucha en contra de la corrupción huachicolera, y enseguida envuelve a esta
lucha con discursos y faenas políticas y mediáticas. La lucha en contra de la
corrupción de Corral, son discursos que no han podido ser llenados con hechos.
La lucha de López Obrador en contra de la corrupción, son hechos a los que va
arropando con discursos y con amplio abanico de posibilidades de desplazamiento
en lo que sigue estratégicamente.
El problema en este caso, es que al
convertir en sobredeterminante el asunto del huachicol, por sobre otros asuntos
como la Ley de la Guardia Nacional, se genera una perspectiva que resulta
tramposa en cierto grado. ¿Sobre cuál de los asuntos habría que colocar la
mirada política en este momento y por qué razones?
Una de las enseñanzas más significativas
de la teoría crítica elaborada por los intelectuales que abrevaron del marxismo
en el siglo XX, es la necesidad de observar y analizar los problemas desde los
márgenes, desde las orillas. En lugar de colocar la mirada en los temas
preponderantes de la agenda política y mediática que se dicta desde los
espacios de poder (el asunto del huachicol), se requiere colocar la mirada en
los asuntos marginales que están en las orillas (el asunto de la Guardia Nacional).
Hay que salir de los discursos
hegemonizados por la agenda política y mediática del poder en turno, que toman
la forma de un tsunami envolvente y a veces asfixiante. Y colocarse en otros
espacios para mirar y pensar más allá de las inercias y coacciones del momento.
Este un ejercicio de descentramiento del pensamiento y la acción política que
la izquierda no debe abandonar.