El concepto de “sitio” se
usa comúnmente en el lenguaje de la estrategia militar. En términos militares,
un “sitio” tiene lugar cuando un ejército es copado por todos los flancos en un
territorio reducido. El ejército que está encerrado en un sitio tiene escasas
posibilidades de sobreponerse al enemigo y derrotarlo, también tiene escasas
posibilidades de escapar del territorio en el cual está encerrado. Uno de los
hechos históricos más significativos en México es el sitio de Cuautla, durante
la guerra de independencia.
En una de sus jugadas
teóricas Michael Foucault invirtió el aforismo de Clausewitz, afirmando que: “La política es la continuación de la guerra
por otros medios”. A partir de esta tesis, Foucault puso en claro que la lucha
por el poder en el plano militar se extiende hacia el plano político de formas
variadas. Desde luego que la lucha militar y la lucha política son distintas,
pero en los dos ámbitos las intenciones para hacerse del poder y ejercer un
dominio resultan coincidentes. Tanto en el plano militar como en el plano
político se busca la derrota de los adversarios, el sometimiento, el
desplazamiento y la ocupación de
territorios que pueden ser físicos o ideológicos.
Tomando en cuenta el
planteamiento de Foucault, en este artículo el concepto de “sitio” que se usa comúnmente
en la teoría de la guerra, se desdobla hacia el ámbito de la política. En las
últimas décadas la izquierda mexicana se encuentra bajo un estado de sitio
ideológico y político.
La primera cualidad de este
sitio tiene que ver con la hegemonía neoliberal a nivel mundial y en México de
manera específica. La globalización y el neoliberalismo, que son fenómenos que
suceden de forma simultánea y entrecruzada, han construido un dominio en todo
el planeta en las últimas décadas. La izquierda mundial en su conjunto se
encuentra sitiada por una serie de poderes fácticos en los órdenes económico,
político y militar. Ante esta dominación, desde el bloque de la izquierda se
han construido los movimientos altermundistas que en América Latina se
agruparon alrededor del Foro de Sao Paulo en la década de 1990. En esta parte
no nos detendremos a trazar una radiografía de los poderes fácticos del
neoliberalismo en el mundo y en México. El análisis más consistente y sintético
del neoliberalismo elaborado desde México se puede leer en el libro “Historia
mínima del neoliberalismo” (Escalante Gonzalbo, 2017).
La segunda cualidad del
sitio bajo el cual se encuentra la izquierda mexicana de las décadas recientes tiene
que ver con el régimen político de la democracia. La izquierda ha sido sometida
a una serie de encrucijadas electorales en la lucha por el poder. El año de
1988 es un primer momento de esta encrucijada, cuando se cometió un fraude
electoral evidente en contra de la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la
presidencia de la república. Las encrucijadas se repitieron en los procesos
electorales del 2006 y el 2012, cuando se impidió la llegada de López Obrador a
la presidencia de México, postulado entonces por el PRD.
En 1988, 2006 y 2012, las
encrucijadas electorales en contra de la izquierda partidista se construyeron
mediante la convergencia de una serie de poderes fácticos que bloquearon a esta fuerza política en su posibilidad de
acceder a la presidencia de la república. Los integrantes del PRI y del PAN (el
PRIAN), los empresarios, los consorcios mediáticos y otros actores, se
convirtieron en un cerco que le impidió a la izquierda ganar la presidencia de
México.
Lo que está sucediendo con MORENA
en este momento político, lo que sucedió con el PRD a lo largo del sexenio de
Peña Nieto y lo que ha sucedido con una parte de la izquierda chihuahuense que
construyó una alianza con el gobierno de Javier Corral, nos muestran una serie
de rasgos que caracterizan al sitio bajo el cual se encuentra la izquierda en
los meses previos a las elecciones del 2018.
Tal parece que la única
posibilidad que le queda a la izquierda social y partidaria para acceder al poder, consiste en pactar con
las fuerzas de la derecha, para arribar a espacios concedidos o para construir
la fuerza suficiente que le permita ganar una elección. Bajo esta condición se
dibuja la tragedia más significativa de la izquierda mexicana en los inicios
del siglo XXI.
En el camino electoral hacia
el 2018, MORENA está pactando con una serie de grupos de poder y con sujetos
individuales que no son parte de la izquierda. Es el caso de la operación del
empresario Alfonso Romo a favor de la candidatura de López Obrador. Es la
conformación de un gabinete presidencial que le resulta a modo a los poderes
fácticos del neoliberalismo en México y en el mundo. Es la postulación a
diversas candidaturas de viejos cuadros que militaron en el PRI y en el PAN. También
está presente la alianza entre MORENA y el Partido Encuentro Social, una
agrupación de la ultraderecha en México.
Los caminos del pragmatismo
electoral han llevado a MORENA a una serie de acuerdos y concesiones que disuelven
a un proyecto de izquierda. López Obrador se ha convertido en un candidato a
modo para los intereses de la derecha (y de la ultraderecha).
La condición de sitio en la
que están la izquierda del PRD y una parte de los integrantes del Barzón en
Chihuahua, es diferente a la situación de MORENA. Pero a fin de cuentas, hay un
rasgo en común entre las izquierdas de MORENA, del PRD y de una parte de los
integrantes del Barzón que han quedado sitiados por la derecha (y por la
ultraderecha). Este rasgo en común es la voluntad personal y/o colectiva de
quedar sitiados por los adversarios en la búsqueda por acceder al poder.
Por voluntad propia en lo
personal y lo colectivo, los perredistas decidieron quedar absorbidos por el
proyecto electoral del PAN hacia el 2018. Haciendo uso de su decisión personal,
una parte de los integrantes del Barzón en Chihuahua se convirtieron en alfiles
del gobierno panista de Javier Corral. Por decisión propia, una gran parte de
los militantes de MORENA han quedado callados y sometidos ante la estrategia
aliancista emprendida por las dirigencias local y nacional, que sin consultar a
las bases ha trazado acuerdos con algunos empresarios, con exmilitantes del PRI
y del PAN, y con la ultraderecha del
Partido Encuentro Social.
Entre los militantes de
MORENA y los defensores de la candidatura de López Obrador, hay quienes se
atreven a defender la estrategia electoral de este partido a toda costa. Para
ellos, los críticos del pragmatismo de MORENA le abonan a las fuerzas
contrarias que buscan la tercera derrota de López Obrador en las elecciones del
2018. Para los defensores de MORENA y del lópezobradorismo, el pragmatismo es
justificable de cualquier forma. Pero esta manera de pensar es un síntoma de la
condición de estar sitiado, en términos ideológicos y políticos. La defensa del
pragmatismo de MORENA es un síntoma consciente o inconsciente del hecho de
estar sitiado, de estar sometido a una estrategia política en la cual un
proyecto de gobierno de izquierda queda a merced de los intereses de la derecha.
Para los defensores de López
Obrador, se trata de apostarlo todo en la búsqueda del triunfo, aún a costa de
la ideología y de los principios que le dan a la izquierda una ética que
resulta sustantiva. Se trata de ganar de cualquier forma, aunque en el fondo
esa posibilidad de ganar traiga consigo una derrota para la izquierda mexicana.
La derrota de una izquierda auto-sometida a un pragmatismo que es
injustificable en términos ideológicos.
López Obrador ha quedado
sitiado por las fuerzas de la derecha y de la ultraderecha en México, es un
candidato a modo para ellos. Hay momentos en los que el pragmatismo deja de ser
una estrategia inteligente y ética para las fuerzas de la izquierda, y se
convierte en una forma de quedar arrodillado ante los adversarios.