I.- La poesía de José Luis
Domínguez puede leerse a través de su vida. O dicho de otra forma, la vida de
José Luis Domínguez puede leerse a través de su poesía. Desde luego que no
encontramos una historia lineal contada paso a paso, lo que encontramos en la
poesía de Domínguez son fragmentos de vida que tienen la forma de una “llama”,
de un pedazo de luz o de lumbre que se posa sobre los dedos de la mano. De ahí
el título del poemario que reúne la obra in-completa del poeta cuauhtemense:
“Los dedos en la llama”.
¿Qué significa poner “Los
dedos en la llama”? Desde luego que significa tocar la luz y la lumbre. En este
caso, los dedos significan al cuerpo de los hombres. Con los dedos se tocan
pedazos de la vida: mientras acariciamos, mientras nos limpiamos las lágrimas
del rostro, mientras sujetamos un pluma para escribir lo que brota desde el
fondo de nuestra existencia. Pero cuando los dedos tocan a la vida que ha
tomado la forma de una “llama”, lo que están tocando es la vida que se
intensifica, la vida que puede volverse luz en forma de conocimiento o lumbre
que bajo la forma del calor puede llegar al grado de la quemadura.
Un “llama” es un pedazo de
luz que puede significar al conocimiento, tal como sucede en la parábola de “La
Caverna de Platón”. Pero una “llama” significa también un pedazo de lumbre, y
por lo tanto, un pedazo de infierno. La llama en forma de luz o en forma de
lumbre es un territorio impuro. En la vida no hay una pureza, ni una
transparencia plenas.
En el caso del gobierno de
Javier Corral, se tomó el lema del “nuevo amanecer”, tratando de significar el
contraste de una “luz” que vendría después de una “oscuridad”. Con el actual
gobierno estatal todo sería pura “luz”, ahora sabemos que eso no es cierto. El
símbolo de la “luz” en el actual gobierno del estado ha buscado la
significación de una pureza que en los hechos se ha mostrado impura en
repetidas ocasiones.
El caso de la imagen de la
“llama” en la obra de José Luis Domínguez posee un significado que resalta la
ambigüedad y la imprecisión. El poeta juega con la imagen de una luz que tiene
la forma de la lumbre, mientras la luz significa la posibilidad de la
iluminación del conocimiento, la llama significa los pedazos de infierno que
todos hemos tocado con las yemas de nuestros dedos alguna vez.
Los políticos han hecho del
lenguaje un lugar de artificios y falsedades, dando lugar a un vaciamiento de
las palabras. Los poetas han resguardado a las posibilidades sagradas del
lenguaje. Porque las palabras guardan en su interior algo sagrado, algo que nos
toca las fibras más íntimas cuando al decirlas o escucharlas sentimos que por
dentro nos recorre algún escalofrío. Esa es la diferencia entre un político y
un poeta. Los políticos se han encargado de llevar al lenguaje a los
desbarrancaderos de la historia, al vaciamiento del sentido. Los poetas se han
tomado la tarea de resguardar el contenido sagrado que aún se escucha en los
latidos de la poesía hecha de palabras y de ruidos. El lenguaje de la poesía
seguirá siendo una forma de aproximarse a lo sagrado. Que no se nos olvide que
las palabras guardan en su interior al fuego de lo sagrado. Mientras se escribe
poesía, hay que escarbar profundo para que ese fuego se reavive y se convierta
en luz o en lumbre que se extiende hacia la vida. Eso es lo que hace José Luis
Domínguez mientras escribe: escarbar profundo hacia adentro de sí mismo y hacia
adentro de nosotros. Y mientras escarba, mientras va descubriendo la luz y la
lumbre de la vida, convierte en poesía lo que somos…
II.- José Luis Domínguez es
un rebelde de la vida. Es uno de esos locos que hizo suyo el manifiesto de la
poesía, con la consigna de ir a contracorriente de la vida. Una de las figuras
emblemáticas de la poesía de este escritor chihuahuense es el profeta Jonás que
se caracteriza por su desobediencia. Jonás es uno de los personajes que
atraviesa la historia de la Biblia católica y cristiana, y la historia del
Corán de los musulmanes.
A Jonás le fue encargado
pregonar la palabra de Dios entre los habitantes de Nínive, una ciudad que
existió en lo que hoy conocemos como Irak, en los siglos que antecedieron a
Cristo. Pero Jonás desobedeció el encargo que el mismo Dios le había hecho.
Jonás huyó del mandamiento de Dios y emprendió un viaje en barco a lo largo de
lo que hoy conocemos como el mar Mediterráneo. En el transcurso del viaje
ocurrió una tormenta de una fuerza descomunal. Los marineros culparon a Jonás
por la tormenta, por el hecho de haber desobedecido a Dios.
El profeta se declaró
culpable de desobedecer a Dios, y como no quería que otros padecieran por su
culpa, les pidió a los marineros que lo arrojasen al mar. Cuando estuvo en el
agua, Jonás fue tragado por una ballena y de esa forma logró salvar su vida. A
los tres días la ballena expulsó a Jonás arrojándolo a tierra seca. Jonás se
reconcilió con Dios. Aunque la desobediencia y el sacrificio lo marcaron de por
vida. Jonás es un personaje marcado por la rebeldía.
En 1996, José Luis Domínguez
publicó un poemario titulado “Jonás”. A lo largo de ese texto, Domínguez se
mira en el espejo de la vida a través del personaje bíblico de Jonás. Ese
poemario es una rebeldía ante la vida:
"Jonás es mi nombre
yo vengo de todo lo suspenso
de todo lo invisible
de una larga dimensión sin
rostro
Incierto es el origen de mis
días
incierta es la raíz que me
alimenta…
yo nací
debo reconocerlo
sin mi pleno y total
consentimiento
yo no pedí venir al mundo
me trajeron a la fuerza…
a lo largo de las horas de
mi infancia
he sido el blanco de todas
injusticias
el grito sumario de todas
las sentencias
el desheredado
el solitario eterno
el jamás escuchado
el siempre doloroso…"
De una o de otra forma la
rebeldía tendría que tener la forma de la eternidad. Quizá ese sea uno de los
significados más rotundos de la vida que una y otra vez se ha construido a
partir de actos de rebeldía: hay las células que mutan de su forma original, hay
cambios biológicos en las especies que evolucionan de forma inesperada, está la
historia que no se detiene ni se cansa en la transformación de la vida y la
cultura, están los sistemas políticos que fracasan y que requieren ser
modificados. Los llamados a la rebeldía están por todos lados.
La poesía de Domínguez es
una escritura de la rebeldía que se extiende a lo largo de sus libros. Uno de
los últimos poemas de “Los dedos en la llama” es un canto de rebeldía en contra
del trabajo de un obrero que deja de ser persona y se convierte en una “cosa”,
en una “cifra”, en una “simple herramienta” del proceso de producción
capitalista.
Hace algunos años José Luis
Domínguez era bibliotecario en el CBTIS 117 de Cuauhtémoc. En algún momento de
su vida, decidió renunciar a este trabajo y vivir entonces de la escritura. Sin
lugar a dudas este es un acto de rebeldía radical. ¿Quién en estos tiempos
subsumidos por el capitalismo, toma la decisión de renunciar a la seguridad
económica de su trabajo para vivir de la escritura y la poesía? Solamente un
rebelde.
Algo parecido sucedió hace
poco tiempo, cuando José Luis Domínguez entró a estudiar la Licenciatura en
humanidades en la extensión de la UACJ en Cuauhtémoc. José Luis superaba a sus
maestros. Como lector voraz que ha sido a lo largo de su vida, pocas cosas, si
no es que nada, podrían enseñarle los maestros a José Luis. Es obvio que
terminó por abandonar la carrera. Eso es un acto de rebeldía. Pero José Luis
Domínguez no necesita un título universitario para saber lo que sabe, para ser
lo que es.
La rebeldía de José Luis es
un ímpetu que luego nos contagia, que nos invita a no cansarnos y seguir
luchando a contracorriente. A fin de cuentas, al igual que el profeta Jonás,
todos hemos sido arrojados al océano de la vida, todos vamos a contracorriente,
y cada uno de nosotros será tragado y salvado por ballena diferente, para luego
ser devuelto a la calma de la vida sobre la tierra…