martes, 18 de junio de 2019

El 2018 de la izquierda (Artículo publicado en la revista "Aserto" - Julio de 2018)


La izquierda mexicana no termina de sacudirse todavía, su lugar es un territorio ideológico y político que está lleno de interrogantes. El reciente proceso electoral trae consigo una mutación profunda de la izquierda mexicana, que inicia en 1988 y que se extiende hasta los años que le siguen al 2018.
Después de 30 años de acercarse al triunfo electoral, la izquierda arriba al poder y sigue sacudiéndose. Lo que se ha referido como un “tsunami electoral” en la definición del triunfo lópezobradorista, trae consigo la convulsión interna de la izquierda, que no termina de estructurarse ideológica y políticamente hacia el siglo XXI.
El teórico de la izquierda Massimo Modonesi, titula de manera provocadora un artículo: “Cuando puede ganar lo que ya no es izquierda” (“Desinformémonos”, 11 de julio de 2018). La afirmación de Modonesi que cuestiona de fondo al proyecto de Lopez Obrador es radical. ¿Si el lópezobradorismo “ya no es izquierda”, qué es entonces la izquierda? ¿Cómo se puede tener claridad sobre un proyecto ideológico y político, que puede ser o no ser de izquierda en el siglo XXI? ¿El proyecto lópezobradorista es de izquierda o no lo es?
El debate se traslada al punto de confrontación entre el marxismo ortodoxo y los revisionismos del siglo XX. ¿Dónde termina la legitimidad ideológica y política de un proyecto de izquierda en el siglo XXI, mientras los debates teóricos sobre esta fuerza comienzan a ser habitados y dominados por las posturas posmarxistas de Žižek, Laclau y Butler? Está claro que los debates posmarxistas rompen con el marxismo y con la postura ideológica y política ortodoxa que se manifestó en el socialismo real del siglo XX (la Unión Soviética, la Alemania oriental y el caso de Cuba en América Latina).
Mientras Modonessi habla desde una radicalidad ideológica y política que busca el retorno al Marx original. Otros autores (Žižek, Laclau y Butler) conciben a la izquierda a partir de posturas menos ortodoxas, que aprueban las alianzas en base al concepto de “hegemonía” de Gramsci.
El eje teórico del posmarxismo son las alianzas que se construyen de manera permanente, en lo electoral y lo gubernamental. Para Laclau, la posibilidad de avance de las izquierdas son las alianzas elaboradas sobre coyunturas como la que se vive actualmente en México. Según este autor, se requiere que las izquierdas construyan un programa en común, que las lleve a postular un bloque aliancista que logre dominar el espacio político a partir de diversos motivos de lucha como la desigualdad social, el asunto del género, la interculturalidad, etc. En el caso del lópezobradorismo, los motivos que permiten cohesionar una alianza electoral y gubernamental, son la lucha en contra de la corrupción y la búsqueda de la justicia social que limite la desigualdad.
Desde 1988 hasta la fecha, lo que ha definido a la izquierda mexicana es un aliancismo que se manifestó primero en el Frente Democrático Nacional, que postuló la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas y que posteriormente dio lugar a la fundación del Partido de la Revolución Democrática. Tanto la candidatura presidencial de 1988 como la fundación del PRD un año después, orbitaron alrededor de la figura de Cárdenas, quien se convirtió en factor de cohesión y pugna al interior del perredismo.
En el caso específico de la alianza de la izquierda en el 2018, lo que está en duda son tres cuestiones:
1º.- Los límites de las alianzas que sobrepasaron al centro y se inclinaron hacia la derecha empresarial y religiosa.
2º.- La construcción de una alianza alrededor de la figura de un personaje que se impone bajo la forma del caudillo.
3º.- La falta de claridad de un proyecto de política económica de corte antineoliberal.
A partir de las alianzas electorales en 2018, la izquierda morenista se proyecta ideológica y políticamente abigarrada. Esto queda manifiesto en el título de un artículo de la revista “Proceso”: “Morena convertido en un revoltijo político que saca chispas” (16 de junio de 2018). Las “chispas” a las que se refiere este artículo habrán de saltar en el momento en que los grupos que se aliaron alrededor de López Obrador comiencen a tomar forma y fuerza en la lucha por los espacios de poder. Los intereses de las diversas fuerzas políticas que son parte de la alianza lópezobradorista, se pondrán en juego de inmediato y se desplegarán hasta la definición de la candidatura presidencial de Morena en 2024.
Lo más problemático para la izquierda que arriba al poder en el 2018 es la figura misma de López Obrador, garante casi absoluto del proyecto de gobierno y del proyecto de partido. En las últimas décadas, las luchas de la izquierda electoral han sido equilibradas a partir de la figura del caudillo. En los primeros años del siglo XXI, el caudillismo de la izquierda se trasladó del cardenismo hacia el lópezobradorismo.
Cuando la figura del caudillo comienza a desdibujarse y aparecen otras variables como las luchas entre los grupos que buscan los espacios de poder, lo que se ha mostrado es la ley de la selva que deja a un lado la ética y los principios ideológicos. En la izquierda electoral la lucha por ocupar espacios de poder ha sido descarnada.
Por lo pronto, la figura de López Obrador garantiza un cierto equilibrio en el proyecto gubernamental y del partido. Pero esta variable se irá jugando al lado de otras variables en lo local y lo nacional.
En el gobierno de López Obrador no resulta claro un proyecto de política económica de corte antineoliberal. Esto quedó manifiesto en el debate en torno a la reforma energética que se generó entre Paco Ignacio Taibo y Alfonso Romo durante el mes de marzo.
Tal parece que las medidas de política económica del gobierno de López Obrador no afectarán a los intereses de las fuerzas vivas del neoliberalismo. En todo caso, se esperaría que entre las medidas de política económica del nuevo gobierno se adopten mínimamente las recomendaciones que plantea el economista Thomas Piketty (“El capital en el siglo XXI”, 2014).
Piketty recomienda la creación de medidas impositivas que limitan la acumulación desmedida de riqueza por parte del empresariado. Pero estas recomendaciones no modifican de fondo las estructuras del neoliberalismo. El de Piketty es un neoliberalismo humanizado, cuya máscara sigue siendo el dominio macroeconómico por sobre las vidas concretas de los hombres y mujeres marginados por el sistema. En el peor de los casos, López Obrador ni siquiera aplicaría las medidas impositivas recomendadas por Piketty.
Se ha dicho que después del 2018, con el arribo al poder, la izquierda jamás será la misma. Pero esta afirmación resulta debatible. Desde hace cuatro décadas la izquierda viene siendo lo mismo: una fuerza que comienza a instalarse ideológica y políticamente más allá del marxismo ortoxo, un proyecto que parece no tener los arrestos ni la potencia para sobreponerse al neoliberalismo, y en el caso mexicano, la reiteración de un aliancismo que gira en torno a la figura del caudillo, que se convierte problemáticamente en garante del futuro de la izquierda.
La izquierda fija la posibilidad de la esperanza en un territorio plagado de incertidumbres. Con el arribo al poder la esperanza de una transformación queda a prueba y habrá de fijarse sobre los hechos en el ejercicio de gobierno. El sexenio que va del 2018 al 2024 será un espejo en el que la izquierda mexicana habrá de mirarse desde distintas perspectivas y con diferentes intensidades.
Pero una cosa debe quedar clara, las posibilidades de la izquierda no se agotan en un solo proceso electoral, ni en un solo sexenio.