No es casual que la
publicación de “El libro negro de la nueva izquierda” se haya dado en la
segunda década del siglo XXI, un tiempo histórico que resulta notorio por el resurgimiento
del marxismo y de las izquierdas latinoamericanas. Después de la caída del Muro
de Berlín y de la Perestroika en Rusia, hay una serie de acontecimientos que
dieron lugar a un momento de potenciación de esta fuerza política entre los años que van de 1990 a 2010.
El levantamiento zapatista
de 1994 puso sobre la mesa la deuda histórica que aún tenemos con los pueblos
indígenas en América Latina. El resurgimiento de las izquierdas partidistas en
Brasil, Chile, Venezuela, Bolivia, México, etc., trajo consigo el arribo al poder a lo largo
del continente americano. Los
movimientos altermundistas que no se reducen al Foro de Sau Paulo, crecieron
exponencialmente y se mantienen todavía en lucha. El feminismo en sus distintas
vertientes se posicionó como una corriente política que ha resultado clave en
la lucha contra la violencia de género. La crisis económica mundial del 2008 reactivó
el debate sobre el quiebre del capitalismo como modelo hegemónico.
Pero, más allá de la
subjetivación de la esperanza que se pone en juego con el resurgimiento de las
izquierdas, esta fuerza política se caracteriza por las diferencias y los
desacuerdos que en momentos álgidos llevan a los distanciamientos, las rupturas
y la fragmentación de la lucha política.
Uno de los errores más
notorios de “El libro negro de la nueva izquierda” es hacer a un lado la
cualidad conflictiva de las izquierdas latinoamericanas. En ningún momento el
libro cuenta la historia de las diferencias y los desacuerdos de los
integrantes de esta fuerza política que luchan por distintas causas, y que al
momento de actuar políticamente entran en un territorio que resulta intrincado
y complejo.
La argumentación del libro
analizado camina por dos vías que resultan paralelas. Por un lado, se aborda la
historia de las ideas del marxismo, del feminismo y de lo que se refiere como
“teoría homosexual”. Por otro lado, se narra una historia política, abordando una
serie de acontecimientos históricos que van desde el siglo XIX hasta el XXI. A
lo largo de este libro se entremezclan estas dos líneas argumentativas que se
retroalimentan entre sí.
Lo más notorio de la estrategia
argumentativa de “El libro negro de la nueva izquierda” es una concepción
lineal de la historia ideológica y política de las izquierdas, que toma la
forma de un embudo. El abordaje de este libro resulta artificioso. Un embudo es un artefacto cuya función implica
ir de un espacio más amplio hacia un espacio más pequeño en la conducción de
líquidos que se introducen a un recipiente. Al conducir los líquidos a lo largo
de su trayecto, el embudo va de lo más amplio (lo generalizado) a lo más
reducido (lo particularizado). El mecanismo argumentativo del libro analizado
funciona a la manera de un embudo.
En unas cuantas páginas de
este libro la historia del marxismo es colocada en la parte más amplia del
embudo a través de una operación de generalización. En esta parte, la historia
del marxismo es vaciada mediante un solo movimiento teórico e histórico. Aquí
cabe una pregunta: ¿Es válido contar la historia de las ideas y la historia
política del marxismo en 24 páginas, tal como lo hace este libro? Al ir
contando la historia de las ideas y la historia política del marxismo, al
vaciar esta historia en la parte más amplia del embudo, los autores de este
libro llevan a cabo una generalización que se hace manifiesta en una síntesis
forzada. Es imposible tratar la historia de las ideas y la historia política
del marxismo en 24 páginas.
En la parte siguiente del
libro, los autores tratan la historia de
las ideas y la historia política del feminismo y de lo que refieren como
“teoría homosexual”, esta es la parte más reducida del embudo. Aquí tiene lugar
un forzamiento argumentativo a partir del cual, la historia de las ideas y la
historia política del marxismo, es conducida hacia el feminismo (hacia la
teoría queer en específico). La historia de las ideas y la historia política
del marxismo que es arrojada en la parte
más amplia del embudo, es hecha desembocar en la historia de las ideas y la
historia política del feminismo (de la teoría queer en específico), la parte más reducida del embudo.
Es necesario hacer una serie
de aclaraciones que resultan sustantivas ante los contenidos artificiosos de
“El libro negro de la nueva izquierda”:
- No toda la historia del
marxismo desemboca en el feminismo. La mayor parte de la historia del marxismo
en lo ideológico y lo político, se desdobla hacia otros planos.
- No toda la historia del
feminismo es marxismo. Hay una parte ideológica y política del feminismo que
converge con el marxismo, pero esta convergencia es problemática, no es lineal
ni determinante.
- Tanto la historia del
marxismo como del feminismo son problemáticas y complejas, lo que hay que
resaltar al momento de abordarlas es la problematicidad y la complejidad que
las caracteriza.
El forzamiento
interpretativo de Márquez y Laje es notorio en una narración lineal de la
historia de las izquierdas que termina siendo capturada por una interpretación
generalizante (la parte más amplia del embudo) y reduccionista (la parte más
angosta del embudo). Queda claro que un embudo es un artefacto funcionalista.
Los autores y seguidores
de “El libro negro de la nueva izquierda” no consideran la problematicidad ni la
conflictividad de las izquierdas en América Latina. La historia de esta fuerza
política en América Latina no es lineal, sino arbórea, no toma la forma de un
embudo, sino que toma la forma de un laberinto. El campo de lucha de las
izquierdas termina siendo un laberinto teórico, ideológico y desde luego
político. Es un territorio de separaciones, intersecciones, muros
infranqueables que dejan en claro que la historia no es lineal, virajes
extraños que ponen en duda la sustancia ideológica de las izquierdas, y
pasadizos que llegan a convertirse en callejones sin salida.
La historia de las
izquierdas es una antítesis del
materialismo histórico ortodoxo, que sostuvo que la historia es lineal y que
funciona bajo una lógica funcionalista. La historia no es lineal, tampoco está
sujeta a ningún artefacto interpretativo de carácter funcionalista, sino que se
despliega de forma arbórea y laberíntica.
Los autores de “El libro
negro de la nueva izquierda” asumen un materialismo histórico ortodoxo de
ultraderecha, que hace desembocar a la historia del marxismo en el feminismo
(la teoría queer) bajo la forma de un embudo. El gesto más extraño de este
libro es el planteamiento de un materialismo histórico ortodoxo, que termina
siendo asumido por la ultraderecha lationoamericana a partir de conceptos peyorativos
como “pornocomunismo”, “pornocracia marxista”, etc.
Sin lugar a dudas, la escritura y la propaganda que se ha
generado alrededor de este libro es un montaje ideológico que en términos
argumentativos toma la forma de un embudo. Los titiriteros que vacían el
líquido histórico del marxismo en este embudo, son los militantes de la ultraderecha
chihuahuense, mexicana y latinoamericana, quienes se embriagan ideológicamente
de una pureza inexistente.