El 30 de octubre del año 2015 el
presidente Enrique Peña Nieto estuvo presente en la inauguración de la Ciudad
Judicial en Chihuahua, fue un acto que capturó los reflectores nacionales y
locales.
Era el sexenio de César Duarte, en los
meses previos a su ingreso a los sótanos de la historia marcados por la
podredumbre y el cinismo. La construcción de la Ciudad Judicial fue la obra más
ambiciosa del sexenio duartista.
A los pocos días de inaugurado, el
edificio mostró sus defectos y comenzaron a brotar las notas periodísticas
sobre los actos de corrupción en los contratos otorgados para las obras de
construcción. La inauguración en la que estuvieron presentes Enrique Peña
Nieto, César Duarte, la clase política y los empresarios chihuahuenses, es uno
de los hitos que unen a la actividad de la política con la actividad de
impartición de la justicia. Va quedando demostrado que la impartición de la
justicia está sujeta a la política, y que la política se sirve de la
impartición de la justicia.
Por estos días de los primeros meses del
año 2018, César Duarte desea con fervor estar lo más lejos posible del edificio
que inauguró en octubre del 2015. Aunque su nombre hace eco de manera reiterada
en las oficinas, pasillos y escaleras de la Ciudad Judicial. César Duarte es un
prófugo de la justicia, y tendría que rendir cuentas en alguno de los juzgados
de la Ciudad Judicial en Chihuahua, antes de pasar a ocupar alguna celda en
prisión.
A través del caso que se le sigue a
Alejandro Gutiérrez, “La Coneja”, operador de primera línea del priista Manlio
Fabio Beltrones, el nombre de Enrique Peña Nieto comienza a rebotar en las
paredes del edificio de la Ciudad Judicial. Aunque el eco y el ruido que
produce el nombre de Peña Nieto en este edificio es todavía impreciso.
La lógica a través de la cual se
construyen los argumentos de Corral en su persecución al duartismo es una red
de complicidades que ha mostrado algunos de sus ramales, y que seguirá
mostrando otros más. Los casos seguidos a Antonio Tarín García y Gerardo
Villegas Madriles por la corrupción duartista, llevan los hilos de las
acusaciones hasta Alejandro Gutiérrez. A su vez, el caso de Alejandro
Gutiérrez, se conecta con Manlio Fabio Beltrones, uno de los priistas de primera
línea a nivel nacional.
A partir de la conexión con Beltrones,
se van trazando los hilos que conducen hacia las figuras de Enrique Peña Nieto
y José Antonio Meade. Estos hilos no se trazan todavía a partir de los
contenidos de las más de 50 carpetas de investigación que ha armado la Fiscalía
de Chihuahua por los casos de la corrupción duartista, son hilos que en su
trazado y sus conexiones se derivan más bien de los manejos políticos y mediáticos
que se le han dado al caso.
El nombre de Enrique Peña Nieto se hará
presente en la segunda asamblea en defensa de la “dignidad” convocada por
Corral para el domingo 15 de abril. Durante esa asamblea, los discursos de
Corral caminarán la diatriba por enésima ocasión, y al mencionar el nombre del
aún presidente de México, el gobernador de Chihuahua tomará el papel de un juez
que se ha quitado la capucha de verdugo con la mano izquierda.
De la misma forma en que Corral colocó
la cabeza de César Duarte en la picota durante las elecciones del 2016, de la
misma forma que fueron colocadas en la picota las cabezas de Alejandro
Gutiérrez y de Manlio Fabio Beltrones, los discursos incendiarios de Corral
colocarán en la picota de la plaza pública la cabeza de Enrique Peña Nieto.
El guion está más que definido. El
domingo 15 de abril, la sala donde se seguirán los juicios por los casos de los
duartistas, será traslada del edificio de la calle Niños Héroes a la Plaza del
Ángel en la ciudad de Chihuahua. Convertido en juez o en verdugo, o en ambos,
el gobernador de Chihuahua ofrecerá simbólicamente la cabeza de Peña Nieto ante
la multitud de hombres que acudirán por voluntad o por invitación forzosa.
Ya en el declive de su gobierno y con el
PRI desbarrancado, la cabeza del presidente es un trofeo que resulta ambicioso
y promisorio al mismo tiempo.
La plaza pública en Chihuahua será
nuevamente el lugar de los juicios sumarios, cuyas finalidades van más allá de
la sola impartición de la justicia. Cuando la política comienza a dominar a la
justicia de la forma en que sucede en Chihuahua, todo acto de búsqueda o
impartición de la justicia comienza a ser dudoso.
Cuando un gobernador se convierte en un
juez iracundo que reparte culpas por doquier y tacha de mentirosos a todos
aquellos que no convergen con “su verdad”, la soberbia de los hombres se
aproxima al lugar en el que se confunden los dioses con los demonios.
Cuando la plaza pública toma el lugar de
los juzgados en medio de un escenario electoral, los actos de sacrificio y de
ofrenda sustituyen a la impartición de la justicia. Se trata de sacrificar y
ofrendar a quien sea necesario para cumplir, al menos simbólicamente, la
promesa de meter a la cárcel a César Duarte.
En el ejercicio de un poder que se ha
manifestado contundente o iracundo, estático o desbordado, el discurso de
Corral en el acto del 15 de abril quedará suscrito a una sola frase en forma de
deseo: Para ellos los corruptos, la cárcel. Para nosotros los bendecidos por un
código de ética incuestionable, la gloria.
Las palabras y el lenguaje del
gobernador serán contundentes al hablar en ese acto. No habrá otra verdad más
que la suya y tachará de mentirosos a los jueces, magistrados y ministros de la
Suprema Corte de Justicia que han confrontado sus declaraciones. Ya la
“presunta verdad” del primer panista de Chihuahua se ha enfrentado a las
“presuntas mentiras” de “La Jornada” y de las hermanas de Miroslava Breach. Las
palabras que salen de la boca del gobernador de Chihuahua, las contradicciones
y los enredos que provocan, son la profecía cumplida de la postverdad en la
política.
Javier Corral levantará simbólicamente
la cabeza de Peña Nieto con la voz iracunda, y la ofrecerá a la multitud que
exacerbada se lanzará sobre ella con el deseo de tener algún culpable al
alcance de su odio. Con el éxtasis de las palabras que pasan del terreno de las
razones al terreno de las emociones, el gobernador sentirá que su discurso
sacude al horizonte de la política que se proyecta hacia la coyuntura electoral
del 2018 y del 2024.
Y ya desbordado por el cúmulo de gente,
de palabras, de razones y emociones, bajo el alto pedestal que sostiene a un
Arcángel que señala al cielo con su espada, Javier Corral tomará el papel de un
semidios a quien le han sido entregados los destinos de Chihuahua, y de México
entero.
La asamblea del domingo 15 de abril en
la Plaza del Ángel, quedará convertida en un acto religioso y sacrificial, con
las cabezas imaginarias de César Duarte, Enrique Peña Nieto, Alejandro
Gutiérrez, Gerardo Villegas Madriles y Antonio Tarín García colocadas en la
picota de la historia nacional, con los deseos de Javier Corral de convertirse
en el salvador de lo que va quedando de la patria.
Antes que ser religiosa, la del mesías
es una figura de carne hueso, con sus claros y sus oscuros.
Antes que ser política, la del mesías es
una figura que se construye sobre las coyunturas, electorales o de otro tipo…