I.- Las puertas vigiladas por los
guardias de seguridad del Palacio de Gobierno en Chihuahua son un dispositivo
de inclusión y exclusión, son formas de estar cerca o estar lejos del
gobernador Javier Corral al rendir su primer informe de gobierno. El acto de cerrar
y abrir las puertas administra la entrada de algunos cientos de personas. Es la
clase política más cercana del poder en turno en el gobierno estatal. Entre los
de adentro y los de afuera, se traza una distancia que al paso del tiempo se
convierte en una separación irresoluble.
El pase que permite la
entrada es una invitación girada directamente por el gobernador. Algunos de los
invitados guardarán aquella invitación como una evidencia notoria de su
historia personal, una muestra de que fueron convidados del poder.
Para los invitados, hay una serie de recomendaciones sobre la ropa
que deben vestir para acudir al evento. Si estas recomendaciones no se expresan
por escrito o verbalmente, se hacen presentes de una u otra forma en el
imaginario de los asistentes. La formalidad en el vestir es una evidencia de las
aspiraciones estéticas de la política, es
una evidencia de que la política aún sueña con la belleza y la perfección,
aunque sea de esta forma tan frívola y banal. ¿Cuántos trajes tiene guardados un funcionario
público en su closet? ¿Cuántas camisas y pares de zapatos hacen fila para ser
usados a lo largo de una carrera política? Para los integrantes de la clase
política comprar un traje caro y mantener bien surtido el closet es un asunto
de primera necesidad, aunque el buen vestir se mantenga a distancia del buen
servir.
En los informes de
gobierno el poder se mira desnudo tal cual es. Y aunque el poder pretende
mostrar su presencia y su fuerza de manera ostentosa, termina mostrando también
su miseria. Estos eventos traen consigo la memoria histórica de las ceremonias
suntuosas que los monarcas organizaron durante la edad media para mostrar el
ejercicio del poder mediante reverencias y protocolos que debían seguirse al
pie de la letra.
El montaje se organizó
días atrás: las sillas acomodadas en el patio, la plataforma para ubicar el
presídium de los miembros del gabinete, los lugares destinados a la prensa, las
cámaras y bocinas para transmitir el evento, y el pódium que tomó el lugar
central, el pódium que asemeja un altar y que terminará siendo mirado religiosamente
por los cientos de invitados.
Los lugares no se ocupan
de manera azarosa, los lugares se asignan. Hay una planeación estricta para
ubicar a los invitados en el lugar que les corresponde. Igual que se acomodan
las piezas del ajedrez, los invitados ocupan sus lugares mientras saludan a los
amigos y conocidos. Entre los asistentes se dan pequeñas charlas, pero las
palabras más notorias del evento son un largo monólogo seguido de aplausos y salutaciones,
un monólogo que convirtió a los asistentes lo mismo en sujetos de utilería que
en aduladores garantizados.
En el momento más esperado
de la tarde surgió la voz del gobernador. Cuando Corral comenzó su discurso, el “nuevo amanecer” tomó la forma de las
palabras que salieron de su boca durante una hora y 20 minutos, eran las seis de
la tarde. Cuando Corral terminó de hablar la noche comenzaba a caer sobre la
ciudad de Chihuahua…
II.- Hay algunos avances, eso es
innegable. Corral dio cifras y evidencias de los avances en el ahorro
presupuestal, el combate a la corrupción
y el rescate del Vivebús. Pero lo que se mostró como avances es muy poco. Para
medir los avances en el gobierno de Corral hay que poner, de un lado, la talla de
lo prometido en la campaña del 2016, y del otro lado, la dimensión de los
logros obtenidos. Durante la campaña, el actual gobernador pronunció discursos
de un contenido prometedor y de un tono efusivo. Corral prometió demasiado y
haciendo uso de sus habilidades oratorias, le imprimió a sus promesas aspiraciones
de grandeza. Pero después de un año en el ejercicio del poder, el contraste
ante las insuficiencias, los errores y los sesgos, resulta evidente. El desgaste
del gobierno de Corral en el ejercicio de poder se va convirtiendo en una losa
que resulta muy difícil de sobrellevar.
Los datos de las promesas
incumplidas sobran y en estos días serán repasados por la prensa: el
crecimiento escandaloso de la inseguridad pública, la aprehensión de César
Duarte que comienza quedar a distancia de los poderes locales, la mejoría no
lograda en el transporte público que contrasta con el aumento en el pasaje, el desorden
educativo lo mismo en básica que en media superior y la promesa incumplida de la
universidad gratuita, el intervencionismo del poder ejecutivo sobre los poderes
judicial y legislativo, los actos de nepotismo evidenciados, la falta de obra
pública y los estragos negativos sobre la economía local. Bajo la inercia de evaluar a los gobiernos en
periodos de 100 días, seis meses o un año, los ciudadanos, los analistas
políticos y la prensa local, no encuentran cifras ni evidencias de logros
significativos en el gobierno de Corral. El tiempo de espera ha terminado y lo
que sigue son los reclamos que se van acumulando unos sobre otros.
Quizá ningún gobernador
había accedido al poder bajo un escenario tan adverso en lo tocante a las finanzas estatales, la inseguridad
pública y la corrupción. Pero de igual forma, ningún otro gobernador había
accedido al poder con tantas promesas de por medio, con tantos anhelos ciudadanos
que reclaman logros perceptibles. Las expectativas generadas por Corral
salieron de su boca, en cada uno de los discursos emitidos durante la campaña
de 2016. Después de un año de gobierno, el tiempo de espera y la falta de
resultados comienzan a doblegar la confianza que miles de ciudadanos depositaron
en la figura de Corral a través de su voto. Ya no hay más días que puedan
concedérsele como periodo de gracia. Lo que se exige son resultados, pero los
resultados se miran lejanos.
La figura del gobernador
Javier Corral se convierte en presa de sus propias palabras y de sus propios anhelos.
Cuando una gubernatura es ocupada por un utopista, la política se convierte en
un territorio habitado de realidades que resultan adversas en muchos sentidos.
Se lucha contra lo corto del tiempo, contra la insuficiencia de los recursos,
contra la multiplicación y profundización de los problemas, contra los
adversarios que harán hasta lo imposible por mostrar los errores.
Pero la más ardua de las
luchas tiene lugar en la propia subjetividad de Javier Corral. Es una forma de
mirarse al espejo que va encontrando las imperfecciones y roturas. Esos
resquebrajamientos que esconden tras de sí los rastros de alguna oscuridad.
Esos indicios que se evitan mirar porque reflejan lo que no se quiere ser, lo
que no se dice frente al espejo y frente a los demás…