martes, 18 de junio de 2019

Las borraduras de la ideología (Artículo publicado en la revista "Aserto" - Diciembre de 2017)


Lo mismo en la izquierda que en la derecha se dejan ver los indicios de una disolución ideológica de la política. En los dos últimos años y de cara al proceso electoral del 2018, las borraduras de la ideología se acumulan una sobre otra.  
Hay una serie de virajes en la izquierda mundial a partir de 1968, a partir de la Primavera de Praga, el Mayo Francés y las movilizaciones de estudiantes universitarios en México. Lo más significativo de las movilizaciones de 1968 es la emergencia de lo que Frederic Jameson y Terry Eagleton refieren como el “giro cultural”. La lucha de clases dejó de ser el eje ideológico en las formas de hacer política entre las izquierdas y fueron tomando forma los movimientos feministas, étnicos,  ecologistas y contraculturales en general.
El año clave de 1968 derivó en una serie de acontecimientos que desplazaron ideológicamente el trabajo político de las izquierdas, desde la lucha de clases hacia otros territorios. En 1994, con el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, una parte de la lucha de la izquierda se desplaza hacia la defensa de las causas indígenas y el poscolonialismo. También en la década final del siglo XX tomaron fuerza los movimientos feministas que luchan contra la violencia de género. Las activistas del feminismo en Chihuahua, que se organizaron ante los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez son punta de lanza para la izquierda feminista en México.
¿Puede entenderse el hecho del “giro cultural” que desplazó el quehacer político de las izquierdas desde la lucha de clases hacia otros territorios, como una disolución ideológica de esta fuerza política? En los debates académicos del  marxismo posestructuralista, este desprendimiento y desdoblamiento ideológico ha sido interpretado desde diversos flancos. La postura más crítica a este respecto ha sido elaborada por el filósofo esloveno Slavoj Žižek, quien elabora el concepto de “pospolítica”:
«En la “pospolítica” el conflicto entre visiones ideológicas globales, encarnadas por los distintos partidos que compiten por el poder, queda sustituido por la colaboración entre tecnócratas ilustrados (economistas, expertos en opinión pública…) y los liberales multiculturalistas: mediante la negociación de los intereses se alcanza un acuerdo que adquiere la forma de consenso más o menos universal.» (“En defensa de la intolerancia”, 2010).
Para Žižek, la “pospolítica” es un territorio de disolución de la ideología, en donde la izquierda marxista que lucha por las causas de los indígenas, las mujeres, el medio ambiente, etc., termina pactando con los operadores del neoliberalismo. Desde este punto de vista, las luchas indígenas, el feminismo, el ecologismo y otros movimientos del llamado “giro cultural”,  terminan siendo capturados y sometidos por una serie de jugadas ideológicas y políticas de corte neoliberal. En diversos de sus libros, Žižek aboga por un retorno a la categoría de “lucha de clases”, como cimiento y eje ideológico para definir el quehacer político de la izquierda.
Desde el marxismo posestructuralista estos debates tuvieron un punto álgido en la primera década del siglo XXI, con la publicación del libro “Contingencia, hegemonía, universalidad” (2003). En este texto debaten Slavoj Žižek, Ernesto Laclau y Judith Butler. Zizek defiende la prominencia de la categoría de “lucha de clases” en el trazado del quehacer político de la izquierda, mientras que Laclau y Butler reclaman el reconocimiento de las categorías de “género”, “etnia” y “ecología” para re-trazar a partir de ellas los motivos ideológicos de lucha en la izquierda.
La lectura de Žižek, de Laclau y Butler resulta complicada, son autores que han elaborado sus teorías en un territorio teórico que camina entre el marxismo y el psicoanálisis lacaniano. Para entender el lenguaje y los conceptos que plantean estos autores, es necesaria una lectura intensiva del marxismo y del psicoanálisis.
En el plano electoral las borraduras ideológicas de la izquierda en México comenzaron  a mostrarse con mayor contundencia hacia la década de 1980. Con la fundación del PRD, la hoz y el martillo de color amarillo que se trazaron sobre un fondo rojo (ícono del marxismo y bandera de la extinta URSS), fueron desplazados por la imagen de un sol negro que se estampó sobre un fondo amarillo. El lema de gobierno del “nuevo amanecer” de Javier Corral resulta cercano en su significado al “sol” del PRD, ambos símbolos políticos aluden a la luz que busca sobreponerse a una oscuridad.
En 2018, las alianzas de López Obrador con algunos priistas y empresarios han generado una serie de debates que parecen irresolubles. En Morena, de un lado están a quienes se les ha llamado “puritanos de la izquierda” o “nostálgicos del marxismo”, que aún defienden el contenido ideológico por sobre una estrategia político-electoral pragmática. Del otro lado están los “pragmáticos de la izquierda”, los “tejedores de pactos” que ponen la mira en el triunfo electoral del  2018 a toda costa. Entre ambos, la práctica política en las filas de Morena camina sobre el filo de la navaja asomándose al abismo de las incertidumbres, hacia un lado y hacia el otro.
La alianza del PAN con el PRD está también trazada sobre una serie de borraduras ideológicas que resultan sospechosas. Este es el mismo caso de la alianza de una parte de la izquierda chihuahuense con el gobierno de Javier Corral. No queda claro si en Chihuahua el Barzón se empanizó o si el PAN de Corral fue inoculado por el Barzón.
Aquí cabe hacer dos preguntas que resultan clave: ¿Es la ideología lo que funda el quehacer de la política? ¿O es el quehacer de la política lo que funda la ideología? Ambas preguntas resultan clave para los debates del marxismo posestructuralista.
La primera pregunta antepone la ideología al quehacer de la política y plantea entonces un sustancialismo ideológico. En este caso, los contenidos ideológicos son los que determinan al quehacer de la política.  El marxismo del siglo XX es el territorio más significativo en el cual la sustancia ideológica se coloca por sobre el quehacer de la política.
La segunda pregunta coloca al quehacer de lo político por sobre los contenidos ideológicos. Aquí la ideología no posee una determinación ni una consistencia que se cierran sobre sí mismas, sino que la ideología es un trazado que se amolda a los contenidos del quehacer político. Cuando el quehacer político se sobrepone a los contenidos ideológicos se abre un territorio que le da mayor peso al pragmatismo.
Entre estas dos posturas, la izquierda se mira en el espejo del siglo XXI, tratando encontrar una imagen lo suficientemente nítida que le permita reconocerse en lo presente y en lo futuro. El caso de la candidatura de Marichuy, el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el EZLN, amerita un análisis por separado y sería materia de otro artículo…