Al mismo tiempo en que se desataron la violencia y el crimen organizado en México,
surgió la publicación de diversos textos que han abordado este tema. En torno a ello se han escrito miles de
páginas desde el periodismo, la literatura y la academia. En cada uno de estos
flancos, el problema ha sido tratado con distintas intensidades al momento de
narrar y analizar los hechos de sangre que se entremezclan con el lodazal de la
corrupción política.
Entre los medios periodísticos que han
cubierto notas sobre la violencia y el crimen organizado destacan la revista
“Proceso” y los semanarios “Zeta” de Tijuana y “Ríodoce” de Culiacán. Los
periodistas más reconocidos que han publicado libros que tratan este asunto son
Ricardo Ravelo, Anabel Hernández, Héctor
de Mauleón y Javier Valdez, este último asesinado en mayo de 2017. Valdez fue
un ícono nacional en la cobertura periodística del crimen organizado en México.
Desde el reportaje de investigación hasta la crónica, los periodistas se han
atrevido a relatar los hechos de violencia en los que han participado narcotraficantes,
policías y militares.
En octubre de 2017, la “Brigada para leer
en libertad” publicó el libro “Romper el silencio”, en el que se reúnen testimonios
de 22 periodistas que han reporteado e investigado sobre este problema. En este
libro hay declaraciones escalofriantes sobre las presiones y amenazas a las que
han sido sometidos los periodistas que no han guardado silencio sobre la
barbarie que vivimos todavía. Los asesinatos de periodistas, defensores de
derechos humanos y luchadores sociales que se han opuesto a los intereses del
crimen organizado, han sido una constante desde el año 2008 hasta fecha.
Las novelas que se han escrito
alrededor de este tema han sido concebidas como “narcoliteratura”. En este
género una de las novelas más brillantes es “La virgen de los sicarios” (1994),
escrita por el colombiano Fernando Vallejo. El autor más reconocido de novelas
dedicadas a la violencia y el narcotráfico en México es Élmer Mendoza. Originario de Culiacán, Sinaloa, Mendoza es
reconocido como el precursor de la narcoliteratura en México. En el género de
la poesía destaca el poema “Los muertos”, escrito por María Rivera. Este último texto se
caracteriza por las enumeraciones de los muertos y desaparecidos, y por un
ritmo desolador que marca la acumulación indetenible de los asesinatos en los
últimos años.
En Chihuahua, las novelas dedicadas a
la violencia y el narco han sido escritas por Ricardo Vigueras, César Silva
Márquez, Willivaldo Delgadillo, Alejandro Páez y Miguel Ángel Chávez Díaz de
León. La narcoliteratura es un tema polémico que ha generado interpretaciones
diversas por parte de escritores y críticos literarios. De manera sintética, el
también escritor Jesús Vargas hizo un análisis de algunas de las novelas escritas
por los cinco autores mencionados (“Escritores de ciudad Juárez”, columna “La
fragua de los tiempos”, Num. 1043, “El Heraldo de Chihuahua”, 16 de febrero de
2014).
Junto a los artículos periodísticos y
las novelas de narcoliteratura que han
abordado este asunto, están los textos de investigadores de la academia que han
construido análisis de fondo para develar las complejas causas y consecuencias de
la violencia, el crimen organizado y sus conexiones con la política.
En este artículo se comentan
brevemente dos textos de la academia que interpretan el problema desde la
perspectiva de la teoría crítica, apoyándose en herramientas teóricas que surgen
desde la izquierda. El primero de estos
libros es “Necropolítica” (2011), escrito por filósofo camerunés, Achille Mbembe. El segundo texto es “Capitalismo
gore” (2010), escrito por la investigadora del Colegio de la Frontera Norte,
Sayak Valencia. Lo que resulta interesante de estos dos autores es el
planteamiento del concepto de “necropolítica”, que intenta convertirse en una categoría
analítica para clarificar de un solo tajo el problema de la violencia, el
crimen organizado y la política dominada por la lógica del neoliberalismo.
El primero en abordar el concepto de
“necropolítica” fue Mbembe, quien publicó un ensayo con este mismo título en el
año 2006. En la introducción al libro del filósofo camerunés se sintetiza este concepto:
«… Mbembre sugiere que los regímenes
políticos actuales obedecen al esquema de “hacer vivir y dejar morir”, y sitúa
la aparición de esta nueva forma de control durante el periodo colonial,
momento de gran desestructuración de los límites entre la vida y la muerte que
propició el silenciamiento del cuerpo… También se alude en “Necropolítica” a la
cosificación del ser humano propia del capitalismo, que explora las formas
mediante las cuales las fuerzas económicas e ideológicas del mundo moderno
mercantilizan y reifican el cuerpo: se
estudia de qué manera éste se convierte en una mercancía más, susceptible de
ser desechada…»
El concepto de “necropolítica” de
Mbembe se plantea a partir del contexto de la colonización de la población
negra en África por parte de los europeos, y desde ahí se desdobla hacia las
formas de dominación neoliberal en la actualidad, que explotan hasta los límites de la
destrucción tanto a los recursos naturales como a las poblaciones mediante
guerras de control territorial. La explotación de los recursos naturales y de
las poblaciones en África están presentes en las películas “Diamantes de
sangre” (2006) y “Bestias sin patria” (2015). Ambas películas relatan la
violencia extrema a la que se ven sometidas las poblaciones en una sociedad
marcada por los intereses del neoliberalismo y por la guerra. También el
programa “Oro salvaje” transmitido por Discovery Chanel, permite poner en claro
el concepto de “necropolítica” de Mbembe.
Las guerras por el control de los
recursos naturales y de las poblaciones en África, han dado lugar a la
“necropolítica”. Una forma de organización criminal que escapa al control del
estado y que está sometida a la rapacidad del neoliberalismo, que llega al
extremo de comerciar con los cuerpos y con la muerte de miles de personas.
La idea de “necropolítica” de Zayak
Valencia, difiere del planteamiento de Mbembe.
La investigadora del Colegio de la Frontera Norte, centra su interpretación
de la “necropolítica” en una perspectiva
de género que también toma en cuenta la actuación del crimen organizado dentro
de la lógica neolioberal, y que se cruza
a su vez con otros dos conceptos que la autora aborda en su libro: el concepto
de “sujetos endriagos” y el de “capitalismo gore”.
«… nuestra lectura de la necropolítica
se ubica en el momento contemporáneo, en un espacio geopolíticamente
situado y en un caso concreto: el de los
sujetos endriagos, encarnados por las mafias y los criminales mexicanos que
forman parte del entramado del capitalismo gore… La necropolítica de los
sujetos endriagos sigue los pasos trazados por la biopolítica y sus deseos de
gobernabilidad del territorio, la seguridad y la población haciendo de esta
gobernabilidad un monopolio que explota
los tres elementos; ya sea por medio de la explotación de recursos naturales
del territorio, por la venta de seguridad privada para garantizar el bienestar
de la población o apropiándose de los cuerpos de la población civil como
mercancías de intercambio o como cuerpos consumidores de estas mercancías
ofrecidas por el necromercado.”
Los “sujetos endriagos” son los hombres
que bajo la condición del machismo operan para el crimen organizado, son los
capos, los jefes de la plaza y los sicarios, cuya labor es al mismo tiempo
política, social y económica en la dominación del territorio, de los recursos
naturales y de los cuerpos de los integrantes de la población civil, que son
concebidos como mercancías que pueden ser compradas o vendidas.
El “capitalismo gore” es un concepto que
Valencia desprende del cine. Las películas del género gore muestran una
violencia y una visceralidad extremas que se hacen presentes en los ríos de
sangre gráficamente representados y en el desmembramiento de los cuerpos. Dos
de las películas más significativas del género gore son la saga de “Saw” que se
estrena el año 2004 y la película “Hostal”, cuya primera parte se da a conocer
el año 2005. Los ejes del cine gore y del “capitalismo gore” conceptualizado
por Zayak Valencia, son la muerte y la
violencia desmedida que se hace presente sobre los cuerpos desmebrados,
cocinados en tambos de ácido o desaparecidos.
Entre algunos académicos y militantes
de la izquierda, el concepto de “necropolítica” ha sido empleado para
interpretar al tema de la violencia, el crimen organizado y la política
sometida a la lógica rapaz del neoliberalismo. La “necropolítica” es un
concepto que se emplea como si fuera una llave maestra que interpreta de forma
iluminadora y plenipotenciaria la realidad devastadora que vivimos actualmente.
Pero no se ha discutido todavía la problematicidad de este concepto, que puede
identificarse en las concepciones diferidas de Mbembe y Valencia, y en otros
planos. Los conceptos no funcionan como una llave maestra que pueda llevar a
una interpretación acabada de la realidad problemática. Todo concepto es
falible.
Una de las grandes dificultades de la
izquierda académica y de la izquierda militante consiste en la necesidad de
crear y recrear conceptos que resulten iluminadores teóricamente y funcionales
en su aplicación práctica, que puedan conducir a una transformación certera del
mundo neoliberal en el que vivimos. Pero al plantear conceptos que puedan
funcionar como herramientas de transformación social y política, se hace
presente la inercia del marxismo que buscó a toda costa una adecuación y
domesticación de lo práctico a partir de lo teórico. Es decir, en el pensamiento
heredado del marxismo lo teórico se sobrepone a lo práctico y no a la inversa.
Los debates sobre los contenidos teóricos, su aplicación y funcionalidad en la
práctica política, son añejos en el
marxismo. En estos debates la pregunta: ¿qué fue primero, el huevo o la
gallina?, puede ser sustituida por las
preguntas: ¿qué fue primero, la teoría o la práctica política?, ¿es la teoría
la que funda a la práctica, o es la práctica la que funda a la teoría? El papel
que juega la teoría como herramienta de transformación social, económica y
política es sumamente problemático.
El concepto de “necropolítica” busca clarificar
teóricamente el problema de la
violencia, el crimen organizado y la lógica neoliberal que domina al mundo en
la actualidad. Pero este no es un concepto acabado en la interpretación de la
realidad problemática que vivimos. Tampoco es un concepto que traiga consigo
posibilidades definitivas en la práctica para transformar al mundo desde la izquierda.
Más bien, habría que pensar a la “necropolítica”
como un concepto complejo y problemático, que clarifica la realidad
problemática que vivimos, pero que resulta limitado en sus posibilidades
interpretativas y de transformación del mundo. Un concepto es un laberinto de
palabras que al ser colocado frente al espejo de lo real, se convierte en un
laberinto de acontecimientos que no pueden ser predeterminados de antemano.