En los diversos discursos pronunciados
por Javier Corral, desde la campaña electoral de 2016 hasta el mensaje que dio
recientemente por los primeros seis meses de su gobierno, se hace notorio un
afán por enunciar una verdad. Lo que se ha hecho presente desde la campaña
electoral de 2016 hasta la fecha en los discursos de Corral, es la insistencia por
mostrar una verdad que se asume como establecida de una vez por todas, una
verdad infalible, imposible de ser puesta en entredicho. Habría que analizar
con detenimiento los componentes discursivos de esta narrativa, sus mecanismos
de difusión y la respuesta de los ciudadanos ante ello.
Es obvio que todos los políticos postulan
y defienden una verdad a lo largo de las campañas electorales y durante el
ejercicio de gobierno. Lo que resulta significativo en el caso de Javier
Corral, es que su llegada al gobierno del estado se da en el momento de una
severa crisis de la verdad en las formas de hacer política. Esta crisis se hace
presente mediante la desconfianza e incertidumbre de los ciudadanos hacia la
clase política en general. Los desempeños de César Duarte, de Enrique Peña
Nieto y de otros actores políticos en los tiempos recientes, han dado lugar a
una exacerbación de la desconfianza y la incertidumbre entre los ciudadanos. La
verdad política en México es un par de signos de interrogación que crecen y se
inflaman de manera sorprendente e inesperada a veces.
La actual coyuntura política trae
consigo un imperativo para el gobierno de Corral: la restauración de la verdad en
el ejercicio de la política local, la recuperación de la confianza y la
certidumbre ciudadana. Sin lugar a dudas, este es el mayor problema que le toca
resolver al gobierno del estado.
Al analizar los discursos de Javier
Corral se detecta una vehemencia por la instauración de una verdad, que a toda
costa tendría que ser cierta. Pero lo que parece olvidársele tanto a Javier
Corral como a sus asesores, es que la verdad se configura social e
históricamente. La verdad no se forma a través de un discurso, o de una serie
de discursos que se entraman para subrayar una y otra vez lo pretendido como
verdad. Más bien, la verdad se forma a través de una serie de acontecimientos que suceden entre
los discursos y su recepción por parte de los ciudadanos, una serie de
acontecimientos que tienen lugar entre los discursos y los hechos políticos.
Resulta interesante hacer un doble
análisis en los intentos por formar una verdad durante el gobierno de Javier
Corral, este análisis tomaría en cuenta: A) los contenidos discursivos en la
postulación de una verdad, B) los mecanismos políticos para volver efectiva
esta verdad. Estamos hablando de la efectualidad de una verdad que pasa de las
palabras a los hechos. La verdad sucede
más allá de las palabras, puede o no tener lugar cuando se hace presente o no
se hace presente, en los hechos que la reflejan como tal.
Hay diversos hechos que han puesto a
prueba a la formación de una verdad durante el gobierno de Corral. Entre los
más significativos resalta el caso del Instituto Chihuahuense de Transparencia
y Acceso a la Información Pública (Ichitaip), en el que estuvieron implicados:
la Secretaria de la Función Pública, Estefany Olmos, su esposo Ricardo Gándara
y el ex presidente de ese organismo, Rodolfo Leyva. La jugada política para
destituir a Rodolfo Leyva como presidente del organismo, colocó en entredicho
el papel del gobierno de Corral, al no respetar la autonomía de una instancia
como el Ichitaip. La posterior colocación de Ricardo Gándara como asesor de
Alonso Bassanetti, consejero del Instituto Estatal Electoral (IEE), terminó por
fortalecer las críticas que le hicieron al gobierno de Corral por su
intervencionismo en instancias como el Ichitaip y el IEE. ¿Después de lo
sucedido, de qué manera se estará garantizando que el Ichitaip, ya intervenido
por el gobierno de Corral, procure por todos los medios a su alcance la
información que garantice una efectiva rendición de cuentas por parte del
gobierno del estado?
Un capítulo similar, que pone en
entredicho al discurso de Corral que postula una idealidad de la verdad, es la
candidatura de Armando Valenzuela a la Auditoría Superior del Estado (ASE). Es
de todos sabido que Armando Valenzuela es el candidato del gobierno del estado
para ocupar el puesto de auditor. Él mismo declaró que estaba a cargo
temporalmente de ese puesto a invitación expresa de Arturo Fuentes Velez,
Secretario de Hacienda en el gobierno de Corral. El error que cometieron los
diputados con el nombramiento de Ignacio Rodríguez como encargado de la ASE, al
no cumplir con uno de los requisitos legalmente establecidos, revive la
posibilidad del nombramiento de Armando Valenzuela. El proceso para nombrar al
nuevo auditor habrá de reponerse y se podrán ver con claridad los hilos que el
gobierno de Corral moverá en el nombramiento del auditor. En caso de nombrarse
a Valenzuela como auditor, otra de las instancias que resguarda la rendición de
cuentas quedará intervenida por el gobierno de Corral. ¿De nombrarse como
encargado de la ASE a Armando Valenzuela, de qué manera se estaría reguardando una
distancia entre el gobierno estatal en turno y una instancia que amerita plena
independencia para garantizar una efectiva rendición de cuentas en el manejo
del presupuesto? En lo que viene queda a prueba el intervencionismo del
gobierno de Corral en una instancia como la ASE, que requiere desarrollar su
trabajo a distancia del poder en turno, resguardando la autonomía que resulta
imperativa para el cabal cumplimiento de su tarea.
La formación de una narrativa de la
verdad en los discursos de Corral va siendo puesta a prueba en su efectualidad,
en los hechos que han girado en torno al Ichitaip, la ASE y en otras acciones
políticas emprendidas en el ejercicio de gobierno. Es aquí que las palabras
pronunciadas van tomando una forma política, social e histórica que no puede matizarse
con los recursos retóricos de la oratoria. Es aquí que las palabras
pronunciadas y escritas pueden mirarse con toda claridad en el espejo de los
hechos. Es en este territorio donde la verdad puede formarse como tal, o no
formarse.