Los Foros Escucha que
iniciaron en ciudad Juárez son un laboratorio para analizar los problemas de
fondo que vivirá el gobierno de López Obrador en su ejercicio. En estos foros
se han hecho manifiestas las diferencias en la manera de concebir los problemas,
los debates que resultan sumamente complicados, los desacuerdos que no logran
resolverse por consenso, y la insuficiencia del tiempo para tratar las demandas
sociales.
Uno de los primeros
desencuentros del gobierno de López Obrador con las demandas ciudadanas se
observa claramente al poner frente a frente los discursos de los organizadores
de los Foros Escucha ante los discursos de las víctimas de la ola de violencia
generada por el crimen organizado.
En los días previos al Foro
Escucha que tuvo lugar en ciudad Juárez, Eunice Rendón, quien está a cargo de
la organización de los Foros Escucha en Juárez, La Laguna, Michoacán y otros
lugares del país, dejó en claro las razones por las cuales los eventos
iniciaron en esta ciudad: “No es casualidad que en Ciudad Juárez arranque el
foro para la pacificación, creemos que es un lugar donde hay una experiencia
muy importante desde la propia sociedad civil, donde hay un capital social como
en ningún lado del país, por lo mismo, la misma problemática de la ciudad, la
violencia y las crisis que ha habido, han hecho resiliencia en la comunidad que
se ha ido construyendo, las ONG se han fortalecido.” (El Diario de Juárez, 28
de julio de 2018).
Rendón reconoce la capacidad
de “resiliencia” de la sociedad juarense como una fortaleza, como una
experiencia para sobreponerse a la adversidad de la violencia. El “resiliente”
es aquel que después de vivir una situación adversa, logra activar una serie de
recursos personales, familiares y sociales que le permiten convertir a un territorio
trágico, en lo que hoy suele llamarse un área de oportunidad.
Por su parte, el discurso de
López Obrador en el foro de ciudad Juárez planteó la idea del “perdón”:
«Tenemos que actuar en unidad, pensando que la patria es primero. Y estar
dispuestos a perdonar. Lo dije en campaña y lo repito ahora. Coincido con los
que dicen que: “No hay que olvidar”. Pero si estoy a favor del perdón. Respeto
mucho a quienes dicen: “Ni perdón, ni olvido”. Digo: Olvido no, perdón sí.»
La idea de la “resiliencia”
manejada por Rendón y la idea del “perdón” planteada por López Obrador, son
parte de un mismo núcleo discursivo. Uno de los mecanismos para generar la
“resilencia” es el “perdón”. El núcleo ideológico del discurso de la
“resiliencia” y el “perdón” que trató de ser colocado como eje de los Foros
Escucha, tiene como telón de fondo a los dispositivos de sanación del
cristianismo y de la terapia psicológica. El “perdón” es un concepto cristiano
que está presente en la oración del “Padre Nuestro”. También es un mecanismo
clínico usado en las terapias psicológicas. Tanto los sacerdotes como los
psicólogos recomiendan al “perdón” como mecanismo para saldar cuentas y salir
de las situaciones de adversidad en lo personal, lo familiar y lo social.
Es de suponerse, que la
“resiliencia” y el “perdón” estarían siendo dos de las herramientas para dar
lugar a la “amnistía” y la “pacificación” en los planes de gobierno de López
Obrador. Pero no quedan claros los mecanismos que estarían conectando al
“perdón” y la “resiliencia” con la generación de una “amnistía” y de una
“pacificación” que tengan un impacto social y político. La falta de claridad
conceptual se agudiza en la falta de claridad de las políticas públicas que se
pondrán en marcha después del 1 de diciembre.
El discurso de López Obrador
en los foros en los que se traza la política de seguridad pública, fue
impugnado de manera frontal por las víctimas de la violencia. Los padres de los
desaparecidos que participaron en los foros de ciudad Juárez y La Laguna
dejaron en claro su postura: “Ni perdón, ni olvido”. Este posicionamiento
sacudió al discurso de los organizadores, quienes mostraron una postura de
apertura ante el desacuerdo. Pero las muestras de apertura para escuchar y
dialogar con las víctimas, mostraron también una impotencia para atender el
problema a cabalidad.
Los padres de los
desaparecidos y los asesinados dejaron en claro que la premisa que mueve su
actuación política es la “justicia”. Alguna forma de “justicia” que tenga un
impacto concreto en lo legal, lo político y lo social. En el caso de los
desaparecidos, encontrarlos con vida o encontrar sus restos, y saldar cuentas
legales con los responsables. En el caso de los asesinados, aplicar la justicia
a los responsables que cometieron un delito. Se reclama mucho más que la
reparación del daño y la atención psicológica o psicosocial.
Hay un momento en que la
“justicia” reclamada por las víctimas roza un grado de dolor y desesperación
que va más allá de lo terrenal y lo factible. “Vivos se los llevaron, vivos los
queremos”, es una consigna generada a partir de la desaparición de los
estudiantes de Ayotzinapa, que reclama una forma de la “justicia” que va más
allá de lo terrenal y lo factible. Es imposible que los 43 estudiantes
normalistas sean encontrados y presentados con vida. El dolor y la
desesperación de los familiares de los desaparecidos y asesinados ante el grado
de impunidad, es un grito que extenderá su eco en las décadas por venir. Hay un
saldo que resultará imposible de ser cubierto con las víctimas de la violencia.
Al colocar frente a frente
los discursos de los organizados de los Foros Escucha ante el dolor y la
desesperación de las víctimas de la violencia, se dibuja un territorio que
parece irresoluble. Durante el foro de ciudad Juárez, en dos momentos las
víctimas irrumpieron en el evento. Esas dos irrupciones son el asomo de una
relación que mantendrá un tono de distanciamiento entre las víctimas y los
operadores de la política de seguridad en el gobierno entrante.
Una de las claves de la política
de López Obrador tiene que ver con saldar cuentas con los familiares de los más
de 30 mil desaparecidos y los 250 mil asesinados desde el 2008 hasta la fecha.
Esa es una tarea que resultará titánica y que se lee difícil de cumplir a
partir de las declaraciones hechas por Olga Sánchez Cordero, próxima Secretaria
de Gobernación: “Hay una realidad muy cruda: El Estado está rebasado para dar
una respuesta puntual a lo que pasó con cada uno de los desaparecidos. Creo que
no hay recursos humanos, materiales, económicos que puedan lograr eso, pero
habrá voluntad política no solo para escuchar sino para tratar de encontrar y
hacer empatar el ADN de la gente que busca y de los cuerpos encontrados. El
esfuerzo va a ser enorme, pero no creo que se logren todas las identificaciones
ni se pueda encontrar a todos los desaparecidos.” (Proceso, 5 de agosto de
2018).
La fórmula política de la
“resiliencia” y el “perdón” va resultando fallida ante los reclamos enfáticos
de una “justicia” que se observa lejana. Si “la resiliencia” y el “perdón” son
insuficientes para saldar cuentas contra los agravios de la violencia, lo que
sigue habitando las formas de hacer política es la incertidumbre.
La voz de Silvia Ortiz en el
Foro Escucha de La Laguna, plantea con toda claridad una exigencia
incuestionable: «Hagan proyectos reales y realizables en el contexto real de
este país. No ilusionen con palabras, con cosas que no van a poder cumplir.
Entiendan que este México está sediento de justicia, verdad y memoria. Son
tiempos históricos, tiempos de un “Ya basta”.» (Proceso, 9 de agosto de 2018).
Madre de una joven
desaparecida hace 14 años en La Laguna, Silvia Ortiz puso el dedo en la llaga y
reclamo dos cosas que resultan elementales en el ejercicio de la política:
claridad y franqueza. Se requiere que en diseño de las políticas de seguridad
pública haya claridad en las acciones que se van a poner en marcha. La
estrategia de la “amnistía” y la “pacificación” no se ha clarificado con
suficiencia todavía. Es necesario también que los funcionarios públicos hablen
con la verdad, que las promesas no sean colocadas más allá de las posibilidades
reales en el cumplimiento de los objetivos planteados.
Una alta dosis de claridad y
de franqueza resultan necesarias…