La pregunta no es:
¿quiénes tienen la razón en el conflicto de “La Jornada”? La cuestión no es inclinarse
a favor de los integrantes del SITRAJOR que convocaron a la huelga, o a favor de las voces que han defendido la
postura de la dirección del periódico. Un artículo escrito por Pablo Oprinari
toma postura por los integrantes del SITRAJOR y descalifica a las otras voces (http://www.laizquierdadiario.mx/La-huelga-en-La-Jornada-y-el-desbarranque-de-la-intelectualidad-progresista?id_rubrique=1714).
La postura de Oprinari es
reduccionista y maniquea. La misma condición tendría una postura que defienda a
toda costa las políticas de administración que ha mantenido la dirección del
periódico, sin reconocer la validez de
los reclamos que hacen los trabajadores. Hay una parte de razón en los reclamos
de los integrantes del sindicato de “La Jornada” y otra parte de razón en las
voces que buscan que el periódico prosiga en base a ciertos sacrificios.
Desde luego que los
derechos laborales y salariales han ido siendo desmantelados en las últimas
décadas por las fuerzas del neoliberalismo. Desde luego que los reclamos de los
trabajadores del SITRAJOR son válidos, pero el asunto es mucho más complejo. “La
Jornada” es un ícono del periodismo de la izquierda y su vigencia se muestra de
manera contundente. Al tomar postura en
este asunto habría que asomarnos a la historia de la prensa crítica en México,
releer el libro “Los periodistas” de Vicente Leñero y releer sobre las
distintas crisis que ha atravesado la revista “Proceso”. Releer también sobre
las condiciones de fundación de “La Jornada” y sobre las dificultades que ha
vivido este medio. El asunto es mucho más que la defensa de una causa laboral.
Quienes hemos sido colaboradores de la prensa crítica en Chihuahua, escribiendo
y haciendo otras tareas sin pagos de por medio, sabemos del sacrificio que
significa mantener estos proyectos.
El problema es
multifactorial y tendría que entenderse desde una perspectiva amplia, que ponga
sobre la balanza las variadas razones y argumentos de las partes en conflicto.
Aunque a fin de cuentas, el asunto muestra con toda crudeza las paradojas que
se hacen presentes cuando la izquierda navega sobre las aguas del embravecido
mar neoliberal, cuando se muestran las debilidades de las embarcaciones en las
que navega la izquierda en este embravecido mar. Las navegaciones de la izquierda pueden estar soportadas por embarcaciones grandes,
medianas o pequeñas, pueden consistir en un madero que nos permita flotar y
sobrevivir ideológica y políticamente en lo que vaya de futuro. Tal vez,
no existan ya grandes embarcaciones para
navegar en las luchas de la izquierda, tal vez, las embarcaciones no sobrepasen
un tamaño mediano, mientras los tamaños del embravecido mar neoliberal son
globales y han penetrado hasta los territorios más pequeños de la vida humana.
En el problema de “La
Jornada” están atravesadas posturas políticas e ideológicas que dibujan con
toda claridad la composición de la izquierda mexicana en el polo
lópezobradorista y en otros polos contestatarios al lópezobradorismo.
Está atravesado el
contexto de profunda crisis que vive la prensa en México, en Chihuahua acaba de
cerrar “El Norte” de Juárez y hay voces que han deslizado la posibilidad de que
desaparezca la edición impresa de “El Diario de Juárez”, y quede solo la
edición digital.
Está atravesada una
coyuntura histórica de amplio dominio neoliberal en el que las izquierdas no
encuentran los programas políticos precisos ni las formas mejores para implementarlos,
que deriven en respuestas contundentes ante las mil cabezas del monstruo
neoliberal.
Y está atravesada la
eternidad de los diferendos y los pleitos de las izquierdas, cuya condición es
discrepar hasta el cansancio, hasta el último respiro. Lo más descarnado de
este asunto, es que la condición discrepante que revitaliza una y otra vez al
espíritu de las izquierdas y a sus luchas,
por momentos toma la forma de un atolladero, de un callejón sin salida
que puede llegar a convertirse en un agujero negro…