martes, 18 de junio de 2019

Lo ilegal y lo legal, un mismo territorio ensombrecido (Artículo publicado en el sitio electrónico de "Aserto" - 14 de octubre de 2017)

Hay un extraño territorio donde lo legal y lo ilegal se traslapan y se confunden.  La coexistencia de lo legal en lo ilegal,  es una zona de penumbra que marca de manera rotunda a los primeros años del siglo XXI.  “Existe una relación estrecha entre las exigencias de los mercados legales y la creación y florecimiento de mercados ilegales. Es decir, las diversas estructuras de la ilegalidad funcionan por demanda de la legalidad, muchos tipos de acciones ilegales nacen y están protegidas bajo los marcos de lo legal” (Sayak Valencia, “Capitalismo Gore”, 2010).
La política y las empresas que son legales conjugan sus actividades con el crimen organizado que trabaja desde la ilegalidad. Las raíces de este problema están sujetas a los principios del neoliberalismo que ha encontrado nuevas formas de comercio que diseminan y borran las fronteras entre lo legal y lo ilegal. El ejemplo más claro de ese territorio legal y a la vez ilegal  es la piratería. Es una cuestión evidentemente contradictoria y paradójica.
En la política  la corrupción converge con la legalidad gestionada a conveniencias, el peso de la ley no vale lo mismo  para los poderosos que para los ciudadanos comunes y corrientes. En la economía el robo en despoblado está garantizado por las leyes mercantiles y  financieras, que permiten la explotación y la acumulación de la riqueza desmedida en unas cuantas manos.  Para las formas de vida en sociedad,  se emiten leyes que prohíben  los narcocorridos, mientras las televisoras proyectan narcoseries que muestran a los capos y sicarios como modelos de vida a seguir. En la relación que establecemos con la naturaleza se crean leyes que buscan el desarrollo sustentable, pero se permite la depredación de manglares, bosques y selvas.
De forma inconsciente, el slogan del gobierno estatal  refleja este territorio de luces y de sombras. Los asesores de imagen de Javier Corral definieron la frase que estaría significando al actual gobierno:  “Chihuahua. Amanece para todos”.  Se intentaba subrayar la luz en lugar de la oscuridad.  Pero el slogan mediante el cual buscaron resinificar al ejercicio de gobierno, va convirtiéndose en un vacío retórico y simbólico. Lo que destaca en el ejercicio de gobierno de Javier Corral, son las sombras y no la luz. El contenido simbólico de la metáfora que intentó significar positivamente al gobierno de Corral, va inclinándose hacia una negatividad que resulta desconcertante.
El desbarrancadero del slogan del actual gobierno estatal, no es más que el síntoma de una pudrición mucho más profunda en la sociedad. Desde hace tiempo, este territorio claroscuro va marcando un ritmo de destrucción que parece indetenible. Los acontecimientos que van dando lugar al crecimiento de esta anomalía, son numerosos y se manifiestan con una intensidad que resulta cada vez más preocupante. Durante las últimas décadas este territorio, legal pero ilegal, prohibido pero permitido, se ha ido expandiendo y complejizando.
Las notas de ocho columnas de los periódicos “El Diario de Chihuahua” y “El Heraldo de Chihuahua” de este viernes 13 de octubre,  son una evidencia de esta anomalía que ha roto los límites éticos y jurídicos que sustentan nuestras formas de vida. “El Diario de Chihuahua” publica la nota: “Congreso pide legalizar el contrabando: AMDA” bajo la firma del reportero Manuel Quezada Barrón. Por otra parte, “El Heraldo” publica la noticia: “Narcopolíticos tras crimen de Miroslava”, firmada por el reportero David Varela.
En la nota de “El Diario de Chihuahua” se aborda el asunto de los automóviles chuecos que han entrado al país desde la década de 1980 hasta la fecha. Es un problema que se ha repetido numerosas ocasiones  y que los gobiernos federal y estatal no han logrado resolver. El comercio y el uso ilegal de automóviles importados de Estados Unidos a México, es un presunto delito que termina siendo permitido a conveniencias.  
Mientras los diputados locales abogan por una legalización de los automóviles, los integrantes de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) exigen la aplicación estricta de la ley. Mientras los líderes de las organizaciones luchan hasta el último aliento para preservar el patrimonio de más de 20 mil familias chihuahuenses que tienen este tipo de vehículos,  el gobierno estatal es presa de un asunto que se puede convertir en un terreno pantanoso hacia el año electoral del 2018.  
¿Dónde está lo legal y dónde lo ilegal en el caso de los automóviles chuecos? ¿Dónde concluyen los límites de lo permitido y empieza entonces lo prohibido?  Lo “ilegal” de los automóviles “chuecos”  termina convirtiéndose en una forma de vida socialmente aceptada,  y en una serie de medidas políticas que una y otra vez legalizan a lo ilegal mediante censos y regularizaciones.  Lo legal y lo ilegal terminan siendo imprecisos y elásticos.
El caso de los autos chuecos es un mecanismo mediante el cual  lo ilegal se legaliza. En primer plano, se ubican los intereses de la economía y la cultura del automóvil en el siglo XXI, que ponderan el transporte individual por sobre el transporte colectivo. En segundo plano, se ubica la política que termina convirtiéndose en una herramienta remedial del problema de los automóviles chuecos. En este caso, el lugar donde lo legal y lo ilegal se cruzan es un limbo que ha resurgido una y otra vez de forma repetida. La anomalía es reiterada y sistemática.
En el caso de la nota de “El Heraldo de Chihuahua”, la situación es mucho más preocupante. Esta noticia afirma que la narcopolítica es una de las hipótesis del asesinato de Miroslava Breach. La corresponsal de “La Jornada” destapó una cloaca que está a la vista de todos,  y le puso nombres y siglas partidistas a la narcopolítica en Chihuahua.
La narcopolítica,  ese territorio dónde se entrecruzan los intereses del crimen organizado, de los integrantes de la clase política y los empresarios, va resultando monstruoso en sus deformaciones de lo legal y lo ilegal. Los efectos de la narcopolítica se cuentan y se viven por miles de asesinados y desaparecidos  en los últimos diez años.
El concepto de “narcopolítica” contiene en sus entrañas un territorio dónde lo legal y lo ilegal se han conjugado de forma irresoluble. En estos momentos no hay manera de destrabar las relaciones que se han entablado en los capos del crimen organizado, los políticos  y los empresarios. Tal vez, Javier Corral no tenga un Genaro García Luna en su gabinete, tal como lo tuvo el sexenio de Felipe Calderón, pero los mandos medios y bajos de las corporaciones policiacas municipales y estatales, están infiltrados por el crimen organizado. De la misma forma, numerosos gobiernos municipales encabezados por distintos partidos políticos, han sido infiltrados por el narco, tal como lo demuestra la nota periodística de “El Heraldo de Chihuahua”.
El narcotráfico y la política que están presentes en el concepto de la “narcopolítica”, se desprenden de los intereses económicos del neoliberalismo que incentiva y protege el comercio de la piratería, de los autos chuecos, de los contratos de obra pública, de las drogas y de los cuerpos de los seres humanos sometidos a novedosas formas de explotación .
Hay un triángulo del cual se deriva el territorio donde lo ilegal y lo ilegal terminan confundiéndose. Este triángulo está formado por los principios del neoliberalismo rapaz que está dispuesto a comercializarlo todo, por el crimen organizado convertido en un poder fáctico ante el estado y la sociedad, y por  las acciones políticas que no logran construir equilibrios y deslindes entre lo legal y lo ilegal. Al final, las acciones políticas terminan rendidas ante los intereses del neoliberalismo y del crimen organizado.
Este es el nudo donde la corrupción y la impunidad se enraízan y expanden como tragedia de nuestro tiempo. Este es el nudo que es necesario destrabar.

Los informes y la miseria del poder (Artículo publicado en el sitio electrónico de "Aserto" - 6 de octubre de 2017)


I.- Las puertas vigiladas por los guardias de seguridad del Palacio de Gobierno en Chihuahua son un dispositivo de inclusión y exclusión, son formas de estar cerca o estar lejos del gobernador Javier Corral al rendir su primer informe de gobierno. El acto de cerrar y abrir las puertas administra la entrada de algunos cientos de personas. Es la clase política más cercana del poder en turno en el gobierno estatal. Entre los de adentro y los de afuera, se traza una distancia que al paso del tiempo se convierte en una separación irresoluble.
El pase que permite la entrada es una invitación girada directamente por el gobernador. Algunos de los invitados guardarán aquella invitación como una evidencia notoria de su historia personal, una muestra de que fueron convidados del poder.
Para los invitados,  hay una serie de recomendaciones sobre la ropa que deben vestir para acudir al evento. Si estas recomendaciones no se expresan por escrito o verbalmente, se hacen presentes de una u otra forma en el imaginario de los asistentes. La formalidad en el vestir es una evidencia de las aspiraciones estéticas de la política,  es una evidencia de que la política aún sueña con la belleza y la perfección, aunque sea de esta forma tan frívola y banal.  ¿Cuántos trajes tiene guardados un funcionario público en su closet? ¿Cuántas camisas y pares de zapatos hacen fila para ser usados a lo largo de una carrera política? Para los integrantes de la clase política comprar un traje caro y mantener bien surtido el closet es un asunto de primera necesidad, aunque el buen vestir se mantenga a distancia del buen servir.
En los informes de gobierno el poder se mira desnudo tal cual es. Y aunque el poder pretende mostrar su presencia y su fuerza de manera ostentosa, termina mostrando también su miseria. Estos eventos traen consigo la memoria histórica de las ceremonias suntuosas que los monarcas organizaron durante la edad media para mostrar el ejercicio del poder mediante reverencias y protocolos que debían seguirse al pie de la letra.
El montaje se organizó días atrás: las sillas acomodadas en el patio, la plataforma para ubicar el presídium de los miembros del gabinete, los lugares destinados a la prensa, las cámaras y bocinas para transmitir el evento, y el pódium que tomó el lugar central, el pódium que asemeja un altar y que terminará siendo mirado religiosamente por los cientos de invitados. 
Los lugares no se ocupan de manera azarosa, los lugares se asignan. Hay una planeación estricta para ubicar a los invitados en el lugar que les corresponde. Igual que se acomodan las piezas del ajedrez, los invitados ocupan sus lugares mientras saludan a los amigos y conocidos. Entre los asistentes se dan pequeñas charlas, pero las palabras más notorias del evento son un largo monólogo seguido de aplausos y salutaciones, un monólogo que convirtió a los asistentes lo mismo en sujetos de utilería que en aduladores garantizados.
En el momento más esperado de la tarde surgió la voz del gobernador. Cuando Corral comenzó su discurso,  el “nuevo amanecer” tomó la forma de las palabras que salieron de su boca durante una hora y 20 minutos, eran las seis de la tarde. Cuando Corral terminó de hablar la noche comenzaba a caer sobre la ciudad de Chihuahua…
II.- Hay algunos avances, eso es innegable. Corral dio cifras y evidencias de los avances en el ahorro presupuestal,  el combate a la corrupción y el rescate del Vivebús. Pero lo que se mostró como avances es muy poco. Para medir los avances en el gobierno de Corral hay que poner, de un lado, la talla de lo prometido en la campaña del 2016, y del otro lado, la dimensión de los logros obtenidos. Durante la campaña, el actual gobernador pronunció discursos de un contenido prometedor y de un tono efusivo. Corral prometió demasiado y haciendo uso de sus habilidades oratorias, le imprimió a sus promesas aspiraciones de grandeza. Pero después de un año en el ejercicio del poder, el contraste ante las insuficiencias, los errores y los sesgos, resulta evidente. El desgaste del gobierno de Corral en el ejercicio de poder se va convirtiendo en una losa que resulta muy difícil de sobrellevar.
Los datos de las promesas incumplidas sobran y en estos días serán repasados por la prensa: el crecimiento escandaloso de la inseguridad pública, la aprehensión de César Duarte que comienza quedar a distancia de los poderes locales, la mejoría no lograda en el transporte público que contrasta con el aumento en el pasaje, el desorden educativo lo mismo en básica que en media superior y la promesa incumplida de la universidad gratuita, el intervencionismo del poder ejecutivo sobre los poderes judicial y legislativo, los actos de nepotismo evidenciados, la falta de obra pública y los estragos negativos sobre la economía local.  Bajo la inercia de evaluar a los gobiernos en periodos de 100 días, seis meses o un año, los ciudadanos, los analistas políticos y la prensa local, no encuentran cifras ni evidencias de logros significativos en el gobierno de Corral. El tiempo de espera ha terminado y lo que sigue son los reclamos que se van acumulando unos sobre otros.
Quizá ningún gobernador había accedido al poder bajo un escenario tan adverso en lo tocante a  las finanzas estatales, la inseguridad pública y la corrupción. Pero de igual forma, ningún otro gobernador había accedido al poder con tantas promesas de por medio, con tantos anhelos ciudadanos que reclaman logros perceptibles. Las expectativas generadas por Corral salieron de su boca, en cada uno de los discursos emitidos durante la campaña de 2016. Después de un año de gobierno, el tiempo de espera y la falta de resultados comienzan a doblegar la confianza que miles de ciudadanos depositaron en la figura de Corral a través de su voto. Ya no hay más días que puedan concedérsele como periodo de gracia. Lo que se exige son resultados, pero los resultados se miran lejanos.
La figura del gobernador Javier Corral se convierte en presa de sus propias palabras y de sus propios anhelos. Cuando una gubernatura es ocupada por un utopista, la política se convierte en un territorio habitado de realidades que resultan adversas en muchos sentidos. Se lucha contra lo corto del tiempo, contra la insuficiencia de los recursos, contra la multiplicación y profundización de los problemas, contra los adversarios que harán hasta lo imposible por mostrar los errores.
Pero la más ardua de las luchas tiene lugar en la propia subjetividad de Javier Corral. Es una forma de mirarse al espejo que va encontrando las imperfecciones y roturas. Esos resquebrajamientos que esconden tras de sí los rastros de alguna oscuridad. Esos indicios que se evitan mirar porque reflejan lo que no se quiere ser, lo que no se dice frente al espejo y frente a los demás…

La política antes o después de las masacres (Artículo publicado en el sitio electrónico de "Aserto" - Octubre de 2017)


I.- Los cuerpos quedaron tendidos a lo largo de las habitaciones del centro de rehabilitación “Uniendo Familias para Vivir Mejor”. La imagen interior del lugar es un contraste entre el color tenue del piso y el color rojo de la sangre que se derramó hasta la banqueta.
La noche del martes 26 de septiembre en la ciudad de Chihuahua extiende sus rastros de muerte sobre las personas atrapadas en la extraña condición de “víctimas”: víctimas del crimen organizado, víctimas de la política que manifiesta su impotencia y sus errores, víctimas de una sociedad que no puede sobreponerse a los estragos de la violencia, víctimas de una historia que se prolonga hacia las primeras décadas del siglo XXI en México.
De nueva cuenta, los habitantes de la colonia Rosario vivieron horas de zozobra y desesperación. Primero, tres minutos de disparos que sacudieron los interiores de las casas y la vida en las calles. El ruido de la metralla que llevó a las personas a tirarse al suelo, cerrar los ojos y apretar los dientes, esperando lo peor. Luego un silencio, una espera de la que brota el miedo ante la muerte de los cercanos o lejanos. Y junto al silencio, los gritos desgarradores de los sobrevivientes y los primeros testigos.
La noche se detiene cuando las sirenas de las patrullas y ambulancias se desparraman en el aire. Las cintas amarillas son colocadas a una cuadra de distancia del lugar, señalando la escena del crimen. Los curiosos y familiares de los internos del centro de rehabilitación comienzan a llegar y surgen las preguntas. Pero no hay respuestas, todavía no hay respuestas de los nombres de los asesinados y los heridos, de los sobrevivientes que recordarán aquello como un pedazo del infierno. La angustia es un nudo en la garganta, cuando el silencio y los gritos se mezclan en un solo amasijo, cuando son inútiles las palabras y quedarse callado es imposible…
II.- Sorprende la distancia, la frialdad de las declaraciones del comisionado de seguridad pública estatal, Oscar Aparicio, al día siguiente de la ejecución masiva de 15 personas en un centro de rehabilitación en Chihuahua. El funcionario estatal declaró que el móvil del asesinato es la confrontación entre dos grupos del crimen organizado: los Aztecas y los Mexicles. Días antes de la declaración de Aparicio sobre la masacre, el fiscal del estado César Augusto Peniche, afirmó que el asesinato de 5 personas en el bar “El show” al norte de la ciudad de Chihuahua, fue debido a una confrontación entre grupos antagónicos que pelean por el control de la venta de drogas.
Las declaraciones del gobernador Javier Corral mantuvieron el mismo tono de distancia y frialdad ante los hechos de violencia: “En realidad no estamos ante un fenómeno de violencia contra la población en general también eso es importante decirlo y no caer en la magnificación que luego sí produce zozobra y angustia en toda la sociedad… Los acontecimientos están muy localizados en un enfrentamiento entre grupos criminales que se disputan las plazas y tenemos algunos elementos ya, dentro de los primeros datos de la investigación, que nos permiten, efectivamente, advertir que hay ajusticiamientos entre ellos por virtud de deserciones, de divisiones o subdivisiones en los grupos criminales en el estado, no se está afectando, vamos a decir, a la población civil en general…” (El puntero, 28 de septiembre de 2017).
La distancia y la frialdad de las declaraciones de Aparicio, Peniche y Corral, se construyen desde la burbuja del poder, detrás de los vidrios blindados, detrás de las escoltas que abren el paso a las camionetas de los funcionarios públicos por las calles, detrás de las ceremonias y protocolos que convierten al poder en un ritual de la verdad. Para los funcionarios públicos, la verdad es un acto de poder que se manifiesta en una declaración pública o en un boletín de prensa, es una trinchera política para defender la posición propia a costa de lo que sea. No hay que olvidar que en la política las verdades son el arma y la armadura, son la pólvora que estalla en contra de los adversarios y la trinchera que protege ante cualquier afectación que pueda imaginarse o concretarse.
Es cierto que las puertas del palacio de gobierno que César Duarte mandó cerrar fueron reabiertas por Javier Corral, es cierto que las audiencias públicas acercan de nueva cuenta a la sociedad chihuahuense y al gabinete del gobierno del estado, pero los distanciamientos se manifiestan de otras formas y comienzan a tomar un contenido diferente. Los distanciamientos de Corral y su gabinete ante la sociedad chihuahuense se manifiestan en la frialdad de sus declaraciones por los asesinatos de septiembre, se manifiestan en la violencia que asemeja los días aciagos de 2008 y 2009, se manifiestan en la impunidad que crece al paso de los días.
III.- Todavía falta poner en claro los territorios donde el crimen organizado y la política se entrecruzan y reconfiguran las formas de vida de los chihuahuenses y los mexicanos. Está demostrado que la corrupción en México es uno de esos territorios donde los capos y los políticos han ido escribiendo una parte lacerante de la historia en las décadas recientes. Cuando Anabel Hernández titula uno de sus libros más notorios con el nombre: “Los señores del narco” (2010), la referencia a “los señores” es un juego verbal que se elabora sobre la ambigüedad. “Los señores” aludidos por Anabel Hernández,  pueden ser los narcotraficantes o los mismos políticos. Hay un territorio en el que la política y el crimen organizado se traslapan. Este territorio nos tiene sumidos en una oleada de violencia que continúa expandiéndose a lo largo y ancho del país.
Queda claro que Javier Corral le declaró la guerra al crimen organizado en Chihuahua, que las acciones emprendidas por la fiscalía del estado son frontales en el combate a la delincuencia. Difícilmente podría mostrarse una colusión entre los integrantes del gabinete de Corral y la delincuencia organizada. Pero, la manera en que las acciones gubernamentales para combatir al crimen organizado en el estado de Chihuahua, se entrecruzan con las acciones mismas de los delincuentes, toman otra forma y otro contenido. Cuando Aparicio, Peniche y Corral declaran que los asesinatos de septiembre en Chihuahua son ajustes de cuentas entre grupos del crimen organizado, que son una lucha por el control del narcomenudeo, que no afectan a la sociedad, de manera indirecta reconocen la presencia del crimen organizado y sus efectos como una sombra incómoda, como un lastre que puede sobrellevarse de una u otra forma.
En las declaraciones de los tres políticos panistas se detectan indicios de una aceptación tácita, incómoda e inconveniente del crimen organizado y sus efectos violentos sobre la sociedad. Esto se muestra en los hechos, va quedando demostrado en los hechos. Es imposible que cualquier gobierno emanado de cualquier partido político, pueda acabar con el crimen organizado que se ha enraizado con tremenda fuerza en la vida económica, social y cultural de México. Una y otra vez las declaratorias de guerra ante el crimen organizado han fallado, lo mismo Calderón, que Peña Nieto o  Corral. Entonces, cuando el poder del crimen organizado irrumpe la tranquilidad social tal como sucedió en Chihuahua en los años 2008 y 2009,  tal como sucede en estos meses, los gobernantes elaboran justificaciones discursivas, mediáticas y de políticas públicas para sobrellevar el asunto, para pasar el trago amargo ante los estragos y los reclamos sociales. Es aquí que surgen los distanciamientos y la frialdad de los políticos, es aquí que los discursos, los recursos mediáticos y las políticas públicas para paliar los efectos del crimen organizado terminan convirtiéndose en un artificio, en un engaño necesario.
¿Verdaderamente, Aparicio, Peniche y Corral piensan que sus declaraciones y explicaciones resultan suficientes, que las posturas que van tomando ante estos acontecimientos pueden justificarse? ¿Qué sucede con los políticos cuando, más allá de su voluntad y de sus posibilidades de acción, son rebasados por las acciones del crimen organizado? ¿Qué sucede cuando los códigos de ética que cuelgan en paredes de las oficinas públicas del gobierno estatal van siendo desmoronados por las acciones del crimen organizado? ¿Qué sucede con la política cuando el crimen organizado se apodera de regiones enteras en un estado, y comienza a trazar una contra-agenda que avanza por sobre las agendas gubernamentales?
Directa o indirectamente, la política del siglo XXI en México está siendo definida por los intereses del crimen organizado. El gobierno de Corral es víctima o victimario de esta historia.

Represión social e impunidad, de Ayotzinapa a Nochixtlán (Artículo publicado en el sitio electrónico de "Aserto" - 30 de septiembre de 2017)


Tres años antes de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, tuvo lugar un acto de represión en contra de los estudiantes de esta misma institución. El 12 de diciembre de 2011, los normalistas de Ayotzinapa tomaron la caseta de Palo Blanco,  en la autopista México - Acapulco. Los estudiantes protestaron para incrementar el presupuesto destinado a la normal rural Raúl Isidro Burgos, para mejorar las instalaciones de esta escuela y para tener una audiencia con el entonces gobernador del estado, el perredista Ángel Aguirre Rivero.
Los normalistas de Ayotzinapa fueron reprimidos por decenas de agentes de la policía federal y las policías locales. En el enfrentamiento murieron los estudiantes Gabriel Echeverría y Jorge Alexis Herrera, a quienes les dispararon en la cabeza. Algunos videos alojados en Youtube muestran la saña con la que los policías agredieron a los estudiantes.
En aquél entonces, el delegado de la PGR en el estado de Guerrero era Iñaki Blanco Cabrera. Ante la represión y el asesinato los normalistas, Blanco Cabrera debió llevar a cabo una investigación de oficio sobre los hechos ocurridos, pero la investigación nunca tuvo lugar. Desde un inicio las autoridades solaparon a los policías y funcionarios que participaron en la agresión y el asesinato de los normalistas.
A través de un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la periodista Anabel Hernández documentó la tortura a la que fue sometido el estudiante Gerardo Torres, en un intento por incriminarlo en el asesinato de sus dos compañeros:   “ Seis elementos (…) lo sacaron a bordo de una camioneta lo trasladaron con la cabeza cubierta a una casa de madera, lo golpearon y amenazaron con privarlo de la vida si no accionaba un arma larga. La víctima mencionó que sus victimarios colocaron uno de sus dedos en el gatillo del arma señalada y la accionaron; añadió que los policías fueron a tirar los casquillos percutidos en el lugar donde tuvo verificativo el enfrentamiento con los estudiantes.” (“La verdadera noche de Iguala. La historia que el gobierno trató de ocultar”, P. 47).
La impunidad marcó aquél primer enfrentamiento entre los estudiantes de la normal de Ayotzinapa y las policías federales y estatales. Ningún agente ni funcionario recibió sanciones mayores por aquellos hechos represivos. La actuación dolosa del entonces delegado de la PGR en Guerrero, Iñaki Blanco Cabrera,  fue premiada en junio de 2013, al ser nombrado procurador del estado.  Cuando tuvo lugar la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Blanco Cabrera estaba al frente de la procuración de justicia en el estado de Guerrero.
La violencia policial (y militar) del estado se hizo presente en el enfrentamiento de la caseta de Palo Blanco y en los actos represivos de la noche de Iguala. Los asesinatos de estudiantes normalistas se repitieron en la reyerta del 12 de diciembre de 2011 y en los enfrentamientos del 26 de septiembre de 2014. En las investigaciones de los dos acontecimientos represivos se ha demostrado la presencia de errores y actuaciones sesgadas por parte de los policías, los ministerios públicos y los jueces. En ambas investigaciones se han intentado establecer montajes para responsabilizar a chivos expiatorios y deslindar a las autoridades de gobierno de la responsabilidad en los hechos.
Este mismo patrón se repite en otros hechos de represión en contra de la sociedad civil. Los mismos elementos que se hicieron presentes en los actos represivos en contra de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa en 2011 y 2014, se identifican en la actuación policial y gubernamental en Nochixtlán, Oaxaca, el 19 de junio de 2016. Los resultados del enfrentamiento en Nochixtlán fueron 8 muertos y 108 personas heridas, 53 civiles y 55 policías. En Nochixtlán también se hicieron presentes: la violencia desmedida por parte de las corporaciones policiacas que hicieron uso de armas de fuego, el asesinato de integrantes de la sociedad civil, la presencia de errores y sesgos en las investigaciones y en la impartición de justicia en general,  y el encubrimiento de policías y mandos que participaron en el asesinato de civiles.
En los acontecimientos de Nochixtlán quedó comprobado que los integrantes de la policía federal accionaron sus armas en contra de la población civil. En aquel entonces el comisionado de la policía federal preventiva era Enrique Ceballos Galindo, un personaje cercano al secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. Fue Ceballos Galindo quien inicialmente declaró que los agentes de la policía federal no llevaban armas durante los enfrentamientos de Nochixtlán, pero ante las evidencias fotográficas y videos que circularon en la prensa y las redes sociales, el mando de la PF tuvo que aceptar que los integrantes de esta corporación accionaron sus armas en contra de la población civil.
Hasta la fecha, el gobierno federal no ha dado informes de las investigaciones por el caso Nochixtlán. Ningún policía ni funcionario ha sido juzgado por su participación en estos hechos de represión. Días antes del informe presidencial del 2016, Enrique Peña Nieto ordenó la destitución de Enrique Ceballos Galindo como comisionado de la policía federal. Ningún funcionario dio explicaciones sobre la salida de Ceballos Galindo de la PF. En días recientes, Enrique Ceballos Galindo fue nombrado como integrante del equipo de la secretaría de gobernación que coordinará las labores de reconstrucción en el estado de Morelos, después del sismo del pasado 19 de septiembre. De la misma forma en que se dio la salida de Ceballos Galindo como comisionado de la PF hace un año, sin explicación de por medio, este personaje retorna a las funciones gubernamentales de la mano de su protector, Miguel Ángel Osorio Chong.
Los actos de represión e impunidad que han caracterizado al gobierno de Enrique Peña Nieto tienen nombres y apellidos, tienen adscripciones a grupos políticos que están buscando permanecer en el poder después del 2018, tienen un comportamiento que muestra la frialdad y la actitud despótica de la clase política ante los reclamos que la sociedad viene haciendo desde hace muchos años.

La política sometida por el mercado o el refinanciamiento de una deuda (Artículo publicado en la revista "Aserto" - Septiembre de 2017)


En la  iniciativa del gobierno de Corral para refinanciar la deuda pública del estado de Chihuahua se puede observar el sometimiento de la política a las reglas del neoliberalismo. La característica más notoria del neoliberalismo se presenta cuando la economía se sobrepone a la política, cuando el valor del dinero y su acumulación en el mundo capitalista se colocan por sobre los valores que reclaman una vida digna para las personas. El síntoma más notorio del dominio de la economía por sobre la política, son los números y los porcentajes de la pobreza. Mediante los números y los porcentajes de la pobreza, las personas de carne y hueso que viven y sufren la pobreza quedan convertidas en cifras. El problema de la pobreza es despojado de su espacio vital y se convierte entonces en fórmulas macroeconómicas que son cifradas mediante números y porcentajes. Son estas cifras las que terminan significando a la pobreza. La economía es una matemática sofisticada que convierte a las vidas de las personas en cifras atravesadas por el valor del dinero y el valor de los bienes materializados.
En el decreto para refinanciar la deuda pública en Chihuahua, la acción política del gobierno del estado y del congreso local está supeditada a las reglas de juego del mercado, donde un principio elemental es vender y comprar todo lo que pueda ser comprado o vendido. El neoliberalismo pretende introducir a la lógica del mercado cualquier objeto que pueda producir ganancias o pérdidas. No hay que perder de vista que en el neoliberalismo las ganancias se privatizan a favor de los empresarios, los inversionistas y los políticos; pero cuando tienen lugar las pérdidas, estas tienden a ser socializadas, responsabilizándonos a todos del costo de las mismas. El asunto de la deuda pública del estado de Chihuahua es un claro ejemplo de la privatización de las ganancias a costa de los intereses políticos y sociales. El ejemplo más cercano sobre la socialización de las pérdidas en el neoliberalismo es el caso del Fobaproa, que nos ha llevado a todos los mexicanos a pagar los costos de la crisis heredada por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Desde hace décadas,  las finanzas públicas de diferentes países del mundo han quedado secuestradas por el mercado neoliberal mediante la compra-venta de dinero bajo el mecanismo que suele ser llamado “deuda pública”. Cuando un gobierno adquiere deuda pública, lo que en el fondo está comprando es dinero que es usado para impulsar las políticas públicas o para otros asuntos, como los beneficios personales o de grupo (este último es el caso de César Duarte y sus operadores). El dinero que los gobiernos compran a través de la deuda pública, es comprado a un precio mayor de lo que vale, y en los contratos que se firman se establecen una serie de garantías para que las entidades que le prestan ese dinero a los gobiernos nunca pierdan. Las ganancias para las entidades bancarias o financieras están garantizadas en las cláusulas de los contratos firmados. Es común que el dinero que se adquiere a través de una deuda, sea pagado dos, tres o más veces de su valor original.
En el caso del decreto para refinanciar la deuda del estado de Chihuahua, la cláusula que garantiza las ganancias a las instituciones bancarias o financieras puede leerse en el artículo cuarto: “Durante la vigencia de los convenios, contratos, títulos de rédito, valores y demás documentos que, en su caso, se celebren o suscriban para instrumentar reestructura y/o refinanciamiento, podrán modificarse los términos y condiciones pactados originalmente en los mismos, incluyendo, sin limitar: (a) las tasas de interés, en función de las condiciones del mercado o para cubrir o mitigar riesgos económicos o financieros por variaciones en las tasas de interés; (b) los plazos y el perfil de las amortizaciones respectivas; y (c) las garantías. Estas modificaciones se podrán efectuar sin necesidad de obtener nuevas y previas autorizaciones por parte del Congreso del Estado.”
De forma reiterada, los diputados de Morena y del PRI le han solicitado al secretario de hacienda, Arturo Fuentes Velez, y al propio gobernador, la corrida financiera que  demuestre que el refinanciamiento de la deuda resulta conveniente al garantizar la reducción de los pagos. Pero,  lo que dice el párrafo final del artículo cuarto del decreto, pone en evidencia que ninguna corrida financiera que pueda presentar el gobierno del estado en este momento, garantiza a largo plazo la disminución de los montos a pagar. Toda corrida financiera que pueda presentarse en este momento es circunstancial y falible. Es el mercado financiero y sus azarosos movimientos de un lado a otro, lo que estaría definiendo los montos a pagar.
El contenido del decreto afirma que las tasas de interés podrán ser modificadas sin restricción alguna. Literalmente el documento afirma que: “…podrán modificarse los términos y condiciones pactados originalmente en los mismos, incluyendo, sin limitar… las tasas de interés…” Es obvio que las  entidades bancarias y financieras buscan la ganancia a costa de lo que sea, y para ello han ido creando un entramado económico,  jurídico y político, que les permita seguirse expandiendo. En este momento, el gobierno de Javier Corral y la sociedad chihuahuense somos presas de ese entramado.
En lo que va del año, las tasas de interés autorizadas por el banco de México han aumentado tres veces. En marzo pasaron del 6.25 al 6.50 %, en mayo llegaron al 6.75 % y en el mes de junio subieron hasta el 7 %. En solo medio año, las tasas de intereses aumentaron poco menos de un punto porcentual. Desde luego que esta variable estaría impactando al monto de la deuda y sus pagos futuros. 
Los pagos venideros de la deuda pública del estado de Chihuahua son una moneda que ya lanzada al aire, caería siempre a favor de los intereses de los organismos financieros y los bancos. De ninguna forma se puede garantizar la disminución de los pagos de la deuda pública estatal a largo plazo, porque las variables macroeconómicas que sustentan esos pagos están fuera del control de los gobiernos, el estatal y el federal.
El origen del decreto para refinanciar la deuda pública del gobierno de Chihuahua, no fue generado por los operadores del gobierno de Corral, sino que se generó a partir de los discursos y los dispositivos del mercado neoliberal, que se sobrepone a la política, que lentamente ha ido devorando a la política hasta dejarla completamente desnuda. Lo que puede leerse a través del decreto presentado por Corral para modificar la deuda estatal, es la desnudez de la política que se muestra inerme, que una y otra vez manifiesta sus debilidades ante el mercado neoliberal.
Las discusiones sobre el refinanciamiento de la deuda del gobierno del estado, nos muestran también como la política se va convirtiendo en una farsa. Si las finanzas públicas del estado han quedado capturadas por las legiones del neoliberalismo, si a largo plazo, la entidad que estaría garantizando el aumento o disminución de la deuda pública del estado de Chihuahua es el mercado financiero, todo lo que pueda decirse o hacerse en torno al decreto presentado por el gobierno de Corral, resulta insuficiente. Lo que estamos viendo es un guión que dibuja con claridad como es que los actores políticos asumen el papel de títeres del neoliberalismo.

El PRI, del cinismo como ideología (Artículo publicado en la revista "Aserto" - Agosto de 2017)


Todavía hace algunos años había personas que resaltaban la herencia histórica que el PRI construyó a lo largo del siglo XX mediante el impulso de instituciones como la escuela pública, la seguridad social (IMSS e ISSSTE), los sindicatos, la industria nacional y la obra pública. Todavía en la década de 1990 algunos taxistas, obreros y maestros se atrevían a defender al priismo de los ataques de la oposición. Esta visión es nostálgica y está cargada de un grado de ingenuidad que resulta sospechoso. El PRI de mediados del siglo XX que dio lugar al desarrollo estabilizador (el llamado “milagro mexicano”), es una entidad política de la que solo quedan los escombros.
Las instituciones construidas por el PRI en los años posteriores  a la revolución mexicana están sumidas en una crisis de profundas dimensiones. En los últimos 25 años, la escuela pública ha sido sometida a varias reformas y la política educativa de Peña Nieto amenaza con la privatización. A pesar de las recientes reformas de los sistemas pensionarios en México, el IMSS y el ISSSTE se encuentran en una aguda crisis financiera que se traduce en la constante de los números rojos y la deficiente atención a los derechohabientes. El sindicalismo en México pasó de los sindicatos charros a los sindicatos blancos, entregando la lucha de las clases trabajadoras a los intereses neoliberales. En el caso de la obra pública, los sexenios de Peña Nieto y de César Duarte arrojan innumerables indicios de corrupción. 
¿Qué es lo que queda entonces del PRI? ¿Qué es lo que sigue sosteniendo a un partido que desde hace muchos años se encuentra en el desbarrancadero de la historia? Lo que sostiene al PRI es una estructura político partidista que está sujeta de espacios de poder gubernamental y de poder económico que mantienen una intrincada red de relaciones personales, grupales e institucionales. Lo que sostiene al PRI es una ideología pragmática que termina manifestándose bajo la forma del cinismo.
El PRI del nacionalismo revolucionario, el de las grandes instituciones y los grandes logros sociales y económicos, fue muriendo hacia finales de la década de 1960 y se convirtió en cadáver político en los años siguientes. Ya en la década de 1990, el PRI tomó la forma de un Frankenstein neoliberal, que en términos ideológicos dio un viraje del centro-izquierda hacia la derecha. Este es uno de los rastros de cinismo ideológico en el PRI.
Ninguno de los militantes destacados del PRI se atrevió a explicar el viraje ideológico de este partido durante los gobiernos de Miguel de Madrid y Carlos Salinas de Gortari. Ideológicamente, el PRI pasó de la defensa de las causas heredadas de la revolución mexicana, a la defensa de los intereses de la empresa y el libre mercado. Los priistas conversos del nacionalismo revolucionario al neoliberalismo que permanecieron en las filas de ese partido,  demostraron la voluntad de sacrificarse ideológicamente por los intereses del partido y por los intereses del gran capital. Son ellos los que nos han mostrado la capacidad que tienen los integrantes de un partido político para tomar como su principal bandera ideológica al pragmatismo en forma de cinismo. Son ellos los que se montaron en la ola de resurrección del PRI después del 2012, con el fracaso posterior a cuestas. Son ellos los que han llevado al priismo a una crisis mucho más profunda y oscura a la que este partido vivió en los años posteriores al año 2000, después de su primera derrota en las elecciones presidenciales.
Los militantes que mantuvieron algo de dignidad ante el viraje ideológico del PRI en los años finales del siglo XX, se desplazaron hacia  la izquierda y han alimentado una conversión de esta fuerza política que amerita un análisis por separado. A estas alturas de la historia no se sabe con claridad si la izquierda mexicana fue injertada por el priismo disidente de la década de 1980, o si fue el priismo disidente, el que fue injertado por la izquierda. Los resultados de estos traslapes resultan evidentes.
Los militantes que se hincaron ante el viraje ideológico del PRI en los años finales del siglo pasado mostraron la radicalidad a la que puede llevar el pragmatismo cínico. Hay quienes llaman a esto “disciplina”, “entrega” y “sacrificio” por las instituciones y por el partido. El PRI de las décadas finales siglo XX y de los primeros años del siglo XXI,  está marcado por innumerables rastros de pragmatismo que ideológicamente se manifiestan como cinismo. Esto quedó evidenciado en la toma de protesta de Omar Bazán como presidente del comité estatal del PRI. Los militantes del PRI que antes fueron disidentes ante la imposición de Bazán, los que reclamaban una elección justa y democrática ante la militancia, los que exigieron que el PRI saldara cuentas ante la sociedad después de los estragos causados por las corruptelas del duartismo, terminaron por disciplinarse y tomaron una decisión a todas luces pragmática. Cuando el pragmatismo político se muestra una y otra vez de esta forma, eso a lo que le llaman “disciplina” tiene como trasfondo las sombras del cinismo.
La escuela política que la militancia del priismo deja a sus cuadros jóvenes y viejos es una hoguera en forma de cinismo. En esta hoguera puede arder la dignidad hasta convertirse en cenizas. En esta hoguera se cocinan actos tan pragmáticos que la ideología puede llegar al grado cero, ni de izquierda ni de derecha,  sino lo que se solicite a la carta por quienes resulten convenientes. En esta hoguera la humareda de la corrupción puede extenderse hasta el hartazgo, hasta que nos ceguemos después de mirar tanta negrura y podredumbre, hasta que la respiración se nos convierta en asco.

Las paradojas del conflicto en “La Jornada” (Artículo publicado en la revista "Aserto" - 5 de julio de 2017)


La pregunta no es: ¿quiénes tienen la razón en el conflicto de “La Jornada”? La cuestión no es inclinarse a favor de los integrantes del SITRAJOR que convocaron a la huelga,  o a favor de las voces que han defendido la postura de la dirección del periódico. Un artículo escrito por Pablo Oprinari toma postura por los integrantes del SITRAJOR y descalifica a las otras voces (http://www.laizquierdadiario.mx/La-huelga-en-La-Jornada-y-el-desbarranque-de-la-intelectualidad-progresista?id_rubrique=1714).
La postura de Oprinari es reduccionista y maniquea. La misma condición tendría una postura que defienda a toda costa las políticas de administración que ha mantenido la dirección del periódico,  sin reconocer la validez de los reclamos que hacen los trabajadores. Hay una parte de razón en los reclamos de los integrantes del sindicato de “La Jornada” y otra parte de razón en las voces que buscan que el periódico prosiga en base a ciertos sacrificios.
Desde luego que los derechos laborales y salariales han ido siendo desmantelados en las últimas décadas por las fuerzas del neoliberalismo. Desde luego que los reclamos de los trabajadores del SITRAJOR son válidos, pero el asunto es mucho más complejo. “La Jornada” es un ícono del periodismo de la izquierda y su vigencia se muestra de manera contundente.  Al tomar postura en este asunto habría que asomarnos a la historia de la prensa crítica en México, releer el libro “Los periodistas” de Vicente Leñero y releer sobre las distintas crisis que ha atravesado la revista “Proceso”. Releer también sobre las condiciones de fundación de “La Jornada” y sobre las dificultades que ha vivido este medio. El asunto es mucho más que la defensa de una causa laboral. Quienes hemos sido colaboradores de la prensa crítica en Chihuahua, escribiendo y haciendo otras tareas sin pagos de por medio, sabemos del sacrificio que significa mantener estos proyectos.
El problema es multifactorial y tendría que entenderse desde una perspectiva amplia, que ponga sobre la balanza las variadas razones y argumentos de las partes en conflicto. Aunque a fin de cuentas, el asunto muestra con toda crudeza las paradojas que se hacen presentes cuando la izquierda navega sobre las aguas del embravecido mar neoliberal, cuando se muestran las debilidades de las embarcaciones en las que navega la izquierda en este embravecido mar.  Las navegaciones de la izquierda pueden  estar soportadas por embarcaciones grandes, medianas o pequeñas, pueden consistir en un madero que nos permita flotar y sobrevivir ideológica y políticamente en lo que vaya de futuro.   Tal vez,  no existan ya grandes embarcaciones para navegar en las luchas de la izquierda, tal vez, las embarcaciones no sobrepasen un tamaño mediano, mientras los tamaños del embravecido mar neoliberal son globales y han penetrado hasta los territorios más pequeños de la vida humana.
En el problema de “La Jornada” están atravesadas posturas políticas e ideológicas que dibujan con toda claridad la composición de la izquierda mexicana en el polo lópezobradorista y en otros polos contestatarios al lópezobradorismo.  
Está atravesado el contexto de profunda crisis que vive la prensa en México, en Chihuahua acaba de cerrar “El Norte” de Juárez y hay voces que han deslizado la posibilidad de que desaparezca la edición impresa de “El Diario de Juárez”, y quede solo la edición digital. 
Está atravesada una coyuntura histórica de amplio dominio neoliberal en el que las izquierdas no encuentran los programas políticos precisos ni las formas mejores para implementarlos, que deriven en respuestas contundentes ante las mil cabezas del monstruo neoliberal.  
Y está atravesada la eternidad de los diferendos y los pleitos de las izquierdas, cuya condición es discrepar hasta el cansancio, hasta el último respiro. Lo más descarnado de este asunto, es que la condición discrepante que revitaliza una y otra vez al espíritu de las izquierdas y a sus luchas,  por momentos toma la forma de un atolladero, de un callejón sin salida que puede llegar a convertirse en un agujero negro…