La película "Ya no estoy aquí" es redonda por el lado que se le vea. La crítica social y política converge con una narrativa cinematográfica que resulta doliente. Los temas de la construcción identitaria, la contracultura, la migración, la lucha de clases y los impactos de la guerra calderonista contra el narcotráfico son entretejidos en una sola historia, sin que se note la manera en que están unidos unos con otros.
A lo largo de la película no se notan las costuras narrativas, ni fílmicas, que unen un conjunto de piezas del rompecabezas problemático de nuestro presente. Ese es uno de los grandes logros de la película que narra una tragedia y que termina estetizándola, convirtiéndola en una belleza cinematográfica. Hay veces en que la belleza duele. En la película “Ya no estoy aquí” está presente el dolor de la belleza, que se clava en los ojos (la fotografía), en los oídos (la música) y en el pensamiento (la historia narrada en su conjunto).
En el filme hay una redondez a través de la cual brota el barrio norteño, la profundidad del barrio norteño que es musicalizado, danzado y narrado por un conjunto de imágenes que tocan lo real de forma sublime, que exponen la desnudez de algo real que nos resulta abrumador, y que se queda atorado en la garganta como una palabra a medio decir...