I.- Al analizar las relaciones entre los intelectuales y el poder, Pedro Ángel Palou identifica siete etapas en la historia de México: la colonia en la que destacan los intelectuales criollos, la independencia que fue influida por el enciclopedismo francés, la lucha entre liberales y conservadores en el siglo XIX, el porfiriato dominado por el grupo de los Científicos, la etapa revolucionaria que quedó marcada por el surgimiento del Ateneo de la Juventud, la posrevolución que fue dominada por los integrantes del grupo de los Contemporáneos y la segunda mitad del siglo veinte en la que destacan las figuras de Octavio Paz, quien termina inclinándose a la derecha, y José Revueltas, quien se convirtió en un ícono de la izquierda (“Intelectuales y poder en México”, 2007).
viernes, 18 de noviembre de 2022
Batallas intelectuales y culturales en el sexenio lópezobradorista (Artículo publicado en la revista Aserto del mes de julio de 2019)
La historia de los intelectuales en México resulta fascinante, entre los relatos personales y colectivos que están poblados de intrigas y claroscuros, y las batallas estéticas, ideológicas y políticas que se han librado de forma repetida. Desde la investigación académica, la crónica, la biografía y la novela, se han escrito cientos de páginas sobre la historia de los intelectuales y el poder en México.
Dos de las cualidades más notorias de la historia de los intelectuales y sus relaciones con el poder en México son la confrontación y la polarización. Durante la colonia, los intelectuales criollos como Francisco Javier Clavijero, jugaron una posición de contrapeso ante la corona española. A lo largo del siglo XIX, los intelectuales liberales combatieron mediante las ideas y las armas a los intelectuales conservadores. Las confrontaciones entre los intelectuales liberales y conservadores quedaron registradas en la novela “Patria” escrita recientemente por Paco Ignacio Taibo II (2017).
La etapa de la posrevolución está marcada por una confrontación estética, ideológica y política entre los Contemporáneos y los Estridentistas. La historia marginal de los Estridentistas que fueron desplazados por los Contemporáneos en la lucha por dominar el panorama intelectual del México posrevolucionario, fue rescatada por Evodio Escalante en el libro “Elevación y caída del estridentismo” (2002).
Las confrontaciones entre la izquierda y la derecha intelectual en la segunda mitad del siglo XX quedaron sintetizadas en una frase que se ha convertido en una consigna estética y política: “Menos Paz y más Revueltas”.
La polémica que se ha generado por la implementación de las políticas lópezobradoristas en la Secretaría de Cultura, específicamente por las becas del Fonca (Fondo para la Cultura y las Artes), tienen como telón de fondo una nueva coyuntura de confrontaciones entre los intelectuales y los grupos de poder en la cultura, que se ha generado a partir del triunfo electoral de Morena en 2018. Desde principios de la década de 1990, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el grupo de la revista Letras Libres (antes revista Vuelta) tomó el control de las instituciones culturales en México, en una jugada en la que terminó desplazando al grupo de intelectuales de la revista Nexos.
II.- Las consecuencias de la batalla librada en el sexenio salinista, entre los intelectuales del grupo Vuelta, con Octavio Paz a la cabeza, y los intelectuales agrupados en torno a la revista Nexos, con Héctor Aguilar Camín al mando, se extienden hasta nuestros días.
En 1990, el grupo de intelectuales de la revista Vuelta en alianza con Televisa, organizó el coloquio “El siglo XX: La experiencia de la libertad”. En términos ideológicos y políticos, este coloquio postuló la victoria definitiva del capitalismo ante el socialismo y la democracia representativa como ruta a seguir. En este evento el grupo Vuelta dejó ver con toda claridad su postura neoliberal y pro–salinista. Los intelectuales que se agruparon alrededor de la revista Nexos fueron marginados de ese primer coloquio.
En 1992, el grupo de intelectuales de la revista Nexos respondió con el “Coloquio de invierno”. A diferencia del coloquio organizado por el grupo Vuelta dos años atrás, el evento organizado por la revista Nexos contó con el apoyo de la UNAM y el Conaculta. El perfil del coloquio de invierno se inclinó hacia una postura socialdemócrata, avalando a la vez las políticas neoliberales emprendidas por el gobierno de Salinas.
Los coloquios de 1990 y 1992 abrieron una lucha a muerte entre los intelectuales de las revistas Vuelta y Nexos. En la confrontación entre ambos grupos, terminaron pesando más los motivos pragmáticos que los motivos teóricos o ideológicos que se hicieron presentes en los debates. Los dos grupos usaron los coloquios para tejer relaciones a conveniencia con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Se trataba de usar las relaciones con el poder para influir en la agenda cultural y para allegarse lo más posible de las rebanadas del pastel presupuestal. El pragmatismo de la confrontación quedó reflejado en un artículo publicado por Octavio Paz en la revista Vuelta de abril de 1992 (“La conjura de los letrados”):
“El grupo Nexos está compuesto por gente de la misma generación, parecida en educación, ideas e intereses semejantes… Son osados y cautos, perseverantes y flexibles, solidarios entre ellos e indiferentes ante el extraño, capaces de sacrificar una idea para guardar una posición, disciplinados en el ataque y en la retirada, virtudes todas más militares y políticas que intelectuales… no es sorprendente que el grupo, a través de una serie de alianzas y bajo la protección oficial se haya fortalecido y extendido. Hoy es una red que envuelve a muchos centros vitales de la cultura mexicana y que domina a otros. Mencionaré algunas de sus plazas fuertes: Conaculta, la Universidad (UNAM), el Instituto Indigenista y el de Antropología, la televisión gubernamental y El Diario El Nacional, también del gobierno. Sobre su revista y sus editorial llueven los favores oficiales.”
La confrontación entre los intelectuales de las revistas Vuelta y Nexos se extendió a lo largo de 1992, mediante la publicación de artículos y declaraciones. Carlos Illades resume con toda claridad el contenido pragmático de esta batalla:
“Pero lo que estaba realmente en juego no era la pluralidad, sino tanto el poder del campo intelectual, como el privilegio de hablarle al oído al príncipe. Vuelta temía que Conaculta, la entidad cultural propuesta por Salinas de Gortari desde su campaña presidencial… cayera en manos de la revista competidora.” (“El marxismo en México. Una historia intelectual”, 2018).
Los dos grupos buscaban el control de las instituciones como el Conaculta, el Fonca y el Canal Once. Las presiones del grupo Vuelta encabezado por Octavio Paz, lograron la destitución de Víctor Flores Olea como cabeza del Conaculta el mismo año de 1992. Su lugar fue ocupado por Guillermo Tovar y de Teresa, quien fue impulsado por los paceanos. Desde ese momento, en los pasillos subterráneos donde se anuda el poder intelectual con el poder político, ha sido notorio el dominio del grupo de los adeptos a Octavio Paz, que fueron parte de la revista Vuelta.
Durante el sexenio de Peña Nieto, entre los años 2012 y 2015, Rafael Tovar y de Teresa tuvo un segundo periodo al frente del Conaculta. La concesión que Carlos Salinas de Gortari le hizo a Octavio Paz en 1992, se extendió hasta el segundo nombramiento de Tovar y de Teresa en los años recientes.
III.- El Fondo para la Cultura y las Artes (Fonca) es uno de los mecanismos financieros de de la Secretaría de Cultura (antes Conaculta). El FONCA y el Conaculta fueron fundados durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. A través del Fonca, los escritores, músicos, pintores y artistas que se dedican a hacer teatro y danza, reciben apoyos en forma de becas para impulsar la creación y difusión del arte. Hasta el año 2014, el Conaculta y el Fonca emitían 25 convocatorias diferentes para que los artistas de las distintas disciplinas obtuvieran una beca para apoyar su labor artística.
La polémica en torno al Fonca se generó desde el mismo momento de la fundación de este organismo en 1989. En el libro “Tragicomedia mexicana 3” (2013), José Agustín señala que el Fonca ha funcionado como un mecanismo de cooptación de los intelectuales, quienes se quedan quietos y guardan silencio ante opinión pública, con la intención de no comprometer la subvención que reciben del Estado en forma de beca.
En la polémica reciente que se ha generado en torno a las becas otorgadas por el Fonca se identifican tres aristas:
- Hay quienes afirman que el Estado debe seguir jugando el papel de gran mecenas de la cultura a través de las becas del Fonca. Aunque se requieren una serie de modificaciones para que los mecanismos mediante los cuales se otorgan estas becas sean más justos y transparentes. Esta postura es asumida en el artículo: “Fonca: mecenas rico de pueblo pobre” de Antonio Ortuño (revista Letras Libres, 9 de mayo de 2013).
- Otros descalifican la maquinaria clientelar y de beneficios convenidos que traen consigo compadrazgos y corrupción en la entrega de las becas del Fonca. “Dicho sistema de becas o de estímulos contenía de entrada varios gérmenes perniciosos… Al final ha prevalecido la complicidad, el contubernio, el amiguismo, los intereses personales antes que el ejercicio de un dictamen basado en la equidad, la transparencia y la justicia. Ser juez y parte ha sido la regla.” (José Ángel Leyva, revista La Otra, febrero de 2019).
- Finalmente, hay quienes argumentan que las becas otorgadas por el Fonca forman parte de una maquinaria neoliberal que está podrida desde sus mismos orígenes, que se remontan al gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Esta crítica fue asumida por el creador escénico José Luis Cruz en la tercera mesa de diálogo sobre el Fonca, realizada en Monterrey, Nuevo León, el 22 de marzo (Proceso, 29 de marzo de 2019).
Al debatir sobre el Fonca, las tres aristas argumentativas se traslapan en un mismo territorio impregnado de razones teóricas y pasiones ideológicas y políticas. Resulta complicado, si no es que imposible, proceder analíticamente en el debate separando las distintas líneas argumentativas. Las razones teóricas y las pasiones ideológicas y políticas, se anudan conflictivamente en los debates que se han abierto sobre las becas del Fonca.
IV.- El contexto en el que se abren los debates sobre las becas del Fonca está atravesado por dos posturas ideológicas y políticas que el gobierno de López Obrador ha colocado recientemente ante la opinión pública: la declaratoria del fin de la era neoliberal en México y la descalificación de un grupo de intelectuales y periodistas funcionales a los gobiernos neoliberales del panismo y el priismo.
El 17 de marzo pasado, en el Foro Nacional Planeando Juntos la Transformación de México, López Obrador anunció el final del neoliberalismo para abrirle paso a una era “posneoliberal”. Esta declaración funciona al menos discursivamente en la retórica. No queda claro a qué se refiere en específico López Obrador al declarar el fin del neoliberalismo en México. Aunque esta declaración se ha ido clarificando al paso de los meses. Si la política cultural de las becas del Fonca posee un origen neoliberal que llega hasta los sótanos del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en el contexto de incertidumbre generado por la presunta llegada de una era “posneoliberal”, resulta lógico pensar en la posible desaparición de las becas del Fonca. Estas dudas surgen en un contexto en el que se han generado una serie de políticas para recortar y limitar el gasto público en la cultura y la ciencia. Aunque Marina Nuñez, quien está a cargo del Fonca en la administración de López Obrador, ha declarado que los programas de las becas que otorga este organismo seguirán en funciones (‘‘Los creadores no son una casta de privilegiados; el Fonca no desaparece’’, La Jornada, jueves 20 de junio de 2019).
Por otra parte, desde distintos flancos el lópezobradorismo ha emprendido una guerra muy visible en contra de los intelectuales de los gobiernos neoliberales que se aliaron con el panismo y el priismo. A principios de marzo pasado en la prensa nacional se destapó el escándalo de la llamada “Operación Berlín”. En un artículo publicado por Ricardo Sevilla en el sitio Aristegui Noticias se denunció una operación encabezada por Enrique Krauze y Fernando García Ramírez en contra de la candidatura de López Obrador en las elecciones de 2018 ("Krauze operó contra AMLO. Testimonio sobre la insidia", 17 de marzo de 2019). Krauze y García Ramírez, quienes forman parte del grupo que dirige a la revista Letras Libres, recibieron dinero de la empresa Coppel para golpear a la candidatura de López Obrador.
En mayo pasado se filtraron a la prensa nacional los nombres de intelectuales y periodistas que recibieron financiamiento del gobierno de Enrique Peña Nieto, entre estos nombres aparece nuevamente el de Enrique Krauze: «El historiador Enrique Krauze está en la tercera posición con su editorial Clío y la revista Letras Libres que en conjunto recibieron, según los datos oficiales, 144 millones 80 mil 995 pesos; 87 millones 402 mil 316 pesos por publicidad y 56 millones 678 mil 678 por “otros servicios”» (Aristegui Noticias, 23 de mayo del 2019).
En el mismo plano de golpeteo político y mediático puede entenderse el video difundido por la agencia Notimex, el pasado 18 de junio. El reportaje de Notimex tiene como antecedente la declaración de la senadora morenista Jesusa Rodríguez, quien reclamó la desaparición de las becas del Fonca. El video difundido por Notimex denuncia los apoyos especiales que ha otorgado el Fondo para la Cultura y las Artes a entidades privadas como TV Azteca, y denuncia también a un grupo de intelectuales que han sido beneficiarios permanentes de las becas del Fonca. Desde luego que la publicación del polémico reportaje de Notimex, debió ser autorizada por su directora, la periodista Sanjuana Martínez.
Entre los intelectuales denunciados por Notimex que han sido beneficiarios permanentes de las becas del Fonca, destacan los nombres de dos escritores ligados al grupo Letras Libres y a la Fundación para las Letras Mexicanas (antes Fundación Octavio Paz): Christopher Domínguez Michael y David Huerta. Aunque las denuncias ponen otros nombres de escritores y artistas plásticos al descubierto, resulta significativo que el golpeteo político se dirija a quienes han sido parte del grupo de los paceanos (en la revista Letras Libres o en la Fundación para las Letras Mexicanas). El 5 de abril del 2014, la revista Proceso publicó un artículo que desde su mismo título deja al descubierto la manera en que han funcionado las instituciones culturales en los años del neoliberalismo: “Fundación para las Letras Mexicanas: Vividores en nombre de Paz”.
Los embates que han recibido los intelectuales que giran en torno a la herencia intelectual, ideológica y política de Octavio Paz, han sido reiterados en los primeros meses del gobierno lópezobradorista. Los debates sobre las becas del Fonca han sido usados para descalificar y golpear a los integrantes del grupo de intelectuales que ha dominado el territorio cultural e intelectual mexicano en las últimas décadas. En la polémica analizada es imposible separar el asunto de las becas del Fonca del tema de los grupos de poder que se han formado alrededor de las instituciones y los presupuestos de la cultura. Entre los intelectuales y los grupos de poder en la cultura, no hay inocencia ni neutralidad alguna. Más bien, hay enjambres de conveniencias e intereses que se mueven con diferentes intensidades y a diferentes ritmos.
Es obvio que las jugadas políticas y mediáticas para golpear a los integrantes del grupo de los paceanos, tienen como objetivo el debilitamiento y el desplazamiento. En la era lópezobradorista, las batallas por la hegemonía intelectual y cultural apenas comienzan.