En este contexto de polarización exacerbada, en el que se reclaman “definiciones” ideológicas y políticas forzadas, se hace necesario tomar una postura consistente en sus contenidos de racionalidad (la carga informativa y argumentativa) y en sus contenidos de criticidad (la capacidad de no abdicar la postura propia, ante las exigencias de una militancia condescendiente y/o doctrinaria).
A su vez, se requiere tomar una postura, igualmente racional y crítica, en un contexto en el que se borran las fronteras entre lo periodístico y lo propagandístico. Hay conjunto de operaciones discursivas en las redes sociales y en los medios periodísticos, que han dado lugar a:
A) Que la propaganda política sea postulada periodísticamente.
B) Que los usos del periodismo desemboquen en jugadas propagandistas.
Ni propaganda que se pretenda periodística, ni periodismo que se asuma propagandista. Sino que, hay que destilar de forma exhaustiva la información periodística y teórica que se tiene a la mano.
Desde luego que se requiere “definirse”, pero no a solicitud expresa de quien lo solicita desde el ejercicio del poder, para que este poder sea respaldado a costa de lo que sea.
Hay que “definirse”, hay que tomar postura, con la carga ideológica, política, ética y teórica, que sea necesaria en este tiempo histórico.
Que la ideología no se convierta en el espejo de una belleza que trae consigo el síndrome de Blanca Nieves. Que la política no se convierta en la tensión de los hilos que sujetan los cuerpos de un conjunto de títeres.
Hay que llevar a cabo ejercicios de racionalidad y de crítica hacia el mundo y hacia uno mismo. Desarrollar permanentemente una crítica al conocimiento tal como propone Edgar Morín en “El Método”. Llevar a cabo de forma constante un psicoanálisis del conocimiento, tal como plantean quienes caminan entre el marxismo y el psicoanálisis (Žižek, Ian Parker, David Pavón Cuéllar, etc.)
Desde la lógica profunda de la izquierda, la “definición” no es una simple operación de “aquí y ahora”. Toda “definición” trae consigo la carga de un “allende”, de un “más allá”, que rebasa la instantaneidad de las coyunturas y que aspira a la utopía. Hay que “definirse”, desde luego, sin dejar a un lado el balance profundo de la coyuntura que nos envuelve, sin perder el piso dialéctico que caracteriza al pensamiento de la izquierda.