viernes, 7 de octubre de 2016

Indicios en torno a la persistencia de la representación en la imagen


Primera entrada: Del vaciamiento de la representación


      “Una y tres sillas” (Joseph Kosuth, 1965)

El arte desdobla y estira conceptos, no los erige, los hace desprenderse y alejarse de las repeticiones y lo común. Sin buscar las originaciones del pensamiento en el ardid de las palabras que dan lugar al lenguaje verbal, los conceptos creados imaginariamente por el arte se desprenden de lo que sabemos como “concepto” y desde ahí se desdoblan y se estiran, sin pretensiones de una verdad cerrada, inauguran un territorio entre lo “verdadero” y lo “engañoso” a la manera de un limbo. “No es que no logremos apoderarnos nunca de lo auténticamente verdadero, como quien coge una flor tras haberla desprendido de las hierbas que la rodean. Lo engañoso y lo cierto van juntos” (Lyotard, “Discurso y figura”,  1979). ¿Qué de “engañoso” aparece en forma de concepto en la fotografía de Kosuth? ¿Qué es lo que se nos vuelve epistemológicamente advenedizo? ¿Qué es lo que interfiere sobre la posibilidad de una “representación” que pudiese llegar a ser clausurada en forma de “verdad”? Es una imagen cuyo centro y cuyos márgenes son las sombras, la proyección de unas sombras que ocupan el lugar del objeto fotografiado. No es la silla fotografiada en directo al centro de la imagen, tampoco es la fotografía injertada de una segunda silla a espaladas de la primera. No son las dos sillas que pueden mirarse como objetos en planos distintos, a través de proyecciones fotográficas que convierten a lo real en un espacio de intervención epistemológica desde el arte. Son las sombras de las sillas que se juegan sobre un fondo en blanco que termina siendo impregnado de claroscuro. Es donde lo “engañoso” se incrusta en el cuerpo de la “verdad” y lo trastoca, vaya que lo trastoca.  En la imagen de “Una y tres sillas”, el  conceptualismo de Kosuth bordea una serie de procedimientos para intervenir lo “verdadero” a través de lo “engañoso”, para escarbar sobre lo desnudo de la verdad y construir una imagen no alegórica en la cual lo claroscuro se juega al lado de la luz. En el fondo, esta es una manera de intervenir al mito de “La caverna” de Platón. En el mito platónico, la luz pretende sobreponerse al territorio claroscuro de las sombras. En la imagen de las tres sillas de Kosuth, las sombras de lo claroscuro intervienen tanto a los juegos de luz en la perspectiva, como a la idea de lo real de un objeto. ¿Qué es una silla entonces? ¿Qué son dos sillas fotografiadas, una en directo, otra injertada como fotografía adentro de otra fotografía, que a fin de cuentas terminan siendo nombradas como “tres sillas”? Son lo claroscuro de una silla, un ensombrecimiento, un ensombrecimiento que lleva la oscuridad hacia la luz y que nos hace retornar a la caverna, con los ojos bien abiertos…

Segunda entrada: De la persistencia de la representación 

     Las sillas vacías de los 43 (Periódico “La Opción de Chihuahua”, septiembre de 2016)

Los números “uno” y  “tres” en el nombrar de la fotografía de Kosuth juegan con un vacío sin asideros de por medio, ponen en marcha un naufragio de lo epistemológico que puede llegar a extraviarse en el simulacro de lo indefinido (Baudrillard, “El crimen perfecto”, 2000). El número “cuarenta y tres” que representa a los estudiantes asesinados en Ayotzinapa, México, en el año 2014, trae consigo la memoria histórica de un crimen de estado que no ha sido resuelto. En la portada del 25 de septiembre de 2016, la revista “Proceso” publica las fotos de los rostros de los 43 normalistas asesinados, cuya ausencia persiste de esta forma.
En la imagen, las sillas colocadas frente a la presidencia municipal de Chihuahua, y colocadas una y otra vez en decenas de performances en México y en otros países del mundo, son un grito que reclama justicia. “Cuando se dice de un retrato que no le falta más que hablar, se evoca algo más y otra cosa que la sola privación de expresión verbal” (Nancy, “La imagen: Mimesis y Methexis”, 2006). Hay voces que bordean a la imagen de las 43 sillas vacías, son las voces de las protestas y las consignas, de una rabia que ha sido representada de diversas maneras.  En las 43 sillas están pegadas las fotografías de los rostros de los 43 normalistas asesinados, el vacío de la presencia de los estudiantes es significado a través de las sillas vacías. Y más que significar un vacío, significan una ausencia, una carencia de justicia y de verdad. Estamos hablando de un vacío politizado, un vacío políticamente intervenido. En la imagen hay una persona mirando las fotografías, y otra persona que acomoda las sillas. La ausencia de los estudiantes representada en lo vacío de las sillas,  es llenada por la intervención política del performance y de la imagen misma. Evidentemente, hay un uso político de la imagen que se pone en marcha por el reclamo de una justicia y de una verdad. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, es la consigna más doliente, la más áspera pero también la más puntual en el reclamo de la justicia y la verdad. La muerte, la desaparición y la ausencia de los 43 normalistas asesinados,  es intervenida a través de la imagen de un igual número de sillas vacías. Este es un vacío rememorado, un vacío de no-olvido, que se pone en marcha como un mecanismo de resistencia ante el estado represor… 

lunes, 1 de agosto de 2016

Los ramales de la obra de Gardea: de la riqueza a la conflictividad interpretativa

(Texto para la presentación del libro: “Los placeres de la escritura en Jesús Gardea”, Torres Torija, Moreno Rojas y Olvera, editores, 2016, Universidad Autónoma de Sinaloa e Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua, México).

I
En un primer acercamiento, la publicación del libro  “Los placeres de la escritura en Jesús Gardea”, compilado y editado por los investigadores Mónica Torres Torija, Ilda Elizabeth Moreno Rojas y Ramón Gerónimo Olvera, amerita un análisis de los acontecimientos a partir de los cuales la obra y el nombre de “Jesús Gardea” han comenzado a ser asimilados por los lectores,  los estudiosos de la literatura en Chihuahua y las políticas culturales de las instituciones locales. En uno de los ensayos de este libro, Barrera Enderle (2016, P. 123-126) analiza la condición de marginalidad de la obra de Gardea en el canon de la literatura mexicana y latinoamericana. En Chihuahua, estado natal del autor, la obra y el nombre de “Jesús Gardea” no han sido promovidos ni estudiados con suficiencia. 
En este año 2016, los integrantes de la sociedad de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, organizan el IV Encuentro de Escritores Jóvenes Jesús Gardea. No es casualidad que dos de los editores del libro que hoy se presenta sean catedráticos de esta Facultad. Tanto el encuentro que lleva el nombre de Gardea, como la publicación de este libro colectivo que estudia su obra,  proceden de proyectos que han surgido de los intereses personales e institucionales de gente de Filosofía y Letras de la UACH. Ante el abandono, por parte del ICHICULT, tanto de la promoción de la obra como del nombre de “Jesús Gardea”, integrantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH van convirtiendo esta tarea en proyectos concretos. Para la publicación del libro hay un acompañamiento del Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua.  Esta labor se merece respaldo y reconocimiento. En la literatura chihuahuense, mexicana y latinoamericana, la obra de Gardea es de peso completo.

II
Uno empieza a escarbar en los montones de palabras que Jesús Gardea acumuló libro tras libro, y aparece la idea  de que hemos encontrado algo, de que un hallazgo profundo se nos abalanza de forma intempestiva. Luego, nos damos cuenta de que la búsqueda está también del otro lado, es Gardea quien escarba sobre nuestras vidas, sobre el sentido profundo de nuestras vidas hechas de palabras y artificios. Es Gardea quien escarba en lo que somos, con la precisión quirúrgica de lo abierto, de lo impreciso y de lo oscuro.  
Siendo lectores profesionales o enfermizos, nos damos cuenta entonces que ese doble territorio del escarbar que se levanta a través de la obra de Gardea,  es enigmático y fascinante.   Los desérticos y luminosos laberintos de Gardea, están hechos de nosotros mismos, y quienes estudiamos su obra nos vamos dando cuenta de esa trampa verbal y literaria hecha de mundo.  

III
En el prólogo del libro, Torres Torija hace mención de la “heterogeneidad de los enfoques y las perspectivas desde las cuales se aborda la obra de Gardea…” (2016, P. 16). El concepto de “lo heterogéneo”,  de raigambres hermenéuticas, subraya la riqueza que se deriva de la pluralidad interpretativa de esta obra. Pero en una lectura detenida del libro, detrás del concepto de “heterogeneidad” pueden rastrearse las diferencias de fondo y los debates que se derivan de las interpretaciones de la obra del narrador y poeta chihuahuense. Esta es la tesitura a partir de la cual se comentan los contenidos del libro “Los placeres de la escritura en Jesús Gardea”. En el afán de profundizar y complejizar las lecturas de la obra de Gardea, resulta más fructífero subrayar, no los consensos que van dando lugar a categorías generalizantes de la crítica literaria, sino los desacuerdos que dan pauta a los debates teóricos y metodológicos. Entre los contenidos del libro en los cuales se hacen presentes debates de manera explícita o implícita,  se identifican cuatro líneas:
·     -- Las estrategias interpretativas que en términos epistemológicos recurren tanto al uso de categorías conceptuales como al uso de metáforas.
·       -- Las perspectivas teóricas y disciplinarias desde las cuáles se asume la interpretación de la obra de Gardea, que dan lugar a dos posturas:  una que pondera lo filosófico, lo estético y lo lingüístico, que se aleja de los componentes sociológicos e históricos;  otra de corte sociologizante que busca aproximar el análisis a los componentes contextuales que bordean la obra de este autor.
·    -- Los guiños discursivos que van trazando virajes de contenido epistemológico en las interpretaciones.
·       -- Las delimitaciones del objeto de estudio que llevan a seleccionar algunos de los textos del autor y no considerar otros.
En los apartados siguientes se analizan brevemente estas líneas.

IV
Entre los mecanismos epistemológicos que sostienen interpretativamente los ensayos del libro son notorias dos estrategias. Por un lado, está el uso de categorías conceptuales provenientes de la filosofía, las ciencias sociales y la teoría literaria producida desde América Latina. Por otro lado,  está el uso de metáforas interpretativas, que a su vez se hace presente de dos formas: como una interpretación fragmentaria de cualidades muy específicas de la obra de Gardea; y como una interpretación ampliada o macro-interpretación de la obra de este autor.
En los casos de Tornero (P. 77) y de Torres Torija (P. 217),  se hace notar una perspectiva que desde la teoría literaria acude a una línea filosófica fenomenológica, para analizar los componentes del espacio y el tiempo en la obra de Gardea. Aunque las posturas de ambas académicas tienen diferencias de fondo.
En los casos de Robles (P. 97) y de Romero (P. 137),  se hace uso del concepto de “visión de mundo”. En ambos autores esta cuestión resulta problemática a partir de las conexiones que puedan establecerse o no establecerse,  entre los contenidos de ficción y los componentes de realidad que atraviesan a la obra de Gardea.
Entre los demás autores hay variantes en el uso de categorías conceptuales. Por ejemplo, Avilés (P. 291) emplea el concepto de “rizoma” de Deleuze y Guattari para explicar las variaciones y omisiones discursivas que dan lugar a una estrategia narrativa arbórea y de desplazamientos en los significados de la narrativa del escritor chihuahuense. Domínguez hace un minucioso análisis de los recursos lingüísticos que atraviesan la cuentística de Gardea: comparaciones, metáforas, hipérbaton, prosopopeya, etc.,  para explicar sus contenidos poéticos y místicos.
Por otra parte,  Barrera Enderle (P. 123) e Ibáñez (P. 253), hacen uso de categorías conceptuales producidas por la teoría literaria elaborada desde América Latina. Barrera Enderle (Ibidem.) emplea el concepto de “transculturación” del uruguayo  Ángel Rama. Ibáñez (Ibidem.) hace uso de diversos conceptos del neobarroco del cubano Severino Sarduy y la brasileña Irlemar Chiampi.
En el ensayo de Llarena (P. 55) varias ocasiones se citan los textos que el escritor chihuahuense Alfredo Espinoza ha elaborado sobre la obra de Gardea. En estas citas de Llarena,  resalta una tendencia interpretativa que hace uso no de conceptos, sino de metáforas. Las interpretaciones de la obra de Gardea planteadas metafóricamente por Espinoza resultan luminosas y de un alto impacto estético en su composición. Al final del ensayo de Llarena, es notorio que la autora deja que las metáforas narrativas de Gardea sobre el deseo, la dureza del clima norteño o los estados de ánimo de los personajes, hablen por sí mismas. En este mismo tono pueden leerse algunas de las interpretaciones que hace Olvera (P. 205) de la poesía del escritor chihuahuense. No está por demás, poner en claro que Alfredo Espinoza y Ramón Gerónimo Olvera, son poetas con largo trayecto recorrido. Tanto Llarena-Espinoza como Olvera,  hacen uso de metáforas analizando fragmentariamente cualidades específicas de los textos de Gardea.
En el caso de Torres Torija (P. 217), resalta la puesta en marcha del recurso de la metáfora como macro-categoría interpretativa. En su lectura de la obra del escritor chihuahuense, esta autora plantea la metáfora de “cartografía narrativa” o “cartografía literaria” que retoma de Tally (Ibidem., P. 220). Esta estrategia busca una comprensión ampliada de la obra de Gardea. A partir de esta metáfora,  se desprende a su vez el concepto de “geopoética del norte de México”, asumido a partir de Aínsa (Ibidem., P. 227). En los análisis de la obra del escritor norteño, se pone en marcha una intertextualidad compleja, que en caso de Torres Torija se desplaza por un territorio transdisciplinario, que va de la filosofía a la geografía y a la sociología en sus revisiones teóricas.

V
En un balance global de las posturas teóricas e ideológicas que sustentan las interpretaciones de Gardea en el libro que se presenta, logran identificarse dos tendencias. Por un lado,  están las posturas que le dan mayor peso a los componentes filosóficos, estéticos y lingüísticos, dejando al margen lo sociológico y lo histórico. Por otro lado, están las posturas que ponderan lo social y lo histórico al analizar la obra de Gardea.
Entre los autores de la primera postura están los ensayistas que subrayan la presencia de componentes místicos y religiosos en la obra del narrador norteño. Son los casos de Torres (P. 51), Llarena (P. 61), Olvera (P. 215) y Domínguez (P. 193).
Hay ensayistas que explícitamente niegan la presencia del tiempo histórico en la obra del escritor chihuahuense. Tornero (P. 81) afirma: “Elena Félix ha observado que en la obra gardeana el tiempo histórico no existe, por lo que propone la lectura en términos del tiempo mítico.”
Por otra parte, en el estudio de Guerrero (P. 137) se traza un deslinde de lo histórico en la interpretación. Esto resulta problemático, dado que el concepto de “anábasis" (que significa embarcarse y volver) que Guerrero retoma de Badiou para analizar la obra de Gardea, posee un anclaje histórico en el siglo XX.
Los autores que imprimen una visión dialéctica y contextualizante a la lectura de la obra del poeta y narrador deliciense, son: Torres Torija (P. 217), Barrera Enderle (P. 123),  y en menor grado, Ibáñez (P. 253).
Barrera Enderle (Ibidem.) hace uso del concepto de “transculturación” de Rama, en un intento por re-contextualizar, territorial e históricamente, la obra del escritor chihuahuense desde América Latina. Este autor busca un “deslinde” con el “campo literario y los cortes históricos” que han encasillado a la obra de Gardea en las categorías de “literatura del norte” y “literatura del desierto”.
Varios de los ensayistas debaten sobre la viabilidad o inviabilidad de las categorías de “literatura del norte” y “literatura del desierto”. En un tono confesional y dubitativo, Llarena (P.58) plantea las dificultades que surgen sobre estas categorías al leer la obra de Gardea:

Quise saber lo que ocurría en las regiones interiores de América y me encontré con la frontera. Quise saber lo que ocurría con la frontera, y me encontré con el norte de México. Quise saber lo que pasaba con el norte de México y me encontré con el desierto. Quise saber cómo escribían los narradores del desierto y me encontré con Jesús Gardea.

En el artículo publicado por Torres Torija (Ibidem.), es donde se concentran los puntos de mayor peso en el debate. La metáfora interpretativa de “cartografía narrativa” y el concepto de “geopóetica”, que Torres Torija despliega en diálogo con otros autores, poseen una fuerte connotación dialéctica que llevan la interpretación hacia un plano sociologizante, historizante y desde luego geografizante. Entre las argumentaciones de la autora destacan los abordajes que realiza sobre los componentes de la ficción y de lo real, como presencias atravesadas en la obra del autor norteño. Desde luego que en este plano, hay un debate abierto desde la teoría literaria, sobre los cruzamientos epistemológicos y ontológicos entre los territorios de la ficción y de la realidad,  que se hacen presentes en la narrativa de Gardea.
En los planos epistemológico y ontológico, la postura asumida por Torres Torija (Ibidem.) resulta contrastante con los conceptos de “mundos posibles” y de “lo imposible”,  abordados por Padilla (P. 172). También hay un contraste con el concepto de “lo ficcional” asumido por Robles (P. 100). Esta es una cuestión que amerita ser analizada a profundidad en otro momento. 

VI
En una lectura a detalle del libro, llaman la atención los guiños discursivos que traen consigo virajes interpretativos entre los autores. Entre los guiños discursivos más notorios, está la preposición “sin embargo”, que implica un deslizamiento epistemológico. Hay otros mecanismos discursivos que traen consigo desplazamientos en la interpretación.
Un análisis de estos componentes coloca la mirada sobre lo extraño, sobre las rarezas que se hacen presentes, discursivamente o de otra forma, en los estudios de la crítica literaria. Ante lo anterior surgen preguntas como: ¿Qué tipo de virajes interpretativos tienen lugar en un mismo autor? ¿Cuáles son las razones de estos virajes? ¿De qué forma, estos virajes impactan en la consistencia interpretativa?
Estos guiños se identifican en Torres (P. 43), Llarena (P. 55), Robles (P. 105), Guerrero (P. 137),  Barrera Enderle (P. 123), Ibáñez (P. 256) y Torres Torija (P. 100). Entre los guiños de viraje interpretativo,  el caso  que más resalta es el de Torres (Ibidem.), dado que adquiere un tono confesional. Cabe hacer notar, que Torres es el autor más citado a lo largo del libro que se presenta, siendo el primer estudioso a profundidad de los textos de Jesús Gardea.
Citado por Llarena (P. 55) en el epígrafe de su ensayo, Torres asume: “Gracias a este homenaje me propuse un reto: volver a leer los cuentos iniciales de Gardea para saber si resistían la relectura. El resultado positivo es obvio, pero sucede que ahora he descubierto cosas que hace dos décadas no observé.” El viraje interpretativo es confesado directamente por Torres en el epígrafe, quien asume la misma postura en su ensayo publicado en el libro que se presenta: “Jesús Gardea: primeros libros” (P. 43-54). En sus relecturas de Gardea, Torres ha ido reelaborando sus interpretaciones, y en este último tramo  lanza una hipótesis que subraya la presencia de componentes místicos que resultan claves.
Caso por caso, habría que analizar a fondo los virajes interpretativos que surgen al analizar la obra de Gardea, enraizados en la profusidad (lo extenso), la profundidad (los fondos que se ahondan) y la complejidad (las conexiones internas y externas) de esta obra.

VII
En la delimitación del estudio de la obra de Gardea se identifican  varias tendencias. Están los autores que se centran en el estudio de sus cuentos. Barrera Enderle (P. 123) Guerrero (P. 137), Romero (P. 153) y Padilla (P. 169),  ubican su estudio  en un solo libro de cuentos. En el caso de Robles (P. 97) se abordan dos libros de cuentos. Por su parte, Domínguez analiza todos los cuentos de Gardea publicados por el Fondo de Cultura Económica.
En el libro hay tres ensayistas que enfocan su análisis en una sola novela: Samperio Jiménez (P. 273), Avilés (P. 291) y Rodríguez Lozano (P. 309). Es notorio que el estudio realizado por los autores que abordan una sola novela tiende a la búsqueda de los componentes simbólicos.
El único libro de poemas publicado por Gardea, “Canciones para una sola cuerda”,  es revisado por Olvera (P. 205) y su interpretación se conecta directamente con los contenidos de la obra narrativa.
La delimitación en el abordaje de la obra de Gardea, no es nada sencilla. En todo momento hay una tendencia al desbordamiento de los límites establecidos. En este sentido, Barrera Enderle (P. 123 y 124) plantea que la delimitación de su estudio a un solo libro de los cuentos de Gardea, es una cuestión imprecisa: “La maniobra sería más o menos esta: tomar una obra particular  y, a través de ella, reflexionar sobre un conjunto mayor”. Esta mención de Barrera Enderle denota que los mecanismos de delimitación en el estudio de una obra tienden al no-cierre, y que a fin de cuentas al poner límites se hace uso de artificios permisibles en la crítica literaria.
Los demás autores incluidos en el libro analizan lo mismo cuentos que novelas. En los casos de Torres (P. 43), Llarena (P. 55) y Tornero (P. 77), hay una marcada tendencia a analizar los primeros libros de cuentos y las primeras novelas publicadas del autor, que son los textos en los cuales los componentes lingüísticos y discursivos no llegan aún al hermetismo del último Gardea.
Entre los estudios del libro, destaca el caso de Ibáñez (P. 253)  en su ambición de abarcar en lo más posible a la obra de Gardea, tanto en la narrativa como en la poesía. La tesis que sustenta el estudio de Ibáñez, para explicar la evolución de la obra de Gardea de un discurso menos hermético y cerrado, hacia un discurso más hermético y cerrado, pone en claro las razones por las cuales se pone en marcha un estudio amplio en su delimitación. 

lunes, 18 de julio de 2016

LOS RASTROS DE LA CONFRONTACIÓN EN EL CONGRESO DE LA SECCIÓN 8

Leonardo Meza Jara
Delegado por la Delegación D-II-114
(Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua, Campus Chihuahua)

Las voces de la inconformidad en la instalación del congreso
En la instalación del XXXI congreso de la sección 8 del SNTE fueron notorias las ausencias del gobernador  César Duarte y del presidente municipal de Chihuahua Javier Garfio.  En este evento de peso completo en la política local,  las ausencias no son fortuitas y ponen en claro los motivos de fondo en las agendas poselectorales del poder aún en turno. La convocatoria al evento fue inesperada y se emitió días después de la derrota electoral priista en el estado de Chihuahua.  La dirigencia nombrada en la sección 8 (y en la sección 42) del SNTE  asume el cargo antes de que el gobernador electo Javier Corral logre consolidarse en el poder.
La pulcritud del congreso de la sección 8 del SNTE quedó rota desde su misma instalación. Después de los honores a la bandera, en las pantallas instaladas en uno de los salones del Centro de Convenciones de Chihuahua, inició la proyección de un video en el que la figura del secretario general saliente, Alejandro Villarreal, fue colocada al centro y enaltecida. Micrófono en mano, Villarreal inició el discurso de bienvenida.  Su participación fue interrumpida por  el grito de un numeroso contingente de los delegados electos al congreso, quienes bajo la consigna de “dignidad” se hicieron presentes de forma intempestiva. Los delegados disidentes, se pusieron de pie y dieron la espalda a Villarreal y al presídium. De forma reactiva, los delegados institucionales también se pusieron de pie y lanzaron su consigna: “unidad”. Todos los delegados abandonaron la quietud de las sillas, por unos minutos Villarreal guardó silencio ante los gritos cruzados. Ese momento en la instalación del congreso trazó lo que sería el itinerario hasta el final, la confrontación de dos discursos, de dos posturas que caminaron en oposición a cada paso. Por un lado, la consigna de “dignidad” de los delegados disidentes agrupados en torno a RESISSSTE e Insurgencia Magisterial. Por otro lado, la consigna de “unidad” de los delegados institucionales del SNTE. Las otras expresiones disidentes, de presencia minoritaria, quedaron diluidas en el congreso que se polarizó.  
Entre los disidentes, el peso de los delegados se distribuyó por todas las regiones del estado. Entre los institucionales, fue notoria la presencia de las camisas negras de los delegados de la región Juárez, quienes intentaron uniformar su presencia.
El discurso de Alejandro Villarreal navegó a contracorriente, logró plantear algunos de los “logros” sindicales y mencionar que en las redes sociales estaba dándose un manejo indebido y falto de verdad sobre el SNTE y sobre su persona. Esa mención del secretario general saliente, mostró uno de los talones de Aquiles del sindicato de maestros. Al cierre de su discurso, Villarreal increpó a la postura de los disidentes y los retó a que le mencionaran un solo logro salarial o prestacional que haya sido ganado por la CNTE. Las cabezas de la disidencia se lanzaron al presídium, pero les fue cerrado el paso. Los aventones y escarceos de confrontación física levantaron la marea de los ánimos políticos.
Enseguida, intentó tomar la palabra el profesor José Mendívil Zazueta, presidente del congreso, para instalar el evento. No pudo iniciar su discurso ante los reclamos que subieron de tono. De manera inusitada, el micrófono le  fue concedido a dos delegadas de educación básica, que manifestaron su inconformidad ante la reforma educativa y criticaron la postura complaciente de las autoridades del sindicato.
Finalmente, el congreso fue instalado en uno de los salones del centro de convenciones. Afuera del recinto, los manifestantes inconformes con la reforma educativa mantuvieron una presencia que acompañó al evento desde el principio hasta el cierre. La presencia de los manifestantes a las afueras del congreso fue un eco de la conciencia magisterial en el rechazo a la reforma educativa, en la coyuntura política nacional en la que se abre un amplio debate sobre la viabilidad o inviabilidad de esta reforma.

La apertura de los trabajos y el trazo de la composición de fuerzas
Los trabajos se trasladaron al edificio del gimnasio de la sección 8 del SNTE en la misma ciudad de Chihuahua. A lo largo de la mañana del jueves 14 de julio, por la vía estatutaria se validó la presencia de 585 delegados efectivos en el congreso.
Desde la primera votación a mano alzada para elegir a la segunda comisión dictaminadora de credenciales, los tres grupos políticos que fueron dibujándose como actores con intenciones de participar en la elección del nuevo comité ejecutivo seccional, mostraron la fuerza numérica de los delegados con los que podrían contar.  El grupo institucional que terminó instalando a la maestra Rosa María Hernández en la secretaría general de la sección 8 del SNTE, sacó 363 votos. El grupo de disidentes encabezados por el profesor Noel García, obtuvo 125 votos. El grupo de institucionales inconformes con la gestión de Alejandro Villarreal, que en días previos al congreso hizo público un posicionamiento político, y cuya figura más visible fue el profesor Luis Enrique Gaytán, sacó 28 votos. Las cartas se pusieron sobre la mesa,  y a partir de ello los grupos al interior de la sección 8 fueron trazando su estrategia política.
Durante las diversas votaciones a mano alzada en el congreso,  los delegados disidentes se mostraron en número, de 124 a 142 y de ahí hasta 162. Esta última fue la cifra tope del número de delegados que se conformaron alrededor del RESISSSTE y de Insurgencia Magisterial. No hubo una votación secreta que lograra mostrar la fuerza real del voto disidente. Los votos precavidos de los delegados inconformes que no se quisieron mostrar alzando la mano de manera directa, no pudieron ser contabilizados ni convertidos en una fuerza política real de la disidencia. Quienes levantaron la mano desde la disidencia fueron los delegados que frontalmente mostraron los rostros de su inconformidad.
La presencia numérica de los delegados disidentes en el XXXI congreso de la sección 8, es histórica. En congresos anteriores el número de delegados disidentes estuvo reducido a dos dígitos, por debajo de los cincuenta. Pero a pesar del crecimiento exponencial de la inconformidad magisterial,  la cuantía de la fuerza política manifiesta en el número de delegados disidentes no alcanzó para más,  y la decisión final de abandonar el congreso sin participar en la elección del comité ejecutivo de la sección 8, estuvo directamente conectada con esta variable.

La mesa 8 sobre “Certeza laboral”, espacio medular en los debates sobre la reforma educativa
Las discusiones en la mesa 8 fueron arduas y complicadas. Los trabajos de esa mesa se iniciaron alrededor de las siete de la tarde del jueves 14 de julio y terminaron hacia las dos de las mañana del día siguiente. Fue la mesa más larga en las horas de debate y la más intensa en las discusiones. Este espacio resultó clave para la disidencia. Las manos y los ojos en la operación política de esa mesa, puestos desde la presidencia del congreso y desde la dirigencia de la sección 8, no lograron contener la inconformidad.  Se rebasó la participación de los 70 delegados. Las inscripciones a las mesas fueron definidas por los mismos organizadores. La línea fue clara en los intentos por contener el debate. Muchos de los delegados decidieron trasladarse de otras mesas hacia la mesa 8, que fue saturada.  
Los trabajos se instalaron en el vestíbulo de la clínica del PASAFAM, a un lado del hotel Sntenario. La ubicación en un espacio reducido y sin aire acondicionado era estratégica, apostándole al cansancio y al desgaste de los delegados al paso de las horas. Desde el inicio esta cuestión fue impugnada por los participantes, al igual que los documentos con los cuales pretendía abrirse la discusión, bajo la línea dictada lo mismo por la SEP que por el SNTE. Los trabajos de la mesa fueron reubicados en el restaurante del hotel Sntenario, en un espacio de mayor comodidad y apertura. Fueron muchas las concesiones que los operadores del congreso le hicieron a la disidencia durante el evento, aunque las maniobras acostumbradas por la dirigencia controladora y verticalista fueron una constante que dio lugar a un diálogo contestatario y ríspido.
Los cuadros de mayor peso entre los integrantes del RESISSSTE y de Insurgencia Magisterial ocuparon espacios claves en la mesa 8 y fueron las voces que marcaron las líneas del debate. Las participaciones de los profesores Noel García (cabeza de la planilla disidente), Marta Alba Mata Uribe y Francisco Ramírez Durán (secretario de superación profesional  por parte de la disidencia en el comité seccional  saliente), convirtieron a esta mesa, en caja de resonancia de la inconformidad magisterial. La presencia institucional fue nula. Por un lado, se operó una especie de vacío, no dar espacio a las posturas del sindicalismo oficial y dejar que la disidencia copara por completo la mesa. Por otro lado, la ausencia por parte del sindicalismo oficial,  mostró la carencia de argumentos para justificar su postura de alfiles en la implantación de la reforma educativa peñanietista.
Los dos acuerdos de mayor peso que se tomaron en esa mesa, son otro indicio a partir del cual puede leerse la decisión de los disidentes de abandonar el congreso,  antes de llevarse a cabo la elección del nuevo comité ejecutivo seccional. Se acordó mandatar al congreso para que emitiera una postura que reclamara la abrogación de la reforma educativa. Se definió también que la nueva dirigencia convocara a un paro de labores hacia el 22 de agosto, el primer día de clases del ciclo escolar entrante. Ambos posicionamientos mostraron la radicalidad de la disidencia ante la reforma educativa, a la vez de mostrar también una debilidad. De no ganar los disidentes la elección del  nuevo comité seccional    –cuestión que al final sucedió- los dos resolutivos estaban encaminados al vacío.

Los desenlaces del congreso y la hegemonía del sindicalismo oficialista
Hacia la una de la mañana del viernes 15 de julio iniciaron los trabajos del pleno del congreso, donde se expusieron los resolutivos de las mesas. De manera paralela,  el grupo institucional inició la operación política para conformar la planilla “Unidad”. Los delegados de las regiones (Juárez, Chihuahua, Parral, Delicias, Cuauhtémoc, Casas Grandes, etc.) definieron a los representantes que estarían ocupando las secretarías de organización. Los niveles (preescolar, primaria, secundaria, etc.) definieron también a sus representantes en la integración de la planilla institucional que terminó ganando el congreso. Este es un proceso de usos y costumbres sindicales, que camina por los márgenes de la norma estatutaria,  bajo una operación política que es movida por los hilos de interés de los grupos de poder en turno. Bajo la línea dictada por los grupos de poder seccional o regional, los delegados de las regiones y los niveles definieron a sus representantes en la planilla institucional.
Los institucionales cuidaron su trinchera milímetro por milímetro para no dejar ni un solo voto suelto que pudiera pasarse al lado de la disidencia. El grupo de institucionales que manifestaron su inconformidad ante la gestión de Alejandro Villarreal y que hizo público un posicionamiento crítico previo al congreso, se fue diluyendo a lo largo del evento. La posición contestataria de este grupo se adelgazó al grado del acallamiento, impuesto o autoimpuesto. Las voces de los profesores Luis Enrique Gaytán, Luis Manuel Hidalgo, Felipe de Jesús Nery, Manuel Loya, Héctor Raúl Valles, Sergio Pérez, Nora Raquel de la Cruz y Guadalupe Jurado, se plegaron a los acuerdos que terminaron configurando la artificiosa “Unidad” institucional.
Durante la noche del 14 al 15 de julio, los institucionales trabajaron las negociaciones de la planilla “Unidad” y llegaron a la madrugada ya con los amarres que les permitieron tener la certeza de un triunfo ante los disidentes. Los trabajos de la plenaria que sometieron a consideración de los delegados los acuerdos tomados en las mesas,  terminaron hacia las 6 de la mañana de 15 de julio y se dictó un receso para pasar al momento de cierre del congreso: la elección del nuevo comité ejecutivo seccional.
Hacia las 8 de la mañana se reiniciaron los trabajos de la plenaria. Los institucionales presentaron su planilla. La concesión hacia Alejandro Villarreal y su grupo fue explícita, la maestra Rosa María Hernández encabezaba la planilla institucional.
Los disidentes presentaron su planilla y desde un inicio el presidente del congreso, José Mendívil Zazueta, les indicó que el formato de la presentación no era el correcto a partir de la norma estatutaria reformada en 2012. La planilla disidente fue presentada por colegiados, sin referir la cartera sindical que ocuparían los distintos integrantes. El estatuto modificado en 2012 establece que las planillas se presentan indicando la cartera específica que ocuparía cada uno de los candidatos. Junto a lo anterior, Mendívil Zazueta les indicó a los disidentes que si alguno de los integrantes de la planilla no era delegado al congreso y se encontraba afuera del recinto, no se le permitiría la entrada.
Se dio primero un lapso de diez minutos para que la planilla disidente fuera rearmada y pudiera entonces participar. Al término de este tiempo, se comenzó de nuevo con la presentación de la planilla disidente. A micrófono abierto  se leyeron los nombres de algunos de los integrantes (propietarios y suplentes) de la planilla disidente y los cargos específicos para los cuales eran propuestos. Mientras esto pasaba, Noel García subió al estrado y platicó en corto con Mendívil Zazueta. La lectura que presentaba a la planilla disidente fue interrumpida y García tomó el micrófono, explicó que se solicitaba a la mesa  de dirección del congreso un tiempo de media hora para tomar un acuerdo interno sobre rearmar la planilla y participar, o retirarla. Los representantes de las regiones por parte del grupo disidente se trasladaron al restaurante del hotel Sntenario y tomaron una definición. Se declaró un receso.
Al retorno de los disidentes, Noel García acusó a Mendívil Zazueta de bloquear la participación de la planilla “Dignidad” y le refirió que si no los dejaban participar presentando la planilla, tal como la habían conformado inicialmente, por colegiados, se retirarían del congreso. En una decisión inusual, presentando un gran margen de concesión política, Mendívil Zazueta dio la oportunidad para que la plenaria decidiera si se admitía la inscripción de la planilla disidente conformada por colegiados, violando la norma estatutaria, o si se le negaba el registro. Las concesiones institucionales hacia los disidentes no fueron gratuitas ni sujetas a la presunción de democracia alguna, se sabían ganadores de cualquier forma. Lo que pudo ser la votación final de planilla contra planilla, de disidentes contra institucionales, se vio reflejada extrañamente al margen de la norma estatutaria. 291 delegados votaron por negarle la inscripción a la planilla disidente de esta forma, 162 levantaron la mano manifestando que se les concediera la oportunidad de participar.
Los disidentes tuvieron la oportunidad de hacer los cambios necesarios para presentar la planilla conforme a la norma estatutaria y participar. Esto queda claro en la segunda lectura de presentación de la planilla a micrófono abierto, después de resarcir las inconsistencias en los primeros diez minutos para hacerlo. Queda claro también que Mendívil Zazueta dio un gran margen de tiempo y de maniobra política para que los disidentes rearmaran su planilla. La decisión política de no presentar planilla y abandonar el congreso,  no puede justificarse acusando a Mendívil Zazueta de bloquear la participación de los disidentes o de ofrecerles espacios en una negociación al margen del proceso electivo.
Antes de llegar al momento de la elección,  la disidencia se sabía perdida y los institucionales se sabían ganadores. En las reuniones que mantuvieron los disidentes a lo largo del congreso, y aún antes, uno de los asuntos que se discutieron fue la decisión que se tomaría en caso de no ganar el congreso y acceder únicamente a la representación proporcional (ocho secretarías llegando al 30% o seis en caso de obtener 15%). Se vislumbraba ya la posibilidad de participar, acceder a la representación proporcional concedida en el estatuto, y en una postura de “dignidad” no tomar posesión de los cargos. La estrategia de la disidencia quedó trazada ante la imposibilidad del triunfo. La representación concedida estatutariamente para que los disidentes accedan a posiciones en el comité ejecutivo seccional les ha servido de poco o nada, el trabajo político disidente de mayor calado está afuera de la sección, al margen de la institucionalidad.
Los integrantes de la disidencia abandonaron el congreso. Dos eventos sucedieron paralelos mientras las puertas del edificio sindical estuvieron cerradas la mañana del 15 de julio. Adentro, en el gimnasio, se presentaba la planilla “Unidad” y el acto se enmarcaba en el protocolo de la institucionalidad. Afuera, los delegados disidentes con Noel García a la cabeza organizaron un mitin y decidieron enseguida trasladarse al edificio del sindicato de telefonistas, para tomar acuerdos hacia el paro del 22 de agosto.
Estratégicamente, los disidentes operaron para acumular fuerza política a partir de los trabajos del XXXI congreso de la sección 8, abandonaron el congreso y proyectaron esa fuerza hacia afuera ante la imposibilidad de ganar la elección. La forma bajo la cual la disidencia tejió su salida del congreso es lo de menos, aunque tal vez no lo sea. Esta decisión parece haber sido considerada desde tiempo antes, o tal vez se tomó al tener claridad sobre el número de delegados que integraron a la disidencia como una fuerza minoritaria, o se tomó hacia el cierre del congreso.
Lo que le queda al RESISSSTE y a Insurgencia Magisterial, como opositores a la reforma educativa, es el trabajo por afuera del edificio que alberga la institucionalidad sindical. Los institucionales siguen ocupando los cubículos, los pasillos y las escaleras del edificio de la calle Homero en la ciudad de Chihuahua, y desde ahí comienzan a dibujarse su postura resbaladiza y mimética ante la reforma educativa. Al menos, eso se lee en las primeras declaraciones que la maestra Rosa María Hernández ha realizado ante la prensa local. 

sábado, 9 de julio de 2016

Del “triunfo” del panismo y la herida histórica de la “fantasía ideológica”

(Artículo en publicación en la revista "Aserto" del mes de julio)

I
Se ha terminado el momento de la embriaguez del triunfo electoral panista, que trae consigo más preguntas que respuestas. Los mismos panistas no han logrado explicar ni asumir las razones de su triunfo y las implicaciones políticas futuras que esto conlleva, sobre todo lo que de ello se deriva hacia las elecciones del 2018.
La explicación no está en el triunfo de unos o en la derrota de otros. Tampoco está en la posibilidad de un triunfo de la izquierda lópezobradorista a futuro, que pudiera sustituir a los gobiernos priistas o panistas. La embriaguez del triunfo concebido desde esta lógica es demasiado breve, efímera. Lo que triunfa cada vez, es el sistema de creencias fundado en la democracia, en las elecciones y en el voto, en la institucionalización ideológica y política de la democracia que en algún momento Krauze pretendió “sin adjetivos”, pero que ha terminado siendo definida por los adjetivos más oscuros y soeces que podamos imaginarnos. Triunfa la idea de seguir creyendo en la gran narrativa de la democracia liberal (neoliberal). La misma izquierda ha quedado atrapada en ello y tiene que cargar con los costos políticos e históricos, como lo demuestran los casos de Argentina, Brasil y Venezuela. Lo que ha sucedido en estos países, puede entenderse como un área de oportunidad, como posibilidad de mejoramiento y afianzamiento de los gobiernos de izquierda en América Latina. Pero en el fondo de esto subyace la tragedia de la izquierda,  su falibilidad, que una y otra vez será provocada y evidenciada por las derechas políticas y empresariales. A fin de cuentas, no son, ni han sido las izquierdas las que han dictado las reglas del juego en la democracia liberal (neoliberal), ni en América Latina,  ni en otras partes del mundo.  
La institucionalidad democrática fijada en los ejes de las elecciones y el voto, y en otros instrumentos jurídicos y políticos que resultan accesorios, como el plebiscito o el referéndum, es un monstruo ideológico que ha logrado ser capitalizado con creces por los políticos y empresarios neoliberales. En este tablero de ajedrez, las organizaciones sociales y políticas de la izquierda han llegado a convertirse en piezas movidas por lo que Žižek refiere como el “Gran Otro”. Una figura simbólica y de autoridad a la vez, que dicta lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo aceptable y lo inaceptable. El “Gran Otro” que sostiene a la politicidad, la socialidad y la moralidad permitibles, funciona como una voz en “off”, una voz indirecta que se desliza por los márgenes de la historia, a través de los medios de comunicación, de las noticias, de las leyes, de los procesos electorales mismos. Žižek explica esta voz a partir del componente de “risa enlatada” que funciona en los programas televisivos de comedia. La risa no forma parte directa ni explícita del guión que siguen los personajes, sino que funciona externamente, con la intención de llevar a los espectadores al espacio de una comicidad que resulta impuesta consciente e inconscientemente. Esta es una voz que autoriza e institucionaliza a la democracia liberal (neoliberal), como única vía posible para sostener la vida política en México y en el mundo entero. No hay otro camino autorizado ni autorizable, y de cualquier forma hay que seguir creyendo en ello, aunque no baste, aunque nos muestre sus errores y sus insuficiencias, aunque su caminar quede fijado en la falibilidad que una y otra vez queda evidenciada, lo mismo por los panistas (Fox y Calderón…) que por los priistas (Peña Nieto…), aunque el ensayo sea el error de manera reiterada, aunque la dialéctica esperanza-desesperanza sea uno de los absurdos de este sistema ideológico, que una y otra vez nos convierte en las piezas de un ajedrez histórico en el que los márgenes y las jugadas están bien delimitadas, magistralmente delimitadas. Somos parte del juego, aunque no lo queramos, aunque no lo creamos o sepamos. En algún momento, de alguna forma, aún desde el abstencionismo, lo queremos, o lo creemos o lo sabemos, porque se nos ha vuelto necesario, porque parece ser que se nos ha vuelto ineludible.

II
La vida democrática fundada en el orden liberal (neoliberal), no posibilita cierre alguno. Esto queda demostrado con los comportamientos electorales que se han dado del 2000 a la fecha. El PRI fue supuestamente destronado en el año 2000, pero la cultura y las estructuras políticas, sociales, económicas y jurídicas que lo han hecho ser lo que es (un partido corrupto y corruptor, enquistado en intereses alejados de los problemas profundos de México), persisten y pueden llegar a transformarse de manera tal, que les permita retornar al poder, tal como sucedió en 2012. El PAN no perdió todo con el fracaso electoral del 2012. Las elecciones de 2012 y 2015, en las que el panismo fue castigado por los errores de los sexenios foxista y calderonista, no demuestran una caída irresoluble de este partido. El retorno del PRI en las elecciones federales del 2012 y el retorno del PAN en las elecciones locales del año 2016, son parte de una lógica en la que la misma izquierda ha quedado capturada, sin poder encontrar una salida convincente hasta el momento. Los juegos de la democracia y las jugadas electorales, fundadas en los valores del liberalismo (neoliberalismo): participación, autonomía, propositividad, institucionalidad, etc., son en el fondo una manera de hacernos creer, que la ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad del cambio a través de las elecciones y el ejercicio razonado y crítico del voto. En esto, hay una “fantasía ideológica”, en los términos en que lo explica el filósofo esloveno Slavoj Žižek.

III
En el libro “El sublime objeto de la ideología” (2012),  Žižek plantea que no vivimos en una era posideológica, que no es cierto que lo que predomina actualmente es un vaciamiento de la ideología y de la política. Vivimos todavía en una era ideológica, en la que las creencias depositadas en las organizaciones políticas o partidistas de izquierda o de derecha, tienen aún la potencia de crear narrativas ideológicas, explicaciones del mundo que se fijan sobre lo imaginario al lado de lo real, sobre la posibilidad “realista” de resolver los problemas para transformar al mundo en un sentido “utópico”.  La “fantasía ideológica” es el fondo sobre el cual se construye el sujeto político de finales del siglo XX y principios del XXI, y se explica a partir de una frase marxista replanteda por Žižek: “ellos saben que, en su actividad, siguen una ilusión, pero aun así, lo hacen.” Ellos saben que, votar por el panista Javier Corral, o por algún otro candidato o partido, no garantiza de forma alguna la resolución de los profundos y profusos problemas por los que atraviesa el estado de Chihuahua o el país, pero aun así votan por él, depositan en su figura una “ilusión” en forma de “fantasía ideológica”.
El mecanismo a través del cual funciona la ideología no es el de una falsa conciencia ideológica, tal como lo propuso Marx y otros autores como Althusser. No hay una ideología o una forma de hacer política (el marxismo o alguna de sus derivaciones planteadas en el siglo XX) que siendo plenamente verdadera, factible y eficaz, vaya a sustituir a otra ideología o forma de hacer política (el capitalismo que ha derivado en el neoliberalismo del siglo XXI), para transformar y salvar al mundo de una vez por todas. Bajo la lógica neoliberal y globalizadora, no existe la posibilidad de un gobierno infalible que pueda ser atribuido a político o grupo alguno.
Y sin embargo, se necesita creer en algo, en un personaje político, en un partido, en una forma de gobierno, en un proyecto. En la coyuntura del proceso electoral del 2016, fue necesario que se creyera en la posibilidad “real” de una transformación social y política en el estado de Chihuahua. Una parte de los integrantes de la izquierda chihuahuense,  tuvo que creer entonces en la posibilidad “real” de triunfar electoral y políticamente, depositando su voto en la candidatura de Javier Corral, y al hacerlo, lo que tuvo lugar fue la puesta en marcha del mecanismo ideológico y político al que Žižek refiere como “fantasía ideológica”, que funciona de manera consciente y a la vez inconsciente. Según Žižek, la “ilusión” no está del lado del conocimiento, los sujetos no tienen claridad plena de que su actuación política esté depositada en una “fantasía” mediante el mecanismo electoral del voto en la democracia liberal (neoliberal). La “ilusión” está del lado de “la realidad del hacer”. Quienes votan han sido los mismos electores que en las elecciones del 2000, del 2006, del 2012, del 2015 y 2016, han emitido un voto refractario, cambiante, unas veces hacia el PAN, otras veces hacia el PRI -y algunos hacia el lópezobradorismo-. Pero este comportamiento cambiante del voto, como hecho político reiterado, no ha podido sustentar cambios de fondo en la sociedad, la política y la economía mexicana. En las últimas décadas, las formas de hacer política han traído consigo más falsedades que verdades, más errores que aciertos, mas desesperanzas que esperanzas. Pero la vida política prosigue en los hechos, alimentándose paradójicamente de falsedades, errores y desesperanzas. La alternancia, como un hecho que se repite una y otra vez,  ha sido parte de los mecanismos políticos que sustentan a la “fantasía ideológica” de la democracia liberal (neoliberal).

IV
Lo que se sigue de esto, es develar el mecanismo de la “fantasía ideológica”, desentrañarlo y enseguida tomar cartas en el asunto. Esta es una de las premisas del periodismo crítico, que permanentemente está analizando los errores y las inconsistencias de las derechas y de las izquierdas, y de los centros que asumen un falso borramiento de lo ideológico. Si algo va quedando claro en estos años recientes, es que no hay, ni tiene porque haber, cheques en blanco, ni entregas totales. Develar el mecanismo de la “fantasía ideológica”, entre los aportes de la filosofía, del marxismo y del psicoanálisis, implica el camino de una militancia que al mirarse en el espejo, pueda ver su propia condición investida de negatividad, su propia fealdad, sin disfraces discursivos, sin vestuarios ostentosos que sean un ropaje “fantasioso” de la desnudez humana y política que habita en cada uno de nosotros…  

lunes, 20 de junio de 2016

Otra vez la confrontación entre las posturas divergentes de la crítica literaria en México: Yépez versus Domínguez Michael (anti-pazentrismo y pazentrismo, contra-canon y canon, izquierda y derecha cultural)... Al debate se anexa la postura de Sánchez Prado...

Esta otra ronda de debates sobre la metacrítica, o crítica de la crítica literaria en México merece ponerle la mira encima:

Primero, en el número de junio de la revista "Letras Libres" Domínguez Michael minimiza y/o descalifica a la obra de Ulises Carrión y de Mario Santiago Papasquiaro, autores que han sido postulados y defendidos por Heriberto Yépez, dando lugar a un canon paralelo al de la revista “Letras Libres", un contra-canon:

Yépez le debate a Domínguez Michael y es frontal en sus juicios y argumentaciones que entrecruzan lo teórico, lo político y lo ideológico: 

La contrarréplica de Domínguez Michael a Yépez, también es confrontacional y por momentos el debate toma un tono personal: 

Desde Facebook, en varios post que ha ido subiendo en los días recientes, Ignacio Sánchez Prado toca el tema un tanto tangencialmente al debate abierto entre Domínguez Michael y Yépez. De la misma forma en que Yépez ha dado líneas de lectura en la fundamentación teórica e ideológica de la labor del crítico literario (a partir de Ángel Rama y Julio Ramos), Sánchez Prado desliza en sus notas y recomendaciones una serie de nombres y de obras. Desde su labor como profesor en la academia norteamericana, Sánchez Prado desdobla la crítica literaria hacia los estudios culturales y los debates poscoloniales. Posteo enseguida las seis anotaciones que este académico y crítico literario ha planteado hasta el momento. Entre paréntesis se anotan los links de algunos de los textos (o reseñas de los mismos) que este autor recomienda:  

"DIAS DE CRÍTICA LITERARIA (I)
La crítica es mi oficio y es mi pasión. Es mi trabajo y mi forma de vida. Como parte de mi pasión y de la ética que busco ejercer como crítico soy un lector dedicado de toda la crítica de mis colegas colegas, en México y fuera, académica y no académica. Por supuesto tengo opiniones y posicionamientos, pero ninguno de ellos neutraliza la estima como lector y el respeto como colega que siento hacia otros críticos a pesar de que pueda tener desacuerdos con sus posturas. Quienes me conocen pueden deducir exactamente lo que pienso en torno a la reciente polémica planteada por Heriberto Yépez sobre Christopher Domínguez Michael. Incluso, hace tiempo publiqué varios ensayos sobre la crítica. Pero decidí también hace tiempo, siguiendo el consejo de un amigo crítico, no intervenir más en esos debates y no escribir más metacrítica. Y sin embargo, lo malo de esa decisión es que vivo muerto de la frustración ante las nociones de la crítica que se barajan mucho en los debates, desde el desprecio ciego a todo lo teórico y lo académico hasta la conflación entre crítica y reseña. En respuesta a esto decidí no romper mi voto de silencio sobre el problema de la crítica por ahora escribiendo un ensayo. Pero desde ese silencio, en los próximos días responderé a esa frustración con el puro poder del ejemplo. Cada día compartiré un trabajo de crítica literaria reciente, de algún crítico literario mexicano (con algunos extranjeros mexicanistas por ahí), que me parecen ejemplares. Habrá libros y ensayos, textos académicos y no académicos. Habrá amigos cercanos, rivales y personas que no conozco en lo absoluto. Habrá trabajos con los que coincido y con los que me peleo, pero siempre son textos que creo admirables y dignos de ser leídos. Seguramente a los que me acompañen en este ejercicio no les gustará todas las entradas, pero mi punto es mostrar que hay crítica literaria buenísima que pasa por debajo del radar de las polémicas y el chismerío en redes sociales.
Inicio el ejercicio cerca de casa, con Gabriel Wolfson, con quien (disclaimer) tuve el privilegio de coincidir en la UDLA de Puebla. Su ensayo "La sintaxis de Plural", que posteo abajo, muestra sus virtudes como crítico: riguroso en la investigación, conocedor de la teoría sin dejarse apantallar por ella, y de una pluma admirable. Wolfson no rehuye la polémica y su estilo siempre está en modo de debate. Aunque esto no es una reseña es, de hecho, uno de los poquísimo reseñistas que pueden llevar el rigor de su crítica investigativa incluso al texto más de ocasión. Lo pueden leer con regularidad en la revista Crítica de Puebla. (http://revistacritica.com/contenidos-impresos/ensayo-literario/la-sintaxis-de-plural-por-gabriel-wolfson)"

"DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (II)
Mucha de la mejor crítica literaria mexicana la están escribiendo críticos brillantes nacidos en los años ochenta. Son autores que todavía no emergen en los medios: muchos de ellos pasan sus días en programas de posgrado o en algún esquema de beca de ensayista. Pero ya hay entre ellos críticos brillantes. Para limpiar el paladar de las polémicas del día, hoy sugiero leer a una de estas voces emergentes: Ana Sabau. Ana, quien es profesora en la Universidad de Michigan, comienza a destacar por la enorme inteligencia de sus trabajos. Yo tuve hace tiempo la oportunidad de editarle un ensayo magnífico sobre Alfonso Reyes y tiene por ahí un texto sobre Trotsky y Cabrera Infante que no tiene desperdicio. Pero donde Ana brilla verdaderamente es en su estudio de la literatura mexicana del siglo XIX. Está por el momento adaptando su magnífica tesis doctoral (que por ahí se podrá descargar) en un libro tentativamente titulado "Revolutions and Revelations: An Archaeology of Political Imagination in 19th Century Mexico". Por lo que conozco del material será un libro absolutamente señero. Mientras tanto, comparto un extraordinario texto que escribió Ana para la serie Utopías del portal Horizontal, que muestra la calidad y rigor de su trabajo como crítica de la cultura del siglo XIX. Ana es una estrella naciente. Si fuera editor de un medio en México haría lo que fuera por ficharla como colaboradora regular. Realmente, se hablará mucho de su trabajo en los años venideros. (http://horizontal.mx/la-casa-de-maternidad-de-puebla-la-huella-de-la-utopia/)”

"DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (III)
Cuando comenzaba a trabajar como crítico, desde fuera y buscando espacios en México, tres colegas adquirían una presencia muy fuerte en medios y comenzaban a despuntar: Geney Beltrán, Rafael Lemus, Heriberto Yépez. Los tres tienen seguidores y detractores, los tres son leídos y debatidos intensamente cada vez que publican algo. Y quizá sea uno de los pocos con esta opinión, pero a los tres los admiro y respeto enormemente, por su inteligencia y la fuerza de su voz, tanto en los momentos en que encuentro su trabajo iluminador como en los que estoy en absoluto desacuerdo con ellos. Sin embargo, teniendo estas tres enormes figuras en la camada de uno tiene como consecuencia que otro tipo de voces, que florecen en espacios menos públicos y visibles no se escuchen con la atención debida. Y en honor a eso, hoy comparto un texto de un crítico de mi generación, Jezreel Salazar, cuya obra es un ejemplo de brillantez y rigor, aunque no haya tenido la proyección de mis tres contemporáneos más famosos. Jezreel es el gran heredero de Monsiváis, de quien es uno de sus mejores críticos, además de ser él mismo uno de los grandes cronistas de la literatura mexicana contemporánea. Es un crítico de trayectoria y todo lo que ha escrito vale la pena: su magnífico libro sobre Monsi, el ensayo sobre la "prosa volátil" Reyes que escribió para mi antología sobre don Alfonso, su texto en Letras Libres sobre el ensayo. Comparto aquí, precisamente, su maravilloso libro sobre Monsiváis, "La ciudad como texto", que se puede descargar de su página de Academia. Realmente un libro hermoso y brillante, de esos que uno quisiera haber escrito. (https://www.academia.edu/604535/La_ciudad_como_texto_la_cr%C3%B3nica_urbana_de_Carlos_Monsiv%C3%A1is)”

"DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (IV):
La crítica literaria en México padece desde siempre de un enorme problema de machismo estructural. En consecuencia, el oficio tiene deudas de género enormes, en muchos sentidos. Es, por ejemplo, mucho más difícil para una mujer adquirir espacios en medios literarios que para los hombres, algo patentemente obvio si se hace un simple censo de la proporción entre hombres y mujeres en cualquier publicación cultural. Asimismo, se estudian mucho más escritores hombres que escritoras, y se traducen mucho menos escritoras que escritores. Esto además suele enmascararse con una falaz narrativa de la meritocracia estética e intelectual y con esos golpes de pecho facilones que denuncian muñecos de paja como la "corrección política" o las "cuotas de género". Como lector y crítico siento mucha admiración por aquellas colegas que han remado a contracorriente de todas estas tendencias y vienen a la mente muchas figuras, como las estudiosas reunidas alrededor del grupo "Diana Morán" o aquellas colegas que, como Lucía Melgar, Patricia Rosas y Gabriela Mora, mantienen viva la llama de escritoras como Elena Garro. En honor a esta tradición, hoy recomiendo la lectura del libro "La nueva ciudad de las damas" de Eve Gil, que contiene apenas una selección de los muchísimos textos sobre escritoras de la literatura mundial que ha publicado desde hace más de una década en diversos blogs. Combativa y controversial, Eve Gil es una voz valiente en la denuncia de las políticas de género en la cultura mexicana y en dar voz desde el periodismo y la crítica a escritoras. "La nueva ciudad de las damas" (cuyo título es un guiño a "La ciudad de las damas" de Cristine de Pizan) está mayoritariamente dedicado a escritoras no mexicanas, muchas de ellas verdaderos descubrimientos que no tienen la atención debida. El libro, editado por la UNAM en 2010, merece muchísima más atención y lecturas de lo que ha recibido. No he encontrado, desafortunadamente, una copia digital del libro, pero está disponible en las librerías de la UNAM. (http://www.literatura.unam.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=294%3Ala-nueva-ciudad-de-las-damas&catid=76%3A2012)”

“DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (V):
Hacer crítica literaria en 2016 no significa solamente hacer crítica de la literatura. Significa también hacer una interpretación de las dimensiones sociales, políticas y culturales del mundo con los instrumentos de la crítica literaria. Esto es el legado de lo que hoy llamamos "Teoría", nombre que recibe el grupo heterogéneo de pensamientos sobre la modernidad, el capitalismo y la cultura iniciados en los alrededores del 68 francés y desarrollados posteriormente en escenarios como los estudios culturales británicos, la academia norteamericana y la post-autonomía italiana. Esta línea de pensamiento tiene poca resonancia en la crítica mexicana por varias razones entre las que hay que destacar el peso del liberalismo en la República de las letras (y por ende de una forma de política cultural más cercana a la anti-teoría de los nouveaux philosophes que de la teoría propiamente dicha), el fetichismo de la literatura como objeto autónomo que no puede contaminarse con lo que Reyes llamaba funciones ancilares y, hay que decirlo, una noción de la teoría como cajita de herramientas que se "aplica" esquemáticamente a los textos y que sigue teniendo una existencia a nivel de metástasis en la academia mexicana. Sin embargo, en vista del peso que el neoliberalismo tiene en México, este tipo de teoría provee un lazo esencial entre la producción escritural y la crítica al poder, tarea en la que, a mi parecer, la línea liberal no logra llevar a cabo por su timidez en la crítica ante la explotación económica y simbólica. Ante esto, hoy recomiendo la lectura de Sayak Valencia, cuyo libro "Capitalismo Gore", desafortunadamente publicado en 2010 por una editorial española de escasa circulación en México, es un libro señero en la posibilidad de hacer teoría en México. No es el único, por supuesto: vale la pena leerlo junto a libros como "Los muertos indóciles" de Cristina Rivera Garza y el reciente y brillante "La tiranía del sentido común" de Irmgard Emmelhainz. Dejo aquí un ensayo donde Valencia desarrolla su idea central: (http://hemisphericinstitute.org/hemi/es/e-misferica-82/triana)”

“DÍAS DE CRÍTICA LITERARIA (VI)
Todos los críticos tenemos maestros, algunos de ellos de manera formal en las universidades, otros más en conversaciones y tertulias y algunos más desde la lectura. De mis maestros formales, fueron tres los que han tenido mayor impacto: Pedro Angel Palou, Mabel Moraña y Adela Pineda Franco. Para los lectores asiduos de crítica, los dos primeros nombres son muy conocidos. Aunque Pedro Ángel es más bien un novelista, tiene al menos tres libros indispensables de crítica literaria: La ciudad crítica, uno de los poquísimos libros mexicanos en conversación con la crítica sudamericana, "La casa del silencio", libro indispensable sobre COntemporáneos que ganó en su momento el Premio Nacional de Historia y su reciente "El fracaso del mestizo" su genial historia revisionista de la relación entre representación racial, cine y literatura. Mabel es una fuerza de la naturaleza y específicamente sobre México tiene un libro indispensable, "Viaje al silencio", un libro importantísimo sobre nuestra literatura colonial. Hoy decidí compartir el trabajo de Adela Pineda Franco, quien quizá tiene menos reconocimiento, pero cuya obra crítica es de una gran inteligencia y rigor, y merece mayor difusión. Adela no tiene una obra tan copiosa, porque es una persona que valora la pausa y el tiempo, y que para mí ha sido un importante contrapunto al ejemplo prolífico de mis otros dos maestros. Adela tiene un libro, "Geopolíticas de la cultura finisecular en Buenos Aires, París y México", uno de los mejores estudios de las revistas del modernismo latinoamericano y ahora escribe lo que será el libro definitivo sobre el cine de la Revolución Mexicana. Tiene muchos otros textos (sobre Guzmán, sobre viajeros, sobre Ángel Rama y otros temas) y ninguno tiene desperdicio. Comparto hoy su maravilloso ensayo sobre el Pancho Villa de Hollywood, incluido en un libro, coeditado por ella para el Smithsonian, sobre el imaginario de binacional de la Revolución Mexicana: (en inglés: https://www.academia.edu/10956717/Hollywood_Villa_and_the_Vicissitudes_of_Cross-Cultural_Encounters)”.


jueves, 16 de junio de 2016

Portada del libro "No sé si aún te llames Carlos Marx"...



Este libro no es ensayo, ni novela, ni poema. Es "el ensayo de la novela del poema.." y no es precisamente un "movimiento perpetuo"...