Leonardo
Meza Jara
Delegado
por la Delegación D-II-114
(Universidad
Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua, Campus Chihuahua)
Las
voces de la inconformidad en la instalación del congreso
En la instalación del XXXI
congreso de la sección 8 del SNTE fueron notorias las ausencias del
gobernador César Duarte y del presidente
municipal de Chihuahua Javier Garfio. En
este evento de peso completo en la política local, las ausencias no son fortuitas y ponen en claro
los motivos de fondo en las agendas poselectorales del poder aún en turno. La
convocatoria al evento fue inesperada y se emitió días después de la derrota
electoral priista en el estado de Chihuahua. La dirigencia nombrada en la sección 8 (y en
la sección 42) del SNTE asume el cargo
antes de que el gobernador electo Javier Corral logre consolidarse en el poder.
La pulcritud del congreso
de la sección 8 del SNTE quedó rota desde su misma instalación. Después de los
honores a la bandera, en las pantallas instaladas en uno de los salones del
Centro de Convenciones de Chihuahua, inició la proyección de un video en el que
la figura del secretario general saliente, Alejandro Villarreal, fue colocada
al centro y enaltecida. Micrófono en mano, Villarreal inició el discurso de
bienvenida. Su participación fue
interrumpida por el grito de un numeroso
contingente de los delegados electos al congreso, quienes bajo la consigna de
“dignidad” se hicieron presentes de forma intempestiva. Los delegados
disidentes, se pusieron de pie y dieron la espalda a Villarreal y al presídium.
De forma reactiva, los delegados institucionales también se pusieron de pie y lanzaron
su consigna: “unidad”. Todos los delegados abandonaron la quietud de las
sillas, por unos minutos Villarreal guardó silencio ante los gritos cruzados. Ese
momento en la instalación del congreso trazó lo que sería el itinerario hasta
el final, la confrontación de dos discursos, de dos posturas que caminaron en oposición
a cada paso. Por un lado, la consigna de “dignidad” de los delegados disidentes
agrupados en torno a RESISSSTE e Insurgencia Magisterial. Por otro lado, la
consigna de “unidad” de los delegados institucionales del SNTE. Las otras expresiones
disidentes, de presencia minoritaria, quedaron diluidas en el congreso que se
polarizó.
Entre los disidentes, el
peso de los delegados se distribuyó por todas las regiones del estado. Entre
los institucionales, fue notoria la presencia de las camisas negras de los
delegados de la región Juárez, quienes intentaron uniformar su presencia.
El discurso de Alejandro Villarreal
navegó a contracorriente, logró plantear algunos de los “logros” sindicales y
mencionar que en las redes sociales estaba dándose un manejo indebido y falto
de verdad sobre el SNTE y sobre su persona. Esa mención del secretario general
saliente, mostró uno de los talones de Aquiles del sindicato de maestros. Al
cierre de su discurso, Villarreal increpó a la postura de los disidentes y los
retó a que le mencionaran un solo logro salarial o prestacional que haya sido
ganado por la CNTE. Las cabezas de la disidencia se lanzaron al presídium, pero
les fue cerrado el paso. Los aventones y escarceos de confrontación física
levantaron la marea de los ánimos políticos.
Enseguida, intentó tomar
la palabra el profesor José
Mendívil Zazueta, presidente del congreso, para instalar el evento. No pudo
iniciar su discurso ante los reclamos que subieron de tono. De manera
inusitada, el micrófono le fue concedido
a dos delegadas de educación básica, que manifestaron su inconformidad ante la
reforma educativa y criticaron la postura complaciente de las autoridades del
sindicato.
Finalmente, el congreso fue instalado en uno de los salones del centro
de convenciones. Afuera del recinto, los manifestantes inconformes con la
reforma educativa mantuvieron una presencia que acompañó al evento desde el principio
hasta el cierre. La presencia de los manifestantes a las afueras del congreso
fue un eco de la conciencia magisterial en el rechazo a la reforma educativa,
en la coyuntura política nacional en la que se abre un amplio debate sobre la
viabilidad o inviabilidad de esta reforma.
La apertura de los trabajos y el trazo de la
composición de fuerzas
Los
trabajos se trasladaron al edificio del gimnasio de la sección 8 del SNTE en la
misma ciudad de Chihuahua. A lo largo de la mañana del jueves 14 de julio, por
la vía estatutaria se validó la presencia de 585 delegados efectivos en el
congreso.
Desde la primera votación
a mano alzada para elegir a la segunda comisión dictaminadora de credenciales,
los tres grupos políticos que fueron dibujándose como actores con intenciones
de participar en la elección del nuevo comité ejecutivo seccional, mostraron la
fuerza numérica de los delegados con los que podrían contar. El grupo institucional que terminó instalando
a la maestra Rosa María Hernández en la secretaría general de la sección 8 del
SNTE, sacó 363 votos. El grupo de disidentes encabezados por el profesor Noel
García, obtuvo 125 votos. El grupo de institucionales inconformes con la
gestión de Alejandro Villarreal, que en días previos al congreso hizo público
un posicionamiento político, y cuya figura más visible fue el profesor Luis
Enrique Gaytán, sacó 28 votos. Las cartas se pusieron sobre la mesa, y a partir de ello los grupos al interior de
la sección 8 fueron trazando su estrategia política.
Durante las diversas
votaciones a mano alzada en el congreso, los delegados disidentes se mostraron en
número, de 124 a 142 y de ahí hasta 162. Esta última fue la cifra tope del
número de delegados que se conformaron alrededor del RESISSSTE y de Insurgencia
Magisterial. No hubo una votación secreta que lograra mostrar la fuerza real
del voto disidente. Los votos precavidos de los delegados inconformes que no se
quisieron mostrar alzando la mano de manera directa, no pudieron ser
contabilizados ni convertidos en una fuerza política real de la disidencia. Quienes
levantaron la mano desde la disidencia fueron los delegados que frontalmente
mostraron los rostros de su inconformidad.
La presencia numérica de
los delegados disidentes en el XXXI congreso de la sección 8, es histórica. En
congresos anteriores el número de delegados disidentes estuvo reducido a dos
dígitos, por debajo de los cincuenta. Pero a pesar del crecimiento exponencial
de la inconformidad magisterial, la
cuantía de la fuerza política manifiesta en el número de delegados disidentes
no alcanzó para más, y la decisión final
de abandonar el congreso sin participar en la elección del comité ejecutivo de
la sección 8, estuvo directamente conectada con esta variable.
La
mesa 8 sobre “Certeza laboral”, espacio medular en los debates sobre la reforma
educativa
Las discusiones en la mesa
8 fueron arduas y complicadas. Los trabajos de esa mesa se iniciaron alrededor
de las siete de la tarde del jueves 14 de julio y terminaron hacia las dos de
las mañana del día siguiente. Fue la mesa más larga en las horas de debate y la
más intensa en las discusiones. Este espacio resultó clave para la disidencia. Las
manos y los ojos en la operación política de esa mesa, puestos desde la
presidencia del congreso y desde la dirigencia de la sección 8, no lograron contener
la inconformidad. Se rebasó la
participación de los 70 delegados. Las inscripciones a las mesas fueron definidas
por los mismos organizadores. La línea fue clara en los intentos por contener
el debate. Muchos de los delegados decidieron trasladarse de otras mesas hacia
la mesa 8, que fue saturada.
Los trabajos se instalaron
en el vestíbulo de la clínica del PASAFAM, a un lado del hotel Sntenario. La
ubicación en un espacio reducido y sin aire acondicionado era estratégica,
apostándole al cansancio y al desgaste de los delegados al paso de las horas.
Desde el inicio esta cuestión fue impugnada por los participantes, al igual que
los documentos con los cuales pretendía abrirse la discusión, bajo la línea
dictada lo mismo por la SEP que por el SNTE. Los trabajos de la mesa fueron
reubicados en el restaurante del hotel Sntenario, en un espacio de mayor
comodidad y apertura. Fueron muchas las concesiones que los operadores del
congreso le hicieron a la disidencia durante el evento, aunque las maniobras
acostumbradas por la dirigencia controladora y verticalista fueron una constante
que dio lugar a un diálogo contestatario y ríspido.
Los cuadros de mayor peso
entre los integrantes del RESISSSTE y de Insurgencia Magisterial ocuparon
espacios claves en la mesa 8 y fueron las voces que marcaron las líneas del
debate. Las participaciones de los profesores Noel García (cabeza de la
planilla disidente), Marta Alba Mata Uribe y Francisco Ramírez Durán (secretario
de superación profesional por parte de
la disidencia en el comité seccional
saliente), convirtieron a esta mesa, en caja de resonancia de la
inconformidad magisterial. La presencia institucional fue nula. Por un lado, se
operó una especie de vacío, no dar espacio a las posturas del sindicalismo
oficial y dejar que la disidencia copara por completo la mesa. Por otro lado,
la ausencia por parte del sindicalismo oficial, mostró la carencia de argumentos para
justificar su postura de alfiles en la implantación de la reforma educativa
peñanietista.
Los dos acuerdos de mayor
peso que se tomaron en esa mesa, son otro indicio a partir del cual puede
leerse la decisión de los disidentes de abandonar el congreso, antes de llevarse a cabo la elección del nuevo
comité ejecutivo seccional. Se acordó mandatar al congreso para que emitiera
una postura que reclamara la abrogación de la reforma educativa. Se definió
también que la nueva dirigencia convocara a un paro de labores hacia el 22 de
agosto, el primer día de clases del ciclo escolar entrante. Ambos
posicionamientos mostraron la radicalidad de la disidencia ante la reforma
educativa, a la vez de mostrar también una debilidad. De no ganar los
disidentes la elección del nuevo comité
seccional –cuestión que al final
sucedió- los dos resolutivos estaban encaminados al vacío.
Los
desenlaces del congreso y la hegemonía del sindicalismo oficialista
Hacia la una de la mañana
del viernes 15 de julio iniciaron los trabajos del pleno del congreso, donde se
expusieron los resolutivos de las mesas. De manera paralela, el grupo institucional inició la operación
política para conformar la planilla “Unidad”. Los delegados de las regiones
(Juárez, Chihuahua, Parral, Delicias, Cuauhtémoc, Casas Grandes, etc.)
definieron a los representantes que estarían ocupando las secretarías de
organización. Los niveles (preescolar, primaria, secundaria, etc.) definieron también
a sus representantes en la integración de la planilla institucional que terminó
ganando el congreso. Este es un proceso de usos y costumbres sindicales, que
camina por los márgenes de la norma estatutaria, bajo una operación política que es movida por
los hilos de interés de los grupos de poder en turno. Bajo la línea dictada por
los grupos de poder seccional o regional, los delegados de las regiones y los
niveles definieron a sus representantes en la planilla institucional.
Los institucionales
cuidaron su trinchera milímetro por milímetro para no dejar ni un solo voto
suelto que pudiera pasarse al lado de la disidencia. El grupo de
institucionales que manifestaron su inconformidad ante la gestión de Alejandro
Villarreal y que hizo público un posicionamiento crítico previo al congreso, se
fue diluyendo a lo largo del evento. La posición contestataria de este grupo se
adelgazó al grado del acallamiento, impuesto o autoimpuesto. Las voces de los
profesores Luis Enrique Gaytán, Luis Manuel Hidalgo, Felipe de Jesús Nery,
Manuel Loya, Héctor Raúl Valles, Sergio Pérez, Nora Raquel de la Cruz y
Guadalupe Jurado, se plegaron a los acuerdos que terminaron configurando la artificiosa
“Unidad” institucional.
Durante la noche del 14 al
15 de julio, los institucionales trabajaron las negociaciones de la planilla
“Unidad” y llegaron a la madrugada ya con los amarres que les permitieron tener
la certeza de un triunfo ante los disidentes. Los trabajos de la plenaria que
sometieron a consideración de los delegados los acuerdos tomados en las mesas, terminaron hacia las 6 de la mañana de 15 de
julio y se dictó un receso para pasar al momento de cierre del congreso: la
elección del nuevo comité ejecutivo seccional.
Hacia las 8 de la mañana
se reiniciaron los trabajos de la plenaria. Los institucionales presentaron su
planilla. La concesión hacia Alejandro Villarreal y su grupo fue explícita, la
maestra Rosa María Hernández encabezaba la planilla institucional.
Los disidentes presentaron
su planilla y desde un inicio el presidente del congreso, José Mendívil Zazueta, les indicó que el
formato de la presentación no era el correcto a partir de la norma estatutaria
reformada en 2012. La planilla disidente fue presentada por colegiados, sin
referir la cartera sindical que ocuparían los distintos integrantes. El
estatuto modificado en 2012 establece que las planillas se presentan indicando
la cartera específica que ocuparía cada uno de los candidatos. Junto a lo
anterior, Mendívil Zazueta les indicó a los disidentes que si alguno de los
integrantes de la planilla no era delegado al congreso y se encontraba afuera
del recinto, no se le permitiría la entrada.
Se dio primero un lapso de diez minutos para que la planilla disidente
fuera rearmada y pudiera entonces participar. Al término de este tiempo, se
comenzó de nuevo con la presentación de la planilla disidente. A micrófono
abierto se leyeron los nombres de
algunos de los integrantes (propietarios y suplentes) de la planilla disidente
y los cargos específicos para los cuales eran propuestos. Mientras esto pasaba,
Noel García subió al estrado y platicó en corto con Mendívil Zazueta. La
lectura que presentaba a la planilla disidente fue interrumpida y García tomó
el micrófono, explicó que se solicitaba a la mesa de dirección del congreso un tiempo de media
hora para tomar un acuerdo interno sobre rearmar la planilla y participar, o
retirarla. Los representantes de las regiones por parte del grupo disidente se
trasladaron al restaurante del hotel Sntenario y tomaron una definición. Se
declaró un receso.
Al retorno de los disidentes, Noel García acusó a Mendívil Zazueta de
bloquear la participación de la planilla “Dignidad” y le refirió que si no los
dejaban participar presentando la planilla, tal como la habían conformado
inicialmente, por colegiados, se retirarían del congreso. En una decisión
inusual, presentando un gran margen de concesión política, Mendívil Zazueta dio
la oportunidad para que la plenaria decidiera si se admitía la inscripción de
la planilla disidente conformada por colegiados, violando la norma estatutaria,
o si se le negaba el registro. Las concesiones institucionales hacia los
disidentes no fueron gratuitas ni sujetas a la presunción de democracia alguna,
se sabían ganadores de cualquier forma. Lo que pudo ser la votación final de
planilla contra planilla, de disidentes contra institucionales, se vio
reflejada extrañamente al margen de la norma estatutaria. 291 delegados votaron
por negarle la inscripción a la planilla disidente de esta forma, 162
levantaron la mano manifestando que se les concediera la oportunidad de
participar.
Los disidentes tuvieron la oportunidad de hacer los cambios necesarios
para presentar la planilla conforme a la norma estatutaria y participar. Esto
queda claro en la segunda lectura de presentación de la planilla a micrófono
abierto, después de resarcir las inconsistencias en los primeros diez minutos
para hacerlo. Queda claro también que Mendívil Zazueta dio un gran margen de
tiempo y de maniobra política para que los disidentes rearmaran su planilla. La
decisión política de no presentar planilla y abandonar el congreso, no puede justificarse acusando a Mendívil
Zazueta de bloquear la participación de los disidentes o de ofrecerles espacios
en una negociación al margen del proceso electivo.
Antes de llegar al momento de la elección, la disidencia se sabía perdida y los
institucionales se sabían ganadores. En las reuniones que mantuvieron los
disidentes a lo largo del congreso, y aún antes, uno de los asuntos que se
discutieron fue la decisión que se tomaría en caso de no ganar el congreso y
acceder únicamente a la representación proporcional (ocho secretarías llegando
al 30% o seis en caso de obtener 15%). Se vislumbraba ya la posibilidad de
participar, acceder a la representación proporcional concedida en el estatuto,
y en una postura de “dignidad” no tomar posesión de los cargos. La estrategia
de la disidencia quedó trazada ante la imposibilidad del triunfo. La
representación concedida estatutariamente para que los disidentes accedan a
posiciones en el comité ejecutivo seccional les ha servido de poco o nada, el
trabajo político disidente de mayor calado está afuera de la sección, al margen
de la institucionalidad.
Los integrantes de la disidencia abandonaron el congreso. Dos eventos
sucedieron paralelos mientras las puertas del edificio sindical estuvieron
cerradas la mañana del 15 de julio. Adentro, en el gimnasio, se presentaba la
planilla “Unidad” y el acto se enmarcaba en el protocolo de la
institucionalidad. Afuera, los delegados disidentes con Noel García a la cabeza
organizaron un mitin y decidieron enseguida trasladarse al edificio del
sindicato de telefonistas, para tomar acuerdos hacia el paro del 22 de agosto.
Estratégicamente, los disidentes operaron para acumular fuerza política
a partir de los trabajos del XXXI congreso de la sección 8, abandonaron el
congreso y proyectaron esa fuerza hacia afuera ante la imposibilidad de ganar
la elección. La forma bajo la cual la disidencia tejió su salida del congreso
es lo de menos, aunque tal vez no lo sea. Esta decisión parece haber sido considerada
desde tiempo antes, o tal vez se tomó al tener claridad sobre el número de
delegados que integraron a la disidencia como una fuerza minoritaria, o se tomó
hacia el cierre del congreso.
Lo que le queda al RESISSSTE y a Insurgencia Magisterial, como opositores
a la reforma educativa, es el trabajo por afuera del edificio que alberga la
institucionalidad sindical. Los institucionales siguen ocupando los cubículos,
los pasillos y las escaleras del edificio de la calle Homero en la ciudad de
Chihuahua, y desde ahí comienzan a dibujarse su postura resbaladiza y mimética
ante la reforma educativa. Al menos, eso se lee en las primeras declaraciones
que la maestra Rosa María Hernández ha realizado ante la prensa local.