(Artículo en publicación en la revista "Aserto" del mes de julio)
I
Se ha terminado el momento de la
embriaguez del triunfo electoral panista, que trae consigo más preguntas que
respuestas. Los mismos panistas no han logrado explicar ni asumir las razones
de su triunfo y las implicaciones políticas futuras que esto conlleva, sobre
todo lo que de ello se deriva hacia las elecciones del 2018.
La explicación no está en el triunfo
de unos o en la derrota de otros. Tampoco está en la posibilidad de un triunfo
de la izquierda lópezobradorista a futuro, que pudiera sustituir a los
gobiernos priistas o panistas. La embriaguez del triunfo concebido desde esta
lógica es demasiado breve, efímera. Lo que triunfa cada vez, es el sistema de
creencias fundado en la democracia, en las elecciones y en el voto, en la institucionalización
ideológica y política de la democracia que en algún momento Krauze pretendió
“sin adjetivos”, pero que ha terminado siendo definida por los adjetivos más
oscuros y soeces que podamos imaginarnos. Triunfa la idea de seguir creyendo en
la gran narrativa de la democracia liberal (neoliberal). La misma izquierda ha
quedado atrapada en ello y tiene que cargar con los costos políticos e
históricos, como lo demuestran los casos de Argentina, Brasil y Venezuela. Lo
que ha sucedido en estos países, puede entenderse como un área de oportunidad,
como posibilidad de mejoramiento y afianzamiento de los gobiernos de izquierda
en América Latina. Pero en el fondo de esto subyace la tragedia de la
izquierda, su falibilidad, que una y
otra vez será provocada y evidenciada por las derechas políticas y
empresariales. A fin de cuentas, no son, ni han sido las izquierdas las que han
dictado las reglas del juego en la democracia liberal (neoliberal), ni en
América Latina, ni en otras partes del
mundo.
La institucionalidad democrática
fijada en los ejes de las elecciones y el voto, y en otros instrumentos
jurídicos y políticos que resultan accesorios, como el plebiscito o el
referéndum, es un monstruo ideológico que ha logrado ser capitalizado con
creces por los políticos y empresarios neoliberales. En este tablero de
ajedrez, las organizaciones sociales y políticas de la izquierda han llegado a
convertirse en piezas movidas por lo que Žižek refiere como el “Gran Otro”. Una
figura simbólica y de autoridad a la vez, que dicta lo bueno y lo malo, lo
justo y lo injusto, lo aceptable y lo inaceptable. El “Gran Otro” que sostiene
a la politicidad, la socialidad y la moralidad permitibles, funciona como una
voz en “off”, una voz indirecta que se desliza por los márgenes de la historia,
a través de los medios de comunicación, de las noticias, de las leyes, de los procesos
electorales mismos. Žižek explica esta voz a partir del componente de “risa
enlatada” que funciona en los programas televisivos de comedia. La risa no
forma parte directa ni explícita del guión que siguen los personajes, sino que
funciona externamente, con la intención de llevar a los espectadores al espacio
de una comicidad que resulta impuesta consciente e inconscientemente. Esta es
una voz que autoriza e institucionaliza a la democracia liberal (neoliberal),
como única vía posible para sostener la vida política en México y en el mundo
entero. No hay otro camino autorizado ni autorizable, y de cualquier forma hay
que seguir creyendo en ello, aunque no baste, aunque nos muestre sus errores y
sus insuficiencias, aunque su caminar quede fijado en la falibilidad que una y
otra vez queda evidenciada, lo mismo por los panistas (Fox y Calderón…) que por
los priistas (Peña Nieto…), aunque el ensayo sea el error de manera reiterada,
aunque la dialéctica esperanza-desesperanza sea uno de los absurdos de este
sistema ideológico, que una y otra vez nos convierte en las piezas de un
ajedrez histórico en el que los márgenes y las jugadas están bien delimitadas,
magistralmente delimitadas. Somos parte del juego, aunque no lo queramos,
aunque no lo creamos o sepamos. En algún momento, de alguna forma, aún desde el
abstencionismo, lo queremos, o lo creemos o lo sabemos, porque se nos ha vuelto
necesario, porque parece ser que se nos ha vuelto ineludible.
II
La vida democrática fundada en el
orden liberal (neoliberal), no posibilita cierre alguno. Esto queda demostrado
con los comportamientos electorales que se han dado del 2000 a la fecha. El PRI
fue supuestamente destronado en el año 2000, pero la cultura y las estructuras
políticas, sociales, económicas y jurídicas que lo han hecho ser lo que es (un
partido corrupto y corruptor, enquistado en intereses alejados de los problemas
profundos de México), persisten y pueden llegar a transformarse de manera tal,
que les permita retornar al poder, tal como sucedió en 2012. El PAN no perdió
todo con el fracaso electoral del 2012. Las elecciones de 2012 y 2015, en las
que el panismo fue castigado por los errores de los sexenios foxista y
calderonista, no demuestran una caída irresoluble de este partido. El retorno
del PRI en las elecciones federales del 2012 y el retorno del PAN en las
elecciones locales del año 2016, son parte de una lógica en la que la misma
izquierda ha quedado capturada, sin poder encontrar una salida convincente
hasta el momento. Los juegos de la democracia y las jugadas electorales,
fundadas en los valores del liberalismo (neoliberalismo): participación,
autonomía, propositividad, institucionalidad, etc., son en el fondo una manera
de hacernos creer, que la ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad del
cambio a través de las elecciones y el ejercicio razonado y crítico del voto.
En esto, hay una “fantasía ideológica”, en los términos en que lo explica el
filósofo esloveno Slavoj Žižek.
III
En el libro “El sublime objeto de la
ideología” (2012), Žižek plantea que no
vivimos en una era posideológica, que no es cierto que lo que predomina
actualmente es un vaciamiento de la ideología y de la política. Vivimos todavía
en una era ideológica, en la que las creencias depositadas en las
organizaciones políticas o partidistas de izquierda o de derecha, tienen aún la
potencia de crear narrativas ideológicas, explicaciones del mundo que se fijan
sobre lo imaginario al lado de lo real, sobre la posibilidad “realista” de
resolver los problemas para transformar al mundo en un sentido “utópico”. La “fantasía ideológica” es el fondo sobre el
cual se construye el sujeto político de finales del siglo XX y principios del
XXI, y se explica a partir de una frase marxista replanteda por Žižek: “ellos
saben que, en su actividad, siguen una ilusión, pero aun así, lo hacen.” Ellos
saben que, votar por el panista Javier Corral, o por algún otro candidato o
partido, no garantiza de forma alguna la resolución de los profundos y profusos
problemas por los que atraviesa el estado de Chihuahua o el país, pero aun así
votan por él, depositan en su figura una “ilusión” en forma de “fantasía
ideológica”.
El mecanismo a través del cual
funciona la ideología no es el de una falsa conciencia ideológica, tal como lo
propuso Marx y otros autores como Althusser. No hay una ideología o una forma
de hacer política (el marxismo o alguna de sus derivaciones planteadas en el
siglo XX) que siendo plenamente verdadera, factible y eficaz, vaya a sustituir
a otra ideología o forma de hacer política (el capitalismo que ha derivado en
el neoliberalismo del siglo XXI), para transformar y salvar al mundo de una vez
por todas. Bajo la lógica neoliberal y globalizadora, no existe la posibilidad
de un gobierno infalible que pueda ser atribuido a político o grupo alguno.
Y sin embargo, se necesita creer en
algo, en un personaje político, en un partido, en una forma de gobierno, en un
proyecto. En la coyuntura del proceso electoral del 2016, fue necesario que se
creyera en la posibilidad “real” de una transformación social y política en el
estado de Chihuahua. Una parte de los integrantes de la izquierda
chihuahuense, tuvo que creer entonces en
la posibilidad “real” de triunfar electoral y políticamente, depositando su
voto en la candidatura de Javier Corral, y al hacerlo, lo que tuvo lugar fue la
puesta en marcha del mecanismo ideológico y político al que Žižek refiere como
“fantasía ideológica”, que funciona de manera consciente y a la vez
inconsciente. Según Žižek, la “ilusión” no está del lado del conocimiento, los
sujetos no tienen claridad plena de que su actuación política esté depositada
en una “fantasía” mediante el mecanismo electoral del voto en la democracia
liberal (neoliberal). La “ilusión” está del lado de “la realidad del hacer”.
Quienes votan han sido los mismos electores que en las elecciones del 2000, del
2006, del 2012, del 2015 y 2016, han emitido un voto refractario, cambiante,
unas veces hacia el PAN, otras veces hacia el PRI -y algunos hacia el
lópezobradorismo-. Pero este comportamiento cambiante del voto, como hecho
político reiterado, no ha podido sustentar cambios de fondo en la sociedad, la
política y la economía mexicana. En las últimas décadas, las formas de hacer
política han traído consigo más falsedades que verdades, más errores que
aciertos, mas desesperanzas que esperanzas. Pero la vida política prosigue en
los hechos, alimentándose paradójicamente de falsedades, errores y
desesperanzas. La alternancia, como un hecho que se repite una y otra vez, ha sido parte de los mecanismos políticos que
sustentan a la “fantasía ideológica” de la democracia liberal (neoliberal).
IV
Lo que se sigue de esto, es develar el
mecanismo de la “fantasía ideológica”, desentrañarlo y enseguida tomar cartas
en el asunto. Esta es una de las premisas del periodismo crítico, que
permanentemente está analizando los errores y las inconsistencias de las
derechas y de las izquierdas, y de los centros que asumen un falso borramiento
de lo ideológico. Si algo va quedando claro en estos años recientes, es que no
hay, ni tiene porque haber, cheques en blanco, ni entregas totales. Develar el
mecanismo de la “fantasía ideológica”, entre los aportes de la filosofía, del
marxismo y del psicoanálisis, implica el camino de una militancia que al
mirarse en el espejo, pueda ver su propia condición investida de negatividad, su
propia fealdad, sin disfraces discursivos, sin vestuarios ostentosos que sean
un ropaje “fantasioso” de la desnudez humana y política que habita en cada uno
de nosotros…