sábado, 9 de julio de 2016

Del “triunfo” del panismo y la herida histórica de la “fantasía ideológica”

(Artículo en publicación en la revista "Aserto" del mes de julio)

I
Se ha terminado el momento de la embriaguez del triunfo electoral panista, que trae consigo más preguntas que respuestas. Los mismos panistas no han logrado explicar ni asumir las razones de su triunfo y las implicaciones políticas futuras que esto conlleva, sobre todo lo que de ello se deriva hacia las elecciones del 2018.
La explicación no está en el triunfo de unos o en la derrota de otros. Tampoco está en la posibilidad de un triunfo de la izquierda lópezobradorista a futuro, que pudiera sustituir a los gobiernos priistas o panistas. La embriaguez del triunfo concebido desde esta lógica es demasiado breve, efímera. Lo que triunfa cada vez, es el sistema de creencias fundado en la democracia, en las elecciones y en el voto, en la institucionalización ideológica y política de la democracia que en algún momento Krauze pretendió “sin adjetivos”, pero que ha terminado siendo definida por los adjetivos más oscuros y soeces que podamos imaginarnos. Triunfa la idea de seguir creyendo en la gran narrativa de la democracia liberal (neoliberal). La misma izquierda ha quedado atrapada en ello y tiene que cargar con los costos políticos e históricos, como lo demuestran los casos de Argentina, Brasil y Venezuela. Lo que ha sucedido en estos países, puede entenderse como un área de oportunidad, como posibilidad de mejoramiento y afianzamiento de los gobiernos de izquierda en América Latina. Pero en el fondo de esto subyace la tragedia de la izquierda,  su falibilidad, que una y otra vez será provocada y evidenciada por las derechas políticas y empresariales. A fin de cuentas, no son, ni han sido las izquierdas las que han dictado las reglas del juego en la democracia liberal (neoliberal), ni en América Latina,  ni en otras partes del mundo.  
La institucionalidad democrática fijada en los ejes de las elecciones y el voto, y en otros instrumentos jurídicos y políticos que resultan accesorios, como el plebiscito o el referéndum, es un monstruo ideológico que ha logrado ser capitalizado con creces por los políticos y empresarios neoliberales. En este tablero de ajedrez, las organizaciones sociales y políticas de la izquierda han llegado a convertirse en piezas movidas por lo que Žižek refiere como el “Gran Otro”. Una figura simbólica y de autoridad a la vez, que dicta lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo aceptable y lo inaceptable. El “Gran Otro” que sostiene a la politicidad, la socialidad y la moralidad permitibles, funciona como una voz en “off”, una voz indirecta que se desliza por los márgenes de la historia, a través de los medios de comunicación, de las noticias, de las leyes, de los procesos electorales mismos. Žižek explica esta voz a partir del componente de “risa enlatada” que funciona en los programas televisivos de comedia. La risa no forma parte directa ni explícita del guión que siguen los personajes, sino que funciona externamente, con la intención de llevar a los espectadores al espacio de una comicidad que resulta impuesta consciente e inconscientemente. Esta es una voz que autoriza e institucionaliza a la democracia liberal (neoliberal), como única vía posible para sostener la vida política en México y en el mundo entero. No hay otro camino autorizado ni autorizable, y de cualquier forma hay que seguir creyendo en ello, aunque no baste, aunque nos muestre sus errores y sus insuficiencias, aunque su caminar quede fijado en la falibilidad que una y otra vez queda evidenciada, lo mismo por los panistas (Fox y Calderón…) que por los priistas (Peña Nieto…), aunque el ensayo sea el error de manera reiterada, aunque la dialéctica esperanza-desesperanza sea uno de los absurdos de este sistema ideológico, que una y otra vez nos convierte en las piezas de un ajedrez histórico en el que los márgenes y las jugadas están bien delimitadas, magistralmente delimitadas. Somos parte del juego, aunque no lo queramos, aunque no lo creamos o sepamos. En algún momento, de alguna forma, aún desde el abstencionismo, lo queremos, o lo creemos o lo sabemos, porque se nos ha vuelto necesario, porque parece ser que se nos ha vuelto ineludible.

II
La vida democrática fundada en el orden liberal (neoliberal), no posibilita cierre alguno. Esto queda demostrado con los comportamientos electorales que se han dado del 2000 a la fecha. El PRI fue supuestamente destronado en el año 2000, pero la cultura y las estructuras políticas, sociales, económicas y jurídicas que lo han hecho ser lo que es (un partido corrupto y corruptor, enquistado en intereses alejados de los problemas profundos de México), persisten y pueden llegar a transformarse de manera tal, que les permita retornar al poder, tal como sucedió en 2012. El PAN no perdió todo con el fracaso electoral del 2012. Las elecciones de 2012 y 2015, en las que el panismo fue castigado por los errores de los sexenios foxista y calderonista, no demuestran una caída irresoluble de este partido. El retorno del PRI en las elecciones federales del 2012 y el retorno del PAN en las elecciones locales del año 2016, son parte de una lógica en la que la misma izquierda ha quedado capturada, sin poder encontrar una salida convincente hasta el momento. Los juegos de la democracia y las jugadas electorales, fundadas en los valores del liberalismo (neoliberalismo): participación, autonomía, propositividad, institucionalidad, etc., son en el fondo una manera de hacernos creer, que la ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad del cambio a través de las elecciones y el ejercicio razonado y crítico del voto. En esto, hay una “fantasía ideológica”, en los términos en que lo explica el filósofo esloveno Slavoj Žižek.

III
En el libro “El sublime objeto de la ideología” (2012),  Žižek plantea que no vivimos en una era posideológica, que no es cierto que lo que predomina actualmente es un vaciamiento de la ideología y de la política. Vivimos todavía en una era ideológica, en la que las creencias depositadas en las organizaciones políticas o partidistas de izquierda o de derecha, tienen aún la potencia de crear narrativas ideológicas, explicaciones del mundo que se fijan sobre lo imaginario al lado de lo real, sobre la posibilidad “realista” de resolver los problemas para transformar al mundo en un sentido “utópico”.  La “fantasía ideológica” es el fondo sobre el cual se construye el sujeto político de finales del siglo XX y principios del XXI, y se explica a partir de una frase marxista replanteda por Žižek: “ellos saben que, en su actividad, siguen una ilusión, pero aun así, lo hacen.” Ellos saben que, votar por el panista Javier Corral, o por algún otro candidato o partido, no garantiza de forma alguna la resolución de los profundos y profusos problemas por los que atraviesa el estado de Chihuahua o el país, pero aun así votan por él, depositan en su figura una “ilusión” en forma de “fantasía ideológica”.
El mecanismo a través del cual funciona la ideología no es el de una falsa conciencia ideológica, tal como lo propuso Marx y otros autores como Althusser. No hay una ideología o una forma de hacer política (el marxismo o alguna de sus derivaciones planteadas en el siglo XX) que siendo plenamente verdadera, factible y eficaz, vaya a sustituir a otra ideología o forma de hacer política (el capitalismo que ha derivado en el neoliberalismo del siglo XXI), para transformar y salvar al mundo de una vez por todas. Bajo la lógica neoliberal y globalizadora, no existe la posibilidad de un gobierno infalible que pueda ser atribuido a político o grupo alguno.
Y sin embargo, se necesita creer en algo, en un personaje político, en un partido, en una forma de gobierno, en un proyecto. En la coyuntura del proceso electoral del 2016, fue necesario que se creyera en la posibilidad “real” de una transformación social y política en el estado de Chihuahua. Una parte de los integrantes de la izquierda chihuahuense,  tuvo que creer entonces en la posibilidad “real” de triunfar electoral y políticamente, depositando su voto en la candidatura de Javier Corral, y al hacerlo, lo que tuvo lugar fue la puesta en marcha del mecanismo ideológico y político al que Žižek refiere como “fantasía ideológica”, que funciona de manera consciente y a la vez inconsciente. Según Žižek, la “ilusión” no está del lado del conocimiento, los sujetos no tienen claridad plena de que su actuación política esté depositada en una “fantasía” mediante el mecanismo electoral del voto en la democracia liberal (neoliberal). La “ilusión” está del lado de “la realidad del hacer”. Quienes votan han sido los mismos electores que en las elecciones del 2000, del 2006, del 2012, del 2015 y 2016, han emitido un voto refractario, cambiante, unas veces hacia el PAN, otras veces hacia el PRI -y algunos hacia el lópezobradorismo-. Pero este comportamiento cambiante del voto, como hecho político reiterado, no ha podido sustentar cambios de fondo en la sociedad, la política y la economía mexicana. En las últimas décadas, las formas de hacer política han traído consigo más falsedades que verdades, más errores que aciertos, mas desesperanzas que esperanzas. Pero la vida política prosigue en los hechos, alimentándose paradójicamente de falsedades, errores y desesperanzas. La alternancia, como un hecho que se repite una y otra vez,  ha sido parte de los mecanismos políticos que sustentan a la “fantasía ideológica” de la democracia liberal (neoliberal).

IV
Lo que se sigue de esto, es develar el mecanismo de la “fantasía ideológica”, desentrañarlo y enseguida tomar cartas en el asunto. Esta es una de las premisas del periodismo crítico, que permanentemente está analizando los errores y las inconsistencias de las derechas y de las izquierdas, y de los centros que asumen un falso borramiento de lo ideológico. Si algo va quedando claro en estos años recientes, es que no hay, ni tiene porque haber, cheques en blanco, ni entregas totales. Develar el mecanismo de la “fantasía ideológica”, entre los aportes de la filosofía, del marxismo y del psicoanálisis, implica el camino de una militancia que al mirarse en el espejo, pueda ver su propia condición investida de negatividad, su propia fealdad, sin disfraces discursivos, sin vestuarios ostentosos que sean un ropaje “fantasioso” de la desnudez humana y política que habita en cada uno de nosotros…