jueves, 2 de junio de 2016

Las elecciones y la resignificación de la esperanza



(Artículo en publicación  en la revista “Aserto” del mes de junio)

Cuando las elecciones dejen de significar a la esperanza, cuando de manera abrumadora se conviertan en simulacro y en vacío, en aspaviento de lo peor de lo humano, y se llegue entonces a la plena desesperanza y el sinsentido, las sociedades estarán iniciando la escritura de su propio epitafio. Hay quienes afirman que esto ya sucedió de manera inminente en México en las últimas décadas. Hay quienes dicen que esta situación se ha acentuado en los recientes procesos electorales y que el país se desbarranca lentamente hacia uno de sus momentos históricos más negros y aciagos. En 2016 se celebran elecciones en 12 estados del país y la desesperanza es una sombra de la que no logramos desprendernos. Por momentos, la desesperanza resulta abrumadora.  
A contracorriente, las elecciones por la gubernatura del estado de Chihuahua se juegan en un capítulo a distancia de la desesperanza. La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado trae consigo un resurgimiento de la esperanza. Las elecciones recién concluidas, bajo la derrota o el triunfo de Corral, son un cuerpo político y social que nos permite asomarnos a los latidos y la respiración de la esperanza. Si algo va quedando manifiesto en 2016 en Chihuahua, es la esperanza que persiste y sacude.
La esperanza depositada  en Javier Corral, se desprende de motivos distintos a los que tuvieron lugar en los procesos electorales de las décadas de 1980 y 1990 en Chihuahua y en México. En las décadas finales del siglo XX, la esperanza estaba aún fijada en los partidos políticos como instituciones que garantizaban la transformación política y social del país. En 2016, la esperanza se deposita sobre todo en la figura de Javier Corral, cuya trayectoria se caracteriza por una congruencia política desde la oposición al sistema priista (y panista). En las décadas de 1980 y 1990 la esperanza mantenía una carga de ingenuidad, había una fe plena y quizá desbocada en los actores políticos opositores al priismo y en las instituciones electorales. En 2016, la esperanza es comedida, no hay ingenuidad ni entrega total en las creencias políticas depositadas en la figura de Javier Corral. A fin de cuentas, la compleja correlación esperanza-desesperanza  tiene una larga historia recorrida por los pasillos y los sótanos de la política nacional. La sociedad ya no es la misma esperanzada de hace 30 años.  
Hacia las décadas de 1980 y 1990, las elecciones tuvieron una gran relevancia política para amplios sectores de la sociedad mexicana. Las expectativas de transformación se fijaron de manera rotunda en los partidos opositores al PRI-sistema y en las instituciones electorales. Los triunfos del PAN en las presidencias municipales de mayor peso en el estado de Chihuahua en la década de 1980  y la llegada de Francisco Barrio a la gubernatura del estado en 1992, trajeron consigo los bríos de un optimismo que desbordaba en esperanza.
Las elecciones de 1997 en las cuales el PAN y el PRD le quitaron al PRI la mayoría en el congreso federal, y en las que el PRD ganó con Cuauhtémoc Cárdenas la jefatura del Distrito Federal,  jugaron el mismo papel de activación de la esperanza. Algo similar ocurrió con las elecciones de los años 2006 y 2012, cuando López Obrador estuvo a punto de ganar la presidencia de la república desde la izquierda. Aunque la activación de la esperanza en los procesos electorales de 2006 y 2012 tuvo lugar en un contexto diferente al de las décadas finales del siglo XX. La esperanza y el optimismo han sido erosionados desde varios flancos. El ejercicio de gobierno del PAN desde la oposición durante los sexenios de Fox y de Calderón que culminó en insatisfacciones y fracasos, el empoderamiento desmesurado de los gobiernos estatales convertidos en feudos y la continuidad de la corrupción, la injusticia y el cinismo de la clase política, son factores que han retroalimentado a la desesperanza.
De 30 años a la fecha, hemos vivido los vaivenes y la transformación de la esperanza. El proceso electoral de 2016 es un territorio de sinergia que reactivó a la esperanza en algunos sectores de la sociedad chihuahuense. Los factores que contribuyeron a la reactivación de la esperanza en Chihuahua son diversos: el cinismo de César Duarte y su grupo de poder, la profunda crisis de gobernabilidad que se vive a partir de problemas no resueltos (como el Vivebús y los efectos de la violencia derivados de la actuación del crimen organizado y la permisividad gubernamental), el desconocimiento y el maltrato político permanentes a los grupos de oposición locales, la formación de Alianza Ciudadana como catalizador del descontento social y el nombramiento de Javier Corral como candidato a la gubernatura por el PAN. Sumados y entrecruzados estos factores, dieron lugar a una sinergia que derivó en la reactivación de la esperanza.
Pero el componente de mayor peso en la reactivación de la esperanza, tiene que ver con una cualidad que forma parte del espíritu histórico de la sociedad chihuahuense. En amplios sectores de la sociedad chihuahuense, hay una dignidad que se sobrepone y que ha brotado en diversos momentos históricos. Es una dignidad que una y otra vez señala los actos de corrupción, que cuestiona la injusticia, que reclama mejores condiciones de vida para las mayorías, que no deja de hacerse presente. Es una dignidad que se traduce en indignación, en descontento y en reclamos que brotan desde distintos frentes y que a veces se convierten en un grito de miles y miles, tal como ha sucedido en las elecciones locales del 2016.  
La indignación persiste y se reconfigura. La indignación es la pedagogía del no-cansancio, de la persistencia en las trincheras sociales y políticas en la búsqueda por la transformación (Freire, “Pedagogía de la indignación, 2015). La indignación, como soporte ideológico y político de los movimientos altermundistas en los últimos años, tiene su propia versión histórica en Chihuahua.
Desde luego que hay una correlación directa entre la indignación y la reactivación de la esperanza en las elecciones del 2016 en Chihuahua. Mientras la condición humana, social y política de la indignación persista, las dosis de esperanza, grandes o pequeñas, manifiestas o latentes, tendrán un resguardo histórico a futuro. Quede quien quede al frente del gobierno del estado, este no es un asunto menor. De una o de otra forma, la indignación se traduce en facturas políticas e históricas que han de ser cobradas.
Los votos emitidos en favor de Javier Corral, no significan solamente su derrota o su triunfo. Son el peso no cuantificable de la indignación, son una muestra de la capacidad de resistencia política de la sociedad chihuahuense, que hasta el momento ha sabido resignificar a la esperanza…

Sobre la impura esencia de la izquierda


(Artículo publicado en la revista “Aserto” del mes de mayo”)

I
La candidatura de Javier Corral al gobierno del estado de Chihuahua dibuja una odisea ideológica y política, de la cual la izquierda chihuahuense no ha logrado retornar desde la década de 1980. Tal parece que la única forma que le va quedando a la izquierda de este estado norteño para acceder al Poder (con mayúscula),  es caminar  a través de los andaderos de la derecha. La izquierda chihuahuense ha necesitado pactar variadas ocasiones con la derecha para aspirar a posicionarse con mayor contundencia en los espacios de poder local.
Aunque el caso de las alianzas de la izquierda chihuahuense centradas en la figura de Javier Corral son sui generis. Corral es un político de centro-izquierda que milita protagónicamente en un partido de derecha como el PAN. Como legislador, numerosas ocasiones Corral ha asumido posturas de centro-izquierda,  aún a contracorriente de las líneas ideológicas y políticas definidas por la dirigencia de Acción Nacional. El caso más emblemático es su posicionamiento en los distintos momentos legislativos en los que tuvo lugar la reforma de telecomunicaciones.

II
Son diversas las coyunturas históricas en las cuales la izquierda chihuahuense se ha aliado con la derecha. Después del fraude electoral de 1986, en el que el candidato panista Francisco Barrio fue desplazado por el priista Fernando Baeza en la lucha por la gubernatura del estado, se formó una alianza por la defensa del voto entre la derecha (el PAN) y la izquierda (el PSUM).
Otro momento clave fueron las elecciones locales del año 2004, cuando el PRD se alió con el PAN, también con Javier Corral como candidato al gobierno del estado. En aquél entonces, la derrota electoral del PAN y el PRD, ante el candidato priista José Reyes Baeza, trajo consigo lecciones que están en juego en el proceso electoral que se vive en 2016. Aunque la coyuntura electoral actual es muy diferente a la que se vivió dos sexenios atrás.

III
El hecho que más resalta en los comportamientos de la izquierda chihuahuense en la elecciones locales de 2016, son sus variados desdoblamientos ideológicos y políticos. La presunta izquierda del PT encabezada por el clan de los Aguilar se sostiene a partir de una alianza electoral con el PRI y con el duartismo. Esta estrategia de sobrevivencia y empoderamiento del PT se ha repetido en varias elecciones. Lo que queda de la izquierda perredista, encabezada por la familia Aragón, postula también una candidatura que parece servir a los intereses del PRI y del grupo de César Duarte. El  PT y el PRD juegan a ser alfiles del priismo, a todas luces o tras las sombras. Si algo queda de “izquierda” en los partidos de los Aguilar y los Aragón, son paradojas que caminan al lado de reminiscencias discursivas.

IV
En las elecciones de 2016, una parte de la izquierda social chihuahuense, junto al desprendimiento de votos de MORENA y el PRD, se desdoblan hacia una alianza no-partidista con la candidatura de Javier Corral. Quienes desde la izquierda justifican y defienden la candidatura de Corral al gobierno del estado, acuden a argumentos del orden pragmático y coyuntural. Se pretende conformar un bloque opositor al priismo y al duartismo en Chihuahua, para generar una alternancia y  posicionar como gobernador a un personaje que tiene una trayectoria de centro-izquierda, aún desde el panismo. La voz de mayor resonancia que desde la izquierda se ha sumado a la campaña de Corral, es la de Víctor Quintana. Los argumentos de Quintana a favor de la candidatura de Corral, subrayan la corrupción y la podredumbre que ha traído consigo el duartismo y la necesidad de llevar al gobierno a un actor político que pueda garantizar una transformación de fondo en las maneras de hacer política en Chihuahua.

V
La otra parte de la izquierda chihuahuense, los no-aliancistas que desde MORENA rechazan a Javier Corral y postulan la candidatura de Javier Félix Muñoz, han elaborado su defensa a partir de argumentos desviacionistas. Para una parte de la izquierda lópezobradorista en Chihuahua, ir por la candidatura de Corral al gobierno del estado, es un pecado de desviación ideológica y política. Para los no-aliancistas de MORENA, pactar con la candidatura panista de Corral es claudicar. Quienes defienden una candidatura genuina de la izquierda desde MORENA, acusan a Corral de apropiarse de sus propuestas de campaña, a la vez de señalar que ideológica y políticamente es imposible una alianza de fondo entre la izquierda y la derecha. Los argumentos de los desviacionistas se entretejen a partir de una búsqueda purificante de la legitimidad y la autenticidad ideológica y política. ¿Pero, en la historia reciente de la izquierda chihuahuense y la mexicana, puede afirmarse que existe la posibilidad de una pureza ideológica y política que pueda ser puesta a prueba a toda costa? La supervivencia política y electoral de la izquierda está cruzada por extrañas genealogías que lo mismo la unen con el priismo (de centro izquierda o centro-derecha) que con el panismo (de derecha).
De 1980 hasta la fecha, uno de los rasgos ideológicos y políticos que definen a la izquierda en Chihuahua y en México es la impureza. El caso más emblemático en MORENA es Andrés Manuel López Obrador, cuya mayor conexión con el PRI no es su antigua militancia, sino las raigambres ideológicas y políticas que lo conectan con el estado benefactor y con el nacionalismo revolucionario del priismo de mediados del siglo XX. Lo que vivimos, son los efectos de una transformación ideológica y política de la izquierda, que no concluye todavía.
En una entrevista para “El Diario de Chihuahua” (28 de febrero de 2016), el candidato de MORENA  al gobierno del estado, Javier Félix Muñoz, defiende su condición de luchador social y descendiente de la familia Terrazas en Chihuahua. La figura de su tatarabuelo, Luis Terrazas, forma parte de una genealogía que resulta contradictoria y paradójica para los fundamentos ideológicos y políticos de la izquierda lópezobradorista. En la entrevista que Félix Muñoz otorgó a este periódico,  se traza una extraña conexión que va de Luis Terrazas a Benito Juárez, y de ahí, a Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La entrevista fue llevada a cabo en uno de los espacios en los que opera el “Centro de Estudios de la Revolución Bolivariana General Luis Terrazas”. Este centro tiene como objetivo:  “Investigar, difundir y hacer crítica constructiva del proceso revolucionario que se desarrolla en la República Bolivariana de Venezuela.” La forma de nombrar este centro de investigación resulta contradictoria. A pesar de la defensa que pueda hacerse de la figura de Luis Terrazas como liberal juarista, sobre este personaje pesa una densa oscuridad histórica a partir de su condición de cacique político y terrateniente en el estado de Chihuahua. Ligar el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, no es una estrategia atinada desde el punto de vista discursivo. Las connotaciones ideológicas y políticas del nombre de Luis Terrazas, van a contracorriente de las aspiraciones de la revolución Bolivariana. Desde luego que esta cuestión no es un argumento válido para descalificar la candidatura de Félix Muñoz al gobierno del estado por parte MORENA. Lo que queda manifiesto aquí, son las contradicciones y las paradojas que ideológica y políticamente se abalanzan sobre la izquierda.
La misma contradicción y paradoja que liga el nombre de Luis Terrazas a la revolución Bolivariana, que indirectamente se conecta con la candidatura morenista de Félix Muñoz, se hizo presente en la denominación que se dio a la alianza poselectoral entre el PSUM y el PAN en el verano caliente de 1986. Esta alianza fue nombrada como “PANSUM”. Estos rastros nominales ponen en evidencia a la impureza ideológica y política de la izquierda. Si el agua y el aceite no se mezclan, pueden al menos emulsionar.


domingo, 17 de abril de 2016

La poética de José Luis Domínguez como diálogo fijado en la contradicción


(Reseña del libro: "Manual de poética para universitarios. Los diversos senderos hacia una epifanía personal", Domínguez J. L., ICHICULT, Coleccion Solar, 2016)

I
La “poética” es  un allende de la literatura, un allende que se desprende dialógicamente de la literatura, racional e irracionalemente.  En los términos de Edgar Morín, la poética puede ser conceptualizada como una de las maneras de “pensar el pensamiento”. Son los desdoblamientos del pensamiento cuyos caminos han sido andados a lo largo de los siglos, lo mismo por la filosofía que por la literatura.
Intuyo que para escribir este libro, José Luis Domínguez tuvo que mirarse al espejo de la lectura y la escritura y no quedar satisfecho. Y cuando la insatisfacción se aproximó al estado existencial de la angustia, entonces comenzó a escarbar sobre su propia imagen reflejada en el espejo, con los ojos clavados en lo allende, con las manos y los dedos rasgando las profundidades de su ser como poeta, con la desesperación de encontrar algo de sí mismo que pudiera ser arrojado en la escritura de un texto como el que nos ofrece. Imagino a José Luis Domínguez escarbando sobre sí mismo al escribir su poética en forma de “epifanía”.

II
Al leer a profundidad el libro de José Luis Domínguez, logro identificar seis posibles líneas de lectura:
·         -  La primera es un seguimiento de las posturas teóricas que Domínguez plantea sobre el origen y la escritura de un poema. El autor plantea tres posturas iniciales: la platónica, la aristotélica y la horaciana. A lo largo del texto hay un desdoblamiento de estas tres posturas iniciales, que terminan convirtiéndose en ocho. Domínguez aprueba, desaprueba, critica, corrige y complementa estas posturas, dándole forma a un posicionamiento propio.
·         - La segunda línea de lectura tiene que ver con el armazón conceptual que soporta todo el libro, y que desde luego se correlaciona con las posturas que el autor aborda sobre el origen y la escritura de un poema. Estos conceptos e imágenes se vertebran a lo largo del índice, pero más allá de los contenidos explícitos del índice, algunos de estos conceptos e imágenes surgen a lo largo del texto.
·         - El soporte argumentativo que sostiene al libro de Domínguez, es la tercera línea de lectura en el abordaje del texto.
·         - La cuarta línea es un rastreo de la genealogía de autores y lecturas que soportan la escritura, y que intertextualmente constituyen el espíritu poético y teórico de Domínguez como poeta,  como autor.
·        -  La quinta línea es un lectura paralela y entramada,  entre la obra poética del autor que se concentra en el reciente libro publicado “Los dedos en la llama” (Ediciones del Azar, 2014), y el libro de teorización sobre poética que hoy se presenta (“Manual de poética para universitarios. Los diversos senderos hacia una epifanía personal”, Ichicult, 2016). Sobre esta cuestión,  hay capítulo del  texto de Domínguez que resulta señero: “A la sombra de Gilberto Owen” (P. 167 – 182).
·         - La posible sexta línea de lectura es la que el libro aborda de manera menos abundante. Este tema es apenas mencionado por Domínguez  y tiene que ver con la condición histórica, social y política del poeta.

III
En este ensayo el abordaje se centra en la tercera y cuarta líneas de lectura mencionadas: el soporte argumentativo y la genealogía de autores y lecturas que están presentes en el libro.
Son cuantiosos los autores que cruzan intertextual y dialógicamente el texto de José Luis Domínguez. Dentro de estas influencias, se hacen notar la de Octavio Paz. El autor de “El arco y la lira” es quien mayor número de veces aparece citado. Pero una influencia autoral no se determina únicamente contando el número de veces que un autor u obra son citados en un texto. Junto a ello,  están la intencionalidad y el sentido que se le imprime al texto a partir de sus componentes teóricos, ideológicos y en este caso, poéticos.
A partir de los contenidos del libro de José Luis Domínguez, pueden considerarse dos formas de influencia derivadas de la obra ensayística de Octavio Paz.
La primera influencia paceana es el componente de la revelación como una forma de explicación y de asunción de los caminos de la poesía. Esto queda manifiesto desde el mismo título del libro, los senderos de la poesía son concebidos por Domínguez como una “epifanía”, es decir, como una revelación. Uno de los capítulos del libro del escritor chihuahuense, aborda las situaciones de vida que llevaron al autor a vivir a la poesía como una forma de revelación. Uno de los capítulos de “El arco y la lira” de Paz, lleva por título: “La revelación poética”. La diferencia entre Paz y Domínguez, es que en el primero el tema de la revelación es tratado conceptualmente desde una teorización, mientras que en libro del autor chihuahuense el asunto es abordado autobiográficamente, a partir de la narración de una experiencia personal. Domínguez narra las vivencias que lo llevaron a los caminos de la poesía como una forma de revelación. Entre Paz y Domínguez, hay diferencias epistemológicas y ontológicas sobre el tema de la revelación.
La segunda influencia de Paz hacia Domínguez, es la estrategia escritural y argumentativa basada en la contradicción. La maquinaria argumentativa del texto de Domínguez está fijada en el oxímoron, en la contradicción. Esto es advertido por el autor desde la apertura del texto:

El oxímoron y la metáfora oximorónica campean tanto en el proemio como en todo el libro (P. 13).

El crítico literario que más ha profundizado sobre la estrategia escritural y argumentativa contradictoria o dialéctica, que se hace presente en los ensayos de Octavio Paz, es Jorge Aguilar Mora en los libros: “La divina pareja” (1975) y “La sombra del tiempo. Ensayos sobre Octavio Paz y Juan Rulfo” (2010). La pregunta que cabe plantear es la siguiente: ¿Hay una influencia determinante de la ensayística de Paz en el libro de poética de José Luis Domínguez a partir del componente escritural y argumentativo de la contradicción? No del todo. La manera en que Domínguez concibe y pone en marcha a la contradicción como forma de escritura y de argumentación marca una distancia con Paz. En la ensayística de Paz, específicamente en “El arco y la lira”, la contradicción opera hegeliamente a partir del planteamiento de una tesis, una antítesis y una síntesis. En este sentido, la contradicción en la ensayística de Paz pretende ser resolutiva, aunque no logra serlo a plenitud (Aguilar Mora,  2010). En Paz se hace presente una positivización de la contradicción.
En la poética de José Luis Domínguez la contradicción no se aborda hegelianamente, no pretende arribar a una síntesis de manera definitiva, por lo tanto, no es resolutiva, no es puesta en marcha como una herramienta teórica positivizante en el sentido de poner en claro a la verdad poética de una vez por todas. En el ensayo de Domínguez, la contradicción es una problematicidad productiva no solo del poema y de la poética, sino de la literatura en general. La contradicción es entendida como problematicidad abierta, como indeterminación, como no-conclusión, como espacio de permanente apertura de la  creación. Los  epígrafes iniciales del libro que hoy se presenta, dejan en claro esta postura, la contradicción asumida por Domínguez como espacio de problematicidad y de productividad literaria, es más heracliteana que paceana. Más paradójica que sintética.
Una segunda diferencia entre la contradicción escritural y argumentativa de José Luis Domínguez y la de Octavio Paz, es que en el primero se hace presente una manía por la búsqueda y el encuentro con la contradicción en los terrenos de la literatura. Una y otra vez, Domínguez busca y encuentra a la contradicción como espíritu y motor de la literatura en variados autores y textos. A lo largo del libro, los hallazgos en este sentido van desde Grecia hasta nuestros días. Domínguez procede como un coleccionista de la figura del oxímoron.
Lo anterior nos arroja los indicios de la presencia de un segundo eje en la escritura y la elaboración de argumentos en el texto de Domínguez: se procede de manera ostensiva, extensiva y heteroglósica. Para demostrar la presencia de la contradicción en los territorios de la poesía y la literatura, y para abordar otros temas que se tratan a lo largo del libro, Domínguez ejemplifica una y otra vez, lo mismo citando conceptos derivados de la poética o de la filosofía, que abordando pasajes literarios de poemas, cuentos o novelas.  La estrategia escritural y argumentativa ostensiva, a partir de la cual los ejemplos se acumulan unos sobre otros, se torna entonces extensiva, mostrando la genealogía de las influencias de Domínguez, que resultan profusas. Las voces con las cuales dialoga el texto de Domínguez son diversas y son planteadas desde distintos planos, de ahí su condición heteroglósica. El peso de la influencia de Paz en el texto de José Luis Domínguez, transcurre al lado de múltiples voces dialogantes. Desde luego que en el libro de Domínguez hay una erudición manifiesta. Habría que dar seguimiento a las referencias de lectura del autor y trazar a partir de ello a la genealogía de sus influencias, esta es una tarea que va quedando pendiente. Lo primero que se observa en este plano, es que la formación de Domínguez a partir de sus lecturas e influencias,  ha sido genealógica y no curricular. José Luis Domínguez no ha sido formado en la universidad, su formación es autónoma y por lo tanto anárquica. Domínguez va llegando a las universidades chihuahuenses por otras puertas y de maneras distintas a las habituales, eso va quedando claro y se convierte, por lo pronto, en una especie de enigma que va formando parte de la biografía del autor.

De la empresa a la política y viceversa: los rumbos torcidos del poder



 (Artículo publicado en la revista "Aserto" del mes de abril)

I
Las candidaturas independientes comienzan a arrojar los primeros balances políticos y electorales en Chihuahua. Para la tercera semana de marzo de 2016, José Luis “Chacho” Barraza, es formalmente el primer candidato por la vía independiente en la contienda por la gubernatura del estado. Por otro lado, a inicios  del mes de febrero el IEE registró a 45 aspirantes a candidaturas independientes para ocupar cargos en presidencias municipales, alcaldías y sindicaturas. De las 45 solicitudes, 31 se resolvieron a favor. Pero en el proceso de recopilación de firmas, de los 31 aspirantes inicialmente aceptados, 8 quedaron en el camino. Lo que significa que solo 23 estarían en posibilidades de contender, en caso de cumplir con el reconocimiento de las firmas por parte del IEE.
Entre los aspirantes independientes a ocupar cargos de elección popular destacan los integrantes de la clase empresarial. En el currículo de José Luis Barraza destaca el haber sido presidente del  Consejo de Administración del Grupo Aeroméxico y presidente de la COPARMEX a nivel nacional. Javier Mesta Delgado y Luis Enrique Terrazas, quienes aspiran a ser candidatos independientes por la presidencia municipal de Chihuahua, también son miembros de familias con una trayectoria empresarial de muchos años. En el proceso electoral del 2016 en Chihuahua, hay otros empresarios que se han lanzado al ruedo de la política desde el flanco independiente. Pero los casos de Barraza, Mesta y Terrazas, son los más destacados.
Hasta el momento, no han sido aclaradas las razones por las cuales algunos empresarios buscan entrar a las jugadas electorales y del poder gubernamental en Chihuahua, mediante la figura de las candidaturas independientes.  Desde luego que las  conexiones entre la clase empresarial y la clase política requieren ser leídas coyunturalmente, pero también requieren ser leídas tomando en cuenta procesos históricos de larga duración. Las razones y los mecanismos a partir de los cuáles los empresarios chihuahuenses se volcaron en la búsqueda del poder político en alianza con el PAN en la década de 1980, son distintas a las razones y los mecanismos que  los mismos empresarios han ido poniendo en marcha en la postulación de candidatos por la vía independiente en las elecciones locales de 2016. Aunque es posible identificar algunas coincidencias. Entre estas coincidencias, la más significativa es que en ambos momentos han tenido lugar formas inéditas de trenzar a los intereses del poder empresarial (de carácter económico) y del poder gubernamental (de carácter político). Aunque a fin de cuentas el poder económico (empresarial) no deja de ser político y el poder político (gubernamental) no deja de ser económico.
¿Dónde termina lo empresarial y donde inicia lo político?, es una pregunta cuyas respuestas son difusas. En la era neoliberal, ambos territorios comienzan y terminan traslapándose, escondiéndose uno del otro, uno en el otro. Hay un cúmulo de información sobre las conexiones que se han entretejido entre ambos espacios del poder. Esta no es una condición exclusiva de los partidos que ideológicamente se ubican en la derecha. En América Latina y en México, los políticos de izquierda han mantenido agendas claroscuras con los empresarios. Recientemente, el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los íconos de la izquierda moderada en América Latina, ha sido señalado por sus nexos con empresas constructoras que donaron 5 millones de dólares al Instituto Lula, una fundación dedicada a labores presuntamente altruistas. En México, el asunto de la Casa Blanca que puso en la mira al gobierno de Peña Nieto, es una de los muchos casos que arroja información sobre las relaciones claroscuras entre los empresarios dedicados al ramo de la construcción y la clase política. Algunos economistas se han referido a este asunto como la “política de compadres”, una trama neoliberal latinoamericana en la que los intereses de los políticos y los empresarios quedan unidos con actos de corrupción de por medio. 
Entre  los vaivenes que van de la clase empresarial a la clase política, uno de los rasgos más notorios es que los amarres se generan en los sótanos del poder. Los conceptos de la teoría política sobre “lo público” y lo “privado” resultan insuficientes para analizar estas relaciones. Uno de los conceptos que resulta más certero para analizar el asunto es el de “conflicto de intereses”, una conflictividad oscura y laberíntica que requiere ser desentrañada cada vez. 

II
Más allá de los argumentos que son parte del trillado marketing político, ni Barraza, ni Mesta, ni Terrazas, explican las razones por las cuáles los empresarios chihuahuenses se lanzan al ruedo de la política por la vía de las candidaturas independientes. Para el 7 de abril se anuncia una conferencia promovida por la COPARMEX y apoyada por medios de prensa locales, en la que Pedro Ferriz de Con, aborda el tema:  “Revolución ciudadana. Las candidaturas independientes como respuesta a la crisis política”. La organización de esta conferencia en los primeros días de la campaña electoral, dibuja con claridad los andaderos que en términos ideológicos y políticos estarán trazando los discursos de Barraza, Mesta y Terrazas: una presunta “revolución ciudadana” construida a partir de “las candidaturas independientes” es la “respuesta a la crisis política” por la cual atraviesa México desde hace años. ¿Pero, lo es verdaderamente a partir una vía independentista copada por los intereses del empresariado chihuahuense?
Más allá de la conferencia de Ferriz de Con y de las múltiples estrategias de campaña que pondrán en marcha los candidatos independientes de la clase empresarial, ¿qué intereses económicos y qué intereses políticos se entretejen en la construcción de un proyecto empresarial que hace uso de la vía de las candidaturas independientes, como pasillo para seguir extendiendo los claroscuros laberintos en los que se trenzan el poder empresarial y el poder gubernamental?

III
En este mismo contexto de sombras y de laberintos que se extienden entre la clase empresarial y la política, están los caminos de quienes pasan del poder gubernamental (el mundo de la política) al poder económico (el mundo de la empresa). El más notorio caso es el del aún gobernador en turno, César Duarte, quién sin dar una explicación convincente a los chihuahuenses, ha pasado de ser gobernador a convertirse en uno de los socios mayoritarios del grupo financiero Unión Progresa. Duarte no ha logrado explicar con razones suficientes los orígenes de los 65 millones de pesos que fueron invertidos a su nombre en la Unión de Crédito Progresa, en proceso de convertirse en banco. El eslabón que une al mundo de la política y al mundo empresarial en esta operación financiera de Duarte, es Jaime Herrera, actual secretario de Hacienda en el estado de Chihuahua. Herrera fue presidente de Unión Progresa y ha sido uno de los puntales en las gestiones que buscan consolidar a esta institución financiera como banco.
A vista de todos, habrá que revisar con lupa cuál es la condición del César Duarte político-empresario que tomó protesta como gobernador en 2010 (exdiputado-empresario constructor-vendedor de autos usados…), al César Duarte empresario-político que terminará sus funciones en el cargo en 2016 (exgobernador-empresario constructor-inversionista de Unión Progesa…). Esta es una historia que falta por desentrañar. En las respuestas que Duarte dio en la entrevista que le hicieron los reporteros del programa “Punto de partida”, quedan reflejados los caminos torcidos que van de la política al dinero y viceversa. Al preguntarle la reportera a Duarte sobre el Fideicomiso de los 65 millones que se invirtieron a su nombre en Unión Progresa, el aún gobernador respondió: “…Usted sabe cuántos papeles firmo al día, se imagina… claro, por supuesto, está el fideicomiso, lo firmé, no lo leí. A lo macho que no lo leí…”
Sin lugar a dudas, que lo “imaginamos”, lo intuimos, lo deducimos, lo vamos comprobando inductivamente con información a todas luces corroborable, con documentos en mano. Los caminos que van del poder político al poder empresarial y viceversa, terminan por dejarse ver cuando la prensa crítica escarba en ellos. Son muchas huellas las que van quedando, imposibles de ser escondidas todas y cada una de ellas.