(Artículo publicado en la revista "Aserto" del mes de abril)
I
Las candidaturas
independientes comienzan a arrojar los primeros balances políticos y
electorales en Chihuahua. Para la tercera semana de marzo de 2016, José Luis
“Chacho” Barraza, es formalmente el primer candidato por la vía independiente
en la contienda por la gubernatura del estado. Por otro lado, a inicios del mes de febrero el IEE registró a 45
aspirantes a candidaturas independientes para ocupar cargos en presidencias
municipales, alcaldías y sindicaturas. De las 45 solicitudes, 31 se resolvieron
a favor. Pero en el proceso de recopilación de firmas, de los 31 aspirantes
inicialmente aceptados, 8 quedaron en el camino. Lo que significa que solo 23
estarían en posibilidades de contender, en caso de cumplir con el
reconocimiento de las firmas por parte del IEE.
Entre los aspirantes
independientes a ocupar cargos de elección popular destacan los integrantes de
la clase empresarial. En el currículo de José Luis Barraza destaca el haber
sido presidente del Consejo de Administración
del Grupo Aeroméxico y presidente de la COPARMEX a nivel nacional. Javier Mesta
Delgado y Luis Enrique Terrazas, quienes aspiran a ser candidatos
independientes por la presidencia municipal de Chihuahua, también son miembros
de familias con una trayectoria empresarial de muchos años. En el proceso
electoral del 2016 en Chihuahua, hay otros empresarios que se han lanzado al
ruedo de la política desde el flanco independiente. Pero los casos de Barraza,
Mesta y Terrazas, son los más destacados.
Hasta el momento, no han
sido aclaradas las razones por las cuales algunos empresarios buscan entrar a
las jugadas electorales y del poder gubernamental en Chihuahua, mediante la
figura de las candidaturas independientes.
Desde luego que las conexiones
entre la clase empresarial y la clase política requieren ser leídas
coyunturalmente, pero también requieren ser leídas tomando en cuenta procesos históricos
de larga duración. Las razones y los mecanismos a partir de los cuáles los
empresarios chihuahuenses se volcaron en la búsqueda del poder político en
alianza con el PAN en la década de 1980, son distintas a las razones y los
mecanismos que los mismos empresarios han
ido poniendo en marcha en la postulación de candidatos por la vía independiente
en las elecciones locales de 2016. Aunque es posible identificar algunas
coincidencias. Entre estas coincidencias, la más significativa es que en ambos
momentos han tenido lugar formas inéditas de trenzar a los intereses del poder
empresarial (de carácter económico) y del poder gubernamental (de carácter político).
Aunque a fin de cuentas el poder económico (empresarial) no deja de ser
político y el poder político (gubernamental) no deja de ser económico.
¿Dónde termina lo
empresarial y donde inicia lo político?, es una pregunta cuyas respuestas son
difusas. En la era neoliberal, ambos territorios comienzan y terminan traslapándose,
escondiéndose uno del otro, uno en el otro. Hay un cúmulo de información sobre las
conexiones que se han entretejido entre ambos espacios del poder. Esta no es
una condición exclusiva de los partidos que ideológicamente se ubican en la
derecha. En América Latina y en México, los políticos de izquierda han
mantenido agendas claroscuras con los empresarios. Recientemente, el
expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los íconos de la
izquierda moderada en América Latina, ha sido señalado por sus nexos con
empresas constructoras que donaron 5 millones de dólares al Instituto Lula, una
fundación dedicada a labores presuntamente altruistas. En México, el asunto de
la Casa Blanca que puso en la mira al gobierno de Peña Nieto, es una de los
muchos casos que arroja información sobre las relaciones claroscuras entre los
empresarios dedicados al ramo de la construcción y la clase política. Algunos
economistas se han referido a este asunto como la “política de compadres”, una
trama neoliberal latinoamericana en la que los intereses de los políticos y los
empresarios quedan unidos con actos de corrupción de por medio.
Entre los vaivenes que van de la clase empresarial a la clase política, uno de los rasgos más notorios es que los amarres se generan en los sótanos del poder. Los conceptos de la teoría política sobre “lo público” y lo “privado” resultan insuficientes para analizar estas relaciones. Uno de los conceptos que resulta más certero para analizar el asunto es el de “conflicto de intereses”, una conflictividad oscura y laberíntica que requiere ser desentrañada cada vez.
II
Entre los vaivenes que van de la clase empresarial a la clase política, uno de los rasgos más notorios es que los amarres se generan en los sótanos del poder. Los conceptos de la teoría política sobre “lo público” y lo “privado” resultan insuficientes para analizar estas relaciones. Uno de los conceptos que resulta más certero para analizar el asunto es el de “conflicto de intereses”, una conflictividad oscura y laberíntica que requiere ser desentrañada cada vez.
II
Más allá de los argumentos
que son parte del trillado marketing político, ni Barraza, ni Mesta, ni
Terrazas, explican las razones por las cuáles los empresarios chihuahuenses se
lanzan al ruedo de la política por la vía de las candidaturas independientes. Para
el 7 de abril se anuncia una conferencia promovida por la COPARMEX y apoyada
por medios de prensa locales, en la que Pedro Ferriz de Con, aborda el tema: “Revolución ciudadana. Las candidaturas independientes
como respuesta a la crisis política”. La organización de esta conferencia en
los primeros días de la campaña electoral, dibuja con claridad los andaderos
que en términos ideológicos y políticos estarán trazando los discursos de
Barraza, Mesta y Terrazas: una presunta “revolución ciudadana” construida a
partir de “las candidaturas independientes” es la “respuesta a la crisis
política” por la cual atraviesa México desde hace años. ¿Pero, lo es
verdaderamente a partir una vía independentista copada por los intereses del
empresariado chihuahuense?
Más allá de la conferencia
de Ferriz de Con y de las múltiples estrategias de campaña que pondrán en
marcha los candidatos independientes de la clase empresarial, ¿qué intereses económicos
y qué intereses políticos se entretejen en la construcción de un proyecto
empresarial que hace uso de la vía de las candidaturas independientes, como
pasillo para seguir extendiendo los claroscuros laberintos en los que se
trenzan el poder empresarial y el poder gubernamental?
III
III
En este mismo contexto de
sombras y de laberintos que se extienden entre la clase empresarial y la
política, están los caminos de quienes pasan del poder gubernamental (el mundo
de la política) al poder económico (el mundo de la empresa). El más notorio
caso es el del aún gobernador en turno, César Duarte, quién sin dar una
explicación convincente a los chihuahuenses, ha pasado de ser gobernador a
convertirse en uno de los socios mayoritarios del grupo financiero Unión
Progresa. Duarte no ha logrado explicar con razones suficientes los orígenes de
los 65 millones de pesos que fueron invertidos a su nombre en la Unión de
Crédito Progresa, en proceso de convertirse en banco. El eslabón que une al
mundo de la política y al mundo empresarial en esta operación financiera de
Duarte, es Jaime Herrera, actual secretario de Hacienda en el estado de
Chihuahua. Herrera fue presidente de Unión Progresa y ha sido uno de los
puntales en las gestiones que buscan consolidar a esta institución financiera
como banco.
A vista de todos, habrá
que revisar con lupa cuál es la condición del César Duarte político-empresario que
tomó protesta como gobernador en 2010 (exdiputado-empresario
constructor-vendedor de autos usados…), al César Duarte empresario-político que
terminará sus funciones en el cargo en 2016 (exgobernador-empresario
constructor-inversionista de Unión Progesa…). Esta es una historia que falta
por desentrañar. En las respuestas que Duarte dio en la entrevista que le
hicieron los reporteros del programa “Punto de partida”, quedan reflejados los
caminos torcidos que van de la política al dinero y viceversa. Al preguntarle
la reportera a Duarte sobre el Fideicomiso de los 65 millones que se
invirtieron a su nombre en Unión Progresa, el aún gobernador respondió: “…Usted
sabe cuántos papeles firmo al día, se imagina… claro, por supuesto, está el
fideicomiso, lo firmé, no lo leí. A lo macho que no lo leí…”
Sin lugar a dudas, que lo
“imaginamos”, lo intuimos, lo deducimos, lo vamos comprobando inductivamente
con información a todas luces corroborable, con documentos en mano. Los caminos
que van del poder político al poder empresarial y viceversa, terminan por
dejarse ver cuando la prensa crítica escarba en ellos. Son muchas huellas las
que van quedando, imposibles de ser escondidas todas y cada una de ellas.