domingo, 15 de marzo de 2015

Del libro de papel al e-book


(Artículo publicado en “El Diario de Chihuahua”,  en la sección de UPNECH)

Actualmente tiene lugar un debate en torno a la posible pérdida del libro de papel, que sería sustituido por el libro virtual o e-book. Algunos escritores e investigadores defienden con fervor al libro de papel, que materialmente ha llegado a convertirse en un símbolo de la sabiduría y de la cultura en occidente. Otros autores admiten que el reinado del libro de papel ha llegado a su fin, y que el libro virtual poco a poco irá desplazando al libro físico, hasta construir su propio reinado. Los debates en este plano son engañosos. No hay argumentos suficientes para demostrar que el libro de papel  ha llegado a su fin. En ninguna época histórica de la humanidad, se han publicado tantos libros de papel como en la actualidad. Tampoco es demostrable que el e-book llegará a sustituir al libro de papel de manera definitiva en los años o décadas siguientes.  Los cálculos futuros que se hacen sobre el tema son inciertos.
Chartier (“Algunas preguntas fundamentales”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009) refiere que las concepciones conflictivas en torno a la “materialidad” y la “inmaterialidad” del libro a finales siglo XX y principios del XXI,  tienen antecedentes  históricos y culturales que puede rastrearse hasta los inicios de la era cristiana. El historiador francés precisa tres innovaciones que estarían redefiniendo las relaciones entre los tipos de objetos que portan el texto,  las maneras de leer y los usos de lo escrito. La primera innovación se da entre los siglos II y IV,  cuando en la era romana se pasa  del rollo o pergamino al libro códex. El segundo cambio sucede en los siglos XIV y XV, antes de Gutenberg. Aparece entonces el libro unitario, un texto escrito por un mismo autor en lengua vulgar, que rompe con las obras canónicas impulsadas por la  religión católica durante la edad media. La tercera novedad surge con la imprenta de Gutenberg y sus desarrollos en los siglos XVI y XVII.
En este momento histórico estaríamos viviendo una cuarta innovación al pasar del libro impreso sobre papel, al e-book. Es necesario poner en claro, que a partir del surgimiento del libro en formato de códex, no ha sido modificada de fondo la materialidad del libro. Tanto el códex, como el libro unitario y el libro que conocemos  actualmente, materialmente son un cubo de papel encuadernado con pastas. Desde luego que pueden establecerse diferencias entre el códex y el libro actual, al tomar en cuenta las cualidades del papel, el tamaño, el diseño y los contenidos. Pero una cuestión que los equipara es la  existencia concreta de sus pastas y sus hojas, como portadoras de un discurso y generadoras de formas de lectura fundadas en la materialidad.
Con el surgimiento del  e-book,   se está dando lugar a una ruptura con la materialidad del libro que viene desde el pergamino en Grecia y oriente, y desde el libro códex en Roma, hasta nuestros días. Desde entonces hasta la fecha, han transcurrido muchos siglos de convivencia humana con el libro material. Decir de manera simplista que el libro material es un fetiche, minimizarlo ante la prominencia idealizada del texto virtual, es una operación riesgosa.
Entre  los alegatos que toman postura por la materialidad del libro,  está la defensa de las bibliotecas como espacios arquitectónicos de resguardo del saber. Vargas Llosa (“La ciudadela de los libros”, 2012) refiere que hacia 1990,  la “matriarca de escritores” Carmen Balcells habló en diversas ocasiones de un proyecto bibliotecario en Barcelona,  que estaría reuniendo los acervos de escritores como García Márquez, Cortázar, Fuentes, etc. El proyecto pretendía transformar los antiguos cuarteles de Barcelona en un sitio para albergar los archivos y bibliotecas de varios escritores de peso completo.  La encomienda no tuvo lugar en Barcelona, sino en la ciudad de México, durante la gestión de Consuelo Sáizar en el CONACULTA. En el año 2012 se inauguró en el Distrito Federal “La Ciudad de los Libros”, que reúne las bibliotecas particulares de los escritores:  José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis. El total aproximado de libros reunidos en este lugar es de 350 mil. Esta es una de las bibliotecas físicas más cuantiosas en el mundo
La construcción de la “Ciudad de los Libros”,  un espacio arquitectónico de dimensiones considerables,  tiene lugar en el mismo momento histórico en el que se ha vaticinado el posible fin del libro material. Esta audacia cultural y arquitectónica es una defensa sólida y ostentosa de la materialidad de los libros y el saber que residen en los recintos bibliotecarios.
En 2006 el gobierno panista de Vicente Fox inauguró la Megabiblioteca José Vasconcelos. Un edificio colosal de arquitectura moderna construido en la ciudad de México. La Megabiblioteca  tuvo que cerrar a los pocos meses de inaugurada debido a fallas en la construcción. Los señalamientos por el manejo indebido del presupuesto y de la obra, dieron lugar a un escándalo mediático. En una conferencia en el marco de la Feria del Libro en 2013, en la ciudad de Chihuahua, el analista Javier Aranda admitió que la biblioteca construida durante el gobierno de Vicente Fox “se ha convertido en el cibercafé más grande del mundo”. La arquitectura colosal de la biblioteca foxista se refleja en lo desmesurado de su misma denominación: “Megabiblioteca”. Pero en los hechos, según Aranda, esta arquitectura ha venido a menos al convertirse en un sitio de mero entretenimiento para navegar en el internet. La paradoja es evidente.
En los años recientes se ha generado un debate a partir del proyecto Google,  que pretende digitalizar millones de libros de acervos bibliotecarios y de editoriales, para enseguida subirlos a internet. Hay quienes reprueban el proyecto y quienes lo defienden.
Entre los primeros se argumentan razones de acceso y control del saber. Según Darnton, el proyecto Google tiene tendencias monopólicas (“Las bibliotecas y el futuro digital”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009). La compañía que dio origen al buscador más reconocido de internet, pretende convertirse en un dominio único y absoluto del saber depositado en el e-book.
Entre los segundos están los mismos impulsores del proyecto.  Marinucci, quien trabaja para Google, admite que después de años de litigio, se llegó a un acuerdo entre los editores, los autores y la compañía para digitalizar los libros: “… el enfoque de este acuerdo es el siguiente: no solo podemos mostrar algunas líneas de estos libros descatalogados, sino que podemos mostrar el 20 por ciento de las páginas, tal como hacemos hoy en día con los libros que nos pasan los afiliados. Pero vamos a agregar la posibilidad de comprar el acceso en línea…” (“Google Libros: millones de libros a un clic de distancia”, ponencia presentada en: “Congreso Internacional del Mundo del Libro”, 2009).
La visión de Marinucci que refleja la postura del consorcio Google, se centra en el enfoque del mercado capitalista de productos culturales, que lo mismo tiene por objetivo vender un libro de papel que un libro virtual. No importa la diferencia entre ambos, el propósito de la industria cultural capitalista del libro, es producir, comercializar y vender libros.
Lo que es innegable es un proceso acelerado de digitalización de  libros materiales. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, que cuenta  con el mayor acervo bibliográfico de documentos y libros, ha iniciado la digitalización de millones de libros que hasta el momento existen solo en papel. Muchas otras bibliotecas en el mundo están en proceso de digitalización de sus libros.
En 2010 se fundó en México La Biblioteca Digital Mexicana, con el apoyo del Archivo General de la Nación, el INAH, el centro de Estudios de Historia de México Carso y el CONACULTA. Recientemente se fundó también en México, la Biblioteca Digital CONACULTA, que cuenta ya con un acervo considerable.
En el actual  contexto histórico, surgen una serie de paradojas que por el momento no es posible poner en claro en los debates sobre el material y el e-book:
- El internet es un fabuloso almacén que puede facilitar el acceso a la información y al conocimiento a un mayor número de personas. Pero los manejos libertarios de la red, pueden echar abajo la conformación de un saber legítimo para la comunidad académica e intelectual. La democratización informativa y del conocimiento es un arma de dos filos.
- Los supuestos beneficios de accesibilidad a la información y al conocimiento en internet, han venido a estancarse en una visión capitalista y monopólica, tal como ha sucedido con la  digitalización de libros de Google. Aunque hay proyectos libertarios, que de manera gratuita facilitan al lector, documentos y libros que pueden resultar muy costosos.
- La lectura internauta de un texto permite abrir múltiples puertas de conocimiento y de conectividad a partir del hiperlink. Pero esto ha dado lugar a una lectura fragmentaria y dispersa que se compara con la práctica del zapping. Los lectores internautas pueden perder las capacidades de comprensión lectora en el manejo de textos que ameritan ser analizados con detenimiento y profundidad.  
- El diseño de libros y de productos culturales novedosos que porten el saber, puede tener extraordinarios desarrollos haciendo uso de las nuevas tecnologías. Pero el contenido de imágenes y de efectos seductores y espectaculares en el diseño, puede ir en detrimento del saber depositado en el texto.
- La biblioteca total de Borges ha pasado de ser una utopía a una posibilidad concreta. Pero esta idea se levanta a partir de la probable pérdida del libro material, que ha sido depositario del significado del saber en occidente. Simple nostalgia por el declive del libro material, o amor profundo por el saber depositado en el libro papel, que se resiste a ser modificado en su significación material.  
- Al paso de los años y los siglos, los libros materiales se encaminan a la desaparición. Al haber sido fabricados con material orgánico, los viejos libros de papel habrán de extinguirse deteriorados por el clima y por las bacterias. Esta condición podría preservarse al escanear  los libros físicos, para convertirlos en virtuales.
Podrían seguirse enumerando paradojas que nos llevarían a concebir en estos términos la mutación cultural que se vive hacia finales del siglo XX y principios del XXI. El libro como signo cultural y como portador del saber está atravesado por  transformaciones que no concluyen todavía. Hay quienes imaginan una cordial síntesis que en los años venideros tendrá lugar entre el libro material y el e-book. Resulta difícil imaginar un escenario en el que los choques culturales sean menores y  limitados. Los efectos de la transformación del libro y de la lectura en los años venideros, serán pensados de una u otra manera, como una afectación cultural,  que a la vez tiene la forma de un desarrollo.  

jueves, 12 de febrero de 2015

Pedro Ángel Palou y las formas de narrar a Villa



I
En las últimas décadas, son numerosos los mecanismos que los autores de novela histórica han puesto en marcha, intentando renovar tanto la forma como el fondo narrativo de este género literario. En la novela “No me dejen morir así. Recuerdos póstumos de Pancho Villa” (2014), Pedro Ángel Palou narra la historia de Francisco Villa en primera persona. Pero, ¿cuáles son las cualidades que envuelven a la voz del personaje, quien se narra a sí mismo en la novela de Palou? Desde las primeras páginas de la novela, estas cualidades se asumen en términos simbólicos. Al inicio del texto, el general Villa se despierta de madrugada,  después de tener el sueño premonitorio de su muerte. El general de la División del Norte se da cuenta de su muerte a la media noche del 20 de julio, el mismo día en que lo asesinan. Después del sueño premonitorio, Villa no puede volver a dormirse. La voz narrativa de Villa en primera persona,  emerge desde la “media madrugada”,  desde la “medianoche” (P.13). Simbólicamente, el limbo desde el cual emerge la voz del personaje, se configura entre la ensoñación y la vigilia, entre la vida y la muerte. Es un estado entre lo dormido y lo despierto, entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Este estado  resulta muy próximo a la muerte.
La estrategia narrativa de Palou no es novedosa. El autor ha escrito varias novelas históricas: “Zapata” (2006), “Morelos. Morir es nada” (2007) y “Pobre patria mía. La novela de Porfirio Díaz” (2010). En la novela sobre José María Morelos, la narración se plantea a partir de la voz de Jerónima, una mujer que fue pareja sentimental del líder del ejército independiente. La voz narrativa del personaje femenino también emerge desde un territorio que se levanta entre el día y la noche (P. 75, 104 y 162). En el texto sobre Morelos, publicado siete años antes que la novela sobre Villa, el personaje de Jerónima narra la historia mientras la está escribiendo. En varias ocasiones se refiere que la narración y la escritura de este personaje tienen lugar durante la noche y culminan con el día. El espacio narrativo desde el cual emerge la voz de Villa en el texto analizado, es el mismo desde el cual se configura la voz narrativa de Jerónima en la novela sobre Morelos. En ambas novelas, Palou repite al simbolismo que le da forma las voces narrativas: un limbo entre la noche y el día.
Este mecanismo narrativo que simbólicamente queda depositado en un territorio claroscuro, puede ser analizado a partir de una anotación teórica de Palou, escrita al final de la novela sobre Francisco Villa, al margen de la historia narrada: “¿Quién habla? ¿Quién escucha? ¿Qué se está diciendo? Estas tres preguntas en medio del ruido, siguen siendo las únicas relevantes para la novela. Pancho Villa es un significante vacío… (P. 183).” Un “significante vacío” es un contenido que no posee una interpretación definitiva, que continuamente requiere ser reinterpretado para lograr entenderlo de una manera diferente. Como “significante vacío”, el personaje de Villa queda envuelto por la relatividad, tiene que ser interpretado y reinterpretado una y otra vez. Desde la perspectiva teórica que Palou anota al final de la novela, se invita a un análisis de corte posestructuralista y posmoderno. Hay una tendencia generalizante que suele clasificar como posmoderna a la nueva novela histórica, que se ha escrito en las últimas décadas. Desde esta perspectiva, tanto los textos históricos como la novela histórica, estarían sujetos de significados flotantes e imprecisos. Esto daría lugar a un limbo interpretativo, determinado por la relatividad, que estaría envolviendo de forma definitiva, tanto a la labor del historiador como del escritor de novelas históricas.
Diversos autores han teorizado sobre la escritura de la historia, concibiendo bajo un mismo plano epistemológico al quehacer del historiador  y a la tarea del escritor de novelas históricas. Hayden White (“Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX”, 1992), Paul Ricoeur (“La memoria la historia, el olvido”, 2004) y F. R. Ankersmit (“Historia y tropología. Ascenso y caída de la metáfora”, 2004) equiparan el trabajo del historiador y del escritor de novelas históricas. No habría diferencias entre una y otra tarea, dado que el proceso de interpretación y de escritura da lugar a una subjetivación y una representación de la historia, que al quedar escrita, se aleja de una objetividad dura. Esto da cabida a la posible validez de las más diversas interpretaciones y escrituras de la historia.
Hay otros componentes que configuran simbólicamente a la voz de Villa que se asume en primera persona. A lo largo de la novela, la historia de Villa queda también significada por un atrincherarse, que al mismo tiempo que resulta ser una forma de resguardo, es un escaparse, una huida continua del personaje. La voz de Villa que desde las primeras páginas del libro se “atrinchera” en un limbo, entre la ensoñación y la vigilia, entre la vida y la muerte, se “atrinchera” en La Cueva del Coscomate, donde el personaje se resguarda de la expedición punitiva, y se “atrinchera” también en la Hacienda de Canutillo, después de 10 años de lucha revolucionaria (P. 21, 22 y 32). La huida y el resguardo de Villa en diversas trincheras a lo largo de la novela, están cruzadas por territorios espirituales y físicos a la vez. El limbo narrativo desde el cual emerge la voz de Villa en la novela, levanta un puente entre el mundo espiritual y el mundo físico. Este es quizá el mayor logro de la novela de Palou, en donde la forma y el fondo de la novela se conjugan.
Pero, ¿estos “atrincheramientos”, estas formas de resguardarse del personaje en la novela son suficientes para que su vorágine histórica se aquiete? Por supuesto que no. Ni en la misma muerte el personaje queda resguardado en lugar alguno. En el capítulo final, se relata cómo se le desprende la cabeza al cadáver de Villa, mientras está sepultado en el panteón de Parral Chihuahua: “-Para qué van a querer a un muerto sin cabeza… Uno sin cabeza es mejor que una tumba vacía… ¿Será? ¿Será que alguna vez alguien podrá contar la verdad?... No lo creo. La verdad, ya la menté hace rato, no existe y quizá no importa mucho” (P. 165 y 170).
Villa no queda protegido en lugar alguno, sus maneras de huir y su atrincherarse en la novela de Palou, reflejan la precariedad de su resguardo, que historiográficamente parece desdoblarse como un “significante vacío”, interpretado desde la multiplicidad y la dispersión, en un sentido posmoderno. Cientos y miles de escrituras han intentado acorralar interpretativamente a la figura del general Francisco Villa. La novela de Palou es una escritura más sobre Villa, que construye su propia interpretación sobre el personaje histórico. A fin de cuentas,  Villa termina siendo un tránsfuga, su “atrincherarse” es un moverse continuamente a lo largo de las más diversas interpretaciones historiográficas, desde la novela o desde la historia. En ello radica la riqueza narrativa del personaje.

II
Entre la búsqueda de la verdad histórica, el mito y la leyenda, la figura de Villa ha sido objeto de innumerables escrituras. Desde la historia o desde la novela, sobre la figura del Centauro del Norte pesa una especie de sobre-escritura, escritura que se acumula sobre escritura, que una y otra vez acomete en su decir sobre el personaje histórico. Katz (“Pancho Villa”, 2000, p. 393) refiere que hasta 1978 un índice de textos publicados en periódicos y revistas sobre Villa, anota cerca de dos mil. A raíz del resurgimiento de la novela histórica y de la celebración del centenario de la revolución mexicana, en los años recientes, en Chihuahua y en México, se han multiplicado los textos sobre Villa. ¿Qué no se ha dicho sobre Villa? ¿Qué no ha sido escrito a partir del nombre de Francisco Villa? ¿Cómo decir al centauro del norte,  de tal manera que la forma de narrar y lo narrado puedan arrojar un territorio  inexplorado y novedoso?
En la novela de Pedro Ángel Palou, la voz de Villa planteada desde la primera persona, fluye con un acierto lingüístico, las palabras son certeras y parecieran pertenecerle al mismo Villa. No se detectan componentes lingüísticos que nos lleven a sospechar que es el mismo general Francisco Villa,  quien narra su propia historia, entretejiendo las vivencias que brotan de la subjetividad de un hombre del campo, que fraguó su vida en el norte de México, entre el bandolerismo y la lucha revolucionaria. Lingüísticamente, la voz narrativa es verosímil. Pero la credibilidad del Villa que se narra a sí mismo en la novela de Palou,  se debilita en el momento en que el personaje es idealizado y moralizado de forma persistente.
La historiografía villista,  por lado,  asume al héroe justiciero que defiende las causas populares, por otro lado,  plantea a un Villa bandolero y ruin. Katz (“Pancho Villa”, 2000, P. 17 y 20) se refiere a “la leyenda blanca” y la “leyenda negra” del revolucionario. Palou se decide por endulzar a la figura de Doroteo Arango, moralizándola e idealizándola en un sentido positivo. A partir de esto, la voz narrativa de Villa asumida en primera persona resulta debilitada. De forma insistente, Villa se afirma como un hombre justo y bueno, que termina por defender su papel histórico como héroe popular.
A lo largo de la novela hay una insistencia por moralizar e idealizar a Villa, que se hace manifiesta ante los diversos acontecimientos históricos en los cuáles el papel del personaje puede percibirse dubitativo, claroscuro. Por ejemplo, en la novela Villa defiende su condición de polígamo, admitiendo que en todo momento estuvo al cuidado de sus numerosas esposas: “Insisto en que no olvidé a ninguna de mis mujeres” (P. 79). En el mismo apartado en el que narra su vida amorosa, el personaje asume que está realizando un “examen de conciencia” (P. 80). Villa se justifica y defiende su actuar. En el mismo tono, el personaje justifica su cambio de postura ante Venustiano Carranza, con quien pacta el derrocamiento de Victoriano Huerta, y de quien posteriormente se distancia a partir de los sucesos de la Convención de Aguascalientes: “Insisto, lo obedecí hasta que la decencia me lo permitió y atacamos, pues, Zacatecas” (P.66). En los fragmentos citados, está presente el verbo “insistir”. A lo largo de la novela,  este “insistir”, se convierte en un mecanismo narrativo reiterado, que postula a un Villa benevolente y justo. Se manifiesta en el personaje una “decencia” que lo mismo puede entenderse como moral, política o histórica. En ningún momento en la novela de Palou, Villa es puesto en duda en su actuar. Es un personaje que intenta limpiar su nombre desde su propia voz narrativa, pero que al hacerlo, deja entrever que la operación moralizante e idealizante, viene de la mano y de la pluma del autor, no del personaje que se narra a sí mismo. En toda narrativa se hace necesario que los personajes tomen cuerpo y voz por sí mismos, de tal manera que la figura del escritor se desdibuje y permanezca en la sombra.  El autor requiere construir su alejamiento de los personajes y las voces que narran, para que de esta forma lo narrado adquiera vida propia, al margen del escritor y del proceso de escritura. La novela de Palou falla en este cometido. Quien moraliza e idealiza a Villa, no es el personaje que se narra a sí mismo, intentando un “examen de conciencia”, sino Palou mismo, que a lo largo de la novela “insiste” reiteradamente en la dulcificación del personaje.
En una nota al final de la novela, el mismo Paolu intenta justificar la operación moralizante e idealizante: “…por eso elegí la primera persona… Quise además que fuera el mismo –su voz- …  la constante rectificación de su figura.” (P. 188). Muchas veces las notas teóricas que los autores escriben para poner en claro los contenidos de un texto literario resultan  innecesarias y estorbosas. La nota final de la novela de Palou deja en claro la intromisión del autor en la voz narrativa de Villa. El personaje de Villa es sometido a un juego narrativo,  en el que por momentos,  el escritor se superpone a las acciones y la voz del personaje mismo.
Los mecanismos narrativos de la novela analizada configuran los hechos históricos desde una perspectiva posmoderna: fijados en la voz de un yo que recuerda desde una subjetividad que se pretende franca y alejada del historicismo academicista, lejanos de una linealidad que se fija en la lógica causa-efecto y trazados fragmentariamente a partir de una vida que se cuenta por retazos. Esto se nota por ejemplo, en la manera dispersa en que se narra el asesinato de Villa,  que es abordado en diversos apartados del texto: entre las páginas  13 y 16, de la página 98 a la 101, entre las páginas 115 y 124, de la página 151 a la 155 y en la página 163. La novela busca asumir de manera genuina que es Villa quien se narra, a partir de los mecanismos de un recordar no historicista ni academicista, lejano de una lógica lineal y asumiendo un manera de contar fragmentaria y dispersa.
Pero hay dos momentos en la novela,  en los que la misma voz de Villa intenta justificar sus maneras de narrar. “Algunas cosas se me quedaron más grabadas en la memoria que otras. Después de tanta cosa, tanto acto, tanta proclamación, la memoria es selectiva y escoge lo que la ayudó a formarse, nada más.” (P.47). “Quizá porque la música y los sueños se quedan, regresan cuando uno los necesita, permanecen en la memoria. Todo lo demás se escapa, se esfuma como las nubes…” (P.106)
En ambos fragmentos citados, la voz del Villa que se narra a sí mismo, pretende justificar la selectividad que opera en la historia contada. ¿Qué es lo que se cuenta y qué es lo que no se cuenta? Es una pregunta que busca responder el personaje mismo. Pero lo que se refleja en ambos fragmentos,  es la selectividad narrativa del autor, que también queda superpuesta al personaje central de la novela. ¿Tenía algún caso que Villa justificara la selectividad narrativa que opera en la historia de la novela? ¿Por qué un personaje tendría que explicar lo que se narra y lo que no se narra? Estos fragmentos son indicios de la actividad técnica del escritor, que investiga, ordena, selecciona, omite y escribe una historia a partir de datos, en este caso,  la historia novelada de Francisco Villa. ¿Es Francisco Villa el que intenta justificar la selectividad narrativa de su historia, o es Pedro Ángel Palou, quien pretende esta justificación? Hay indicios de que el autor usurpa el lugar de la voz narrativa de Villa, que resulta extraviada en la superposición.
Tanto en el mecanismo narrativo de moralización e idealización de Villa, como en los fragmentos que explican la selectividad de lo que se cuenta y de lo que se omite, se  hace notoria una intromisión del autor en la voz narrativa de la novela. Esta condición debilita a la historia narrada.

III
En el primer apartado se analizó como el limbo narrativo desde el cual se plantea la voz de Villa en primera persona, tiene como antecedente el territorio desde el cual emerge la voz narrativa de Jerónima, en la novela que Palou escribe sobre Morelos (“Morelos. Morir es nada”, 2007). Ambas voces brotan simbólicamente de un territorio que se abre entre la noche y el día. En el texto analizado hay  elementos que Palou retoma de otros autores  e introduce en su propia novela.
Una de las imágenes mejor logradas en la novela de Palou, es el momento en el que ocurre el fusilamiento de Pablo López (P. 34-37). Mientras el personaje es fusilado tiene en su boca un puro. Aun habiendo sido derrumbado por la descarga de las balas del pelotón, Pablo López sostiene el puro en su boca, el cual “tenía mordido entre los dientes”. Al cigarro nunca se le cae siquiera la ceniza, permanece encendido mientras el personaje muere. La del puro que permanece encendido es una imagen fálica, que significa la hombría y el arrojo del personaje al momento de ser fusilado. Esta imagen insertada en la novela de Palou, es tomada de los relatos de Nellie Campobello, en particular dos de ellos: “El ahorcado” y “El cigarro de Samuel” (“Cartucho”, 2000, P. 86-87 y P. 127). En el primer relato, mientras un personaje es ahorcado, parece buscar con su lengua un cigarro de macuchi, que traía sujeto de la oreja. En el segundo relato, se cuenta una anécdota de Samuel Tamayo, un personaje ficticio que acompaña a Villa en su automóvil al momento de ser asesinado en Parral. Campobello relata que Villa, Trillo y Samuel Tamayo, “se quedaron dormidos dentro de un automóvil”.  Mientras el personaje de Samuel Tamayo es cosido a balazos,  está fumando y el cigarro que sostiene entre sus dedos prosigue encendido.
Es obvio que en la novela de Palou,  la imagen del fusilamiento de Pablo López, mientras fuma y sostiene encendido un puro entre los dientes, fue tomada de los cuentos citados de Nellie Campobello. Los préstamos narrativos resultan válidos. Son jugadas de intertextualidad que se trazan de un autor hacia otro, en este caso, entre dos autores que escriben narrativa histórica de la revolución mexicana a partir del personaje de Francisco Villa. Pero a fin de cuentas, el préstamo que Palou toma de Campobello, le resta originalidad a la novela aquí analizada.


sábado, 7 de febrero de 2015

Blue Demon y la promoción de la lectura en México



(Artículo en publicación en "El Diario de Chihuahua", en la sección de UPNECH, los días 1 y 8 de febrero)

Quien hubiera pensado que aun estando muerto, Blue Demon libraría otra gran batalla en los escenarios de la cultura mexicana, portando su esplendorosa máscara azul  y cubierto a la espalda con su brillante capa que hace alegoría del estilo aristócrata en el vestir. Quien hubiera pensado que la lucha por la promoción de la lectura en México,  tomaría como uno de sus embajadores simbólicos, al enmascarado que junto a El Santo, se convirtió  en un ícono de la cultura popular mexicana en el siglo XX.
En el cartel que anuncia la XXXV Feria Internacional del Palacio de Minería (organizada en 2014), aparece la imagen de Blue Demon portando y leyendo un libro. Después de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la del Palacio de Minería es la segunda en importancia a nivel nacional. Las ferias del libro que año con año se organizan en Chihuahua, son diminutas y tienen una forma caricaturesca cuando se les compara con la FIL y el evento del Palacio de Minería. Físicamente, no virtualmente, ambos eventos estarían siendo la imagen más cercana de la biblioteca total de Borges, un espacio geométrico concebido a través de los libros que llega a tomar la forma de un laberinto físico, intelectual y espiritual.  Caminar por los pasillos de la FIL o por los pasillos de la feria del libro del Palacio de Minería,  es una forma de perderse entre los  libros.
En la imagen del cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, Blue Demon aparece sosteniendo un libro con su mano izquierda. De perfil, la mirada y la concentración del luchador  están atrapadas en el contenido del texto. De la máscara del héroe del ring se desprende una estela de luz,  que a la manera de los rayos del sol ilumina la escena. El acto de la lectura está rodeado por un cúmulo de luz que se desborda a través del lector y del libro. La triada libro-lector-lectura, queda iluminada por completo en una sola escena que representa las verdades y las ficciones del saber en occidente.
La imagen del cartel fue tomada de una de las muchas películas que tuvieron como protagonistas a los luchadores que durante años se sostuvieron como ídolos de la cultura popular mexicana, entre la lucha libre y el cine nacional. El personaje que se nos presenta como lector idealizado,  forma parte de una de las varias secuencias de la película “Blue Demon contra el poder satánico”, filmada en 1966. Es un instante, un segundo tal vez, que en la fotografía del cartel que promueve a la feria del libro del Palacio de Minería, se pasa de la idolatría de la lucha libre y el cine, a la idolatría del libro, del lector y la lectura. No hay indicios históricos que señalen que Blue Demon fue un gran lector, ni siquiera llega a mostrarse como un lector mediano. ¿Cuántos libros habrá leído Blue Demon a lo largo de su vida? Habrá que hurgar en la historia de vida del luchador preguntándose por sus inclinaciones lectoras.
Al inicio del filme hay un extraño mensaje que se advierte  al espectador: “Todos los personajes de esta película son ficticios, cualquier semejanza con personas vivas o muertas, será mera coincidencia.”  Tal vez resulte innecesario advertir la ficción en una película de lucha libre, en la que los héroes pelean contra seres monstruosos e infernales. Pero lo que resalta de esta frase, es que la ficción es posible de parecerse a la realidad. Esto no es nada nuevo. La novedad en esta parte,  radica en los mecanismos de representación a través de los cuales se idealiza al libro, al lector y la lectura. En este caso el mecanismo de representación reside en el soporte de una película de ficción bajo la temática de la lucha libre, en la que los buenos (los héroes) pelean contra los malos (los antihéroes). En la película,  Blue Demon busca en una vieja biblioteca un libro que le servirá de apoyo para derrotar a las fuerzas malignas. Las imágenes del lector y de la lectura quedan representadas por la heroicidad de Blue Demon, quien se convierte  simbólicamente en un héroe letrado, un héroe representado como un gran lector, que lucha contra la ausencia de la lectura, contra los bajísimos promedios del número de libros leídos por los mexicanos. Pero, ¿la de Blue Demon como un gran lector es una heroicidad real?
En el proceso de representación simbólica de Blue Demon como un héroe lector, que tiene lugar en el cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, se hace presente una contradicción.  Por un lado hay una imagen tomada de una narrativa cinematográfica que obviamente es ficticia, por otro lado hay una idealización del libro, del lector y de la lectura que se pretende real. Aunque la heroicidad de Blue Demon no radique en haber sido un gran lector, queda representada de esta forma en el usufructo publicitario y cultural de la imagen. La operación que representa a Blue Demon como un héroe de la lectura, como gran lector, esconde los mecanismos a través de los cuales se ha idealizado al libro, a la lectura y al lector.  No existe, no puede existir la imagen real de un gran lector, sino que está imagen ha sido elaborada a partir de artificios teóricos y estéticos que se han encargado de santificar al libro, al lector y a la lectura. El cartel de la feria del libro del Palacio de Minería es uno de estos artificios.
Las imágenes que asumen la existencia de un gran lector son parte de una idealización que se pretende realizable. Es aquí que radica la utopía lectora en occidente, en los procesos de idealización de un gran lector que toman forma entre lo imaginario y lo real. Este es un limbo ideológico que no ha sido suficientemente analizado. En la historia moderna de occidente se han formado dos imágenes que tienen que ver con la idea de un gran lector.
Por un lado,  se piensa en un sujeto específico que dedica un considerable tiempo de su vida a leer, alguien que sea capaz de leer muchos libros en el menor tiempo posible y, que a partir de ello tenga una capacidad reflexiva y comprensiva de grandes proporciones. Pero en lo individual, los grandes lectores han sido escasos a lo largo de nuestra historia. Solo un puñado de hombres y mujeres llegan a convertirse en personas que se dedican de manera sistemática a la lectura a lo largo de sus vidas. Por lo general, estas personas pertenecen al ámbito académico de las universidades, al mundo intelectual o de la literatura. Junto a lo anterior,  está la problematicidad que tiene lugar entre las personas que leen de manera permanente. De la misma manera en que la lectura constante puede convertirse en una maquinaria para resolver los problemas de la vida común, puede convertirse en una maquinaria para crearlos. El deseo por acumular  conocimientos incesantemente, que está presente en los lectores asiduos, tal vez traiga consigo más problemas que soluciones. Este rasgo queda reflejado en los cuentos de Borges, que de manera persistente abordan el tema de la angustia por la lectura, que toma la forma de una angustia por el saber total.
Por otro lado, se piensa en el incremento social de la lectura que pueda dar lugar a una masificación de esta actividad educativa y cultural, que el mayor número de los integrantes de la sociedad se conviertan en lectores permanentes.   Pero en ningún momento de la historia de la humanidad, en ninguna sociedad específica, ha existido una gran mayoría que se dedique a la actividad lectora.  Los lectores permanentes son una minoría que termina agrupándose en torno a grupos de poder académico o intelectual.
La cualidad más notoria que se hace presente en el cartel de la feria del libro del Palacio de Minería, es el mecanismo a través del cual la ficción y la realidad se pierden en el limbo de representación que idealiza el mundo de los libros. Entre lo imaginario y lo real, el libro, el lector y la lectura son llevados a la ponderación  ideal  de la utopía lectora. De ahí la estela de luz que brota de la máscara de Blue Demon en la imagen, convertido en una especie de arcángel de la lectura, una figura que lee a toda costa,  que lee aunque no sea un lector probado, que eterniza su figura leyendo en la imagen del cartel. Y aunque no sea verdad,  lo que importa es el simbolismo y la estatización de la imagen. Es aquí que la representación ideal de la lectura se consagra. No importa que Blue Demon  jamás haya sido un lector destacado, no importa que el acto de lectura del luchador haya sido tomado de una narrativa cinematográfica, obviamente ficticia. Lo importante son los mecanismos de representación que nos resultan válidos: un cartel, un personaje idolatrado, una feria del libro con amplio reconocimiento, una imagen que se nos vuelve dulce y amena a pesar de sus contradicciones.