lunes, 7 de abril de 2014

Rulfo, la guerra fría, la CIA y las teorías conspirativas sobre el financiamiento yanqui a los escritores mexicanos



A mediados de marzo,  el investigador especialista en historia Patrick Iber, de la Universidad de California en Berkeley,  publicó en su blog un texto en el que señala que Juan Rulfo recibió financiamiento de la CIA. El supuesto financiamiento al autor de Pedro Páramo,  estaría operando con una triangulación que iba de la CIA, a la Farfield Foundation  (conectada al Congreso por la Libertad de la Cultura, que servía como organización fachada) y,  de ahí al Centro Mexicano de Escritores (http://s-usih.org/2014/03/how-the-cia-bought-juan-rulfo-some-land-in-the-country-guest-post-by-patrick-iber.html).
Iber sustenta que la CIA estaría pagando el salario de Rulfo, como tutor del Centro Mexicano de Escritores,  a mediados de la década de 1960. Sostiene también que la agencia norteamericana habría financiado a Rulfo  para comprar un terreno en el campo.
El texto tiene un tono sensacionalista y el autor admite que en 2015 publicará un libro,  profundizando este dato y otros más,  a partir de la intervención estadounidense en materia cultural en América Latina,  en tiempos de la guerra fría.
Por lo pronto, las respuestas por parte de los críticos mexicanos no se hicieron esperar. Heriberto Yépez publica un texto en el que descalifica los señalamientos de Iber, al considerarlo un “académico norteamericano de derecha simulada” y al calificar a las afirmaciones del historiador de “especulaciones” y “alegatos burdos” (http://archivohache.blogspot.mx/2014/04/rulfo-un-academico-y-la-cia.html).
Por su parte, Geney Beltrán Félix le hace una entrevista a Iber, dando cabida a sus aseveraciones sobre Rulfo. Beltrán Félix no se pronuncia sobre lo que sustenta Iber, pero el marco de la entrevista implica discursivamente darle la voz al norteamericano, para que ratifique y plantee a detalle sus afirmaciones, ya no en inglés, sino en español (http://confabulario.eluniversal.com.mx/dinero-de-la-cia-para-juan-rulfo/).
Tanto en el texto publicado en su blog, como en la entrevista que le realiza Beltrán Félix, Iber no muestra evidencias de peso para sustentar lo que afirma. Habría que esperar la publicación del libro de Iber en 2015 para analizar a profundidad las fuentes que toma en cuenta en su fundamentación historiográfica y la interpretación que hace de ello, en el marco completo de la investigación de la que desprende sus afirmaciones sobre Rulfo. Por lo pronto, lo que Iber ha escrito en torno a Rulfo y las respuestas de Yépez y Beltrán Félix, son meramente escaramuzas intelectuales en torno a un tema de componentes ideológicos y políticos, más que literarios.
Aún a pesar de que las afirmaciones de Iber fueran ciertas, Rulfo y su obra resultarían incólumes. En la actualidad, un lugar común entre los escritores e intelectuales de izquierda, es que tengan becas de la derecha o de los gobiernos a los que se señala de neoliberales. En su teoría del sistema mundo capitalista, Wallerstein afirma que ni siquiera los regímenes socialistas del siglo XX, pudieron escapar de las entrañas del capitalismo, que de una u otra manera, directa o indirectamente, continúa impregnando cada milímetro de las formas de vida en el siglo XXI. 

domingo, 6 de abril de 2014

Notas para pensar al lenguaje y a la investigación educativa



(Artículo en publicación en la sección de UPNECH de "El Diario de Chihuahua", el 6 y 13 de abril...)

I
Durante el siglo XX tiene lugar un viraje clave y enigmático en la filosofía y en otras áreas del conocimiento: el giro lingüístico. Las discusiones filosóficas que antes se centraron en las búsquedas del conocimiento y la verdad (epistemología), lo justo y lo bueno (ética), la belleza (estética) y el hombre (antropología filosófica y ciencias sociales), pasaron a un plano en el que se consideran cruciales los territorios teóricos del lenguaje y los signos.  Las preguntas sobre la verdad, la justicia, la belleza y  el hombre, comenzaron a plantearse en los territorios de la lingüística, la semiótica, la hermenéutica y el análisis del discurso. El giro lingüístico concibe al lenguaje y a los signos como un campo de primer orden en la búsqueda de las preguntas que han atosigado al hombre a lo largo de los siglos.
Tomando en cuenta su complejidad,  no puede hablarse de un solo giro lingüístico. Este fenómeno se localiza en varios autores y corrientes teóricas a lo largo del siglo XX. Hablamos entonces de un giro lingüístico plural y disperso.
Está el giro lingüístico de Wittgenstein, cuya filosofía primera concebía al lenguaje como un espejo en el que se refleja lo real nombrado. Ya en su segunda etapa filosófica, Wittgenstein piensa al lenguaje como un componente humano que se define a partir de las maneras en que se usa socialmente.
Está también el giro lingüístico de Saussure, a quien se le ha referido como “el padre de la lingüística”. De este filósofo destaca la publicación del libro: “Curso general de Lingüística”, en 1916. Este pensador aporta una serie de conceptos técnicos (signo, significado, significante, lengua, lenguaje, habla, etc.) que estarían siendo las bases de la lingüística en el S. XX.
Por otro lado,  se identifica al giro lingüístico en la hermenéutica, en pensadores como Gadamer y Ricoeur. Para ambos filósofos que desarrollan su obra en la segunda mitad del siglo XX, la hermenéutica que centra su trabajo en la interpretación del lenguaje (literario, artístico, social, político, educativo, etc.), es mucho más que un simple método de conocimiento. Gadamer y Ricoer sostienen que la hermenéutica es “una filosofía universal de la comprensión” (Grondin, “Qué es la hermenéutica?”, 2008). La capacidad de pensamiento y de vida que el hombre ha desarrollado, lo ha llevado a convertirse en un ser que interpreta permanentemente. Desde los primeros años de vida, sin la necesidad de que nos enseñen a interpretar, los seres humanos interpretamos: los significados de las palabras, las formas de usar los objetos, los gestos y el lenguaje corporal de quienes nos rodean, etc.
Pueden identificarse otros rastros del giro lingüístico a parte de los aquí mencionados. Es muy temprano todavía para tener claridad de los profundos y los profusos cambios, en las maneras de pensar y de vivir, a los que ha dado lugar el giro lingüístico. En los años por venir,  algún pensador se encargará de escribir una historia de las ideas en el siglo XX, tomando como eje al giro lingüístico.
¿Cómo es que el giro lingüístico ha impactado en los desarrollo de la educación a lo largo del siglo XX y a principios del XXI?
La mayor influencia del giro lingüístico en la educación, puede rastrearse en los desarrollos de la investigación educativa. Tanto el giro lingüístico como la investigación educativa, son aceptados ampliamente por la comunidad intelectual y construyen sus más sólidos avances, a lo largo del siglo XX. ¿Qué tanto los desarrollos de la investigación educativa tienen como antecedente y fundamento teórico y metodológico,  al giro lingüístico que surge desde la lingüística, la semiótica, la hermenéutica y otras disciplinas de las ciencias sociales (como la sociología, la antropología, el estudio del poder, etc.)?
En las décadas de los setentas, los ochentas y todavía en los noventas, tiene lugar el debate entre la postura cuantitativa (matemática-estadística) y cualitativa (centrada fundamentalmente en el lenguaje) sobre las formas de hacer investigación. La segunda postura cuestiona que la investigación educativa se base meramente en algoritmos matemáticos y estadísticos para interpretar a los problemas educativos a partir de números y porcentajes. Se plantea entonces que la investigación en educación tendría que centrarse en el lenguaje y en los signos, que pueden obtenerse a partir de la observación, entrevistas, cuestionarios, consulta de documentos, etc. Aquí queda manifiesto un desdoblamiento del giro lingüístico,  que impacta en la investigación educativa y en las formas de pensar a la educación en su conjunto.
En algún momento del debate entre las corrientes cuantitativa y cualitativa, a finales del siglo XX, parecía que la segunda se alzaba con el triunfo. Pero a principios del siglo XXI, surge un enfoque que pretende integrar y sintetizar ambos planteamientos: la postura mixta. Este tercer enfoque resuelve en parte los debates metodológicos sobre las maneras de hacer investigación, pero no da respuestas a los debates epistemológicos profundos entre las posturas cuantitativa y cualitativa. En la mixtura, la integración es metodológica, pero no epistemológica.

II
Uno de los debates pendientes en torno a la investigación educativa,  defendida desde la postura cualitativa, tiene que ver con las maneras de concebir al lenguaje.
La tendencia hermenéutica que se ha ido construyendo en los últimos años en la investigación educativa de tendencia cualitativa, piensa al lenguaje a partir de tres rasgos: 1) la fortaleza epistemológica que considera al lenguaje como un territorio de solidez y certidumbre, en el que pueden encontrarse las verdades que nos ayuden a poner en claro a los problemas educativos y sus soluciones; 2) la riqueza del lenguaje, como un territorio amplio y profundo del ser humano, que permite abrir los caminos para pensar a la educación y; 3) la transparencia del lenguaje, que evita reflexionar sobre la problematicidad en torno a los significados y los sentidos que se expresan. 
Desde luego que en la investigación cualitativa, lo lingüístico constituye: una fortaleza epistemológica en las maneras de entender a la realidad problemática en la educación (1) y, un territorio vasto y sustancioso, desde el cual seguir buscando respuestas a los problemas educativos (2). Pero el lenguaje no puede ser pensado ingenuamente como algo transparente (3). Las palabras representan mucho más que un dato inductivo, son portadoras de significados y de sentidos que van más allá de concebir al lenguaje como un componente metodológico de la investigación.  ¿Qué es lenguaje? Es una pregunta irresuelta todavía.
Hay zonas de oscuridad en el lenguaje, componentes de debilidad epistemológica y cuestiones que ponen en entredicho a su presunta riqueza, en las formas de arrojar certidumbres en torno a los problemas educativos.
Entre los filósofos posestructuralistas (Foucault y Derrida) resalta una duda, aún irresuelta. Se cuestiona sobre: ¿si es el ser humano el que funda al lenguaje (a los discursos) o es el lenguaje el que funda al ser humano? A partir de esta pregunta surge un problema al que me he referido como la “posesión del lenguaje”.
Nosotros creemos tener al lenguaje, “poseerlo” en el sentido de sujetarlo y dominarlo. Hay una serie de apropiaciones del lenguaje que no sólo residen en lo epistemológico (el conocimiento y la verdad), sino que tienen que ver con lo histórico, lo político y lo social. Esto se complica cuando se desemboca en la ontología (el ser). El lenguaje pertenecido implica a lo pertenecido del lenguaje, en tanto ser dicho en el lenguaje. Es decir, cuando el lenguaje es pertenecido por el hombre, cuando éste se apropia del lenguaje como ciñéndolo con la boca, con los oídos, con las manos y con todo el cuerpo, surge a la vez una apropiación de lo nombrado en tanto ser. Cuando en una investigación educativa,  se dice la palabra “pizarrón” o “usos del pizarrón” y alguien intenta apropiarse del significado de estos términos, está intentando apropiarse a su vez del “pizarrón”, de “los usos del pizarrón”, como objetos que se nombran.
Pero hay un allende del lenguaje y del ser,  que nos  echa en cara   la imposibilidad de apropiarnos definitivamente del lenguaje y de lo que nombra. Hay una imposible posesión del lenguaje, en tanto que el lenguaje no puede ser pertenecido a plenitud, como tampoco puede pertenecernos el ser nombrado a través de él. Este allende del lenguaje, implica la otra cara de la “posesión”.  Del lenguaje hacia nosotros se lanza una posesión en el sentido de un embrujo. No es el lenguaje ya dicho o ya escrito, el que nos posee, es el lenguaje no dicho ni escrito el que nos hechiza. La decibilidad abierta del lenguaje, que al lado de la apertura heideggeriana del ser, despliegan un conjuro sobre el hombre. Las palabras que no han sido dichas, los significados y los sentidos que aún no se han planteado a través de las palabras, pero que algún día alguien podrá decir para seguir nombrando al mundo, nos encierran,  nos inscriben y enraízan en el mundo que aún no existe y que no ha sido dicho todavía. Estamos hablando de la indeterminación del lenguaje y del ser nombrado a través de él. Esta postura se desprende de Heidegger y de los desarrollos de la hermenéutica en el siglo XX.
Cuando se anota el punto final a una tesis de investigación educativa, tiene lugar la pretensión de una clausura del lenguaje y de lo que ahí queda nombrado, en tanto problemas educativos y respuestas a estos problemas. Pero desde la perspectiva que aquí se analiza, el punto final de una tesis,  tendrían que ser más bien, puntos suspensivos. ¿Qué significados y qué sentidos del lenguaje (de las palabras, las oraciones y los signos) no han sido contemplados en la escritura de una tesis generada a partir de una investigación educativa? ¿Qué componentes del ser educativo (social, político, pedagógico, institucional, histórico, etc.) no han sido dichos, no han sido clarificados ni tomados en cuenta, al llevar a cabo una investigación educativa?
En ambas preguntas se hace presente la no transparencia del lenguaje, los territorios oscuros en los que la certidumbre y las respuestas plenas a los problemas educativos se inscriben en lo abierto del lenguaje y del mundo…

domingo, 30 de marzo de 2014

Paz, el ring de lucha entre los intelectuales neo-liberales y los intelectuales de izquierda y… la no-muerte de la figura del intelectual



Con el aniversario de los cien años del natalicio de Octavio Paz, se avivan las confrontaciones por lo que significa su figura para la intelectualidad mexicana.
Unos lo aplauden y lo vanaglorian: el clan de Paz de Letras Libres y Nexos, de tendencia neo-liberal.
Otros lo apedrean y le lanzan escupitajos: los anti-paceanos, conectados intelectual e ideológicamente con los estridentistas, con los infrarrealistas y, en simpatía con la izquierda.
Parece haber una tercera postura, que se mueve en una línea intermedia entre las posiciones encontradas. Así lo refleja la publicación especial de la revista Proceso:  Octavio Paz. Voz que no calla. Luz que no se apaga. Esta publicación toca elementos de las dos posiciones intelectuales, ideológicas y políticas en torno a la figura del nacido en Mixcoac, mostrando un plano  claroscuro en torno a Paz. Esto queda manifiesto al incluirse en el número especial la polémica Paz-Monsivais (que tuvo lugar en la misma revista Proceso a fines de 1977 y principios de 1978,  en los números: 57, 58, 59, 61, 62 y 63 de esta revista). El intelectual de izquierda se confrontó al liberal,  en un esgrima que estaría siendo la antesala de las discusiones que se extienden hasta la actualidad. Al final de la edición especial de la revista, se publica un artículo que Mosivais escribió sobre Paz.  Por el contenido del artículo, puede deducirse que fue escrito muchos años después de la polémica –habría que rastrear con precisión la fecha en que Monsivais lo escribe -. El texto de Mosivais cierra con un lance en el que la confrontación de 1977-78, parece quedar colocada entre paréntesis. Por sobre las diferencias ideológicas y políticas, Monsivais saluda y reconoce a la intelectualidad de Paz: “No obstante las generalizaciones en su contra, en la izquierda la crítica a Paz viene a menos, eclipsada por el aprecio de su obra y  sus aportaciones a la cultura y a la democracia. Las discrepancias, por numerosas y significativas que sean, no impiden en lo mínimo el diálogo que persiste en una obra y en la voluntad de gozo y comprensión de sus lectores.”
La referencia conciliatoria de Monsivais hacia Paz, no estaría dibujando plenamente lo que diversos intelectuales piensan crítica y belicosamente sobre la figura de Paz. En 2010, José Vicente Anaya compila una serie de ensayos anti-paceanos (Versus: Otras miradas a la obra de Octavio Paz, UAZ y ediciones de Medianoche). En el marco del 100 natalicio del fallecido, entre los textos que reconocen a Paz, se cuelan escritos que le lanzan piedras (Yépez escribe: El efecto psicológico de Paz, en: http://www.archivohache.blogspot.mx/2014/03/el-efecto-psicologico-de-paz.html  y Mallo publica: El cementerio de Octavio Paz o la paz de los cementerios (culturales), en: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2014/03/28/el-centenario-de-octavio-paz-o-la-paz-de-los-cementerios-culturales/ ).
La polémica parece no agotarse en la necesidad de continuar diciendo lo mismo en torno a la figura de Paz. El debate Monsivais-Paz de 1977-78 (no el texto conciliatorio posterior de Monsivais), se reproduce en sus contenidos y se cuelga de puntos suspensivos. Las razones ideológicas y políticas,  son también intelectuales.
Pero más allá de la re-ediciones de la polémica, ¿qué síntomas muestra la prolongación de los debates en torno a Paz? Estas discusiones van dibujando la lucha por la configuración del santoral de los intelectuales mexicanos. No se si Paz sea ya una figura de la intelectualidad religiosamente reconocida, en el sentido de su canonización. Tal parece que el festejo de los cien años del nacimiento del ya fallecido, estaría siendo parte de la canonización de Paz, como el santo mayor de la intelectualidad mexicana. Quienes le lanzan piedras y escupitajos a Paz, obviamente se oponen al proceso, siendo parte de la intelectualidad protestante, numérica y poderosamente menor, en adeptos, medios y presupuestos, al clan de los paceanos.
¿No es este el camino de un martirio, del martirio de la figura del intelectual más notorio del México del siglo XX?
Tal parece que en el fondo de la polémica se escucha el grito de la clase intelectual mexicana: “El intelectual no ha muerto”.  Junto a la no-muerte del intelectual Paz, se grita la no-muerte de la clase intelectual como una figura colectiva sobre-viviente. Y como prueba contradictoria de este grito, se celebra entonces el aniversario del nacimiento de un muerto que prosigue convulsionándose  y convulsionándonos, intelectual, ideológica y políticamente desde su tumba.
¿No es una incongruencia celebrar el nacimiento de un muerto? ¿No es una antinomia de la mitificación de las figuras intelectuales e históricas, el celebrar la venida a la vida de un muerto? Tal vez Octavio Paz no ha muerto y no nos hemos dado cuenta,  o tal vez hay un deseo de su no-muerte. Es un deseo alimentado tanto por sus alabadores como por sus detractores. Tal parece, que en los años por venir, Paz seguirá respirando, entre el oxígeno de la alabanza y bióxido de carbono de la denostación.
Los llamados de Monsivais y de Tedi López Mills (La encrucijada, en: http://www.letraslibres.com/revista/dossier/la-encrucijada ) que de una u otra forma invitan a reconciliar los opuestos en torno a la figura de Paz, son inútiles. En el fondo, la no-muerte de Paz, a quien se le festeja naciendo desde su muerte, se convierte en motivo para que la intelectualidad mexicana grite su no-muerte, mientras alaba o denosta sobre Paz.