domingo, 30 de marzo de 2014

Paz, el ring de lucha entre los intelectuales neo-liberales y los intelectuales de izquierda y… la no-muerte de la figura del intelectual



Con el aniversario de los cien años del natalicio de Octavio Paz, se avivan las confrontaciones por lo que significa su figura para la intelectualidad mexicana.
Unos lo aplauden y lo vanaglorian: el clan de Paz de Letras Libres y Nexos, de tendencia neo-liberal.
Otros lo apedrean y le lanzan escupitajos: los anti-paceanos, conectados intelectual e ideológicamente con los estridentistas, con los infrarrealistas y, en simpatía con la izquierda.
Parece haber una tercera postura, que se mueve en una línea intermedia entre las posiciones encontradas. Así lo refleja la publicación especial de la revista Proceso:  Octavio Paz. Voz que no calla. Luz que no se apaga. Esta publicación toca elementos de las dos posiciones intelectuales, ideológicas y políticas en torno a la figura del nacido en Mixcoac, mostrando un plano  claroscuro en torno a Paz. Esto queda manifiesto al incluirse en el número especial la polémica Paz-Monsivais (que tuvo lugar en la misma revista Proceso a fines de 1977 y principios de 1978,  en los números: 57, 58, 59, 61, 62 y 63 de esta revista). El intelectual de izquierda se confrontó al liberal,  en un esgrima que estaría siendo la antesala de las discusiones que se extienden hasta la actualidad. Al final de la edición especial de la revista, se publica un artículo que Mosivais escribió sobre Paz.  Por el contenido del artículo, puede deducirse que fue escrito muchos años después de la polémica –habría que rastrear con precisión la fecha en que Monsivais lo escribe -. El texto de Mosivais cierra con un lance en el que la confrontación de 1977-78, parece quedar colocada entre paréntesis. Por sobre las diferencias ideológicas y políticas, Monsivais saluda y reconoce a la intelectualidad de Paz: “No obstante las generalizaciones en su contra, en la izquierda la crítica a Paz viene a menos, eclipsada por el aprecio de su obra y  sus aportaciones a la cultura y a la democracia. Las discrepancias, por numerosas y significativas que sean, no impiden en lo mínimo el diálogo que persiste en una obra y en la voluntad de gozo y comprensión de sus lectores.”
La referencia conciliatoria de Monsivais hacia Paz, no estaría dibujando plenamente lo que diversos intelectuales piensan crítica y belicosamente sobre la figura de Paz. En 2010, José Vicente Anaya compila una serie de ensayos anti-paceanos (Versus: Otras miradas a la obra de Octavio Paz, UAZ y ediciones de Medianoche). En el marco del 100 natalicio del fallecido, entre los textos que reconocen a Paz, se cuelan escritos que le lanzan piedras (Yépez escribe: El efecto psicológico de Paz, en: http://www.archivohache.blogspot.mx/2014/03/el-efecto-psicologico-de-paz.html  y Mallo publica: El cementerio de Octavio Paz o la paz de los cementerios (culturales), en: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2014/03/28/el-centenario-de-octavio-paz-o-la-paz-de-los-cementerios-culturales/ ).
La polémica parece no agotarse en la necesidad de continuar diciendo lo mismo en torno a la figura de Paz. El debate Monsivais-Paz de 1977-78 (no el texto conciliatorio posterior de Monsivais), se reproduce en sus contenidos y se cuelga de puntos suspensivos. Las razones ideológicas y políticas,  son también intelectuales.
Pero más allá de la re-ediciones de la polémica, ¿qué síntomas muestra la prolongación de los debates en torno a Paz? Estas discusiones van dibujando la lucha por la configuración del santoral de los intelectuales mexicanos. No se si Paz sea ya una figura de la intelectualidad religiosamente reconocida, en el sentido de su canonización. Tal parece que el festejo de los cien años del nacimiento del ya fallecido, estaría siendo parte de la canonización de Paz, como el santo mayor de la intelectualidad mexicana. Quienes le lanzan piedras y escupitajos a Paz, obviamente se oponen al proceso, siendo parte de la intelectualidad protestante, numérica y poderosamente menor, en adeptos, medios y presupuestos, al clan de los paceanos.
¿No es este el camino de un martirio, del martirio de la figura del intelectual más notorio del México del siglo XX?
Tal parece que en el fondo de la polémica se escucha el grito de la clase intelectual mexicana: “El intelectual no ha muerto”.  Junto a la no-muerte del intelectual Paz, se grita la no-muerte de la clase intelectual como una figura colectiva sobre-viviente. Y como prueba contradictoria de este grito, se celebra entonces el aniversario del nacimiento de un muerto que prosigue convulsionándose  y convulsionándonos, intelectual, ideológica y políticamente desde su tumba.
¿No es una incongruencia celebrar el nacimiento de un muerto? ¿No es una antinomia de la mitificación de las figuras intelectuales e históricas, el celebrar la venida a la vida de un muerto? Tal vez Octavio Paz no ha muerto y no nos hemos dado cuenta,  o tal vez hay un deseo de su no-muerte. Es un deseo alimentado tanto por sus alabadores como por sus detractores. Tal parece, que en los años por venir, Paz seguirá respirando, entre el oxígeno de la alabanza y bióxido de carbono de la denostación.
Los llamados de Monsivais y de Tedi López Mills (La encrucijada, en: http://www.letraslibres.com/revista/dossier/la-encrucijada ) que de una u otra forma invitan a reconciliar los opuestos en torno a la figura de Paz, son inútiles. En el fondo, la no-muerte de Paz, a quien se le festeja naciendo desde su muerte, se convierte en motivo para que la intelectualidad mexicana grite su no-muerte, mientras alaba o denosta sobre Paz.