Con el aniversario de los cien años
del natalicio de Octavio Paz, se avivan las confrontaciones por lo que
significa su figura para la intelectualidad mexicana.
Unos lo aplauden y lo vanaglorian: el
clan de Paz de Letras Libres y Nexos, de tendencia neo-liberal.
Otros lo apedrean y le lanzan
escupitajos: los anti-paceanos, conectados intelectual e ideológicamente con
los estridentistas, con los infrarrealistas y, en simpatía con la izquierda.
Parece haber una tercera postura, que
se mueve en una línea intermedia entre las posiciones encontradas. Así lo
refleja la publicación especial de la revista Proceso: Octavio Paz. Voz que no calla. Luz que no se apaga. Esta publicación
toca elementos de las dos posiciones intelectuales, ideológicas y políticas en torno a la
figura del nacido en Mixcoac, mostrando un plano claroscuro en torno a Paz. Esto queda manifiesto al incluirse en el número especial
la polémica Paz-Monsivais (que tuvo lugar en la misma revista Proceso a fines de 1977 y principios de 1978, en los números: 57, 58,
59, 61, 62 y 63 de esta revista). El intelectual de izquierda se confrontó al
liberal, en un esgrima que estaría
siendo la antesala de las discusiones que se extienden hasta la actualidad. Al final
de la edición especial de la revista, se publica un artículo que Mosivais
escribió sobre Paz. Por el contenido del
artículo, puede deducirse que fue escrito muchos años después de la polémica –habría
que rastrear con precisión la fecha en que Monsivais lo escribe -. El texto de
Mosivais cierra con un lance en el que la confrontación de 1977-78, parece quedar
colocada entre paréntesis. Por sobre las diferencias ideológicas y políticas, Monsivais
saluda y reconoce a la intelectualidad de Paz: “No obstante las
generalizaciones en su contra, en la izquierda la crítica a Paz viene a menos,
eclipsada por el aprecio de su obra y
sus aportaciones a la cultura y a la democracia. Las discrepancias, por
numerosas y significativas que sean, no impiden en lo mínimo el diálogo que
persiste en una obra y en la voluntad de gozo y comprensión de sus lectores.”
La referencia conciliatoria de
Monsivais hacia Paz, no estaría dibujando plenamente lo que diversos
intelectuales piensan crítica y belicosamente sobre la figura de Paz. En 2010,
José Vicente Anaya compila una serie de ensayos anti-paceanos (Versus: Otras miradas a la obra de Octavio
Paz, UAZ y ediciones de Medianoche). En el marco del 100 natalicio del
fallecido, entre los textos que reconocen a Paz, se cuelan escritos que le
lanzan piedras (Yépez escribe: El efecto
psicológico de Paz, en: http://www.archivohache.blogspot.mx/2014/03/el-efecto-psicologico-de-paz.html y Mallo publica: El cementerio de Octavio Paz o la paz de los cementerios (culturales),
en: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2014/03/28/el-centenario-de-octavio-paz-o-la-paz-de-los-cementerios-culturales/
).
La polémica parece no agotarse en la
necesidad de continuar diciendo lo mismo en torno a la figura de Paz. El debate
Monsivais-Paz de 1977-78 (no el texto conciliatorio posterior de Monsivais), se reproduce en sus contenidos y se cuelga de puntos
suspensivos. Las razones ideológicas y políticas, son también intelectuales.
Pero más allá de la re-ediciones de la
polémica, ¿qué síntomas muestra la prolongación de los debates en torno a Paz?
Estas discusiones van dibujando la lucha por la configuración del santoral de
los intelectuales mexicanos. No se si Paz sea ya una figura de la
intelectualidad religiosamente reconocida, en el sentido de su canonización.
Tal parece que el festejo de los cien años del nacimiento del ya fallecido, estaría
siendo parte de la canonización de Paz, como el santo mayor de la
intelectualidad mexicana. Quienes le lanzan piedras y escupitajos a Paz,
obviamente se oponen al proceso, siendo parte de la intelectualidad
protestante, numérica y poderosamente menor, en adeptos, medios y presupuestos,
al clan de los paceanos.
¿No es este el camino de un martirio,
del martirio de la figura del intelectual más notorio del México del siglo XX?
Tal parece que en el fondo de la polémica
se escucha el grito de la clase intelectual mexicana: “El intelectual no ha
muerto”. Junto a la no-muerte del intelectual Paz, se grita la no-muerte de la clase intelectual como una figura colectiva sobre-viviente. Y como prueba contradictoria de este grito, se celebra entonces el
aniversario del nacimiento de un muerto que prosigue convulsionándose y convulsionándonos, intelectual, ideológica y
políticamente desde su tumba.
¿No es una incongruencia celebrar el
nacimiento de un muerto? ¿No es una antinomia de la mitificación de las figuras
intelectuales e históricas, el celebrar la venida a la vida de un muerto? Tal
vez Octavio Paz no ha muerto y no nos hemos dado cuenta, o tal vez hay un deseo de su no-muerte. Es un
deseo alimentado tanto por sus alabadores como por sus detractores. Tal parece,
que en los años por venir, Paz seguirá respirando, entre el oxígeno de la
alabanza y bióxido de carbono de la denostación.
Los llamados de Monsivais y de Tedi
López Mills (La encrucijada, en: http://www.letraslibres.com/revista/dossier/la-encrucijada
) que de una u otra forma invitan a reconciliar los opuestos en torno a la
figura de Paz, son inútiles. En el fondo, la no-muerte de Paz, a quien se le
festeja naciendo desde su muerte, se convierte en motivo para que la
intelectualidad mexicana grite su no-muerte, mientras alaba o denosta sobre
Paz.