(Artículo en publicación en la sección de UPNECH de "El Diario de Chihuahua", el 6 y 13 de abril...)
I
Durante
el siglo XX tiene lugar un viraje clave y enigmático en la filosofía y en otras
áreas del conocimiento: el giro lingüístico. Las discusiones filosóficas que
antes se centraron en las búsquedas del conocimiento y la verdad
(epistemología), lo justo y lo bueno (ética), la belleza (estética) y el hombre
(antropología filosófica y ciencias sociales), pasaron a un plano en el que se
consideran cruciales los territorios teóricos del lenguaje y los signos. Las preguntas sobre la verdad, la justicia, la
belleza y el hombre, comenzaron a
plantearse en los territorios de la lingüística, la semiótica, la hermenéutica
y el análisis del discurso. El giro lingüístico concibe al lenguaje y a los
signos como un campo de primer orden en la búsqueda de las preguntas que han
atosigado al hombre a lo largo de los siglos.
Tomando
en cuenta su complejidad, no puede
hablarse de un solo giro lingüístico. Este fenómeno se localiza en varios
autores y corrientes teóricas a lo largo del siglo XX. Hablamos entonces de un
giro lingüístico plural y disperso.
Está el giro
lingüístico de Wittgenstein, cuya filosofía primera concebía al lenguaje como
un espejo en el que se refleja lo real nombrado. Ya en su segunda etapa
filosófica, Wittgenstein piensa al lenguaje como un componente humano que se
define a partir de las maneras en que se usa socialmente.
Está
también el giro lingüístico de Saussure, a quien se le ha referido como “el
padre de la lingüística”. De este filósofo destaca la publicación del libro: “Curso
general de Lingüística”, en 1916. Este pensador aporta una serie de conceptos
técnicos (signo, significado, significante, lengua, lenguaje, habla, etc.) que
estarían siendo las bases de la lingüística en el S. XX.
Por otro
lado, se identifica al giro lingüístico
en la hermenéutica, en pensadores como Gadamer y Ricoeur. Para ambos filósofos
que desarrollan su obra en la segunda mitad del siglo XX, la hermenéutica que
centra su trabajo en la interpretación del lenguaje (literario, artístico,
social, político, educativo, etc.), es mucho más que un simple método de conocimiento.
Gadamer y Ricoer sostienen que la hermenéutica es “una filosofía universal de
la comprensión” (Grondin, “Qué es la hermenéutica?”, 2008). La capacidad de
pensamiento y de vida que el hombre ha desarrollado, lo ha llevado a
convertirse en un ser que interpreta permanentemente. Desde los primeros años
de vida, sin la necesidad de que nos enseñen a interpretar, los seres humanos
interpretamos: los significados de las palabras, las formas de usar los
objetos, los gestos y el lenguaje corporal de quienes nos rodean, etc.
Pueden
identificarse otros rastros del giro lingüístico a parte de los aquí
mencionados. Es muy temprano todavía para tener claridad de los profundos y los
profusos cambios, en las maneras de pensar y de vivir, a los que ha dado lugar
el giro lingüístico. En los años por venir, algún pensador se encargará de escribir una
historia de las ideas en el siglo XX, tomando como eje al giro lingüístico.
¿Cómo es
que el giro lingüístico ha impactado en los desarrollo de la educación a lo
largo del siglo XX y a principios del XXI?
La mayor
influencia del giro lingüístico en la educación, puede rastrearse en los desarrollos
de la investigación educativa. Tanto el giro lingüístico como la investigación
educativa, son aceptados ampliamente por la comunidad intelectual y construyen
sus más sólidos avances, a lo largo del siglo XX. ¿Qué tanto los desarrollos de
la investigación educativa tienen como antecedente y fundamento teórico y
metodológico, al giro lingüístico que
surge desde la lingüística, la semiótica, la hermenéutica y otras disciplinas
de las ciencias sociales (como la sociología, la antropología, el estudio del
poder, etc.)?
En las
décadas de los setentas, los ochentas y todavía en los noventas, tiene lugar el
debate entre la postura cuantitativa (matemática-estadística) y cualitativa
(centrada fundamentalmente en el lenguaje) sobre las formas de hacer investigación.
La segunda postura cuestiona que la investigación educativa se base meramente
en algoritmos matemáticos y estadísticos para interpretar a los problemas educativos
a partir de números y porcentajes. Se plantea entonces que la investigación en
educación tendría que centrarse en el lenguaje y en los signos, que pueden
obtenerse a partir de la observación, entrevistas, cuestionarios, consulta de
documentos, etc. Aquí queda manifiesto un desdoblamiento del giro
lingüístico, que impacta en la
investigación educativa y en las formas de pensar a la educación en su
conjunto.
En algún
momento del debate entre las corrientes cuantitativa y cualitativa, a finales
del siglo XX, parecía que la segunda se alzaba con el triunfo. Pero a
principios del siglo XXI, surge un enfoque que pretende integrar y sintetizar
ambos planteamientos: la postura mixta. Este tercer enfoque resuelve en parte
los debates metodológicos sobre las maneras de hacer investigación, pero no da
respuestas a los debates epistemológicos profundos entre las posturas
cuantitativa y cualitativa. En la mixtura, la integración es metodológica, pero
no epistemológica.
II
Uno de
los debates pendientes en torno a la investigación educativa, defendida desde la postura cualitativa, tiene
que ver con las maneras de concebir al lenguaje.
La
tendencia hermenéutica que se ha ido construyendo en los últimos años en la
investigación educativa de tendencia cualitativa, piensa al lenguaje a partir
de tres rasgos: 1) la fortaleza epistemológica que considera al lenguaje como
un territorio de solidez y certidumbre, en el que pueden encontrarse las
verdades que nos ayuden a poner en claro a los problemas educativos y sus
soluciones; 2) la riqueza del lenguaje, como un territorio amplio y profundo
del ser humano, que permite abrir los caminos para pensar a la educación y; 3)
la transparencia del lenguaje, que evita reflexionar sobre la problematicidad
en torno a los significados y los sentidos que se expresan.
Desde
luego que en la investigación cualitativa, lo lingüístico constituye: una
fortaleza epistemológica en las maneras de entender a la realidad problemática
en la educación (1) y, un territorio vasto y sustancioso, desde el cual seguir
buscando respuestas a los problemas educativos (2). Pero el lenguaje no puede
ser pensado ingenuamente como algo transparente (3). Las palabras representan
mucho más que un dato inductivo, son portadoras de significados y de sentidos
que van más allá de concebir al lenguaje como un componente metodológico de la
investigación. ¿Qué es lenguaje? Es una
pregunta irresuelta todavía.
Hay zonas
de oscuridad en el lenguaje, componentes de debilidad epistemológica y cuestiones
que ponen en entredicho a su presunta riqueza, en las formas de
arrojar certidumbres en torno a los problemas educativos.
Entre los
filósofos posestructuralistas (Foucault y Derrida) resalta una duda, aún
irresuelta. Se cuestiona sobre: ¿si es el ser humano el que funda al lenguaje
(a los discursos) o es el lenguaje el que funda al ser humano? A partir de esta
pregunta surge un problema al que me he referido como la “posesión del
lenguaje”.
Nosotros
creemos tener al lenguaje, “poseerlo” en el sentido de sujetarlo y dominarlo.
Hay una serie de apropiaciones del lenguaje que no sólo residen en lo epistemológico
(el conocimiento y la verdad), sino que tienen que ver con lo histórico, lo
político y lo social. Esto se complica cuando se desemboca en la ontología (el
ser). El lenguaje pertenecido implica a lo pertenecido del lenguaje, en tanto
ser dicho en el lenguaje. Es decir, cuando el lenguaje es pertenecido por el
hombre, cuando éste se apropia del lenguaje como ciñéndolo con la boca, con los
oídos, con las manos y con todo el cuerpo, surge a la vez una apropiación de lo
nombrado en tanto ser. Cuando en una investigación educativa, se dice la palabra “pizarrón” o “usos del
pizarrón” y alguien intenta apropiarse del significado de estos términos, está
intentando apropiarse a su vez del “pizarrón”, de “los usos del pizarrón”, como
objetos que se nombran.
Pero hay un
allende del lenguaje y del ser, que nos
echa en cara la imposibilidad de
apropiarnos definitivamente del lenguaje y de lo que nombra. Hay una imposible
posesión del lenguaje, en tanto que el lenguaje no puede ser pertenecido a
plenitud, como tampoco puede pertenecernos el ser nombrado a través de él. Este
allende del lenguaje, implica la otra cara de la “posesión”. Del lenguaje hacia nosotros se lanza una
posesión en el sentido de un embrujo. No es el lenguaje ya dicho o ya escrito,
el que nos posee, es el lenguaje no dicho ni escrito el que nos hechiza. La
decibilidad abierta del lenguaje, que al lado de la apertura heideggeriana del
ser, despliegan un conjuro sobre el hombre. Las palabras que no han sido
dichas, los significados y los sentidos que aún no se han planteado a través de
las palabras, pero que algún día alguien podrá decir para seguir nombrando al
mundo, nos encierran, nos inscriben y enraízan en el mundo que aún
no existe y que no ha sido dicho todavía. Estamos hablando de la
indeterminación del lenguaje y del ser nombrado a través de él. Esta postura se
desprende de Heidegger y de los desarrollos de la hermenéutica en el siglo XX.
Cuando se
anota el punto final a una tesis de investigación educativa, tiene lugar la
pretensión de una clausura del lenguaje y de lo que ahí queda nombrado, en
tanto problemas educativos y respuestas a estos problemas. Pero desde la
perspectiva que aquí se analiza, el punto final de una tesis, tendrían que ser más bien, puntos
suspensivos. ¿Qué significados y qué sentidos del lenguaje (de las palabras,
las oraciones y los signos) no han sido contemplados en la escritura de una
tesis generada a partir de una investigación educativa? ¿Qué componentes del
ser educativo (social, político, pedagógico, institucional, histórico, etc.) no
han sido dichos, no han sido clarificados ni tomados en cuenta, al llevar a
cabo una investigación educativa?
En ambas
preguntas se hace presente la no transparencia del lenguaje, los territorios
oscuros en los que la certidumbre y las respuestas plenas a los problemas
educativos se inscriben en lo abierto del lenguaje y del mundo…