domingo, 6 de abril de 2014

Notas para pensar al lenguaje y a la investigación educativa



(Artículo en publicación en la sección de UPNECH de "El Diario de Chihuahua", el 6 y 13 de abril...)

I
Durante el siglo XX tiene lugar un viraje clave y enigmático en la filosofía y en otras áreas del conocimiento: el giro lingüístico. Las discusiones filosóficas que antes se centraron en las búsquedas del conocimiento y la verdad (epistemología), lo justo y lo bueno (ética), la belleza (estética) y el hombre (antropología filosófica y ciencias sociales), pasaron a un plano en el que se consideran cruciales los territorios teóricos del lenguaje y los signos.  Las preguntas sobre la verdad, la justicia, la belleza y  el hombre, comenzaron a plantearse en los territorios de la lingüística, la semiótica, la hermenéutica y el análisis del discurso. El giro lingüístico concibe al lenguaje y a los signos como un campo de primer orden en la búsqueda de las preguntas que han atosigado al hombre a lo largo de los siglos.
Tomando en cuenta su complejidad,  no puede hablarse de un solo giro lingüístico. Este fenómeno se localiza en varios autores y corrientes teóricas a lo largo del siglo XX. Hablamos entonces de un giro lingüístico plural y disperso.
Está el giro lingüístico de Wittgenstein, cuya filosofía primera concebía al lenguaje como un espejo en el que se refleja lo real nombrado. Ya en su segunda etapa filosófica, Wittgenstein piensa al lenguaje como un componente humano que se define a partir de las maneras en que se usa socialmente.
Está también el giro lingüístico de Saussure, a quien se le ha referido como “el padre de la lingüística”. De este filósofo destaca la publicación del libro: “Curso general de Lingüística”, en 1916. Este pensador aporta una serie de conceptos técnicos (signo, significado, significante, lengua, lenguaje, habla, etc.) que estarían siendo las bases de la lingüística en el S. XX.
Por otro lado,  se identifica al giro lingüístico en la hermenéutica, en pensadores como Gadamer y Ricoeur. Para ambos filósofos que desarrollan su obra en la segunda mitad del siglo XX, la hermenéutica que centra su trabajo en la interpretación del lenguaje (literario, artístico, social, político, educativo, etc.), es mucho más que un simple método de conocimiento. Gadamer y Ricoer sostienen que la hermenéutica es “una filosofía universal de la comprensión” (Grondin, “Qué es la hermenéutica?”, 2008). La capacidad de pensamiento y de vida que el hombre ha desarrollado, lo ha llevado a convertirse en un ser que interpreta permanentemente. Desde los primeros años de vida, sin la necesidad de que nos enseñen a interpretar, los seres humanos interpretamos: los significados de las palabras, las formas de usar los objetos, los gestos y el lenguaje corporal de quienes nos rodean, etc.
Pueden identificarse otros rastros del giro lingüístico a parte de los aquí mencionados. Es muy temprano todavía para tener claridad de los profundos y los profusos cambios, en las maneras de pensar y de vivir, a los que ha dado lugar el giro lingüístico. En los años por venir,  algún pensador se encargará de escribir una historia de las ideas en el siglo XX, tomando como eje al giro lingüístico.
¿Cómo es que el giro lingüístico ha impactado en los desarrollo de la educación a lo largo del siglo XX y a principios del XXI?
La mayor influencia del giro lingüístico en la educación, puede rastrearse en los desarrollos de la investigación educativa. Tanto el giro lingüístico como la investigación educativa, son aceptados ampliamente por la comunidad intelectual y construyen sus más sólidos avances, a lo largo del siglo XX. ¿Qué tanto los desarrollos de la investigación educativa tienen como antecedente y fundamento teórico y metodológico,  al giro lingüístico que surge desde la lingüística, la semiótica, la hermenéutica y otras disciplinas de las ciencias sociales (como la sociología, la antropología, el estudio del poder, etc.)?
En las décadas de los setentas, los ochentas y todavía en los noventas, tiene lugar el debate entre la postura cuantitativa (matemática-estadística) y cualitativa (centrada fundamentalmente en el lenguaje) sobre las formas de hacer investigación. La segunda postura cuestiona que la investigación educativa se base meramente en algoritmos matemáticos y estadísticos para interpretar a los problemas educativos a partir de números y porcentajes. Se plantea entonces que la investigación en educación tendría que centrarse en el lenguaje y en los signos, que pueden obtenerse a partir de la observación, entrevistas, cuestionarios, consulta de documentos, etc. Aquí queda manifiesto un desdoblamiento del giro lingüístico,  que impacta en la investigación educativa y en las formas de pensar a la educación en su conjunto.
En algún momento del debate entre las corrientes cuantitativa y cualitativa, a finales del siglo XX, parecía que la segunda se alzaba con el triunfo. Pero a principios del siglo XXI, surge un enfoque que pretende integrar y sintetizar ambos planteamientos: la postura mixta. Este tercer enfoque resuelve en parte los debates metodológicos sobre las maneras de hacer investigación, pero no da respuestas a los debates epistemológicos profundos entre las posturas cuantitativa y cualitativa. En la mixtura, la integración es metodológica, pero no epistemológica.

II
Uno de los debates pendientes en torno a la investigación educativa,  defendida desde la postura cualitativa, tiene que ver con las maneras de concebir al lenguaje.
La tendencia hermenéutica que se ha ido construyendo en los últimos años en la investigación educativa de tendencia cualitativa, piensa al lenguaje a partir de tres rasgos: 1) la fortaleza epistemológica que considera al lenguaje como un territorio de solidez y certidumbre, en el que pueden encontrarse las verdades que nos ayuden a poner en claro a los problemas educativos y sus soluciones; 2) la riqueza del lenguaje, como un territorio amplio y profundo del ser humano, que permite abrir los caminos para pensar a la educación y; 3) la transparencia del lenguaje, que evita reflexionar sobre la problematicidad en torno a los significados y los sentidos que se expresan. 
Desde luego que en la investigación cualitativa, lo lingüístico constituye: una fortaleza epistemológica en las maneras de entender a la realidad problemática en la educación (1) y, un territorio vasto y sustancioso, desde el cual seguir buscando respuestas a los problemas educativos (2). Pero el lenguaje no puede ser pensado ingenuamente como algo transparente (3). Las palabras representan mucho más que un dato inductivo, son portadoras de significados y de sentidos que van más allá de concebir al lenguaje como un componente metodológico de la investigación.  ¿Qué es lenguaje? Es una pregunta irresuelta todavía.
Hay zonas de oscuridad en el lenguaje, componentes de debilidad epistemológica y cuestiones que ponen en entredicho a su presunta riqueza, en las formas de arrojar certidumbres en torno a los problemas educativos.
Entre los filósofos posestructuralistas (Foucault y Derrida) resalta una duda, aún irresuelta. Se cuestiona sobre: ¿si es el ser humano el que funda al lenguaje (a los discursos) o es el lenguaje el que funda al ser humano? A partir de esta pregunta surge un problema al que me he referido como la “posesión del lenguaje”.
Nosotros creemos tener al lenguaje, “poseerlo” en el sentido de sujetarlo y dominarlo. Hay una serie de apropiaciones del lenguaje que no sólo residen en lo epistemológico (el conocimiento y la verdad), sino que tienen que ver con lo histórico, lo político y lo social. Esto se complica cuando se desemboca en la ontología (el ser). El lenguaje pertenecido implica a lo pertenecido del lenguaje, en tanto ser dicho en el lenguaje. Es decir, cuando el lenguaje es pertenecido por el hombre, cuando éste se apropia del lenguaje como ciñéndolo con la boca, con los oídos, con las manos y con todo el cuerpo, surge a la vez una apropiación de lo nombrado en tanto ser. Cuando en una investigación educativa,  se dice la palabra “pizarrón” o “usos del pizarrón” y alguien intenta apropiarse del significado de estos términos, está intentando apropiarse a su vez del “pizarrón”, de “los usos del pizarrón”, como objetos que se nombran.
Pero hay un allende del lenguaje y del ser,  que nos  echa en cara   la imposibilidad de apropiarnos definitivamente del lenguaje y de lo que nombra. Hay una imposible posesión del lenguaje, en tanto que el lenguaje no puede ser pertenecido a plenitud, como tampoco puede pertenecernos el ser nombrado a través de él. Este allende del lenguaje, implica la otra cara de la “posesión”.  Del lenguaje hacia nosotros se lanza una posesión en el sentido de un embrujo. No es el lenguaje ya dicho o ya escrito, el que nos posee, es el lenguaje no dicho ni escrito el que nos hechiza. La decibilidad abierta del lenguaje, que al lado de la apertura heideggeriana del ser, despliegan un conjuro sobre el hombre. Las palabras que no han sido dichas, los significados y los sentidos que aún no se han planteado a través de las palabras, pero que algún día alguien podrá decir para seguir nombrando al mundo, nos encierran,  nos inscriben y enraízan en el mundo que aún no existe y que no ha sido dicho todavía. Estamos hablando de la indeterminación del lenguaje y del ser nombrado a través de él. Esta postura se desprende de Heidegger y de los desarrollos de la hermenéutica en el siglo XX.
Cuando se anota el punto final a una tesis de investigación educativa, tiene lugar la pretensión de una clausura del lenguaje y de lo que ahí queda nombrado, en tanto problemas educativos y respuestas a estos problemas. Pero desde la perspectiva que aquí se analiza, el punto final de una tesis,  tendrían que ser más bien, puntos suspensivos. ¿Qué significados y qué sentidos del lenguaje (de las palabras, las oraciones y los signos) no han sido contemplados en la escritura de una tesis generada a partir de una investigación educativa? ¿Qué componentes del ser educativo (social, político, pedagógico, institucional, histórico, etc.) no han sido dichos, no han sido clarificados ni tomados en cuenta, al llevar a cabo una investigación educativa?
En ambas preguntas se hace presente la no transparencia del lenguaje, los territorios oscuros en los que la certidumbre y las respuestas plenas a los problemas educativos se inscriben en lo abierto del lenguaje y del mundo…