sábado, 22 de marzo de 2014

Lo sagrado y lo profano, con-fusión de territorios que convergen en el hombre



Lo sagrado contiene sus propios límites, sus propias lejanías. No ha de ser plenamente terrenal, ha de resguardarse de alguna manera en huida del mundo, de la vida concreta. La idea del cielo judeocristiano como territorio sagrado por excelencia implica un más allá de la vida de los hombres sobre la tierra. Hay una distancia, o mejor dicho, un distanciamiento en donde lo sagrado bate sus alas hacia la trascendencia. Desbordar a lo pensable y lo imaginable, rebasar las posibilidades humanas e instalarse en los lindes del cosmos, rozar la infinitud y la omnipresencia, son los mapas que le hemos dado a lo sagrado para que huya de nosotros, para que se desboque hacia su propia audacia metafísica. En occidente hay un territorio común en el que convergen lo sagrado de la religión y la poesía. El antroprocentrismo poético y teológico de Huidobro identifica al “poeta” con “Dios”:

Que el verso sea como una llave.
Que abra mil puertas…
El poeta es un pequeño Dios.

La poiesis del poeta puede concebirse como una dación escritural de Dios. De forma más radical, tal como lo concibe Huidobro, la poiesis del poeta encierra su propia concepción como un “pequeño Dios”. En occidente lo sagrado está en la escritura del poeta y en las condiciones peculiares del lenguaje poético que trastoca a lo común. La metaforización del lenguaje poético es una forma de construir destellos metafísicos, luminiscencias de lo sagrado.  El lenguaje poético dice más que lo concreto, aspira a habitar un espacio más allá de las palabras comunes, lo que huye de ser nombrado, el hervor poético de las palabras, eso que se evapora y se instala en un espacio donde la percepción y la razón son insuficientes. Es lo trascendente, demasiado cercano a Dios, identificado inclusive con Él. A su vez,  el lenguaje religioso se inviste de poesía, es una invocación poética en persecución de lo sagrado. En sus varias posibilidades de lectura (como texto religioso, como texto histórico, etc.) la Biblia puede leerse como un texto poético. Tanto la consagración de la Biblia, como la consagración del lenguaje poético tienen lugar en la tierra. Para consagrarse, para hacerse presente lo sagrado en un ritual o en una ceremonia cualquiera, tiene que venir al mundo y posarse  sobre la tierra. Hablamos entonces de la concreción de lo sagrado en lo profano.

Cualquiera que sea el contexto histórico en que esté inmerso, el homo religiosus cree siempre que existe una realidad absoluta, lo sagrado, que trasciende este mundo, pero que se manifiesta en él y, por eso mismo, lo santifica y lo hace real. Cree que la vida tiene un origen sagrado y que la existencia humana actualiza todas sus potencialidades en la medida en que es religiosa, es decir, en la medida en que participa de la realidad. (Eliade 123 y 124 )

Eliade (Ibidem.) asume un doble concepto del hombre, el “hombre religioso” (homo religiosus) y “hombre arreligioso”. El historiador de la religión concibe que el primero “vive en un mundo ‘abierto’ y que, por otra parte, su existencia está  ‘abierta’ al Mundo”. El lugar donde la vida del hombre acaece, es el “mundo”, en carácter de terrenalidad abierta a una existencia mundana; pero también es el “Mundo”, un territorio cósmico que se proyecta hacia la trascendencia divina. Por su parte, el “hombre arreligioso” es el “hombre moderno”, que toma distancia al rechazar la posibilidad de la trascendencia y perderse en la relatividad del mundo desacralizado. Pero aún en su arreligiosidad, histórica y culturalmente, el hombre moderno mantiene en sus formas de vida significados y sentidos de religiosidad, y por lo tanto de lo sagrado.

… el hombre profano, lo quiera o no, conserva aún huellas del comportamiento del hombre religioso, pero expurgadas de sus significados religiosos. Haga lo que haga es heredero de estos… Para disponer de un mundo para sí, ha desacralizado el mundo en el que vivieron sus antepasados; pero, para llegar a esto, se ha visto obligado a adoptar un comportamiento que le había precedido, y este comportamiento lo siente todavía dispuesto a reactualizarse, de una u otra forma, en lo más profundo de su ser. (Eliade 124 y 125)

Lo sagrado y lo profano se han entrañado histórica y culturalmente a lo largo de la vida humana. Múltiples vestigios religiosos y arreligiosos dan muestra de ello. Por ejemplo, las ideologías modernas de alguna forma han jugado el papel de sacralizadoras del pensamiento secularizado. Lo secular no sustituye a lo sagrado al invalidarlo o expulsarlo del mundo, tan solo lo desplaza, cambia los ejes a través de los cuales lo sagrado continúa girando en la vida humana. La teleología capitalista y socialista, el fin último de estas dos ideologías, es la conjura religiosa de un territorio sagrado, una bienaventuranza ideologizada que habría de ser materializada por el hombre. El canto de La Internacional es una oración socialista.

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor. (Pottier)

El “supremo salvador” es el mismo hombre que se sacraliza ideológicamente, el “pequeño Dios” huidobriano que al escribir poesía salva al mundo proyectándolo hacia lo divino. Eliade (126) afirma que Marx retoma y prosigue uno de los grandes mitos occidentales: el papel de redención del “Justo” (el “elegido”, el “ungido”, el “inocente”, el “mensajero”; en el marxismo, el “proletariado”) cuya vida sufriente es invocada para transformar la historia ideal y material del mundo.
Las grandes narrativas de la modernidad, capitalismo y socialismo, re-configuraron ideológicamente formas de pensar y de vivir a lo sagrado ¿Pero, desde una perspectiva posmoderna, cómo es que lo sagrado se hace presente posterior a la supuesta caída de estas grandes narrativas? ¿Dónde ha quedado lo sagrado entonces? ¿Cómo se configuran sus presencias en la vida humana de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI?
De inicio se subraya la persistencia de lo sagrado, su no irse del mundo que toma forma complejamente. Andreella refiere que “el mundo de la técnica ha conquistado el Olimpo, obligándonos a vestir al atuendo del progreso técnico”. Los altares son hoy las pantallas de televisión, los confesionarios son máquinas tragamonedas, los objetos sagrados habitan los posts de los muros del Blog y del Facebook.

… ayer la aspiración del ser humano a un más allá era  monopolizada por el paraíso o la revolución, mientras que hoy es más bien una elevación del estatus. Sin embargo, la percepción de una esfera sagrada invisible y pre-racional que confiere un sentido a lo visible y racional, no se ha muerto ni se ha diluido en la postmodernidad.
Simplemente, lo sagrado se ha fragmentado, multiplicando como en una alucinación los edenes que relucen en el cielo. En cambio, lo profano como experiencia postmoderna de la complejidad, de lo inauténtico como expresión de la realidad  y de la recomposición de fragmentos heterogéneos, se ha sacralizado.
Hoy lo sagrado ya no es lo contrario de lo profano: más bien es su esqueleto, sobre el cual la nueva mitología del consumo exhibe sus divinidades… La trascendencia se ha vuelto un paradójico componente de la materia, de los objetos que definen el paraíso privado del hombre posmoderno. (Ibidem.)

Es arriesgado asumir de forma totalitaria la conversión de lo sagrado que Andreella postula. ¿Por qué lo sagrado habrá de vaciarse-llenarse paradójicamente,  asfixiado en la tecnología, el consumo, la elevación del estatus y los paraísos privados posmodernos? ¿Por qué lo sagrado ha de enraizarse en lo profano posmoderno de esta forma exaltada por Andreella? ¿Acaso no se nos muestran otras formas de persistencia de lo sagrado? La postura de Andreella se encierra en el discurso posmoderno que se trenza con el neoliberalismo. Una de las críticas más ásperas y sustanciosas que se lanzan sobre la posmodernidad,  es su correlato estrecho con el neoliberalismo. Muchos autores han afirmado y argumentado que posmodernismo y neoliberalismo son parte de un mismo corpus ideológico, en donde el primero le da sustancia teórica al segundo desde distintos flancos.
Pero lo sagrado persiste de formas distintas a la referida por Andrella. El marxismo como territorio secular de lo sagrado continúa retumbando con insistencia en diversos planos teóricos y prácticos. Las búsquedas políticas, sociales e históricas que el marxismo abre desde el siglo XIX se despliegan en un revisionismo inconcluso y promisorio hacia el siglo XXI. Está el astuto plantemiento derrideano en Los espectros de Marx, que asume una persistencia vital del marxismo en tanto la injusticia tenga lugar sobre la tierra. Están los aportes de Wallerstein, quien influido por Marx y por la escuela de los Annales, hace una exhaustiva revisión del sistema mundo-capitalista y refiere el concepto de “utopística”, enraizando a las utopías en las posibilidades históricas concretas. Están los debates inconclusos entre Ernesto Laclau, Slavoj Žižek, Alan Badiou y Judith Butler. Está el marxismo latinoamericano que desemboca en posturas diversas, dentro de las que destacan la convergencia de la filosofía de la liberación de Dussel y el poscolonialismo.  Desde luego que las distintas posturas neo-marxistas  no permanecen en el territorio sacralizado y mitificado del marxismo clásico, sus búsquedas se abren a una territorialidad distinta.  Habría que revisar si tales posturas conservan componentes sagrados y/o míticos en sus abordajes teóricos, lo cual no demeritaría su contenido y sustento. No se trata de desacralizar y desmiticar al mundo, al grado de vaciarlo de sentidos que se fijan en la no materialidad inmediata, en las posibilidades de alguna trascendencia. Diversas investigaciones filosóficas, literarias, históricas, antropológicas, etc. dan cuenta de cómo la humanidad ha convivido estrechamente con los componentes religiosos y con los mitos. La desacralización y desmitificación del mundo es inútil, racional e irracionalmente estúpida. Los mismos posmodernos invocan a Dios, llaman a su puerta de manera enfática solicitando la presencia de un Dios posmoderno atado a lo acontecimental. Hay un después de la muerte de Dios relatando que Dios no ha muerto, que Dios prosigue construyéndose de maneras inéditas entre los hombres.

Las demandas, que son acontecimientos, dependen de nosotros para ser respondidas, realizadas o actualizadas, para que puedan ocurrir, lo que aquí significa hacer ocurrir a Dios, dar a Dios cuerpo y expresión, fuerza y actualidad… La religión es lo que nos ocurre en el nombre Dios. Religión significa hacer ocurrir a Dios en el mundo y hacernos dignos de lo que nos ocurre… Pero este acontecimiento, como cualquiera, no es reductible a algo o alguien con poder para poner las cosas en su sitio. Más bien toma la forma de una llamada, o una solicitud, de una fuerza que nos reclama, nos dirige incondicionalmente, sin el beneficio de ningún ejército terrestre, arsenal de armas o poder metafísico celestial… (Caputo 104)

Entre los debates sobre lo sagrado y lo profano a inicios del siglo XXI destaca el abordaje de Agamben (99) quien asume un concepto alternativo de la “profanación”:

El término religio no deriva, según una etimología tan insípida como inexacta, de religare (lo que liga y une lo humano y lo divino)… Religio no es lo que une a los hombres y a los dioses, sino lo que vela para mantenerlos separados, distintos unos de otros. A la religión no se oponen, por lo tanto, la incredulidad y la indiferencia respecto de lo divino sino la “negligencia”, es decir una actitud libre y “distraída” – esto es, desligada de la religio de las normas- frente a las cosas y a su uso, a las formas de separación y su sentido. Profanar significa abrir la posibilidad de una forma especial de negligencia, que ignora la separación o, sobre todo, hace de ella un uso particular.

En Agamben es visible una postura que incita a la deconstrucción de la religión como aparato social y político normativo y disciplinario, en esto coincide parcialmente con lo argumentado por Caputo. Habría que cuestionar los conceptos de “hombre religioso” y “hombre arreligioso” de Eliade como categorías analíticas de lo sagrado y lo profano a partir de Caputo, Agamben y otros autores. 
En el caso específico de Caputo, el concepto de “hombre arreligioso” resulta inviable  para poner en claro al hombre y su relación con lo sagrado y lo profano. Si Caputo está planteando una nueva manera de asumir la religiosidad cristiana desde una perspectiva posmoderna, el nuevo hombre que refiere no puede ser concebido como “arreligioso”, sino que estaría en la búsqueda de una nueva religiosidad cristiana que se funde en lo acontecimental y que cuestione el férreo control normativo y disciplinario que la iglesia ha asumido en occidente.  
Por su parte, Agamben (Ibidem.) no asume una nueva religiosidad, sino que incita a un “juego” para deconstruir a la religión mediante una postura “negligente”, “libre y distraída” que trastoque a las cosas y sus usos comunes, que ignore la tradicional separación entre lo sagrado y lo profano que funda institucionalmente la dominación religiosa (social, política, etc.) sobre los hombres.  En la separación entre lo sagrado y lo profano en occidente, se levanta junto al aura trascendental, la configuración de un dominio ejercido por las élites religiosas, políticas y sociales. La “profanación” es un juego deconstructor de la religiosidad dominante, tanto en lo estrictamente religioso, como en el plano de la religión secularizada del hombre moderno donde entran en juego la economía, el derecho, la política, etc. Jugar a través de la profanación es hacer a un lado el poder de dominio que las instituciones religiosas y políticas han fundado en la separación inducida y artificiosa entre lo sagrado y lo profano.

La “profanación” del juego no atañe, en efecto, solo a la esfera religiosa. Los niños que juegan con cualquier trasto viejo que encuentran, transforman en juguete aun aquello que pertenece a la esfera de la economía, de la guerra, del derecho y de otras actividades que estamos acostumbrados a considerar como serias. Un automóvil, un arma de fuego, un contrato jurídico se transforman de golpe en juguetes. Lo que tienen en común estos casos con los casos de profanación de lo sagrado es el pasaje de una religio, que es sentida ya como falsa y opresiva, a la negligencia de la verdadera religio. (Agamben 100 y 101) 

En diálogo con Walter Benjamin (a partir del texto El capitalismo como religión), Agamben (105) sostiene al capitalismo como una religión de la modernidad fundada en tres cualidades. Es una religión cultural “extrema y absoluta”, que se desarrolla respecto al “cumplimiento de un culto, no respecto de un dogma o de una idea”. A su vez, el cumplimiento de este culto es permanente, aún en los días de descanso, fiesta o vacaciones. Finalmente, la religión capitalista no se enfoca a la expiación de culpas sino a la culpabilización. La culpa se torna universal, envolviendo a Dios mismo en ella. La muerte de Dios no ha tenido lugar, más bien, Dios ha sido entramado en el destino humano, culpable –al igual que los hombres- de lo que acontece a lo largo de los días. Al sumirse en la culpa,  el hombre de la modernidad capitalista deja a lado cualquier posibilidad de redención, no hay esperanza, solo desesperanza y destrucción que se prolongan. Para el filósofo italiano, en la religión capitalista ha dejado de operar el sacrificio como acto ritual que une a lo sagrado y lo profano.
Es notoria la diferencia conceptual de Agamben con Mircea Eliade y con Fabrizio Andreella. En Eliade la dialéctica sagrado-profano se prolonga del “hombre religioso” al “hombre arreligioso” moderno. De alguna forma, los vestigios históricos y culturales de lo sagrado permanecen en el hombre sin religión, aún en lo caricaturesco de las formas propias de la religiosidad moderna.
Andrella concibe a la tecnología, el consumo, la elevación del estatus y los paraísos privados, como espacios de replanteamiento de lo sagrado en la posmodernidad. Asume que lo sagrado no es la antítesis de lo profano sino la misma forma degradada de lo profano. El consumo se ha divinizado. Lo sagrado ha sido sometido a lo profano posmoderno.
La dialéctica sagrado-profano de Eliade, se prolonga hasta Andrella, solo que en sentido inverso. En Eliade, en la modernidad, al proseguir de alguna forma lo sagrado en lo profano, lo primero se asume con cierta superioridad sobre lo segundo. En Andreella, lo profano posmoderno somete a lo sagrado, asfixiándolo. Resulta interesante una lectura de ambas posturas desde una perspectiva de ruptura histórica y cultural modernidad-posmodernidad.
Por su parte, en Agamben (106 y 107) el concepto radical de “profanación” opera deconstructivamente ante los postulados de la religión capitalista. En las formas religiosas del capitalismo no existe  ya una genuina separación entre lo sagrado y lo profano, solo queda  la separación sujeta a la forma misma del objeto, que se escinde en valor de uso y valor de cambio. Surge  la forma de un “fetiche inaprensible”, donde todo lo pensado y lo vivido se separa de sí mismo y es llevado a un espacio que no define ya alguna división sustancial (entre lo sagrado y lo profano). Los usos de los objetos se vacían entonces en el mero consumo y el espectáculo capitalista. La sociedad capitalista se ha “museificado”. Las potencias espirituales fundadas en el arte, la religión, la política, la filosofía, se han arrinconado en museos del pensamiento, desfiguradas y domesticadas.
La idea de lo “improfanable” surge entonces como una tragedia atada de la religión capitalista. Si lo profano y lo sagrado se cosifican en el consumo y el espectáculo capitalista, sumiéndose en la forma objetualizada de valor de uso y valor de cambio, ¿cuál es el lugar de la profanación entonces? Agamben llama a re-crear la profanación, des-atarla de la religiosidad normativa y disciplinaria que se extiende del medioevo hasta nuestros días. Destrabarla también de su postración en la religión capitalista. Para estrategizar su postura parte entonces de una re-conceptualización de lo profano y por tanto de lo sagrado. Su aporte es valioso en tanto permite una vuelta de tuerca respecto a las posturas de Eliade y Andreella.

Bibliografía
Agamben, Giorgio, Profanaciones, Argentina: Adriana Hidalgo editora, 2005. Impreso.
Andreella, Fabrizio., Lo trascendente y lo sagrado en la posmodernidad, México: La Jornada, 28 de abril de 2013. Web.
Eliade,  Mircea , Lo sagrado y lo profano, España: Guadarrama/Punto Omega, 1981.
Huidobro, Vicente, Arte poética, España, en: http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/bnc/huidobro/, consulta realizada en junio de 2012.
Pottier, Eugene, La internacional, en:  http://es.wikipedia.org/wiki/La_Internacional , consulta realizada en junio de 2013.
Vattimo,  Gianni y Caputo John, Después de la muerte de Dios. Conversaciones sobre religión, política y cultura, Argentina: editorial Paidós, 2010. Impreso.