domingo, 20 de octubre de 2013

Las presencias del alba no son dulces (Junio de 2012)



(Texto escrito a partir de la presentación de los libros: “Besos en el viento: de otoño, invierno y otras estaciones”, de Victoria Montemayor; “Carlos Montemayor: Finisterra. Será mi voz para siempre”, de Federico Corral y; “Carlos Montemayor: La casa que se habita”, de Leonardo Meza).

I
Este texto se desata a partir de una serie de preguntas. Su hilo conductor son las preguntas. ¿Qué me hace estar aquí, junto con otros dos escritores presentando tres libros que dialogan con Carlos Montemayor? ¿Qué da lugar a que Victoria Montemayor Galicia esté aquí? ¿Qué hace que Federico Corral Vallejo lo esté? ¿Qué deriva que Enrique Servín participe con nosotros en la presentación? ¿Qué hace que los demás nos acompañen?
No es la muerte de Carlos Montemayor la que nos incita a estar aquí, sino las formas a través de las cuales se comienza a capitular su ausencia. Se ha hecho presente aquí una espiritualidad, una serie de presencias dulcificadas y de implicaciones míticas que apenas se van delineando culturalmente. Hablo de las formas a través de las cuáles Carlos Montemayor se nos va haciendo presente. Hablo de formaciones culturales en la lectura e interpretación de su obra, en el reconocimiento público que se prohíja gubernamental e institucionalmente. Hablo de una manifiesta cercanía con el autor-persona. Esta última cuestión resulta sumamente problemática, en tanto las tendencias dominantes de la crítica literaria plantean la necesidad de un alejamiento de lo personal del autor en el ejercicio interpretativo. Si algo ha aparecido en los eventos de este 15 de junio de 2012, en las Jornadas Carlos Montemayor, es la proximidad personal con el autor. Así lo denotan las participaciones de Donald Frischman y de Ramón Jerónimo Olvera por la mañana, quienes en sus intervenciones se aproximaron a la obra de Montemayor relatando su convivencia con él. Así lo acentúa la participación vespertina de Corral Vallejo, quien narró sus experiencias con el autor. Así lo transparenta el contenido del libro de Victoria Montemayor.

II
¿Qué correlaciona, qué puede correlacionar los libros: Besos en el viento: de otoño, invierno y otras estaciones de Victoria Montemayor; Carlos Montemayor: Finisterra. Será mi voz para siempre de Federico Corral y; Carlos Montemayor: La casa que se habita de Leonardo Meza?
Victoria Montemayor  desarrolla su libro a partir de un abordaje fragmentario basado en el diario. Hay en el texto de Victoria una trama intimada, es decir, la intimidad de las vivencias personales entre Victoria y Carlos Montemayor, entre hija y padre, es lo que entrama al texto de manera rotunda.
Es tautológico el afirmar que el acto de escritura literaria es un proceso de intimación. Todo acto en el que se escribe literatura, intima, desata una intimidad entre el escritor, los contenidos literarios del texto y las formas de realidad en él representadas  (los hechos, las vivencias, los sentimientos, etc.). Esto acontece de una forma alterna en el proceso de lectura, con el lector como el sujeto que intima.
En la escritura de Victoria la intimación llega a un grado de exaltación superlativo. El libro está escrito en primera persona, cualidad vertebral que destaca en un diario. Victoria anota la voz de Montemayor como un “tu”, una voz en segunda persona que a lo largo del texto resulta dialógica y que en algún momento habla, es dirigida cuasi personalemente de Carlos Montemayor hacia Victoria:

Escuché tu voz y sentí un beso… fue tu voz en el universo: “¡Buen viaje, hermosa¡ ¡Mi amor, mi linda, mi preciosísima hija¡ ¡Mi hermosa¡ (si, así me decía). [1]

III
La pregunta deslizada líneas atrás puede plantearse de una manera alterna: ¿Qué correlaciona, qué puede correlacionar las escrituras de Victoria Montemayor, Federico Corral y Leonardo Meza, que no solo han tenido lugar en los libros que hoy son presentados?
Una respuesta posible reside en las escrituras y las búsquedas enraizadas en las muertes recientes de los padres de los tres. A partir de la muerte de su padre, Federico Corral escribe el poema Mas allá del dolor, uno de los textos mejor logrados del poeta y ensayista. Acaso esto sea porque la intimación en el acto de escritura sea profunda, extática tal vez.

Nunca pensé
que la muerte de mi padre
me doliera tanto
Que el desamparo
tuviera la humedad
de la tierra llovida
Que Parral llorara
su desamor conmigo… [2]

Entre Victoria Montemayor y Federico Corral hay una territorialidad espiritual que se encarna en la ciudad de Parral.
Por mi parte he escrito recientemente un poema que está asido de la muerte de mi padre.
Una posible interpretación de estas escrituras pudiera intentarse a partir de un análisis tanatológico. Pero esta perspectiva es insuficiente. La escritura es mucho más que un acto que pretende la búsqueda de una sanación ante la muerte de los padres o de cualquier ser próximo. El título del poema de Corral Vallejo (Más allá del dolor) se asoma a las baldosas metafísicas que la poesía entreteje entre las preguntas irresolubles sobre la vida y la muerte.
Hay numerosos poemas y textos de otra naturaleza que transcurren el tema de la muerte del padre. La carta al padre de Kafka, Las coplas de Jorge Manrique, El cementerio marino de Valéry. En México en el siglo XX,  Paz atisba el tema en el poema Pasado en claro. Sabines escribe un poema fragmentario y extenso: Algo sobre la muerte del mayor Sabines.  Quirarte crea un poema similar en estructura al de Sabines: Las razones del samurai. Recientemente Esquinca  publica el poemario Descripción de un brillo azul cobalto. Debe haber más textos en esta línea.
En el libro Tiros en el concierto [2], Christopher Domínguez Michael, analiza la forma convulsiva a través de la cual Alfonso Reyes intima la trágica muerte de su padre. Ello está presente en la ensayística de Reyes a partir de la figura de Eneas, quien al vivir la destrucción de Troya escapa al frente de un grupo de troyanos en la búsqueda de una nueva tierra. Eneas lleva a su padre a cuestas y de la mano a su hijo.
Al cierre de su intervención Federico Corral Vallejo definió a Carlos Montemayor como un “patriarca”. El término pertenece al campo semántico de la palabra “padre” y posee dos líneas definitorias. Por un lado está su empleo religioso para referirse a un poder fundado entre lo divino y lo humano. Por otro lado está su uso en el poder político no religioso. Sin lugar a dudas la palabra tiene implicaciones políticas y de poder que resultan claroscuras.

IV
¿Posterior a su muerte, qué presencias ha desatado Carlos Montemayor en Chihuahua, en Parral su tierra natal? ¿Cómo es que estas presencias se hacen manifiestas en los tres libros hoy presentados, en los diversos eventos de estas jornadas y en otros espacios?
Carlos Montemayor es un intelectual de peso completo. No hay otro escritor chihuahuense que se le aproxime en calidad de intelectual y considerando la relevancia de sus incansables posturas críticas en diversos temas. El escritor Elmer Mendoza se ha propuesto poner el nombre de Sinaloa en el mapa de la literatura universal, no tengo elementos a la mano para afirmar que lo haya hecho o que lo pueda hacer. Sin proponérselo, Montemayor ha puesto el nombre de Chihuahua y de Parral en específico, en este mapa. Su cartografía literaria e intelectual ha sido exitosa.
Retorno al planteamiento que se hizo al inicio de este texto. Se ha hecho presente en los eventos de este día una notoria proximidad personal con Carlos Montemayor. Esta cuestión me lleva a insistir en seguir dialogando con la tesis de la muerte del autor, planteada por Barthes, asumida por Foucault y retomada por Agamben.  Esto implica borrar a la persona-autor en los procesos interpretativos de su obra escrita y, a la manera de Foucault,  hacer que su escritura se analizable como discurso en sí mismo. Lo analizable sería solamente la producción de significados y de ideas. No se está admitiendo de manera radical que los procesos hermeneúticos o de análisis discursivo de la obra de Carlos Montemayor, tengan que darse bajo el absoluto borramiento del autor. Hay rastros biográficos y contextuales en la escritura de una texto literario o de otra naturaleza,  que son significativos en su interpretación. Lo que se critica, es el hecho de ponderar a la persona de Carlos Montemayor, para hacer enseguida un análisis de su legado literario e intelectual. El procedimiento tiene sesgos que habría que seguir reflexionando.
Durante este día y en otras ocasiones que se ha analizado la obra de Montemayor en Chihuahua después de su deceso, no ha sido posible dar lugar a un distanciamiento con la persona-autor. Hay una serie de inercias que lo impiden. Habría que preguntarse al respecto. Por el momento percibo una intimación extraña entre nosotros y Carlos Montemayor, hay una cercanía con él entre lo manifiesto y lo latente, a ello me refería al inicio de este texto al hablar de las formas a través de las cuales se comienza a capitular su ausencia.

Citas:
Besos en el viento: De otoño, invierno y otras estaciones, Montemayor Galicia V., editorial CEIDSA, México, 2012, P. 32.
Corral vallejo Federico, Mas allá del dolor, editorial Doble Sol, Buenos Aires, Argentina, 2012, P. 87.
Tiros en el concierto. Literatura mexicana del siglo V, Domínguez Michel Christopher, editorial Era, México, 1999.

lunes, 14 de octubre de 2013

Las competencias como una nueva forma de colonización educativa en AL



I
En México el modelo por competencias se aplica primero en educación superior,  de ahí se traslada a la educación básica pública. La Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) pone en marcha el modelo hacia 1998. La Universidad Pedagógica Nacional (UPN) lo inicia en 2002,  al implementar la LIE (Licenciatura en Intervención Educativa). Habría que detectar los años en los que otras instituciones de educación superior, públicas o privadas,  pusieron en marcha el modelo. En la educación básica pública el modelo se implementa a inicios del siglo XXI,  con las reformas a educación preescolar, primaria y secundaria, durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Se requiere rastrear también si alguna institución de educación básica privada,  echó a andar el modelo antes de aplicarse en los jardines de niños, las primarias y las secundarias públicas.
Tobón y otros autores (“Competencias, calidad y educación superior”, 2006, P. 95) afirman que el surgimiento del modelo por competencias tendría que ubicarse en primer término en una génesis teórica y disciplinaria compleja, mas que en una génesis autoral, nacional o regional en el mundo. Estos especialistas en el tema  afirman cinco fuentes teóricas desde las que se deriva el surgimiento del modelo de educación por competencias. Hacia 1970,  Chomsky introduce el concepto en su teoría lingüística,  que admite que una “competencia lingüística” es:  una “estructura mental implícita y genéticamente determinada que se pone en acción mediante el desempeño comunicativo, existiendo entonces una diferencia sustancial entre competencia (“competence”) y desempeño (“performance”).” La segunda fuente teórica se ubica en documentos que desde inicios de la década de los ochentas del siglo XX, teorizan sobre la formación para el trabajo a partir de las competencias. Las otras tres fuentes teóricas de finales del siglo XX,  son la psicología conductista, la psicología cultural y la psicología cognitiva. El análisis de Tobón y compañía ubica los orígenes teóricos del modelo por competencias en una perspectiva transdisciplinaria y enfatiza que la globalización y la sociedad del conocimiento son el marco contextual de emergencia del modelo. Estos autores no mencionan con claridad que el neoliberalismo es otra más de las cualidades sustantivas del contexto en el que surge el modelo por competencias.
Marco Stieffel (“Competencias básicas. Hacia un nuevo paradigma educativo”, 2008, P. 11) refiere que el modelo educativo por competencias se experimenta inicialmente en Francia, Bélgica, Suiza y Québec. Los tres primeros países son europeos, Québec es una provincia canadiense.
Tobón y otros autores (P. 92), no se ocupan de hacer un rastreo de las naciones y/o regiones del mundo en las que surge el modelo  de educación por competencias, tal como lo hace Marco Stieffel, sino que refieren la existencia de proyectos de educación superior que a nivel internacional apuntalan al modelo.
El proyecto Espacio Europeo de la Educación Superior,  inicia en 1999 y busca poner en sintonía los sistemas educativos universitarios de la Unión Europea.
En el proyecto Alfa Tuning de América Latina (2004),   universidades de América entablan relaciones con universidades de Europa para la creación de un espacio compartido de enseñanza superior en ambos continentes. El proyecto 6 x 4 UELAC, generado entre 2005 y 2008,  de manera similar al anterior,  genera acuerdos entre instituciones de educación superior del caribe y Europa.
Considerando el planteamiento de Stieffel, que admite que países europeos y Canadá son los primeros en poner en marcha el modelo educativo por competencias y, tomando en cuenta lo admitido por Tobón y otros autores, que consideran que a inicios del siglo XXI,  existen proyectos educativos que generan interacciones entre universidades europeas y de América Latina, es factible argumentar que el modelo de educación por competencias tiene un carácter cultural e ideológico colonialista. Este modelo viene de Europa –y Canadá- hacia América Latina. En la historia de la educación en México y América Latina, de manera sistemática se asumen y ponen en marcha formas de educación que se abrevan e imponen desde Europa. El modelo por competencias, difícilmente atribuible a un autor o un país, es una especie  de híbrido teórico e ideológico que retoma elementos de diversas disciplinas (la psicopedagogía, la lingüística, la psicología, la teoría sobre la formación para el trabajo, la sociología, etc.) y que desde la educación,  renueva la colonización ideológica y cultural que viene desde Europa a América Latina. Globalización, sociedad del conocimiento y neoliberalismo, forman parte de un correlato sociohistórico e ideológico, que fáctica y teóricamente permite instaurar esta nueva forma de dominio eurocéntrico.


II
Es también demostrable que el pensamiento complejo es una epistemología y una visión del mundo que ha comenzado a ser capturada por el neoliberalismo. Desde las humanidades y las ciencias sociales surgieron a finales del siglo XX tres visiones teóricas que comenzaron a trabajar la transdisciplinariedad:
-- Los estudios culturales que se originan y desarrollan desde la academia inglesa y estadounidense. En México esta corriente ha sido impulsada por Nestor García Canclini y Roger Bartra, entre otros.
-- La perspectiva de las ciencias sociales históricas o la unicidad de la ciencias sociales planteada por Wallerstein y por la Comisión Gulbenkian, que desde hace años se debaten en  México en la UNAM y la UAM.
-- El pensamiento complejo posicionado por Edgar Morín y por otros autores. Cuya principal sede en México es la Multiversidad Mundo Real,  fundada en Hermosillo, Sonora, en 2004.
A partir de las dos últimas tendencias es identificable en México un debate epistemológico y de visión del mundo que posee componentes ideológicos. En 2004 se fundó en san Cristóbal de las Casas, Chiapas, el Centro de Estudios, Información y Documentación Immanuel Wallerstein. Este centro forma parte de la Universidad de la Tierra y del CIDECI-LAS CASAS, que funcionan de una manera marginal. El centro está ligado al movimiento zapatista que en los últimos años ha venido a la baja.
El mismo año 2004, toma forma el proyecto Multiversidad Mundo Real, que se aboca a la enseñanza universitaria a partir del pensamiento complejo. La institución privada se ubica en Hermosillo, Sonora, y ha tenido un extraordinario desarrollo de entonces a la fecha. Ese mismo año fue develada en las afueras de la Secretaría de Educación del Estado de Sonora, una estatua de Edgar Morín, quien en ese entonces, vivo y de carne y hueso,  se miró convertido en bronce.
En México, el pensamiento complejo de Morín avanza de la mano de los gobiernos en turno, con el reconocimiento del sector empresarial. El neoliberalismo ha tendido puentes con la corriente moriniana. Uno de estos puentes es la teorización que Tobón y otros autores han desarrollado en su modelo de competencias fundado en la transdisciplinariedad. Aunque los aportes de estos autores en su apropiación del pensamiento complejo son pragmáticos y reduccionistas, tomando en cuenta los contenidos profundos y profusos de los seis tomos de El método (Morín). Habría que analizar detenidamente los procesos de traslación del pensamiento complejo de Morín  al ámbito de la educación.
En tanto, la postura crítica de la unicidad de las ciencias sociales impulsada por Wallerstein, se correlaciona con el zapatismo y es cobijada por sectores intelectuales de la UAM y la UNAM.
En este debate resultan representativas las arquitecturas que han cobijado al pensamiento complejo moriniano por un lado y,  a la unicidad de las ciencias sociales por el otro. Las instalaciones de la Multiversidad Mundo Real, en Hermosillo son de primer mundo. El edificio del Centro de Estudios, Información y Documentación Immanuel Wallerstein construido en Chiapas, es de una materialidad precaria, aunque los impulsos del pensamiento wallersteiniano en las universidad públicas del Distrito Federal, son de un peso considerable.
Por su parte, Tobón y sus reduccionistas y pragmáticas competencias transdisciplinarias, han comenzado a convertirse en una especie de heroicidad intelectual en la pedagogía latinoamericana del siglo XX. Tobón es en el fondo un operador político-intelectual, que inserto en los debates pedagógicos y epistemológicos del siglo XXI, ha comenzado a servirse de las búsquedas del proyecto neoliberal de la educación en América Latina, a la vez que el neoliberalismo educativo se sirve de él. La correlación simbiótica es evidente…

domingo, 6 de octubre de 2013

La tragedia en la Presa del Rejón (La insuficiencia de las palabras ante el dolor humano…)



Cierro las páginas del periódico del domingo 6 de octubre. No pienso volver a abrirlas. Las fotografías publicadas de la tragedia de la Presa del Rejón son otra muestra de la frivolidad de los medios de comunicación masiva,  que se ha construido en Chihuahua en los últimos años. En el sensacionalismo periodístico las imágenes desplazan a las palabras. Las primeras páginas del periódico son una narrativa fotográfica que camina entre el sensacionalismo y la indolencia periodística. Pero la indolencia ante la tragedia humana no es solo periodística, sino que se ha instalado en lo social y no sabemos aún cuáles serán sus derivaciones posteriores.
Las imágenes no son dantescas, no pueden serlo. En La divina comedia hay una estética y una espiritualidad literarias que pueden observarse y sentirse en la muestra de grabados de Salvador Dalí, que el Instituto Municipal de Cultura montó en el edificio de la presidencia municipal. Hay un distanciamiento entre la alta cultura y la cultura de masas, cuyo primer lugar está en la ética.
El Demolition show organizado por la presidencia municipal de Chihuahua,  que es parte de la cultura de masas y que enmarca a la tragedia, ha pasado a ser un Tragedy show hilvanado por la prensa local. Ambos eventos llevan como hilo conductor a la destrucción,  material e in-material, in-humana y humana, que se convierte en espectáculo. Las notas periodísticas son un destajo de irreverencia ante el dolor humano, lo mismo que los celulares de quienes intentaron grabar escenas del evento después de sucedido.
Hay momentos en los que la tragedia sobrepasa las posibilidades de las palabras y las imágenes que puedan percibirla y contenerla. El mismo arte (la literatura, la pintura, la música, etc.) puede ser insuficiente ante lo metafísico y lo inexplicable de la tragedia y el dolor que conlleva.   Es un atolladero en la garganta, un grito que no logra gritarse por completo y que se instala en el allende del dolor, unos brazos que sujetan a la inmaterialidad de la muerte que se prolonga hasta uno mismo. No hay, no puede haber lugar para la tragedia imposible de ser narrada de forma alguna. Solo el espíritu que se estremece hasta tocar los límites entre la vida y la muerte. El deseo de recriminar culpas y responsabilidades. Los por qué lanzados contra los humanos de carne y hueso y contra Dios mismo, que no logran responderse a plenitud. Solo esta sensación de vértigo y de náusea, de no abrir el periódico otra vez. Este pequeño dolor, incomparable con la angustia de los deudos que perdieron a sus seres queridos…

domingo, 29 de septiembre de 2013

Homero, Platón y Aristóteles. Confrontaciones a partir de la “trama”…



I
El nombre de Homero es mencionado literalmente 12 veces por Platón en el Libro X de La República. Es sabido ampliamente que en este texto el filósofo de la Academia emite su diatriba contra los poetas a través de la voz de Sócrates, protagonista de los Diálogos. ¿Pero, qué significa la reiterada presencia del nombre de Homero en este fragmento de los Diálogos de Platón? ¿Por qué anotar una y otra vez el nombre del poeta de La Ilíada y La Odisea? El nombre de otro poeta griego con reconocimiento en ese entonces, Hesíodo, apenas es anotado dos veces por Platón.
Desde la primera mención, con sentimientos y pensamientos que parecen encontrados, entre la consideración humanizada y sentimental de Homero y su obra y, el desprecio por el poeta y por la poesía, Platón advierte:

“… siento sin embargo, que detiene mi lengua cierta ternura y cierto respeto que desde niño guardo a Homero; porque Homero es el maestro y el jefe de todos esos hermosos poetas trágicos; mas como quiera que los miramientos debidos a un hombre son menores que los que a la verdad se deben, preciso es que hable.” (P.221)

El filósofo de la Academia habla. Aunque admite que podría detener su lengua por una “cierta ternura” y un “cierto respeto” que siente hacia el poeta trágico. La lengua del ateniense se desdobla y el nombre de Homero parece multiplicarse y habitar de manera nebulosa el texto, como un martilleo, como un puñetazo que golpea las paredes de palabras que le dan forma al Libro X de La República.
Ni la escritura de los poetas, ni los cuadros de los pintores, ningún trabajo artístico, estaría representando  a lo verdadero y/o lo concreto, que tendrían que ser racionalizados –aunque también “idealmente”-. Desde la visión platónica, el arte estaría punzado por un vacío epistemológico y ontológico que torna fantasmales a sus posibilidades miméticas.

… por una parte, la pintura y en general todo arte que consiste en la imitación, está muy alejado de la verdad en todo lo que ejecuta, y que, por otro lado, esa parte de nosotros mismos con que está en relación se halla también muy alejada de la verdad, y nada inspira que sea verdadero ni sólido (P. 228).

Más aún, el arte estaría desbocándose hacia lo dionisiaco irremisiblemente. Lo irracional,  lo pasional y el placer que Platón identifica en el arte,  llevarían a los hombres a una caída en lo moral y lo políticamente reprobable.
En el “Estado” ideal de Platón (estado político, moral, epistemológico y ontológico a la vez) que se relata utópicamente en La República, no caben los poetas, aunque Homero quepa 12 veces –y más-  mencionado en este apartado del texto.
De la misma forma que Platón, siente remordimientos por el trato que le da Homero, también le remuerde la conciencia expulsar a los poetas de su topos idealizado.

Puesto que por segunda vez se ha presentado la ocasión de hablar de la poesía, he aquí lo que yo tenía que decir para justificarnos de haberla desterrado de nuestro Estado: la razón nos obligaba a ello. Por lo demás, por temor a que la propia poesía nos acuse de dureza y rusticidad en esto, bueno es que le digamos que no es cosa de hoy el estar reñida ella con la filosofía… no obstante, declaramos muy alto que si la poesía imitativa, que tiene por objeto el placer, puede probarnos con buenas razones que no debe excluírsele de un Estado bien ordenado, con los brazos abiertos la recibiremos, porque no podemos ocultarnos a nosotros mismos la fuerza y la dulzura de sus encantos (P. 232).

Que los poetas se vayan, pero quizá no deban irse si justifican su presencia. La añeja pugna entre filosofía y literatura, entre filósofos y poetas,  se resolvería platónicamente con un sometimiento de los segundos a los primeros.
La escritura del filósofo ateniense se envuelve en una forma de razonar contradictoria. Si los poetas y la poesía, en este caso Homero y las tragedias de La Ilíada y La Odisea, tendrían que ser expurgados del Estado, no hay motivos para que la escritura poética tenga cabida de forma alguna en el raciocinio filosófico. Sin embargo, la poesía trágica griega proveniente de Homero –y de otros autores- se hace presente en las formas de reflexión y de argumentación a las que Platón acude al escribir sus Diálogos. Al cierre del Libro X de La República  se narra el mito de Her.
En la décimo tercera ocasión en la que Platón cita a Homero, de forma implícita y sin mencionar su nombre, el filósofo admite que no argumenta a partir de las narraciones trágicas del poeta mayor de Grecia, sino que fundamenta su alegato considerando un “relato” distinto a La Odisea.

No es el relato de Alcinoo (personaje de La odisea) el que voy a comunicaros, sino el de un hombre esforzado. Her el Armenio, originario de Panfilia (P. 238).

Platón parece creer que logra desprenderse de Homero y de su obra, parece creer que a partir de elementos de la tradición órfica y pitagórica logra desarrollar un “relato” no-homérico,  que estaría siendo sobredeterminado por la racionalidad filosófica. El mito platónico que se narra al final del Libro X de La República, investido de racionalidad filosófica, incluye al cosmos y a la vida humana. Her muere en batalla al lado de otros guerreros. A los diez días de su muerte su cuerpo no se ha descompuesto. A punto de ser cremado, Her revive y comienza a narrar su viaje cósmico y moralizante ante las figuras de Láquesis, Cloto y Antropos. De inicio, en el relato está presente una narración cósmica de la conformación del universo. En un segundo plano la narración se torna moralizante, los justos y los buenos habrán de ser premiados por los dioses, los injustos y los malos serán castigados.
Entre lo cósmico, lo celestial y lo moral que transcurre al mito de Her, Platón no logra deshacerse de Homero ni de su obra. En la narración quedan escritas: el “alma de Agamenón”, el “alma de Epeo” –constructor del caballo de Troya- y el “alma de Ulises”, personajes que son parte de La Ilíada y La Odisea. Junto a las menciones del nombre de Homero, están las referencias nominales de los personajes homéricos. Este “nombrar” platónico del Libro X de La República,  es una paradoja que correlaciona a la reflexión y la argumentación filosófica con la poesía homérica –y con la poesía en general-. Junto a lo anterior está la estrategia de argumentación platónica en los Diálogos, que constantemente hace uso de narraciones y de figuras poéticas. El relato de Her es concebido por Platón como una “fábula” (P.245), sustancia narrativa, no propiamente filosófica, sino poética.  ¿Cómo es que Platón se juega en la escritura de sus Diálogos, este “en-tramar” que teje hilos reflexivos y argumentativos entre lo filosófico y lo poético?
En el Libro X de La República se hacen presentes indicios de lo que aquí se refiere como un “en-tramar filosófico-poético en la escritura de Platón”:

¿Puede llamarse grande a lo que ocurre en un pequeño espacio de tiempo? En efecto, el intervalo que separa nuestra infancia de la vejez es muy poca cosa comparado con la eternidad. –Ni siquiera es nada… ¿No sabes, pues, que nuestra alma es inmortal, que no muere nunca…?

Para Platón, el en-tramar sucede no en la narración poética que se anuda con lo terrenal, donde se hacen manifiestas las acciones concretas del hombre que miméticamente quedan escritas y representadas en la poesía, sino en el eidos de la eternidad y la utopía. La República es terrenal y celestial a la vez. Es el trayecto de la tierra hacia el cielo que queda significado en el mito de Her narrado por Platón.

Por tanto, si quieres creerme, convencidos de que nuestra alma es inmortal y de que, por su naturaleza, es capaz así de todos los bienes como de todos los males, seguiremos siempre por el camino que lleva a lo alto, y nos dedicaremos con todas nuestras fuerzas a la práctica de la justicia y la sabiduría. Con esto estaremos en paz con nosotros mismos y con los dioses, y después de haber alcanzado en la tierra el premio destinado a la virtud, semejante a atletas victoriosos que son llevados en triunfo, seremos felices aquí abajo y durante el viaje de mil años, cuyo relato acabamos de hacer (P.245 y 246).

El intervalo temporal entre el nacimiento y la vejez que envuelve a la vida humana, es “poca cosa” ante la eternidad platónica. La esencia del “en-tramar” tendría que estar entonces en otra dimensión más allá de lo terrenal. Un caminar de “mil años” de la tierra hacia el cielo que denota una angustia sujeta de lo filosófico y lo poético a la vez.


II
Para Aristóteles, a diferencia de Platón,  la poesía tiene un valor significativo en la vida del hombre. En este plano la trama juega un papel fundamental. La poética está escrita no como un texto que aborda  la mera composición de la trama poética, sino como una reflexión en torno a las cualidades literarias y filosóficas profundas que tienen lugar a partir de la trama. Ya en La poética podemos encontrar indicios de una reflexión de segundo grado a partir de la trama.
Aristóteles identifica seis componentes de la tragedia: el argumento o trama, los caracteres éticos, el recitado o dicción, las ideas, el espectáculo y el canto. Enseguida subraya la mayor importancia de la trama.

La más importante de todas es, sin embargo, la trama de los actos, puesto que la tragedia es reproducción imitativa no precisamente de hombres sino de sus acciones: vida, buenaventura y malaventura; y tanto malaventura como bienandanza son cosas de acción, y aun el fin es una cierta manera de acción, no de cualidad. Que según los caracteres es tal o cual, empero según las acciones se es feliz o lo contrario. Así es que, según esto, obran los actores para reproducir imitativamente las acciones, pero sólo mediante las acciones adquieren carácter. Luego actos y su trama son el fin de la tragedia. Además: sin acción no hay tragedia, más la puede haber sin caracteres… Además: si se enhebran sentencias morales, por más bien trabajadas que estén la dicción y pensamiento no se obtendrá una obra propiamente trágica, y se conseguirá por el contrario, con una tragedia deficiente en tales puntos, mas con trama o peculiar arreglo de los actos. Añádase que lo que más habla al alma en la tragedia se halla en ciertas partes de la trama, como peripecias y reconocimiento… Es, pues, la trama o argumento el principio mismo y como el alma de la tragedia, viniendo en segundo lugar los caracteres (P. 134 -135).

A diferencia de Platón, en cuyo “en-tramar filosófico-poético” lo moral está por encima de la forma de la escritura, la concepción específica de la “trama” en Aristóteles,  pondera la forma de la escritura sobre lo moral.
Se pone en claro que el concepto de “en-tramar” que se desprende del Libro X de La República, no es estrictamente planteado por Platón, sino que se deduce de la forma de escribir, reflexionar y argumentar del filósofo ateniense. Se afirmó que las cualidades del en-tramar filosófico-poético en Platón, están configuradas por un eidos utópico y eterno, que se narra en el mito de Her y en el Libro X de La República en su conjunto.
En cambio, el concepto Aristotélico de “trama” es específicamente planteado y clarificado por Aristóteles en La poética. Hablamos entonces de cualidades distintas de ambos conceptos. El concepto derivado de Platón, se deduce de su escritura filosófico-poética. El concepto aristotélico está contenido literal y explícitamente en La poética. La naturaleza de ambos conceptos es entonces distinta, pero esta cuestión no impide que puedan analizarse comparativamente.

Bibliografía
Aristóteles, La poética, 2007, Editorial de la Universidad Juárez del Estado de Durango, México.
Platón, Diálogos, Colección SEPAN CUANTOS, Num. 13B,  La República o de lo justo, P. 1 – 246, 2007, editorial Porrúa, México.